Tal vez una de las herramientas conceptuales más trascendentes de la PNL es la idea de que todo síntoma, todo comportamiento disfuncional, todo aquello que en nuestra vida consideramos como “negativo”, encierra en su interior una intención positiva.
Si bien esta es una forma particular de resignificación de contenido, merece que le demos un tratamiento
muy especial.
La “intención positiva del síntoma” es una idea muy bella y una herramienta muy sanadora.
Cuando pensamos que la vida lleva millones de años evolucionando en nuestro planeta, vemos que los seres humanos —con todas nuestras imperfecciones y grandezas— somos el resultado de un gigantesco proceso de evolución que nos llevó de la materia a la vida, de la vida a la mente y de la mente a la conciencia.
No importa si a la inteligencia que desplegó este proceso la llamamos “dios”, “espíritu”, “naturaleza” o “selección natural”; lo cierto es que hemos atravesado un largo camino en el cual generamos formas extremadamente eficaces de adaptación al medio en el cual vivimos.
Como resultado de ese maravilloso proceso, los seres humanos hemos desarrollado un nivel tan enorme de
complejidad y sofisticación que podemos afirmar que no hay nada en nosotros que no esté cumpliendo alguna función, no hay nada que no sirva para algo.
Hasta podríamos pensar que tal vez nuestras dificultades o nuestros síntomas, o todo aquello que por algún motivo rechazamos en nosotros, esté allí “sirviendo” para algo.
Los síntomas aparecen en nuestra experiencia como algo negativo. Es comprensible que queramos
cambiar, eliminar, combatir ese aspecto que nos hace sufrir.
Sin embargo, aquel síntoma que en su manifestación exterior se nos aparece como negativo está cumpliendo alguna función que es ecológica a la totalidad del sistema que somos.
Por ejemplo, cuando tenemos fiebre, tendemos a considerar a ese síntoma como algo molesto, negativo,
que nos hace sentir mal y nos impide continuar con nuestras tareas diarias. Es comprensible que queramos
eliminarla recurriendo a una medicación antitérmica. Pero la fiebre es una forma que el cuerpo tiene de defenderse, de sanarse frente a la presencia dañina de ciertos microorganismos. Desde hace ya varios años, los médicos recomiendan no recurrir a la medicación si la fiebre no asciende a más de 38,5 °C. El motivo es que a los 38 °C, la mayoría de los microorganismos dañinos mueren. Por lo tanto, la fiebre constituye un mecanismo exitoso de autosanación. Aparece como negativa a nuestra conciencia, pero cumple una función
positiva para nuestro organismo.
Los síntomas aparecen como negativos en su manifestación externa, pero la intención de esa sabiduría organísmica —de ese aspecto interior, profundo, inconsciente que los genera—, es positiva a la totalidad del
sistema.
Aunque a veces resulte difícil comprenderlo de esta manera, sucede lo mismo con los síntomas psicológicos: si están allí, están cumpliendo alguna función. Algo nos quieren decir. Algo necesario para la
totalidad que somos.
Desde el modelo de la PNL, no es necesario recurrir a creencias tales como el instinto de muerte (tánatos), o las “tendencias autodestructivas” para explicar los comportamientos negativos o dañinos.
síntoma (que sin duda es “negativo”, doloroso, perjudicial, dañino), y el aspecto interior que genera el síntoma. Este aspecto interior tiene una intención y cumple una función que es “positiva”, es decir, ecológica a la
totalidad del sistema que somos.
El síntoma es un medio para cumplir con una finalidad necesaria.
¿Y por qué si el fin es positivo, habríamos de recurrir a medios negativos para cumplirlo?
Porque no sabemos hacerlo de otra manera. Porque en nuestro modelo del mundo no contamos con otras
opciones disponibles. Porque el síntoma o comportamiento negativo parece ser la mejor opción —muchas veces, lamentablemente, es la única— con que contamos para cumplir con esa finalidad positiva.
Un hombre joven me consultó una vez por una fobia a volar en avión. Casado hacía pocos años y con dos hijos muy pequeños, trabajaba como ejecutivo en una empresa con filiales en el exterior del país. Debido a su posición, debía viajar a menudo. De un día para el otro, y sin que registrara ningún motivo para ello, pocos meses antes de la consulta, apareció la fobia. Estaba muy preocupado ya que veía peligrar su trabajo si no lograba eliminar ese síntoma.
Cuando exploramos la intención del aspecto interior responsable de crear la fobia, se sorprendió de su propia respuesta. (El proceso detallado y completo para obtener una intención positiva lo encontrará en el capítulo 20). Ese aspecto estaba
representado por una imagen visual en la que se veía a sí mismo abrazando a su esposa y a sus hijos. Cuando habló desde ese lugar dijo: “La fobia me sirve para proteger a mi familia. Lo más importante para mí es mi familia. Si sigo con este trabajo, voy a descuidar a mis hijos. No quiero viajar tanto. No quiero eso para mí”.
Su fobia a volar en avión tenía una intención positiva: estar cerca de sus hijos y cuidar a su familia. Veamos esta otra situación:
Una mujer obesa, casada desde hacía muchos años y madre de cuatro hijos, me consultó porque decía: «Hace años que pruebo todo tipo de tratamientos para adelgazar y ninguno me funciona».
Cuando exploramos a través del trabajo de reencuadre la intención de la parte interior responsable de producir su gordura, ella misma se dijo: “Te dejo gorda para que no se te acerquen los hombres. Así de gorda ningún hombre te va a mirar. Vos no sabrías qué hacer si un hombre se te acercara con una propuesta sexual”.
La obesidad de esta mujer tenía la intención positiva de protegerla de encuentros con hombres que creía no poder manejar.
Y esta otra:
Un abogado consultó porque quería dejar de fumar. Trabajaba 14 horas por día sin descanso. “Te hago fumar para salvarte la vida”, le dijo la parte responsable de su adicción. Todavía confundido por su descubrimiento, entre risas nerviosas, me explicó: “Yo sé que parece muy loco. Nadie entendería si le digo que fumo para salvar mi vida. Pero la verdad es que de hecho sólo descanso cuando fumo, me relajo únicamente cuando prendo un cigarrillo, ¡solamente paro para fumar! Nunca paro yo. Sin el cigarrillo, ya estaría muerto hace rato. La verdad es que me gustaría aprender a parar un poco, aprender a cuidarme y a descansar de otra manera. ¡Tiene que haber otra manera!”.
Por supuesto hay otras maneras. Hay otras maneras de descansar, hay otras maneras de poder manejarse frente a los acercamientos sexuales y hay otras maneras de cuidar a la familia. No son necesarias ni la fobia ni
la obesidad ni la adicción de estas tres personas. Pero por algún motivo, esas otras maneras no estaban disponibles en los modelos del mundo de estos pacientes. Cada uno a su manera había desarrollado un síntoma que, con todo lo negativo que pudiera ser en sí mismo, estaba cumpliendo con una intención positiva
muy poderosa.
Las intenciones positivas no se pueden generalizar, no podemos hacer una teoría que diga “la intención positiva de fumar es…, la de la fobia a volar es…, etc.”. La intención positiva es siempre particular para cada persona y para cada síntoma en un momento determinado. Es sutil, inconsciente, y tiene sentido solamente en
el modelo del mundo propio de cada persona.
La descubrimos explorando delicadamente en nuestro interior, y la PNL cuenta con algunos
procedimientos especiales para poder hacerlo, tales como el “Reencuadre en seis pasos” que presentaremos en la cuarta parte del libro: “Mapas para el cuerpo”, en el capítulo 20, y “La integración de partes”, que desarrollaremos en breve en el capítulo 12.
Cuando descubrimos la intención positiva de un síntoma, automáticamente cambia nuestra perspectiva hacia él. Dejamos de verlo como algo absolutamente negativo que quisiéramos erradicar de nuestras vidas, y empezamos a mirarnos a nosotros mismos de una manera más amorosa. Entonces se genera un espacio para hacernos la siguiente pregunta: ¿habrá alguna otra forma de cumplir con esa intención positiva que no sea el
síntoma?
La buena noticia es que siempre hay otra opción.