3.2 Methods
3.2.2 Lattice Model
Durante la primera mitad del siglo XX, Buenaventura se convirtió en uno de los puertos más importantes del país a raíz de la construcción en 1914 del canal de Panamá. En 1925 se inauguró el Hotel Estación de Buenaventura y durante muchos años allí se presentaron algunas de las mejores orquestas de jazz, blues, mambo, porro y cumbia. En 1929 se creó la
Voz del Pacífico, primera emisora del puerto, y por allí se podían escuchar sones boleros, montunos y tangos. De igual manera, a raíz del crecimiento del puerto se crearon varios prostíbulos que recibían marineros de diferentes partes del mundo y contribuyeron a la circulación de distintos tipos de músicas en el pueblo (Cuevas, 2007, p.14-30). Por estas razones, no es de extrañar que en Buenaventura se haya originado la primera conexión que dio a conocer algo de la música del sur del Pacífico a Colombia y al mundo: los éxitos de Enrique Urbano Tenorio “Peregoyo” y su combo Vacaná.
Peregoyo nació en Buenaventura en 1917. Aprendió a tocar guitarra imitando algunos tríos de moda que sonaban en radio y posteriormente aprendió a tocar clarinete y saxofón. En 1944 se integró a la Banda Municipal de Músicos de Buenaventura, en la cual se formó toda una generación de maestros que después desarrollarían proyectos propios. En 1948 fundó el grupo Bahía, y dos años más tarde el grupo Sabor y el combo Vacaná. Estas orquestas se dedicaban a tocar cumbias y porros para oyentes de clases altas, arreglados a la manera de la orquesta de Lucho Bermúdez que para ese entonces ya tenía reconocimiento nacional. Y uno de los sitios en que tocaban era precisamente el Hotel Estación. En una de esas ocasiones, uno de los integrantes de la orquesta, Tomás Olmedo, empezó a cantar currulaos y Peregoyo reaccionó diciéndole “¿Carajo, me vas a llenar esto de currulao?” por lo que Olmedo tuvo que volver a cantar porros y boleros a pesar de que un currulao grabado por él mismo estaba en pleno apogeo en Buenaventura. En palabras de Cuevas: “la gente de la sociedad que asistía al Hotel Estación, poco gustaba el currulao, era baile de negros. Era la música caribeña la de mayor acogida” (2007, p.74).
42 Hoy en día Peregoyo es considerado un héroe cultural del Pacífico por haber puesto a sonar un currulao – Mi buenaventura, de Petronio Álvarez – en los radios de todo el país. Pero como deja ver el episodio anterior, los intereses de Peregoyo eran muy variados y no se limitaban, ni se enfocaban primordialmente en la música del Pacífico. Su experiencia musical fue mucho más allá de la música local. A raíz de su participación en la Banda Municipal conoció de cerca muchas piezas de música clásica, marchas, pasillos, bambucos y música del Caribe. Su interés principal parece haber sido el de vivir de su profesión haciendo proyectos que le permitieran hacer una carrera musical de renombre.
En 1962, un médico chocoano, Emiro González Paz, fundó en Buenaventura un grupo musical llamado La Marucha, dedicado a la música folclórica del norte y el sur del Pacífico. En este grupo participaron varios de los integrantes de las orquestas de Peregoyo. Un año más tarde, Leonor González Mina invitó a Peregoyo y su combo Vacaná a grabar
Mi Buenaventura en los estudios de discos Fuentes en Medellín (Cuevas, 2007, p. 71-72). Esta grabación se hizo para una edición privada que no se difundió en medios, pero el productor pidió a Peregoyo que grabara además dos canciones folclóricas. Él cantó Mi Peregoyo, una composición propia, y un currulao llamado San José. A raíz de esta experiencia Peregoyo volvió a ser invitado por Discos Fuentes, esta vez para hacer un larga duración. Sin embargo, el combo Vacaná no tocaba currulaos, sino música antillana. Por eso, en ese momento, para poder responder a la solicitud de Fuentes, los músicos echaron mano de las canciones folclóricas que habían aprendido con el grupo La Marucha (Micolta, 2007).
Varios elementos permiten decir que los ejecutivos de Fuentes estaban más interesados en la música folclórica que los mismos integrantes del combo Vacaná. A manera de ejemplo, cuando grabaron en 1963 el productor les pidió excluir a la guitarra por no ser un instrumento folclórico. Tuvieron que obligar a José Lorenzo “el Che” Benítez, guitarrista del grupo, a que hiciera sonar la guitarra como una marimba para poder grabar (Cuevas, 2007, p.86). La orquesta siguió grabando música del sur del Pacífico, pero siempre incluida en producciones que tenían en su mayoría ritmos del Atlántico. En 1967 hicieron el
43 segundo larga duración que contenía cumbias, porros, una bomba, una guaracha, un abozao y sólo tres currulaos. Uno de ellos era Mi Buenaventura en la versión cantada por Marco Antonio Micolta, que fue la que se popularizó en todo el país. Sin embargo, a pesar del éxito de esta canción, los siguientes discos tuvieron una proporción similar de géneros binarios y currulaos, tal vez por la sospecha de que los ritmos con subdivisión ternaria podrían ser difícilmente asimilables como música bailable. En todo caso, esto se mantuvo hasta llegar al quinto larga duración que fue una recopilación realizada en 1972. Lo más interesante es que 30 años después, en 2002, la orquesta se volvió a reunir para grabar un disco titulado el Rey del Currulao. Esto ocurrió, casualmente, cinco años después de la creación del Festival Petronio Álvarez y fue el primer disco de Peregoyo en el que la mayoría de los temas eran currulaos (Cuevas, 2007, p.102-111).
La historia de Peregoyo deja ver muchas diferencias sustanciales con otras experiencias de difusión comercial de músicas locales. Por ejemplo, la transformación del porro en manos de Lucho Bermúdez, y la del vallenato en manos de Carlos Vives, tienen varios elementos en común: fueron proyectos liderados por personajes de élite, y para la élite. Obedecieron a un propósito específico de adaptación de la música tradicional a otros públicos. Fueron seguidos por imitadores que contribuyeron a la difusión del estilo. Por el contrario, pareciera que Peregoyo nunca asumió directamente la idea de adaptar el currulao a oídos blancos y urbanos. Ana María Ochoa decía, hablando de las músicas locales, que: “Algunas músicas que alcanzaron una difusión significativa a nivel comercial, nunca perdieron del todo su asociación con la idea de folclore” (Ochoa, 2003, p.29). Pero el caso del currulao en manos de Peregoyo parece haber ido más allá: no solamente no perdió su asociación con lo folclórico, sino que Mi Buenaventura, siendo un éxito comercial, se convirtió en sinónimo de un folclor del Pacífico que antes era simplemente invisible en el resto del país. Así, si algo se le debe a Peregoyo no es que haya sido el gran transformador de la música del Pacífico, sino que fue el primero en ponerla en el mapa a pesar de haber estado sometida a siglos de negación colonial, y a pesar de que a él mismo no le interesaba demasiado, como lo dejan ver los comentarios de Cuevas y de Micolta.
44 Ahora bien, aunque Peregoyo no introdujo directamente cambios en la dinámica cultural de esta música, si sentó varios precedentes de gran alcance: mostró que era posible tocar un currulao con orquesta de baile, mostró que era posible grabar un currulao y lo más importante, demostró que era posible poner a sonar un currulao en los radios de ciudades como Bogotá o Medellín. Como se verá más adelante, este precedente empezó a ser retomado por algunos músicos de la región, una vez se empezaron a sentir los efectos del Festival Petronio Álvarez en la revaloración de las músicas y el folclor del Pacífico. Esta puede ser una de las razones por las que, Hugo Candelario González puso a su orquesta el nombre Bahía, siguiendo el ejemplo de la primera orquesta de Peregoyo.