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Latent Variable Models for Information Retrieval

La exclusión institucional de estudiantes internacionales, a pesar de la política deliberada de las universidades de atraer más alumnos de todo el mundo y del gobierno de reclutar migrantes no-europeos altamente calificados, se evidencia tanto en las reacciones violentas a las denuncias de discriminación, como en la violencia epistémica de los currículos de clase. A continuación, se presentará la manera en que el anterior caso de discriminación explícita fue manejado por la institución en que tuvo lugar,

“Quienes se quejan formalmente en esa escuela son vistos inmediatamente como gente que no

se pudo ajustar, debido a que no son lo suficientemente buenos. Por tanto, si te quejas, tu

futuro profesional se ve afectado directamente. Las críticas al método y contenidos son

vistos más como producto de la ignorancia que como una crítica justa e informada. La reacción por parte de los alumnos a tales críticas es usualmente violenta y enérgica.

Pienso que tienen miedo de darse cuenta de que a pesar de que hay cosas muy buenas, muchos hemos sido víctimas de un sistema abusivo y discriminatorio. Nadie quiere sentirse

discriminado, pensar que se nos tiene en diferente estima que a los estudiantes europeos es un pensamiento muy perturbador. Eso significaría ser parte de una minoría, de ser un

indeseable y eso en esta carrera es sentencia de muerte profesional. Y aquí en Europa, en

Holanda no pasan esas cosas, ¿cierto? Esas cosas solo pasan en México y Latinoamérica, en

lugares que no son civilizados. Doe normaal, Julia…”48

De acuerdo con Minnaard (en Essed & Hoving, 2004, p.240-241), en Holanda es posible hacer una distinción entre normatividad y normalidad. A diferencia de muchas sociedades en el mundo, la holandesa se precia de ir en contravía de la normatividad tradicional establecida en términos de jerarquías de género, clases sociales, entre otros, y sus conciudadanos se enorgullecen de su carácter igualitario y libre. Pese a ello, existe en el país una noción de normalidad que homogeniza a la población en términos raciales y étnicos, a quienes actúan o incluso se ven diferentes a los estándares físicos de los holandeses blancos, se los clasifica como no normales en el entramado de la práctica holandesa del racismo. Por tanto, la expresión “Doe normaal” o “sé normal” es un requerimiento social a esos seres reconocidos como diferentes para que se ajusten a las expectativas promedio. Ir en contra de la reproducción “normal” de las estructuras de poder vigentes, como lo fue en el caso anterior denunciar frontalmente hechos de discriminación sistemáticos, es visto como una afrenta al deber ser de las cosas. De ahí

que varios críticos recomiendan que la noción del respeto sea la que reemplace la virtud de la tolerancia, bastante proclamada en los marcos del sentido común holandés.

El reporte de evaluación de la Diversidad de la Universidad de Ámsterdam (Wekker, et.al., 2016) establece que la pedagogía y el contenido curricular también son ámbitos que deben ser intervenidos para garantizar ambientes inclusivos. La colonialidad del saber, intrínseca a la función social de la institución universitaria europea, es una carga que se percibe más fácilmente cuando forma parte de programas académicos que tienen como objetivo establecer discursos e incluso, justificar prácticas de intervención geopolítica.

“Entonces para mí la crítica es que no son de mente tan abierta, no se están nutriendo, como que el perfil del estudiante que están buscando, pues son ellos mismos, si se quedan con sus mismas teorías y sus mismas cosas, que finalmente son muy colonialistas, y los temas que se tocan no tocan casi Latinoamérica ni salen mucho de Europa y sus [ex]colonias. Entonces África, ellos sienten un compromiso impresionante con África, y de África no se habla. Por ejemplo, su lenguaje, sigue siendo una falencia muy colonialista. El hecho de que sigan usando el tercer mundo (…) ellos se creen muy polite al decir el norte, el sur, [estos términos] no lo[s] usan casi, pero muy (sic) tercer mundo. Me parece que sigue siendo…es un lenguaje supremamente colonialista, como te atreves a llamarte a ti primer mundo, o sea, eso ya es… ¿en qué siglo estás viviendo? ¿Has ido a Latinoamérica? O sea, ¿has estado en Ciudad de México? ¿Has estado en Quito, has estado en Bogotá? No me digas que eso es tercer mundo, entonces como que yo siento que eso todavía es muy colonialista, y es muy mirar por encima. Como bájese y venga hablemos de tú a tú. Entonces…no me acuerdo en este momento qué otras palabras, pero a veces yo digo…a veces a mí me hierve la sangre, yo digo “ayyyy, ¿por qué están diciendo eso?” Muy colonialista todavía. Y nos miran como muy…no me

acuerdo el adjetivo que debo usar, pero de una forma muy despreciable al tercer mundo. Y te encasillan…también lo hacen con África, entonces se refieren a África como una sola “y

África, y África, y África”. Tú sabes que el África del norte y el África del sur, ¿tú sabes es lo mismo? No me metas a Latinoamérica toda junta porque obvio, somos….nosotros somos así, pero tú vas a Chile, tú vas a Argentina, tú vas a Perú, tú vas a Costa Rica, o sea, es que somos un mundo”49.

Los contenidos disciplinares también son campos de batalla simbólica que son cuestionados en su objetividad cuando outsiders (Icaza & Vasquez, 2017), es decir, esos perfiles diferentes al típico sujeto de la educación superior occidental, ingresan a la universidad e intervienen con su subjetividad los espacios más cargados de violencia epistémica. Como lo demuestra el relato anterior, esta disputa epistémica puede tener lugar en las aulas de clase y ser encarada por quienes poco se escuchan (o importan) en el

El anterior intentó ser un ejercicio de visibilización de hechos de los que poco se habla al presentar, desde las palabras mismas de estudiantes latinoamericanos, experiencias concretas encarnadas e interseccionadas de relaciones desiguales de poder que recuerdan la herida colonial de la que habla Walter Mignolo (Icaza, 2015). Tal herida se siente más intensamente al ser tildados de invasores por una sociedad cuya estructura productiva pretende convertirse en estandarte en la economía del conocimiento a nivel global.