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Learning the RegEdt32 Interface

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5.2 Learning the RegEdt32 Interface

La adolescencia como período de transformación se encamina a brindar al niño las herramientas y experiencias de aprendizaje que le permitan valerse por sí mismo en la sociedad, es decir, se encamina a insertar a un nuevo miembro capaz y autónomo en la sociedad adulta. Esta transformación implica abandonar la red de protección que fue su familia y por medio de la construcción de la personalidad, la persona sea capaz de desarrollar su individualidad y potencial Vásquez y Valbuena (2006) afirman que “A través de la adolescencia, se produce una completa reingeniería psíquica que permitirá al joven asumir un comportamiento más independiente obteniendo los recursos que le permitirán insertarse en el mundo adulto” (p. 139).

Por medio de este proceso, el adolescente logrará gradualmente manifestar y ejercitar su individualidad por medio de decisiones que lo definirán tanto en el presente, como en el futuro. Escoger una carrera o aprender un oficio, son dos hitos en el desarrollo que colocan a la persona en la situación de analizar ventajas y desventajas y de manera preferentemente individual crear un plan de vida que en la mayoría de ocasiones incluye una persona con quien compartirla y una profesión que lo acompañará por décadas.

En la actualidad, en un contexto en el cual la competencia laboral es muy dura, la mayoría de adolescentes se enfrentan a muchas dificultades al momento de encontrar un primer trabajo, el cual si bien será temporal –en la mayoría de situaciones- obliga a la persona a asumir responsabilidades y roles que en muchísimas ocasiones no son aquellos que preferiría, poniéndolo de frente con una realidad de realizar cosas que no le agradan, lo cual hasta entonces no había tenido que hacer (Segura y Arcas, 2004, p. 13-15)

Este desfase entre aquello que desearían hacer, la carga de oficina y la desilusión por temas adultos como la política o la religión, lleva cada día a más jóvenes a distanciarse del mundo adulto y las responsabilidades que el mismo exige, haciendo de este proceso, un duro desafío que deberá aprender a sortear con la mayor pericia posible, so pena de quedar relegado de las oportunidades que brinda el mercado laboral y académico superior. Según Vásquez y Valbuena (2006) “Para lograrlo, la persona deberá dejar progresivamente la

seguridad del hogar, y encontrar esa red de protección en aquellos mecanismos sociales que se han creado para ello (p. 141)

La persona se sumergirá en medio de un contexto complejo con un alto nivel de competitividad y sin la indulgencia a la cual ha estado acostumbrado desde que tiene memoria. En la mayoría de ocasiones, en un principio el adolescente experimentará una realidad de rechazo hacia la experiencia de un mundo frío y altamente demandante, en el cual no está garantizado casi ningún mecanismo de protección y en el que ni la misma educación de tercer nivel es capaz de garantizar un estilo de vida acorde a la acostumbrada por la persona, por lo menos durante algunos años.

Basándonos en las conclusiones de la pirámide de Maslow, podríamos afirmar que aquellos elementos que proporcionan sentido al ser humano como son: el tener un empleo, sentirse amados o satisfacer las necesidades mínimas, se encuentran muy lejos de la persona por lo menos hasta adquirir un cierto nivel de experiencia y dominio en el oficio que realice, o en las habilidades sociales que desarrolle. (Vásquez, Valbuena, 2006, p. 141). Esta diferencia entre lo necesario para el desarrollo individual óptimo y lo que ofrece el mundo, podrá ser subsanada a través de un correcto proceso de inserción laboral en el contexto adulto de empleo y competitividad.

Lastimosamente, las condiciones económicas actuales tienden a disminuir la exigencia de prestaciones sociales por parte del nuevo empleado, pues la gran mayoria de oferta laboral en el mercado permite que se produzca una especie de subasta a la inversa entre aquellos derechos a los cuales el adolescente es capaz de renunciar y aquellos poquísimos nuevos empleos que se abren para personas sin ningún tipo de experiencia o que aún están cursando sus estudios. Según Filgueira y Mieres (2010):

Esta realidad ha ocasionado en muchísimos casos que el nivel de vida del adolescente se desplome y sea necesario que la familia del joven se haga cargo de muchas de sus necesidades por lo menos por algunos años más que el requerido por generaciones anteriores, con el consecuente sentido de desaliento que el mismo presupone (p. 83).

El sentido de impotencia por parte del adolescente hacia un futuro que cierra las puertas de las oportunidades y la posibilidad de no ser socialmente aceptado en el mundo adulto, puede ocasionar altos niveles de estrés que en ocasiones podrán derivar en conductas socialmente disruptivas como violentas, así observamos casos de delincuencia, vandalismo juvenil, atentados a la propiedad pública y privada entre otros. En otros casos la respuesta

fallida estará orientada a la misma persona, presentándose comportamientos como alcoholismo, abuso de sustancias, trastornos alimenticios y otros más. De acuerdo a Tuirán y Ávila (2012) cada día más adolescentes se ven orillados a convertirse en los nuevos “ninis” es decir, personas que ni estudian ni trabajan, produciendo una fuerte alienación frente al mundo exterior, desenvolviéndose así en un reducidísimo mundo social que se limita a muy pocas amistades (p. 31-32).

Ante esta situación, es necesario que la sociedad tenga la capacidad de replantear su rol de comunidad de protección y continuo aprendizaje. En medio de la post-modernidad y con cambios que se producen a una velocidad no experimentada en el pasado, deberemos encontrar las maneras mediante las cuales el adolescente pueda explotar su potencial y el mercado laboral lo pueda reclutar y dirigir hacia el cumplimiento de objetos institucionales.

El sentido de vida es uno de las necesidades primarias para un correcto desarrollo del individuo. Más allá del cumplimiento de los roles profesionales comunes, aguardan para el adolescente desafíos que replantearán su auto-concepto y que exigirán tanto de él como del medio, mecanismos de coordinación entre el mundo escolar-infantil y el adolescente-laboral (Filgueira y Mieres, 2010, p. 85). Todo esto en medio de un contexto que también exige que el adolescente se prepare académicamente y en el proceso adquiera experiencia y pericia práctica.