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Un franciscano de San Juan de los Reyes -en el año 1514- en Toledo traduce al español y publica la Teología mística de Hugo de Balma con el título Sol de
contemplativos. Esta obra surge a finales del siglo XIII, cuando la teología escolástica
había llegado a su cúspide con la ayuda de la filosofía griega. Frente al rigor de la teología sistemática se pensaba que debían dejar esas preocupaciones y entregarse a la teología
mística, afectiva y divinal. A esta última corriente teológica pertenecían franciscanos,
cistercienses y cartujos que ponían de relieve la vivencia de la fe como método teológico.
En esta coyuntura Hugo de Balma rompe lanzas en favor del conocimiento de Dios por voluntad o vías del amor más que por razonamientos filosóficos sobre la fe. Y lo hace acudiendo a Dionisio Areopagita (…) La teología mística de Hugo de Balma es totalmente dionisiana, interpretada al calor de la vivencia cartujana del amor de Dios. (Balma, 1992: 12-13)
En este sentido, en la traducción de Sol de contemplativos de Hugo de Balma los españoles encontraron la mejor interpretación popular del Pseudo Dionisio Areopagita “para llevar las almas a la vida de contemplación”. Sin embargo, estrictamente hablando la mística de Hugo de Balma no es la misma que la mística del Pseudo Dionisio Areopagita, porque la mística de Balma ya se encuentra racionalizada por la teología, vale decir, esta mística de Balma explica racionalmente los pasos a seguir, mediante sus tres vías (purgativa, iluminativa y unitiva), para alcanzar la contemplación de lo divino.
Hugo de Balma se enmarca de este modo en la piedad laica que mencionábamos líneas arriba. Esta piedad laica sale de los monasterios en oposición a la teología clásica sistemática del siglo XIII. En cambio, la mística del Pseudo-Dionisio Areopagita es la experiencia o contemplación del misterio de Dios, esto quiere decir que no es una explicación sino una descripción del objeto divino y lo que se teoriza de esa descripción es el nacimiento de una ciencia llamada teología mística (siglos XVI-XVII). Por tanto, existe una notable diferencia entre la mística del Pseudo Dionisio Areopagita y la teología mística, como ciencia, de Hugo de Balma. Por ello, esta mística traducida por este franciscano, en particular, y para los hombres espirituales de los siglos XV al XVII, se refieren a una mística que ya no es la de su creador, Pseudo-Dionisio Areopagita.
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Análogo a Ruiz de Montoya, Balma afirma que lo que une el alma a Dios es el
amor. Este amor, que procede de la voluntad, no se condiciona al conocimiento que el
hombre pueda tener del misterio, pues Dios actúa por encima de toda actividad intelectual, produciendo en el alma “ardor de amor”, conocimiento vital superior al intelectual (Balma, 1992:14). Al ser traducido la obra de Balma en España es una gran influencia de los escritos místicos en la España de los siglos XVI y XVII, igual que en tierras americanas.
En la Edad Media el tópico amor-conocimiento fue muy importante y causó mucha polémica desde que comenzó el predominio de la teología escolástica o intelectual sobre la monástica o afectiva. Propiamente hablando no se deben oponer estos dos tipos teologías, sino complementarse. La teología afectiva, cultivada en los cerrados monasterios, estudia la teología como un medio para fomentar el amor. Mientras que la escolástica sostendrá que la teología es la ciencia de las verdades de fe, prescindiendo del amor; más que la vivencia de la fe, la teología se presenta como una defensa de la misma. Esto se puede ver en la diferencia que se hace en el Sílex del Divino Amor entre la teología escolástica y mística. Con esto se puede percibir que el Sílex del Divino Amor está bebiendo de esta tradición histórico-conceptual de la teología intelectual y afectiva. La diferencia entre estos dos tipos de teología es que la primera- la intelectual- sostiene que la contemplación es para uno cuantos y la segunda- la afectiva- afirma que la contemplación es para todos.
En estos siglos, en el mundo europeo (siglos XII-XIV) buscaban a Dios haciendo teología o estudio del mundo con relación a él. Esta corriente afectiva de la teología era la más común entre las órdenes monásticas, “y defendía la familia religiosa de los franciscanos. A principios del siglo XIV volvería a prevalecer el movimiento agustino- franciscano, olvidado algún tanto en el siglo precedente” (Balma, 1992: 18).
Hugo de Balma detectó la separación entre las teologías de escuela y la teología vivencial o mística. De este modo, se percibe en la obra de Balma la síntesis de teología de escuela y la mística. Su obra no es propiamente un tratado de mística, sino más bien un tratado de oración, que es producida por una piedad laica, siendo los principales exponentes las órdenes mendicantes como franciscanos, dominicos, mercedarios, etc. Y esto se explica porque el traductor de la obra de Balma es un franciscano, de ahí que este libro sea un tratado de oración.
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En resumen: La importancia de Hugo de Balma y su obra mística Sol de
contemplativos radica en la influencia que tuvo en la España del siglo XVI y en el
Virreinato del Perú. También es importante señalar su relación y diferencia con el Pseudo- Dionisio Areopagita. Además, la sistematización de la unión mística en tres vías: purgativa, iluminativa y unitiva. Por último, resaltar que su obra es más un tratado de oración que de mística, por lo ya expuesto.