4. RESULTS
4.3 Association analysis output
4.3.1. LD estimation
La evaluación paisajística del término municipal de La Aldea de San Nicolás hace referencia a sus valores perceptúales, incluyendo consideraciones de orden estético, teniendo en cuenta los siguientes aspectos: visibilidad territorio que puede apreciarse desde una zona o punto determinado; calidad paisajística características intrínsecas del ámbito (morfología, vegetación, presencia de agua...); calidad visual del entorno inmediato refiriéndose a la calidad del fondo escénico (altitud, formaciones vegetales, geomorfología); fragilidad como la capacidad del paisaje para absorber los cambios que se produzcan en él; y por último pero no por ello menos
importantes, todo lo contrario, sería frecuentación humana la población afectada incide de manera directa en la calidad del paisaje.
Analizar los paisajes implica conocer como la sociedad, que ha vivido y que vive en el ámbito de estudio, ha utilizado los recursos del medio para modificar el espacio en función de sus propias necesidades, es decir, los paisajes actuales evidencian como las distintas sociedades históricas han ido transformando el territorio para aprovechar sus recursos.
Reconstrucción del paisaje histórico de La Aldea en 1874-1898 Fuente:” El Pleito de la Aldea 300 años de lucha por r la propiedad de la tierra” Paisaje aldeano
El ámbito territorial que ordena este Plan General se caracteriza, desde una óptica visual, por la condición abrupta del relieve, a excepción del amplio fondo del Valle de la Aldea, donde predomina la suavidad de los perfiles, sólo interrumpidos por elevaciones de escasa entidad fisiográfica, como la Montañeta del Molino. Elementos que confieren carácter al paisaje son los cultivos intensivos de exportación y el mar de plástico que cubre una amplia porción de las parcelas. La fragilidad visual es alta, al contar con impactos tan llamativos como los invernaderos en las tierras de labor.
Las principales distorsiones paisajísticas están generadas por:
-La proliferación de viviendas desvinculadas del entorno rural en el que se insertan. Las tipologías de edificación urbanas en el medio rural. La implantación de modelos urbanísticos escasamente integrados.
-El abandono de las tierras de labor y la degradación de las infraestructuras de riego. La pérdida del suelo fértil.
-La degradación del patrimonio arquitectónico, histórico, etnográfico y arqueológico. Respecto a los elementos de interrupción:
Los suelos urbanos quedan asimilados en el paisaje, conformando hitos de referencia, entre un diseminado de escasa entidad territorial.
Las vertientes abruptas surcadas por una red hídrica muy desarrollada que confiere una notable rugosidad de las texturas, impiden la continuidad paisajística y se constituyen en hitos visuales. Las carreteras impactan, especialmente, en los tramos en los que están flanqueadas por edificaciones en sus márgenes, que realzan su presencia.
Los elementos que definen el paisaje en ámbito territorial del municipio de La Aldea son:
- La llanura aluvial del fondo del Valle de La Aldea, surcada por el barranco homónimo, donde se disponen sus depósitos sedimentarios.
- La espectacular costa acantilada, sólo interrumpida por algunas playas que se abren en la desembocadura de los barrancos, que confieren al territorio una elevadísima heterogeneidad paisajística.
La distribución de la vegetación está condicionada por la presencia de cotas elevadas y por el tradicional uso agrario del municipio, si bien se registra un proceso de recolonización en las parcelas abandonadas...
La proliferación de invernaderos y la escasa integración paisajística de las edificaciones, fruto de un crecimiento desestructurado, son factores que actúan en detrimento de la calidad visual de las unidades.
Otra afección paisajística es el vertido incontrolado de escombros y residuos agrícolas, que también incide en el deterioro de comunidades vegetales y faunísticas.
En definitiva la diversidad paisajística de un territorio es el resultado de la conjunción de tres elementos territoriales: una topografía contrastada, la distribución de sus formaciones vegetales y la intervención antrópica (repoblaciones forestales, invernaderos, viviendas y pastoreo). Por lo
que su valoración incidirá en la calidad para la conservación, por tanto, está será reiterada de forma resumida, en el diagnóstico ambiental en el apartado correspondiente
Calidad visual de paisaje:
La evaluación de la calidad paisajística es un instrumento de aproximación a la valoración ambiental que establece sectores homogéneos conforme a sus aptitudes para la conservación del paisaje.
Para estimar esta variable se valora por un lado cada uno de los elementos que lo conforman y por otro, éste en su conjunto. La dosis de subjetividad consustancial a cualquier valoración se aminora mediante la estimación particularizada de sus componentes, método, sin embargo, cuestionado al caer con frecuencia en el error de tomar las partes como sumandos del todo y de este modo reducir el análisis a la valoración de los elementos que conforman el paisaje. No obstante, hay que tener muy en cuenta que, la valoración del paisaje en un territorio como La Aldea, resulta muy compleja, a causa del carácter subjetivo que adquiere la naturaleza estética de todos y cada uno de los elementos, que componen el paisaje tan característico de un ámbito como el que se analiza.
En la selección de los criterios de valoración, se hace preciso cumplir, al menos, los siguientes condicionantes:
a.- La lista de criterios considerados debe ser extensa. b.- Se intentará cubrir todos los valores visuales del paisaje. c.- Los criterios deben ser excluyentes.
d.- Al sopesar un parámetro no se debe valorar, simultáneamente, otro distinto.
Seguidamente y a la hora de la tasar el valor paisajístico de cada unidad, la valoración de los distintos criterios analizados se advierte desigual. El peso mayor lo aportan los elementos más significativos en la conformación de las características estéticas y formales del paisaje, como las formas del relieve, la vegetación y la distribución de los usos del suelo, en las unidades naturales, y la estructura viaria, la de los inmuebles, la presencia de zonas verdes, el acabado exterior de las edificaciones y la homogeneidad de las alturas de las viviendas, en las áreas urbanizadas.
La belleza se aprecia de forma subjetiva, condicionada por tres clases de factores:
1.- Las condiciones y mecanismos perceptivos, la forma de mirar, la capacidad de evocación, la actitud del observador.
3.- La relación del observador con el objeto contemplado.
En definitiva, y con todas estas premisas de partida, para el estudio de la calidad visual del paisaje del ámbito municipal de La Aldea, a continuación se expone la valoración resultante, a aplicar a las unidades ambientales delimitadas:
• Valoración de la calidad visual del paisaje
Muy Alta calidad paisajística
Dentro de esta categoría se localiza la mayor parte del ámbito de estudio, siendo las áreas más representativas aquellos paisajes caracterizados por un pinar abierto de Inagua, desde sus andenes, escarpes, hasta los interfluvios de Inagua, Guguy, Tasarte y Tasartico, donde el pinar es casi inexistente y abundan otras especies como las sabinas, palmerales, lentiscos, acebuches.... Debido a su abrupta morfología, su considerable altitud que llega a alcanzar los 1. 583 metros la convierte en una importante atalaya, además, el contrastes de colores verdes, rojizos y amarillos que se observa en sus andenes (conocidos por el nombre de azulejos), sus interfluvios están culminados por unas crestas que forman relieves residuales, que por efecto de la acción de la erosión se han modelado como afilados cuchillos, que ya el poeta y escritor Miguel de Unamuno describía como: “Tormenta petrificada”. Sobre todo, destaca el pinar de pino canario junto con otras especies endémicas como el pinzón azul, que confiere a estos lugares un alto valor ecológico, que favorece las actividades recreativas.
También los macizos y acantilados del Andén Verde y del Suroeste destacan visualmente, por su gran altura hace de éstos cantiles superiores a los 500 metros, unas unidades con una alta calidad paisajística, se aprecia grandes contrastes entre las superposiciones de majestuosas coladas lávicas negras con las finas capas de almagre ocres, y mantos de piroclastos, todos atravesados por una densa red de chimeneas volcánicas (diques), con grandes coberturas de matorral hidrófilo y xerófilo, con una alta densidad de endemismos canarios y municipales. Además su altura supone un hito paisajístico desde el que se observa la isla de Tenerife.
Las unidades que engloban estos valores de Muy Alta Calidad Visual son: 1, 2, 5, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 19, 20, 21, 24, 25 y 28.
Alta calidad paisajística
Este paisaje está caracterizado por las diferentes laderas de los principales macizos del municipio, exceptuando algunas barranqueras como las de Tocodomán y la zona de la playa, cuyos entornos naturales, provistos de especies relipticas, otorgan un paisaje de alto interés en un municipio caracterizado por su extrema aridez.
Los paisajes de terrazas aluviales y barranqueras con palmeral concentrado y residencial asociado a la actividad agrícola tradicional ocasionan una Alta calidad visual registran las áreas con terrazas aluviales que oscilan con una pendiente de 0% al 5%, supone una zona singular por su morfología llana, que junto al barranco, se convierte en un amplio valle que supone una isla agrícola dentro de un entorno morfológico escarpado y voluminoso. Su calidad también deriva, de sus sistemas tradicionales de cultivo con antiguos sistemas de obtención de aguas: tanques, pozos y molinos de agua. Rodeados de palmerales con almácigos y lentiscos cultivados por los agricultores antaño como linderos y agricultura de subsistencia hoy éstas, se expanden entre las cabeceras de los barrancos, Guguy, Tasarte y Tasartico, las barranqueras y las terrazas abandonadas a su antojo. Éstas otorgan un elevado valor paisajístico, así cómo visual, ya que actualmente quedan pocos lugares, donde todavía hoy, es posible apreciar estas formaciones. En el caso de los lentiscos y los almácigos son formaciones relícticas de los bosques de laurisilva correspondientes
al periodo Jurásico, formaciones extinguidas en los continentes salvo algunos pocos relictos como éstos.
Vegetación xerófila (Cardonal-tabaibal) La sucesión de Lomos y barranqueras, con vegetación xerófila de Altavista, cañón de la Aldea, Tabladas, Inagua, Guguy, Tasarte, Tasartico y Guguy.
Su calidad se debe a su valor geológico-geomorfológico, la gran cantidad de endemismos de flora y fauna de estos ámbitos y a la gran conservación casi intacta de estos lugares, debido a la inaccesibilidad de su territorio con pendientes que superan un 50%. Aunque antaño debido al pastoreo y agricultura a la que en un pasado muy cercano estos parajes fueron sometidos, mermo su densidad biológica, hoy es posible observar, desde caminos asociados a las actividades agrarias, la recolonización de las parcelas abandonadas y pastoreadas.
También la zona de las playas corresponden a una muy alta calidad paisajística debido a que forman un contraste visual más llamativo del municipio dado que sus desembocaduras son el nexo de unión entre los barrancos, lomos y mar, se percibe un gran contraste, entre los cuchillos y los acantilados que bordean las playas llanas y de un inmenso azul, formadas a su vez por diferentes materiales, cantos redondeados negros y grises, y arenas arrastradas por el barranco. En la
desembocadura del barranco de la aldea limitando con la playa, encontramos un amplio Tarahal, en expansión, una especie muy amenazada en la actualidad. Esta formación rodea una charca, que correspondía a una antigua laguna cuaternaria, hoy es el yacimiento paleontológico más importante de Canarias por la abundancia de restos fósiles encontrados en ella. También representa su importancia para la avifauna de su alrededor y un gran hito cultural para los aldeanos, donde cada 11 de septiembre celebran sus fiestas.
Charca de La Aldea en la desembocadura del barranco A este rango pertenecen las unidades: 4, 6, 7, 9, 10, 11, 22, 23, 36 y 44.
Moderada calidad paisajística
Estas corresponden a áreas con claro predominio de las actividades antrópicas sobre un medio rural y con un disperso edificado, como es la zona del Muelle, todo el Valle interior de La Aldea, y de Tasarte y Tasartico, excluyendo sus cabeceras. En definitiva, dentro de esta categoría se localizan las siguientes unidades: 8, 18, 27, 30, 32, 35,39, 41 y 46.
Ladera con matorral del valle de La Aldea y el Muelle de La Aldea. Su carácter abrupto, sus incisiones hídricas y su vegetación hacen de esta ladera la zona más destacada desde el punto de vista visual. Sus formas le imprimen un carácter propio, junto con el color ocre del suelo. Fue la zona muy antropizada por el pastoreo, pero se está recolonizando de manera natural, por el cardonal tabaibal, además, está afectada por los procesos erosivos naturales, derivados de escorrentías superficiales.
Además, también destacan algunas unidades por sus geoformas abiertas, como es el barranco de La Aldea, caracterizado por un ancho valle en forma de u, donde destaca su fondo plano, rodeado de abruptas laderas. Aunque, también es la zona con un mayor grado de antropización, caracterizada por su gran expansión heterogénea formada por la alternancia de parcelas de cultivo al aire libre y bajo plásticos, ocupando un alto porcentaje en cuanto a territorio se refiere dentro del ámbito de estudio, la vegetación predominante es el matorral nitrófilo y xerofilo, imprimiéndole un carácter visual característicos de áreas degradas en recuperación. También presenta un alto grado de especies avícolas, debido a la dispersión de palmeras, árboles frutales y estanques en todo su ámbito, que junto al gran patrimonio cultural etnográfico de esta zona, revaloriza su calidad paisajística.
Relieve culminante de Guguy, Tasarte y Tasartico
Su calidad se debe a su alto valor geológico y geomorfológico, como relieves que destacan en la visual, desde cualquier ámbito del municipio, además posee un estado de conservación muy bueno, pero su elevada pendiente y la poca cantidad de suelo no permite la regeneración de vegetación lo cual favorece la erosión.
Baja calidad paisajística
Talud de colusiones con parcelas agrícolas abandonadas y cardones dispersos son las características de estos paisajes, los cuales presentan un aspecto de desidia y descuido, dentro de este rango de baja calidad se localizan las unidades: 26, 29, 33, 34 y 40.
Constituida por campos de cultivos, existiendo pequeñas parcelas donde sí se denota alguna actividad agrícola, como la existencia de bancales y surcos. Otorgando un moderado valor paisajístico, así cómo visual, ya que actualmente quedan pocos lugares, donde todavía hoy, es posible apreciar estas formas del paisaje agrario. Pero el abandono de estas, están ocasionando la erosión y pérdida del suelo agrícola y permitiendo la invasión de especies vegetales foráneas oportunistas y agresivas para la flora endémica.
Muy baja calidad paisajística
Terrazas de barranco y laderas cultivadas con cultivos bajo malla
Estas zonas presentan la más baja categoría debida a la gran antropización que presenta el territorio, que le ha supuesta una transformación totalmente artificial nada integrada con el paisaje correspondiente al lugar, siendo su panorámica visual un impacto en sí mismo. Se debe al tipo de
uso del suelo, el agrícola intensivo en invernadero, en el que se suma, los residuos que este tipo de actividad genera, como, plásticos, escombreras, restos orgánicos de los cultivos por doquier, envases de venenos, alambres, junto con el abandono de invernaderos. Estas zonas se visualizan desde todo el valle de La Aldea, y no presenta ningún tipo de calidad biológica, salvo la cultivable. También, se reconocen dentro de estas unidades las áreas urbanizadas con mayor concentración de impactos visuales y con escasa integración en los paisajes de sus tipologías edificatorias. A pesar que entre estas se encuentren algunas edificaciones de carácter singular.
Registrándose dentro de este rango de muy baja calidad visual las unidades: 30, 31, 37, 38, 42, 43 y 45.
TIPOLOGÍA Y LOCALIZACIÓN DE IMPACTOS AMBIENTALES
La isla de Gran Canaria ha sufrido en las últimas décadas una radical transformación territorial como consecuencia de la expansión urbanística vinculada a la incorporación de la Isla al turismo de masas, y al incremento de la población. La súbita alteración espacial que ha experimentado ha traído como consecuencia en demasiadas ocasiones, el deterioro del patrimonio ambiental y paisajístico que alberga.
A causa de su emplazamiento marginal respecto a la localización de la capital de la isla, La Aldea de San Nicolás no se ha visto afectada en la misma medida que el área de influencia inmediata de Las Palmas de Gran Canaria, o del sur turístico. Los impactos que sufre el municipio están fundamentalmente vinculados a su relevante desarrollo agrícola. El espacio rural del término municipal registra procesos e impactos puntuales que vienen ocasionando una alarmante merma de su calidad ambiental. Ante el aumento de las acciones perturbadoras que inciden sobre el paisaje, se hace preciso el establecimiento de iniciativas que atenúen las alteraciones que genera la transformación territorial con objeto de incrementar la calidad ambiental y, en consecuencia, la calidad de vida de los residentes en el municipio y por extensión, de la población insular. Tras el análisis de los procesos observados, se establece la clasificación que sigue: