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6.6 Educators’ Practices

6.6.1 Leaders’ actual practices

Marini venía desarrollando, como la mayor parte de la izquierda revo- lucionaria latinoamericana, un combate teórico contra las tesis del mar- xismo ortodoxo representado por los partidos comunistas que hacían hincapié en el carácter “pre-capitalista” de las economías de América La- tina51. Por el contrario, sostiene que se trata de “un capitalismo sui gene-

ris, que sólo adquiere sentido si lo contemplamos en la perspectiva del sistema en su conjunto, tanto a nivel nacional como, principalmente, a nivel internacional”52. Este combate teórico formó parte de un ambicioso

proyecto revolucionario que se propuso la revolución anticapitalista, sin pasar por una revolución burguesa o democrático-burguesa liderada por la burguesía “nacional”, como defendían los partidos comunistas. Cues- tión nada menor que afectaba tanto a las alianzas, como a las formas de lucha, legales o ilegales, electorales o insurrecciónales/armadas. Estaba convencido que la crítica a los postulados comunistas resultaba urgente luego del golpe de Estado de 1964 que había mostrado que la supuesta

burguesía “nacional” era firme aliada del imperialismo y apoyaba sin fisu-

50 Golbery do Couto e Silva citado por Paulo Schilling, ¿Irá Brasil a la guerra?, cit., p. 16. 51 Ruy Mauro Marini “Dialética da depêndencia” en Roberta Traspadini y Joâo Pedro Stédile,

Ruy Mauro Marini. Vida e obra, Expressâo Popular, Sao Paulo, 2005, p. 138.

ras al régimen militar. Se trataba de una urgencia de la acción política que le imponía profundizar sus análisis teóricos.

La tesis del subimperialismo de Ruy Mauro Marini se articulaba en torno a tres ejes: la hegemonía absoluta de los Estados Unidos en el mundo, la exis- tencia de centros medianos de acumulación, dependientes del centro, que mantenían una relación de cooperación antagónica con Estados Unidos y que a la vez practicaban formas de expansionismo en la región, y la existen- cia de un proyecto político subimperialista que de alguna manera encarna- ba la dictadura militar. Cada uno de esos aspectos ha cambiado sustancial- mente en las tres décadas transcurridas desde que fue escrito el texto.

–“La hegemonía incontrastable de Estados Unidos”. Esta afirmación

atraviesa todo el trabajo y es uno de los ejes que dan forma al concep- to de subimperialismo. Marini aporta en apoyo de sus tesis un conjunto de datos: en 1948 el 72% de las reservas mundiales de oro pertenecían a Estados Unidos, el 61% de la inversión directa mundial correspondía al capital estadounidense, que había sido capaz de “reorganizar la economía

capitalista mundial en su beneficio”53. A la hegemonía económica debe su-

marse una superioridad militar absoluta y una abrumadora presencia en los organismos creados en la conferencia de Bretón Woods en 1944, como

el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Marini establece con precisión las peculiaridades del dominio estadouni-

dense al afirmar que así como la hegemonía británica creó y consolidó el

mercado mundial, “el período de la hegemonía norteamericana habría de ser el de la integración imperialista de los sistemas de producción”54. El

capital estadounidense controlaba las principales multinacionales respon- sables, en 1968, del 25% del producto nacional bruto mundial. La expor-

tación de capital y el peso del capital financiero son rasgos centrales del

capitalismo en esa etapa. La otra, es la férrea jerarquización de los diversos eslabones del sistema al capital estadounidense, de modo que los países no centrales eran necesariamente dependientes y subordinados de los Estados Unidos. Aunque Marini registra una tendencia a la “declinación de la mo- nopolaridad en el mundo capitalista”, estima que existe una “integración jerarquizada de los centros de acumulación” en cuyo vértice se coloca el capital estadounidense55.

“Centros medianos de acumulación”. El propio desarrollo capitalista auspició “el surgimiento de centros medianos de acumulación” a los que

53 Ruy Mauro Marini, “La acumulación capitalista mundial y el subimperialismo”, cit., p. 1.

54 Ibíd., p. 3.

denomina también potencias capitalistas medianas: “Pasó el tiempo del modelo simple centro-periferia, caracterizado por el intercambio de ma- nufacturas por alimentos y materias primas”56. Marini capta la complejiza-

ción de la división internacional del trabajo. Ya no se trata de la conquista de mercados a través del comercio sino sobre todo de la acumulación de capital a través de la producción más allá de fronteras, con la instalación de factorías en países del “tercer mundo”.

Este es un aspecto fundamental de su tesis sobre el subimperialismo. Se trata de centros intermedios, donde ha cristalizado un estrato de grandes empresas: “Ahora se trata de la vinculación de capital extranjero a un sec- tor de la estructura productiva nacional, lo que tiene por contrapartida su desnacionalización en términos de propiedad, aunque no su sustracción a la economía nacional”57. Enfatiza en la dependencia de este estrato em-

presarial, muy en particular del capital estadounidense, que en los años que estudia Marini era fuera de dudas el principal inversor en la región, atraído por los bajos salarios, la existencia de un mercado interno crecien- te y la posibilidad de exportar a los países más cercanos.

Detecta una doble situación. Por un lado, dependencia económica y por otro necesidad de volcarse a las exportaciones por la estrechez del merca-

do interno y por las dificultades estructurales para poder ampliarlo por la

incapacidad de la burguesía de realizar una reforma agraria que la llevaría a enfrentarse con los latifundistas que dominaban la economía y el apa- rato estatal. En suma, hay una lucha por mercados. Pero inmediatamen-

te nos advierte que la exportación de manufacturas no es suficiente para

determinar si se trata de un país subimperialista. Concluye que el subim- perialismo es “la forma que asume la economía dependiente al llegar a la

etapa de los monopolios y el capital financiero”58.

“Una política de subpotencia”. Marini sostiene que Brasil es el único país que expresa ese fenómeno en América Latina, ya que estando ple- namente integrado en el marco de la hegemonía imperialista, el equipo “tecnocrático-militar” que asumió el poder tras el golpe de 1964 tiene un “proyecto político” que es de hecho una respuesta desde arriba al ascenso de las luchas sociales registradas en América Latina luego de la revolución cubana. La existencia de un proyecto propio, que implica la construcción

de un área de influencia y vigilancia en la región, es un dato importante en

la argumentación de Marini. Pero ese papel regional se realiza en estrecha

56 Ibíd.

57 Ibíd., p. 10.

cooperación con la potencia hegemónica mundial, siendo en la región algo

así como su gendarme, que defiende los intereses del imperio.

El análisis revela sutilezas y profundidades. Rechaza de plano la idea de que el régimen militar sea apenas “un simple títere del Pentágono y del Departamento de Estado”, pero enfatiza en que la burguesía brasileña “aceptó el papel de socio menor en su alianza con los capitales extranje- ros” y que la política exterior de la dictadura buscaba “una perfecta ade- cuación entre los intereses nacionales del país y la política de hegemonía mundial llevada a cabo por Estados Unidos”59. Haber comprendido esa

dualidad es uno de los grandes méritos teóricos de Marini. Pero va más le- jos, porque no separa teoría de acción política, y concluye que esta nueva realidad subimperialista tiene implicaciones políticas.

Utiliza el concepto de “cooperación antagónica” para describir la relación entre la superpotencia hegemónica y un país dependiente medianamen- te desarrollado. El concepto fue acuñado por el marxista alemán August Talheimer, que en la posguerra lo utilizó para comprender las relaciones entre Estados Unidos y los países industrializados que reciben inversiones pero se convirtieron a la vez en exportadores de capitales. Marini sostiene

que la “cooperación antagónica” refleja tensiones entre los diversos cen-

tros en el proceso de integración imperialista, que “abren fisuras en la estructura del mundo imperialista y actúan vigorosamente en beneficio de

lo que tiende a destruir las bases mismas de esa estructura: los movimien- tos revolucionarios en los países subdesarrollados”60.

El desarrollo de un complejo industrial-militar y de una industria de bie- nes de capital no sólo buscaba convertir al país en una potencia industrial sino que era la condición necesaria para la expansión internacional. De ese modo fue posible crear “una simbiosis entre los intereses de la gran industria y los sueños hegemónicos de la elite militar”61. Ciertamente, esa

expansión no sólo no contradice al imperialismo sino que se integra como

pieza clave en la irradiación de la influencia de la potencia hegemónica.

La principal consecuencia política de la nueva realidad pasa por “la in- ternacionalización de la revolución latinoamericana”, que se convierte en “la contrapartida inevitable del proceso de integración imperialista” que había convertido al Brasil en subimperio y subpotencia62.

59 Ruy Mauro Marini, Subdesarrollo y revolución, cit.,pp. 57-58.

60 Ibíd., p. 61.

61 Ibíd., p. 71.

En las tres décadas transcurridas desde la publicación de los trabajos de Marini sobre el subimperialismo, se han producido cambios notables en el mundo, en la región sudamericana y en Brasil. La posición de Esta- dos Unidos ha sufrido cambios importantes al punto que hay consenso en aceptar el declive de la ex superpotencia, pese a que mantiene una impor- tante superioridad en el terreno militar –que aún así no le permite ganar guerras– y en algunas tecnologías de punta. En Sudamérica los Estados Unidos ya no juegan solos, constatándose una fuerte presencia de China, del capital español y sobre todo de Brasil. Aunque es el más evidente y co-

mentado, no es ese el único cambio que modifica los análisis de Marini.

En las páginas que siguen espero poder mostrar que en Brasil se han pro-

ducido un conjunto de modificaciones notables: la ampliación de la elite

en el poder, que integra a nuevos actores en la alianza entre los milita-

res y la burguesía brasileña; que esa nueva elite construyó una estrategia

de poder que debe llevar a Brasil a convertirse en una potencia mundial

(ya es la principal potencia regional); que el país se ha convertido en un

centro autónomo de acumulación de capital con grandes empresas mul- tinacionales, que se encuentran entre las más importantes del mundo en

varios rubros, con el apoyo del Estado; que está diseñando la arquitectura

política, económica y de infraestructura de la región sudamericana que se convierte así en su “patio trasero”, con relaciones altamente asimétricas con algunos países. A todo lo anterior debe sumarse una sólida política de fortalecimiento militar, la dirección de la misión militar de las Naciones Unidas en Haití y el diseño de una estrategia capaz de intervenir en las zonas calientes de la región, de modo directo o indirecto.

Ciertamente, este conjunto de cambios modifican, a mi modo de ver, la

actualidad del concepto de subimperialismo para describir el papel de Brasil. En todo caso, más importante que el concepto (pienso que, con ciertas reservas, podemos utilizar el de imperialismo) son las consecuen- cias políticas que se derivan de la comprensión de la nueva realidad para los pueblos latinoamericanos, y muy en particular para la acción colectiva que encarnan los movimientos sociales.