México cuenta con una larga historia en la producción de encuestas que brindan información muy valiosa sobre la formación familiar desde los años 60’s, como la Encuesta de Fecundidad Urbana de la Ciudad de México, 1964 (PECFAL-U) y Encuesta de Fecundidad Rural de México 1969-70 (PECFAL-R), la Encuesta Mundial de Fecundidad de 1976, Encuesta Nacional Demográfica de 1982, entre otras, que han sido una herramienta muy valiosa en el avance del conocimiento sobre la situación de la fecundidad y la nupcialidad en México(Benítez y Quilodrán 1983; Juárez 1983; Quilodrán 1991). Gracias a ellas hoy tenemos conocimiento de la relación de la fecundidad y la nupcialidad, rasgos principales de este fenómeno en el país, patrones nupciales en México por regiones, trayectorias matrimoniales en función de los tipos de unión y formación y estabilidad de las uniones, sólo por mencionar los más importantes (Quilodrán, 2001:33-41).
Con el fin de conocer en qué medida podría estar sesgado el análisis aquí presentado por el hecho de trabajar solamente con estadísticas vitales, y dejar de lado el análisis de la unión libre y del rematrimonio recurrimos a algunas encuestas que brindan información sobre la nupcialidad. Utilizamos dos de las encuestas existentes,4 las cuales contienen historias de unión
3
Matrimonios de orden dos o más. 4 En realidad la encuesta más reciente es la
Encuesta Demográfica Retrospectiva de 1998 (EDER-98) (INEGI 2000b) y Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica de 1997 (ENADID-97) (INEGI 1997).
Realizamos estimaciones con estos datos para determinar el impacto en el presente estudio de no considerar las uniones libres y no conocer, de los matrimonios analizados, el orden de la unión. Así, estimamos con encuestas –EDER-98 (INEGI 2000b) y ENADID-1997 (INEGI 1998)- las proporciones de personas casadas por una sola ocasión, las casadas una segunda vez o más, la edad al matrimonio en cada una de estas uniones y las proporciones de uniones legales y consensuales por orden de unión.
En el caso de la eder-98 tenemos información para tres cohortes: 1936-38, 1951-53 y 1966-68 (INEGI 2000b). Si consideramos que en esta tesis trabajaremos con información de matrimonios del 2000, sólo la última cohorte nos servirá como aproximación a estos datos. Como referencia podemos mencionar que la población casada o unida reportada en el censo del 2000 es de 54.8% de la población total (INEGI 2002b). Entre la población unida –legal y consensual- de la cohorte 1966-1968 la proporción de uniones de primer orden es de 94.1% y – las mujeres- se unen a los 21.1 años en promedio5, con una diferencia de edad promedio de 2.2 años con respecto a los hombres (Cuadro 2.1).
Generación No. de unión Primera 22.2 20 2.2 Segunda 23.7 23 0.7 Tercera 29 28 1 Cuarta - - -Cuadro 2.1
Fuent e: Encuest a Demográfica Ret rospect iva Nacional. México, 1998. (INEGI 2000b)
(años)
1966-1968
Hombres Mujeres Diferencia
Edad media a la unión por sexo. Generación 1966-1968. México
5
Esta información sobre la edad a la primera unión con encuestas anteriores (EMF, END y DHS) es de 19.7 para 1976, 20.1 para 1982 y 19.9 para 1987, respectivamente, en donde se hace evidente el aumento en la edad a la primera unión. Quilodran, J. (2001). Un siglo de matrimonio en México. México, El Colegio de México.
De las personas unidas, sólo un 5.9% se vuelve a unir en una segunda ocasión o más y las diferencias de edad entre los cónyuges que forman este subgrupo son menores6 (segunda unión, 0.7 años; y tercera unión, 1.0 año de diferencia en promedio).
Lo anterior muestra que en México, en esta generación, la gran mayoría de las uniones fueron de primer orden y las segundas o posteriores uniones –rematrimonios- representaron una pequeña proporción de las mismas. El patrón de edad a la primera unión, y sus diferencias de edad entre cónyuges, muestran un comportamiento muy diferente al de las uniones subsecuentes. Esta conducta desigual se confirma con el trabajo de Gayet (2002) quien al analizar los patrones de unión legal de los hombres de más de 35 años de edad –bajo el supuesto que éstos son quienes entran en segundas nupcias- encuentra que sus diferencias son mayores que las del total de la población casada (6.5 años a los 35 años de edad, 11 años a los 55 y 16 años a los 75). Aunque este comportamiento es contrario al que los datos de la EDER-98 nos muestra (ver cuadro 2.1), ya que de acuerdo con ellos las diferencias de edad entre cónyuges promedio disminuyen conforme aumenta el orden de unión. La disparidad se puede atribuir a un comportamiento diferencial entre los universos de estudio, por un lado en el primero se consideran el total de uniones de hombres y mujeres, y en el segundo sólo matrimonios de hombres de más de 35 años casados.
Por otro lado, encontramos que la mayoría de los primeros matrimonios o de orden uno (gráfica 2.1) se establecen antes de los 25 años (72.4% hombres y 89.4% mujeres), siendo las mujeres quienes se unen a edades más tempranas. Esta tendencia se presentaba ya desde la Encuesta Mexicana de Fecundidad de 1976, en donde la proporción de mujeres unidas antes de esta edad presentan proporciones que van desde el 80.1 al 82.5% (Quilodrán 1991).
En estudios clásicos que presentan estimaciones sobre las nuevas nupcias encontramos que el 11.7% de las mujeres declaran haber contraído más de una unión al final de su vida reproductiva (Quilodrán 1991). Estimaciones basadas en datos de la ENADID-97 (INEGI 1998) sobre los rematrimonios muestran que un 93.3% de las parejas unidas se casan una vez, y 6.7%, dos o más veces. Las cifras obtenidas con la EDER-98 y con esta última encuesta son muy parecidas, sugiriendo una cierta validez de los datos; mientras que en estudios anteriores con datos de las WFS (Quilodrán 1991) se indicaba que la estabilidad de las uniones en México era alta, al registrar que las mujeres permanecían unidas durante 80% de su periodo reproductivo.
6
Como información complementaria podemos agregar que la proporción de mujeres con más de una unión era de 7.5 en 1976 (EMF) y 8.4 en 1982 (END), lo cual muestra que el rematrimonio no es un rasgo característico de la nupcialidad mexicana.
De acuerdo a los datos de la EMF del total de mujeres de 20 a 49 años el 54.3% se casó por primera vez por el civil en un 70.2% y en convivencia en 26.2% (Quilodrán 1991). Según la
EDER, del total de primeras uniones 50.4% se une de manera legal y 47.1% de manera consensual. En el análisis de la población que vuelve a unirse –legal o consensual- encontramos que en los rematrimonios la proporción de uniones libres aumenta considerablemente (segunda unión: 85.8%, tercera unión 90.9%) de acuerdo a la ENADID 97. Con lo anterior podemos afirmar que existe una tendencia a que las uniones de segundo (o más) orden sean, en mayor medida, una unión consensual.
Gráfica 2.1
Distribución porcentual de los matrimonios de primer orden por edad a la unión según sexo. Cohorte 1966-68, México
Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta Demográfica Retrospectiva Nacional, 1998. (INEGI 2000b)
Volviendo al objetivo de esta tesis queremos recordar que la unidad de análisis es el matrimonio legal, dejando de lado las uniones consensuales. Ya que aunque éstas últimas representan una proporción importante del inicio de una primera unión se establecen con la idea de ser un paso previo al matrimonio,7 aunado al hecho de que la fuente de datos a utilizar no
7
Con datos de la Encuesta Mexicana de Fecundidad, se encontró “que en una sociedad como la mexicana, la cuarta parte de las uniones se inician a través de una convivencia, y de ellas un tercio se legaliza en un plazo promedio de casi 7 años.”, Quilodrán, J. (1991). Niveles de fecundidad y patrones de nupcialidad en México. México, El Colegio de México. En el mismo sentido, una de cada cuatro uniones comienza como unión libre y en el transcurso del
proporciona esa información. Consideramos de cualquier manera que el matrimonio es el patrón reinante en México al final de la vida, representando un 80% del total de las uniones (Quilodran y Sosa 2004). De acuerdo con el análisis anterior considero que no contar con datos sobre los rematrimonios no impactará de manera relevante los resultados que se obtengan en este trabajo porque su proporción aún es baja.