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Languages of propositional logic

1.3 Preferences in Artificial Intelligence

1.3.2 Preference representation and reasoning

1.3.2.1 Languages of propositional logic

Transitar un recorrido por la alimentación en el transcurso de nuestra his- toria evolutiva nos permite conocer mejor la evolución de nuestra especie y sus antepasados. Este camino nos conduce a un viaje hacia el pasado, lleno de obstá- culos, de callejones sin salida y de atajos que parecen llevarnos a ninguna parte, porque la evolución es así, no hay una dirección. Puede representarse como un árbol con múltiples bifurcaciones. Sin embargo contamos con evidencias que nos aproximan a los tiempos más remotos de la humanidad. Este apartado nos invita a sentarnos a la mesa de nuestros antepasados.

Las preferencias por unos u otros alimentos en los seres humanos actuales y de quienes nos precedieron, obedece a condicionantes cualitativos y cuantita- tivos. Entre los primeros, figura la calidad, entendida como diversidad de fuentes alimentarias; su composición química; y también los requerimientos nutriciona- les de cada especie. Entre los segundos, un aspecto cuantitativo es la capacidad de ‘saciarse’ luego de un período de ayuno. Entendemos por saciedad a la capa- cidad homeostática que tiene el cuerpo de percibir que ya no requiere ingesta de alimentos.

Algunos otros condicionantes biológicos que intervienen en la alimentación son la dentadura, la anatomía y fisiología del sistema digestivo, la fisiología de los sentidos del gusto y olfato, los requerimientos de materia y energía, la capacidad de adaptarse a diversidad de condiciones, entre otros. Todas estas variables se manifestaron, y lo siguen haciendo, de manera diversa en distintas condiciones de tiempo y espacio e interactúan con los significados culturales que se le han atribuido a los alimentos y al acto de comer (Contreras y Arnáiz, 2005).

¿Cómo es posible reconstruir estilos de vida y conocer hábitos alimentarios

de especies extinguidas? Sin duda es un trabajo digno de avezados detectives, que en este caso sería el rol que desempeñan los científicos. Ellos se ocupan de la búsqueda minuciosa y la interpretación de las evidencias halladas, que expli- camos a continuación.

El conocimiento de los hábitos alimentarios de las especies que habitaron en tiempos pasados es producto de la aplicación de distintos métodos de investiga- ción. Entre ellos se pueden mencionar los que ofrecen evidencias aportadas por disciplinas, tales como la Arqueología, Paleontología, Tafonomía, Paleoecología, Zooarqueología, y Genética. (Mateos y Rodriguez, 2010).

Si imaginamos una visita a un museo de Ciencias Naturales y recorremos las salas asignadas a estas disciplinas, al llegar a la de Paleoecología, podríamos encontrar información que nos permita reconstruir entornos e interacciones entre las poblaciones y su ambiente. El conocimiento de los posibles alimentos consu- midos por homínidos extintos puede obtenerse de la interpretación de fósiles de animales, granos de polen, fibras vegetales en materia fecal fosilizada, hallados cerca de fósiles humanos. Estas evidencias nos permiten inferir cuál era la dieta de una especie y qué relaciones se habrían establecido entre sí y con las otras es- pecies Por ejemplo, posibles interacciones de competencia con sus congéneres y con otros mamíferos, estrategias de depredación y carroñeo y búsqueda de otras fuentes de nutrientes.

Como no disponemos de registros escritos que nos permitan saber qué co- mían nuestros antepasados homínidos más remotos, los investigadores pueden interpretar las técnicas de captura de presas y obtención de otros alimentos. Una de las disciplinas que se ocupa de estas cuestiones es la Arqueología que apor- ta evidencias de estos hábitos alimentarios y. también proporciona datos sobre comportamientos sociales de los grupos humanos. Por ejemplo la interpretación del arte rupestre es una de las formas de acceder a esta información.

La Zooarqueología nos brinda información acerca de las especies explotadas en el pasado y también de los instrumentos utilizados para obtener alimentos. Por ejemplos podemos citar: huesos, espinas y las marcas halladas en restos de huesos carroñeados. Otros métodos se aplican sobre fósiles de especies que se asume pertenecieron al linaje humano. Algunos de ellos son las características anatómicas y biomecánicas de las mandíbulas y dientes. Esta información se obtiene, por ejemplo, de marcas halladas en dentaduras fosilizadas, dejadas por algunos de los alimentos consumidos, que poseían diferentes grados de dureza y, por lo tanto, sus marcas en ellas también son distintas.

El lector quizá querría saber cómo se calcula la dureza de los alimentos. Si quisiéramos obtener esa información podríamos recurrir al estudio del microdes- gaste dental, que es el conjunto de rasgos microscópicos presentes en las super- ficies dentarias, producidos como consecuencia de la interacción entre partículas abrasivas de la comida y el esmalte dental. Si las partículas abrasivas del alimento tienen un grado de dureza mayor que el propio esmalte pueden producir estrías, agujeros, surcos. El análisis de estas marcas aporta diversidad de datos. Por ejem- plo, a partir de la identificación de fitolitos, que son compuestos de origen vegetal formados por sílice cristalizado, podemos conocer su fuente. El agregado de pol- vo, cenizas o tierra, informa sobre su preparación. (Estebaranz Sánchez y otros, 2011). También se consideran las superficies de inserción de los músculos que intervienen en la masticación y las fuerzas de compresión ejercidas durante la mordida. Estas pruebas permiten estimar no sólo la diversidad de fuentes alimen- tarias, sino también la fuerza ejercida durante su incorporación.

Los estudios isotópicos del esqueleto de homínidos constituyen otros méto- dos de investigación que aportan evidencias. Se trata de una técnica que consiste en identificar en la composición de alguna sustancia, tejido u órgano la presencia de algún isótopo. Es decir se buscan átomos con idéntico número de protones (número atómico) y cantidad diferente de neutrones. Podemos citar el estudio de isótopos estables del carbono, nitrógeno, calcio, oxígeno, entre otros. Estas pruebas contribuyen al análisis de dietas vegetarianas, carnívoras u omnívoras. Por ejemplo resultan muy valiosos los estudios del N14 y el N15.Este último es indi-

cador de una alimentación basada en el consumo de carne, porque es frecuente hallarlo en la composición de proteínas de origen animal. (Mateos y Rodríguez, 2010)

Entre las recientes áreas de investigación, podemos mencionar los aportes de la genética al estudio de la nutrición. Sus contribuciones probablemente es- clarezcan algunos de los muchos interrogantes vinculados con la presunción que proponen Mateos y Rodríguez, (2010) de que el futuro de nuestras dietas estaría “escrito” en nuestros genes.

A partir de lo expuesto, cabe preguntarse ¿En qué medida la evolución bio- lógica influye en las características de la dieta de nuestra especie? ¿Caemos en un determinismo genético si asumimos que nuestros genes condicionan nuestra alimentación? ¿Qué impacto tiene la evolución cultural en la elección de las die- tas humanas? El debate está instalado.

¿Somos los que comemos? o ¿Comemos según lo que

somos?

La afirmación “somos lo que comemos” se atribuye al filósofo y antropólogo alemán Ludwig Feuerbach, y puede analizarse a la luz de la evolución biológica y cultural humanas. Tal como Gould (2011) refiere en la frase citada al comienzo del capítulo, nuestra especie es una más en el contexto de la diversidad biológica. Estamos emparentados con otras y compartimos características con muchas de ellas. Resulta interesante aclarar que las especies cambian con el trascurso del tiempo según las variaciones, o diferencias individuales, de las que disponen. Se trata de la evolución biológica, que incluye mecanismos macro y microevolutivos. En primer lugar nos referimos a la macroevolución, que son los cambios que dan lugar al origen y extinción de la biodiversidad, por ejemplo familias, géneros y las especies que integran el linaje humano, del cual nos ocuparemos en este capítulo. La microevolución tiene en cuenta cómo opera la selección natural sobre las variaciones (diferencias individuales). Este mecanismo de cambio da lugar a las características adaptativas, a partir de la conservación de las características favo- rablemente seleccionadas. En este sentido, sería más apropiado considerar que, como especie, “comemos según lo que somos”, para evitar caer en el error de su- poner que podemos adoptar o elegir soluciones a medida frente a la diversidad de problemas vinculados con la disponibilidad de alimentos, los gustos personales, su digestibilidad, entre otras características. En este caso cometeríamos el error de atribuir cierta intencionalidad en los cambios evolutivos.

En el siguiente apartado ofrecemos más herramientas teóricas que nos per- mitan arribar a una respuesta más completa al interrogante: ¿Somos lo que co- memos o comemos según lo que somos? Presentamos y ampliamos aspectos que se vinculan con los alimentos, su diversidad, las formas de conseguirlo y la intervención de una característica que es privativa de seres humanos: la evolución cultural. Ésta última incluye un complejo sistema de costumbres, valores, creen- cias, tradiciones, técnicas, que son producto de las intervenciones humanas y de su organización social.

ALIMENTOS: HISTORIA, PRESENTE Y FUTURO LA EvOLUcIóN dE LOS HOMíNIdOS Y LOS ALIMENTOS

Los alimentos y su relación con las características evolutivas del