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Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filósofa que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños. Khalil Cibrán

La sociedad nos lo pone difícil a los padres. Si no tiene parques cerca de su casa, tendrá más problemas para que su hijo se desahogue y pueda jugar libremente. Si le han subido la hipoteca, a lo mejor le es difícil gastar dinero en medidas de seguridad para la casa y que su hijo sea más autónomo en ella. Si trabaja muchas horas para mantener a la familia y no puede estar a penas con su hijo, ¿qué vínculo va a poder establecer?

Muchos padres se quejan de que es un «suplicio» ir a un restaurante con su hijo, pero lo que ocurre es que a lo mejor ese establecimiento no está adaptado a los niños o tardan dos horas en servir entre plato y plato.

Es difícil salir de compras con niños cuando todo está hecho para tentarles en los supermercados, quioscos, librerías... El otro día fui a una farmacia y habían puesto un expositor con ¡peluches! Niño que entraba, niño que pedía uno. Las madres que vi eran buenas oradoras y acababan

convenciendo a sus retoños de que no merecía la pena, pero seguro que alguno habrá que monte una pataleta algún día. Pataleta fácilmente evitable si la farmacia se dedicara a vender sus productos y no quisiera imitar a las jugueterías.

Vale, usted no tiene la culpa, pero su hijo tampoco. Cuando llore porque quiere salir de casa y usted no pueda sacarlo porque tiene que hacer la colada, sea amable con él. Cuando quiera jugar con las sartenes de la cocina, piense que está incrementando su creatividad e inteligencia. Si entra en una farmacia y han montado una juguetería dentro, no culpe a su hijo por desear juguetes.

Muchas rabietas y problemas de comportamiento no tienen un culpable (y menos el niño). Intente solucionar las circunstancias que pueden propiciar la aparición de este tipo de conflictos (como las tentaciones, la falta de apego...) e intente fomentar las que ayudan a la buena convivencia (seguridad, juego, amor...).

Cuando limpio la casa, mi hijo de 2 años me quiere «ayudar», pero si le dejo me ensucia más las cosas, y si no le dejo me monta pataletas. ¿Qué hago?

Dejar que su hijo «juegue» y experimente con objetos de la vida cotidiana es beneficioso para el incremento de la creatividad y del coeficiente de inteligencia; por lo tanto, debería tomárselo como una medida educativa y permitírselo.

En segundo lugar, si resulta que le ensucia lo que usted hace, puede ponerlo a «limpiar» otra zona que no sea la que usted esté haciendo. En mi caso a mi hijo le encantaba limpiar los cristales de la terraza (a los que llegaba sin tenerse que subir a una silla, como pasa con las ventanas). Pues mientras yo limpiaba el de la derecha él «limpiaba» el de la izquierda. Cuando se cansaba, yo limpiaba aquel con el que había estado jugando el niño. Tranquila, un niño de 2 años no pasa más de media hora haciendo lo mismo.

En tercer lugar, hay que remarcar que a partir de los 2 años se da una «necesidad» en los niños de imitar lo que hacen sus padres. En todas las sociedades, comunidades, etc., los niños quieren ir a pescar, a cazar, a trabajar como sus padres, a limpiar... Es frecuente que a estas edades

(entre 2 y 5 años) los niños pidan cocinitas, herramientas de carpintero, utensilios de limpieza, tiendas para vender cosas...No les impida el acceso a este aprendizaje, aunque vigile su seguridad.

Mis hijos de 7 y 10 años no se comportan muy bien cuando vamos a los restaurantes. Empiezan a jugar y a moverse de la silla. Yo les llamo al orden, pero apenas paran unos segundos y vuelven a empezar. ¿Qué puedo hacer para que se comporten?

Yo le recomendaría varias cosas hasta que fueran más mayores. En primer lugar, busque restaurantes preparados para niños, con zonas de juego o entretenimientos para ellos. En segundo lugar, llévese algo que les guste (un juguete o papel y lápices de colores). En tercer lugar, busque sitios en los que no tarden mucho en servir: si los adultos ya nos desesperamos, ¡cómo no lo van a hacer los niños de 7 años! O jueguen a algo con ellos (veo veo, adivinanzas, etc.) o hable con ellos de temas que les interesen (suele ser muy enriquecedor para toda la familia). Sus hijos se comportan como niños normales de 7 y 10 años. Quizás es la sociedad la que no prepara los

restaurantes para los comensales de esas edades.

Sobre todo, no deje de ir a restaurantes por eso. Con el tiempo van adquiriendo más paciencia y estrategias para estar en un restaurante de una forma «más adulta».

Para saber más

Ainsworth, M., «Attachment beyond infancy», American Psycho-logist,44, pp. 709-716.

Barudy, J.yDantagnan, M.,Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia, Gedisa, Barcelona, 2005.

Bowlby, J., La pérdida afectiva: tristeza y depresión, Paidós, Barcelona, 1997.

—, El apego y la pérdida 1. El apego, Paidós, Barcelona, 1998.

—, El apego y lapérdida2.La separación, Paidós, Barcelona, 1998.

Boy, E., García, L. y Torreblanca, A., «Importancia del vínculo materno-filial en el sentimiento de seguridad»,

Revista Mexicana de Psicología,2,1985, pp. 29-31. Brcjwn, S.,A jugar, Urano, Barcelona, 2010.

Cyrulnik, B.,Bajo el signo del vínculo. Una historia natural del apego, Gedisa, Barcelona, 2005.

Fernández, M., Martínez, M. y Pérez, J., «Vinculación afectiva e interacción social en la infancia», Revista Española de Motivación y Emoción,3, 2002, pp. 1-15.

Hirsh-Pasek, K.y Michnick, R., Einstein nunca memorizó, aprendió jugando, Martínez Roca, Madrid, 2005.

Pellegrini, A. D.,The role of playin human development [El papel del juego en el desarrollo humano], Oxford University Press, Oxford, 2009.

Rodrigo, M. J.y Palacios, J. (coordinadores), «Los mensajes educativos de los padres desde la perspectiva de los hijos», revista Infancia y Sociedad, n° 30, Ministerio de Asuntos Sociales, 1995.

Cuando hay un conflicto en una casa se busca un culpable, pero a veces la culpa no es de nadie. Intente averiguar qué pasó y el problema estará solucionado.

Prepare la casa con unas medidas de seguridad y no tendrá que perseguir ni reñir a su hijo por meter las manos en donde no debe. Las medidas de seguridad le evitaran más de un disgusto y alguna rabieta de su pequeño/a.

¿Quiere un hijo menos estresado y con menores conflictos y rabietas? Déjele jugar libremente. El juego libre también le ayuda a aprender normas de convivencia y resolución de conflictos. Según el tipo de vínculo establecido, el comportamiento del niño hacia sus padres será más afectuoso o más distante, más afectivo o más desafiante. Sin quererlo y sin saberlo, muchos padres están favoreciendo con su comportamiento que sus hijos tengan conductas más negativas. En estos casos los niños no tienen la culpa, y muchos padres tampoco: ambos son víctimas de un estilo de crianza erróneo.

veces no tenemos parques cerca cuando el niño quiere ir a uno, no hay suficientes restaurantes preparados para niños, etc. Es posible que en esos momentos su hijo presente un problema, pero la culpa no es siempre suya.

Capítulo III