4.9 PURSUITS TO MAXIMISE DE LEARNING EXPERIENCE
4.9.1 Learner Support Structures
finalmente, se expresa, se comunica.
101. 1. Introducción
102. En la actualidad nadie duda del nivel cultural de los medios de comunicación en Argentina. Incluso los
estratos sociales que más sufren la carencia de formación cultural reniegan de la calidad de
los programas ofrecidos por los medios nacionales; tal vez no apelen a la forma verbal de dudosa veracidad con la que se jactan sus compatriotas más preparados ("Yo no veo televisión"), pero saben lo que es bueno y, por oposición, lo que no lo es. No pretendo hacer de este ensayo un aburrido relato histórico
del desarrollo de los medios masivos de comunicación (MMC) en Argentina, sino más bien describir su estado actual, su
fisonomía moderna, su contenido, y analizar el rol que en el nuevo milenio cabe a los componentes básicos de la
comunicación de masas: emisor – canal – mensaje – receptor. Sin embargo, antes de hincar el diente en el jugoso banquete tendremos que tomar un aperitivo con los protagonistas (la prensa, la radio, la TV y la internet), para conocerlos. Ruego al lector sepa disculpar a este humilde anfitrión por nopoder saltearse la parte más aburrida de la velada, pero las referencias históricas serán breves, lo
prometo.
La internet, la nueva estrella de comunicación que en la última década ha venido a rivalizar con los
componentes básicos de la comunicación, y ciertamente constituye un medio masivo de comunicación, por lo que se incluirá
su análisis en este ensayo.
La ley de medios salió del closet y ganó la calle
Escrito por guillermo lunes, 19 de abril de 2010
Aram Aharonian Alai
Hacía tiempo que no presenciaba una movilización masiva como la del jueves pasado en Buenos Aires, en respaldo de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que, sancionada por amplia mayoría por el Legislativo para reemplazar una norma que data de la dictadura militar, ha encontrado escollos para su aplicación por sorpresivos y extemporáneos fallos judiciales, muestra de un poder judicial que aún no ha logrado deslastrarse de
funcionarios del gobierno de facto (1976-1983).
La puja por la Ley salió del ámbito de los medios, sorteó el de la economía, el de la política y, finalmente se trabó en el de la Justicia, poniendo en claro la sobreexistencia de un poder concentrado, remanente de la dictadura y de los gobiernos neoliberales posteriores, inaceptable en cualquier régimen republicano. En Argentina subsisten lobbies que unen política y justicia, que resultan a veces mucho más poderosos que los poderes Ejecutivo y/o Legislativo.
Hubo muchos hechos destacables, remarcables. Primero, la conformación de esa enorme movilización, donde viejos militantes –de sector obrero y de clase media- se mezclaban con jóvenes estudiantes de las carreras de comunicación social y también piqueteros; donde los pueblos originarios se sumaban a la lucha común, junto a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, donde las dos centrales sindicales trabajaban juntas para defender la democracia y la institucionalidad, donde las banderas de los movimientos y grupos oficialistas compartían las calles con la de la oposición.
Y, algo que sorprendía a los corresponsales extranjeros: la marcha, de más de 20 cuadras, avanzaba hacia la Plaza Lavalle, frente al Tribunal Supremo de Justicia, y los comercios de la zona no se sentían amenazados y seguían abiertos normalmente. Fue una demostración cívica, con saludos cociudadanos desde los balcones de las avenidas Callao y Corrientes, con miles de manifestantes convocados en principio por la Coalición por una Radiodifusión Democrática, por sus agrupaciones, sindicatos, movimientos populares, universidades, pero también con miles y miles de autoconvocados, al igual que cuando los argentinos salen a luchar contra la impunidad del genocidio dictatorial.
Codo a codo, los “negros” -despreciados y estigmatizados por el establishment-, peronistas y piqueteros, con representantes de los pueblos originarios, trabajadores rurales y urbanos, intelectuales, jóvenes de clase media, tomaron las calles del país, para vencer otro intento de dictadura, la que intentan imponer los medios comerciales de comunicación. Un hecho quizá novedoso para una sociedad argentina que sigue sorprendiendo.
No fue sólo Buenos Aires. Lo mismo se repitió en el sur, en Comodoro Rivadavia, o en el noroeste, en Mendoza. Luis Bruchtein, director de Página/12 señala que “resulta una paradoja, porque de todos ellos, los únicos en condiciones de generar un proceso de sensibilización
masiva sobre una problemática tan específica son los propios medios. Y esta vez han conseguido hacerlo en contra de sí mismos”.
En las últimas concentraciones, tanto en la de jueves como en la del viernes anterior en el Obelisco, convocada por Facebook por los seguidores del programa televisivo 6, 7, 8 (con gran participación de jóvenes de clase media, hasta ahora reacios a participar en política), la mayoría no estaba encuadrada en columnas de organizaciones sociales o políticas, sino que portaban carteles hechos a mano.
Quizá los grandes medios, encabezados por el oligopolio de Clarín y sus radios y televisoras, La Nación, el grupo Vila-Manzano, entre otros, fueron los causantes de este fenómeno político y social, porque ellos y sus principales columnistas dejaron al rojo vivo la manipulación, con operaciones mediáticas, inventando el hecho político para forzarlo, ocultando y tergiversando la información, invisibilizando a los actores sociales y, sobre todo, dejando en estado de crispación a la sociedad, con sus titulares apocalípticos. Provocaron un fenómeno reactivo, se hicieron el harkiri de credibilidad.
Bruchtein señala que aún llevado a una guerra sin cuartel, el Gobierno no tiene herramientas suficientes que produzcan una ruptura cultural como para que la sociedad se rebele contra sus Oráculos, o para resquebrajar esta creencia sobrenaturalizada en los grandes medios.
Segundo. La problemática de los medios de comunicación comercial, hasta hace muy poco limitada a la academia y centros de estudio y/o profesionales, ha ganado la calle. La
concientización popular sobre el poder de los oligopolios y monopolios mediáticos ya no logra ser invisibilizado tanto por un velo cultural sino por el propio interés de las empresas de no perder su (cada vez más escasa) credibilidad.
Esto, que está sucediendo en la Argentina del 2010, tiene mucho que ver con nuestras historias de las últimas décadas, y bien puede servir de experiencia para el resto de Latinoamérica. Durante décadas, el neoliberalismo se había dedicado a desmantelar y privatizar el aparato comunicacional del Estado, dejando en manos de cada vez menos empresas –y no
necesariamente del sector- la concentración multimediática. El Estado abandonó su obligación de satisfacer el derecho fundamental a la información y la comunicación, entregándoselo a los grandes conglomerados empresariales.
En los países desarrollados, este proceso fue acompañado por regulaciones y controles antimonopólicos. Cuando estas medidas intentan ser aplicadas en nuestros países, el aparato corporativo conservador comienza a denunciarlo como atentado a la libertad de prensa y de expresión, desquilibrando el juego democrático, atacando a las instituciones democráticas. Es el discurso hegemónico, el discurso único, que ya no necesita de bayonetas para imponerse, sino que tiene en la corporación mediática comercial que intenta aplicar lo que algunos estudiosos han dado en llamar la dictadura mediática.
Hoy la pelea no es en la fábrica ni en las calles: el bombardeo, disfrazado de información, publicidad o entretenimiento, invade las salas, los dormitorios, en nuestros propios hogares. Tercero. Además del debate sobre la democratización de la comunicación y la información, silenciado por los poderes fácticos durante 26 años de retorno a la democracia, en Argentina la crispación llevó a generar un movimiento social específico, dejando en clara la obligación del Estado de regular democráticamente el espectro radiofónico y la concentración de los medios de
comunicación.
En Argentina, algunos dicen que la oposición política encontró un aliado formidable en la corporación mediática. Otros señalan que la corporación mediática ha sabido manipular a la oposición política al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, diciendo quienes son los protagonistas y los antagonistas, distando no solo la agenda informativa sino también la política. La oposición prefirió oponerse a una ley cuya aplicación no se sentirá durante este Gobierno, que termina el año que viene. ¿O no?
Son cinco jueces los que obstaculizan la aplicación de la ley, que han hecho lugar a reclamos de los grandes oligopolios (Clarín, grupo Vila-Manzano, con presentaciones de algún diputado, con motivos diferentes): por el plazo de un año para desmonopolizar, porque no se siguió el trámite reglamentario en el Parlamento y porque la ley va contra la libertad de prensa.
El gobierno nacional presentó un recurso extraordinario en la Cámara de Mendoza para que el expediente llegue a la Corte Suprema de Justicia que, con independencia y sin ningún tipo de presión, tiene que darle una mirada al tema. El titular de la Autoridad Federal de Aplicación de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, Gabriel Mariotto (el funcionario que llevó adelante este proceso), consideró que no va a tardar mucho en que la disputa judicial en torno a esa norma llegue a la Corte Suprema y sostuvo que el reclamo de la aplicación de esta ley no es capricho de un gobierno sino una expresión de derechos en democracia.
Breve historia de una conquista popular
El 17 abril de 2008, la Presidenta Cristina Fernández recibió a miembros de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, quienes le presentaron el documento de los 21 puntos, y le plantearon la necesidad de un nuevo modelo de comunicación, entendida ésta como un bien social y no como un negocio comercial. Un modelo de comunicación en el que tengan espacio todos y todas, no solamente las empresas de carácter comercial sino los medios públicos, de gestión estatal, y los medios comunitarios, de propiedad social, de las organizaciones libres del pueblo. La Coalición insistió en la necesidad de poner limites a los monopolios y garantizar la libertad de expresión para todos los ciudadanos.
La Presidenta recordó que la ley de radiodifusión vigente entonces fue creada por la dictadura y “no solamente ha quedado éticamente impugnada, ha quedado técnicamente impugnada: Creo que lo más importante de todo esto va a ser poder incorporar a la Argentina no solamente al debate por la democratización de la información pública”.
Casi un año después, el 18 de marzo de 2009 la propuesta de proyecto de Ley de servicios de comunicación audiovisual fue presentada en sociedad por la Presidenta en la ciudad de La Plata, y luego fue debatida en 80 foros abiertos en todo el país. El 27 de agosto la versión definitiva del proyecto fue ingresada al Congreso para su tratamiento parlamentario, donde también fue debatida en audiencias públicas con la participación de numerosos representes de intelectuales, periodistas, propietarios de medios privados, de organizaciones sociales, de medios
comunitarios y de asociaciones profesionales.
Finalmente, el proyecto fue aprobado en la Cámara de Diputados el 17 de septiembre de 2009 con 147 votos a favor, 4 en contra, una abstención y 103 ausente, mientras que en el Senado se aprobó el 10 de octubre con 44 votos a favor y 24 en contra.
- Aram Aharonian es periodista y docente uruguayo-venezolano, director de la mrevista Question, fundador de Telesur, director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia (ULAC)
LA HONESTIDAD Ampliar Sobre La Honestidad En Este Sitio
Es aquella cualidad humana por la que la persona se determina a elegir actuar siempre con base en la verdad y en la auténtica justicia (dando a cada quien lo que le corresponde, incluida ella misma).
Ser honesto es ser real, acorde con la evidencia que presenta el mundo y sus diversos fenómenos y elementos; es ser genuino, auténtico, objetivo. La
honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás, que, como nosotros, "son como son" y no existe razón alguna para esconderlo. Esta actitud siembra confianza en uno mismo y en aquellos quienes están en contacto con la persona honesta.
La honestidad no consiste sólo en franqueza (capacidad de decir la verdad) sino en asumir que la verdad es sólo una y que no depende de personas o consensos sino de lo que el mundo real nos presenta como innegable e imprescindible de
reconocer.
Lo que no es la honestidad:
- No es la simple honradez que lleva a la persona a respetar la distribución de los bienes materiales. La honradez es sólo una consecuencia particular de ser honestos y justos.
- No es el mero reconocimiento de las emociones "así me siento" o "es lo que verdaderamente siento". Ser honesto, además implica el análisis de qué tan reales (verdaderos) son nuestros sentimientos y decidirnos a ordenarlos buscando el bien de los demás y el propio.
- No es la desordenada apertura de la propia intimidad en aras de "no esconder quien realmente somos", implicará la verdadera sinceridad, con las personas adecuadas y en los momentos correctos.
- No es la actitud cínica e impúdica por la que se habla de cualquier cosa con cualquiera… la franqueza tiene como prioridad el reconocimiento de la verdad y no el desorden.
Hay que tomar la honestidad en serio, estar conscientes de cómo nos afecta
cualquier falta de honestidad por pequeña que sea… Hay que reconocer que es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistad y la auténtica vida comunitaria. Ser deshonesto es ser falso, injusto, impostado, ficticio. La deshonestidad no respeta a la persona en sí misma y busca la sombra, el encubrimiento: es una disposición a vivir en la oscuridad. La honestidad, en
cambio, tiñe la vida de confianza, sinceridad y apertura, y expresa la disposición de vivir a la luz, la luz de la verdad.
El valor que se construye por el esfuerzo de estar a tiempo en el lugar adecuado. El valor de la puntualidad es la disciplina de estar a tiempo para cumplir nuestras obligaciones: una cita del trabajo, una reunión de amigos, un compromiso de la oficina, un trabajo pendiente por entregar.
El valor de la puntualidad es necesario para dotar a nuestra personalidad de carácter, orden y eficacia, pues al vivir este valor en plenitud estamos en
condiciones de realizar más actividades, desempeñar mejor nuestro trabajo, ser merecedores de confianza.
La falta de puntualidad habla por sí misma, de ahí se deduce con facilidad la escasa o nula organización de nuestro tiempo, de planeación en nuestras actividades, y por supuesto de una agenda, pero, ¿qué hay detrás de todo esto?
Muchas veces la impuntualidad nace del interés que despierta en nosotros una actividad, por ejemplo, es más atractivo para un joven charlar con los amigos que llegar a tiempo a las clases; para otros es preferible hacer una larga sobremesa y retrasar la llegada a la oficina. El resultado de vivir de acuerdo a nuestros gustos, es la pérdida de formalidad en nuestro actuar y poco a poco se reafirma el vicio de llegar tarde.
En este mismo sentido podríamos añadir la importancia que tiene para nosotros un evento, si tenemos una entrevista para solicitar empleo, la reunión para cerrar un negocio o la cita con el director del centro de estudios, hacemos hasta lo imposible para estar a tiempo; pero si es el amigo de siempre, la reunión donde estarán personas que no frecuentamos y conocemos poco, o la persona –según nosotros- representa poca importancia, hacemos lo posible por no estar a tiempo, ¿qué mas da...?
Para ser puntual primeramente debemos ser conscientes que toda persona, evento, reunión, actividad o cita tiene un grado particular de importancia. Nuestra palabra debería ser el sinónimo de garantía para contar con nuestra presencia en el
momento preciso y necesario.
Otro factor que obstaculiza la vivencia de este valor, y es poco visible, se da precisamente en nuestro interior: imaginamos, recordamos, recreamos y
supuestamente pensamos cosas diversas a la hora del baño, mientras descansamos un poco en el sofá, cuando pasamos al supermercado a comprar "sólo lo que hace falta", en el pequeño receso que nos damos en la oficina o entre clases... pero en realidad el tiempo pasa tan de prisa, que cuando "despertamos" y por equivocación observamos la hora, es poco lo que se puede hacer para remediar el descuido. Un aspecto importante de la puntualidad, es concentrarse en la actividad que estamos realizando, procurando mantener nuestra atención para no divagar y aprovechar mejor el tiempo. Para corregir esto, es de gran utilidad programar la alarma de nuestro reloj o computadora (ordenador), pedirle a un familiar o compañero que nos recuerde la hora (algunas veces para no ser molesto y dependiente), etc., porque es necesario poner un remedio inmediato, de otra forma, imposible.
Lo más grave de todo esto, es encontrar a personas que sienten "distinguirse" por su impuntualidad, llegar tarde es una forma de llamar la atención, ¿falta de
seguridad y de carácter? Por otra parte algunos lo han dicho: "si quieren, que me esperen", "para qué llegar a tiempo, si...", "no pasa nada...", "es lo mismo
siempre". Estas y otras actitudes son el reflejo del poco respeto, ya no digamos aprecio, que sentimos por las personas, su tiempo y sus actividades
Para la persona impuntual los pretextos y justificaciones están agotados, nadie cree en ellos, ¿no es tiempo de hacer algo para cambiar esta actitud? Por el contrario, cada vez que alguien se retrasa de forma extraordinaria, llama la atención y es sujeto de toda credibilidad por su responsabilidad, constancia y sinceridad, pues seguramente algún contratiempo importante ocurrió..
Podemos pensar que el hacerse de una agenda y solicitar ayuda, basta para corregir nuestra situación y por supuesto que nos facilita un poco la vida, pero además de encontrar las causa que provocan nuestra impuntualidad (los ya
mencionados: interés, importancia, distracción), se necesita voluntad para cortar a tiempo nuestras actividades, desde el descanso y el trabajo, hasta la reunión de amigos, lo cual supone un esfuerzo extra -sacrificio si se quiere llamar-, de otra manera poco a poco nos alejamos del objetivo.
La cuestión no es decir "quiero ser puntual desde mañana", lo cual sería retrasar una vez más algo, es hoy, en este momento y poniendo los medios que hagan falta para lograrlo: agenda, recordatorios, alarmas...
Para crecer y hacer más firme este valor en tu vida, puedes iniciar con estas sugerencias:
- Examínate y descubre las causas de tu impuntualidad: pereza, desorden, irresponsabilidad, olvido, etc.
- Establece un medio adecuado para solucionar la causa principal de tu problema (recordando que se necesita voluntad y sacrificio): Reducir distracciones y
descansos a lo largo del día; levantarse más temprano para terminar tu arreglo personal con oportunidad; colocar el despertador más lejos...
- Aunque sea algo tedioso, elabora por escrito tu horario y plan de actividades del día siguiente. Si tienes muchas cosas que atender y te sirve poco, hazlo para los siguientes siete días. En lo sucesivo será más fácil incluir otros eventos y podrás calcular mejor tus posibilidades de cumplir con todo. Recuerda que con voluntad y sacrificio, lograrás tu propósito.
- Implementa un sistema de "alarmas" que te ayuden a tener noción del tiempo (no necesariamente sonoras) y cámbialas con regularidad para que no te acostumbres: usa el reloj en la otra mano; pide acompañar al compañero que entra y sale a tiempo; utiliza notas adheribles...
- Establece de manera correcta tus prioridades y dales el lugar adecuado, muy especialmente si tienes que hacer algo importante aunque no te guste.
Vivir el valor de la puntualidad es una forma de hacerle a los demás la vida más agradable, mejora nuestro orden y nos convierte en personas digna de confianza.
LA RESPONSABILIDAD la Ampliar sobre