De la "Gran Aldea" a la "París de América del Sur"
A principios del siglo XX Buenos Aires crecía rápidamente y se afirmaba como la ciudad más importante del país. Era consecuencia directa de la consolidación del modelo agroexportador instalado en las últimas décadas del siglo XIX en la Argentina. Las exportaciones de granos y carnes producidas en la cada vez más intensamente explotada Pampa Húmeda, cuya superficie se extendía a medida que avanzaba el ferrocarril, y el desarrollo del comercio exterior, se canalizaban a través de las ampliadas aunque siempre poco eficientes instalaciones del puerto de Buenos Aires. Todas las actividades comerciales y financieras relacionadas con la exportación y la importación se incrementaron y adquirieron una importancia económica, social y política decisiva. Durante esos años llegaron cuantiosas inversiones británicas, y en menor magnitud francesas y alemanas y luego norteamericanas. Estas se destinaron en su mayoría a la financiación de obras públicas en la ciudad de Buenos Aires, como la construcción de los servicios urbanos de aguas corrientes, gas, luz y tranvías, el puerto y los ferrocarriles. Entre 1890 y 1916 dos tercios del total de las inversiones extranjeras radicadas en el país eran inglesas. Los mayores dividendos de los capitales británicos en 1913 eran obtenidos por las compañias de tierras e hipotecas, los bancos y las compañias de seguros y los frigoríficos.189
Precedidos por los agudos conflictos sociales que caracterizaron la década de 1910, también se produjeron en este período cambios de orden político. En 1912 el presidente Roque Saenz Peña presentaba al Congreso de la Nación la ley de sufragio universal que daba fin a la democracia restrictiva de la denominada República Conservadora, permitiendo la emergencia de nuevos sectores sociales cuyos representantes asumieron el gobierno nacional en 1916. Durante las dos últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX la población de la ciudad Buenos Aires creció aceleradamente con la incorporación de grandes contingentes de inmigrantes europeos y la ciudad se expandió físicamente a un ritmo desconocido hasta entonces. En esos años se consolidó, densificó y equipó el antiguo distrito central adquiriendo buena parte de la imagen que hoy lo caracteriza, y se formaron y poblaron los barrios de la ciudad, que se constituyeron en importantes ámbitos sociales durante las décadas posteriores.
A lo largo de este período, la imagen urbana de Buenos Aires se transformó radicalmente. La antigua Gran Aldea de mediados del siglo XIX perdió sus rasgos coloniales con la incorporación de nuevos edificios gubernamentales y privados, que seguían los modelos estilísticos europeos. La mayor parte de las nuevas construcciones fueron de inspiración italiana, luego francesa y más adelante eclécticas, dejando atrás los estilos coloniales y neoclásicos de principios del siglo XIX.190 Después de 1900, viviendas y comercios varios
189 HARDOY, Jorge Enrique y María Elena Langdon, 1978, p 25; y GALLO, Ezequiel y Roberto Cortés Conde, 1986, pp 138-139.
190 El término eclecticismo -que en arquitectura se califica generalmente como de "historicista"- es bastante amplio. Sin embargo, la bibliografía especializada acuerda en denominar de esta forma a cierta corriente arquitectónica de extracción académica desarrollada fundamentalmente en Francia en el siglo
incorporaron los modernismos del fin de siglo europeo y, más tarde, comenzaron a ser utilizados los estilos neocoloniales que reintepretaban la tradición colonial americana. En las primeras décadas del siglo XX se utilizaron simultáneamente todos estos estilos, con diversas selecciones según los temas y los barrios de la ciudad, pero con cierto predominio del eclecticismo.
Si bien las mayores transformaciones físicas de la ciudad se registraron en los tipos, estilos, perfiles y alturas de los edificios, también se produjeron algunas transformaciones en el trazado urbano, que no llegaron a alterarar su estructura básica. El trazado colonial de calles estrechas, que caracterizaba el casco antiguo de la ciudad, fue abierto en algunos distritos: la Avenida de Mayo, que terminó de construirse poco despues del Centenario y el comienzo de la apertura de las avenidas diagonales convergiendo hacia Plaza de Mayo, modificaron el distrito central; el ensanche de la avenida Alvear (hoy Avenida del Libertador General San Martín) cambió la fisonomía del borde este de la ciudad, y el paulatino ensanche de las avenidas dispuestas por Rivadavia casi un siglo antes, fue transformando el centro y definiendo los nuevos barrios que se extendían hacia el oeste.
Las antiguas calles angostas del centro parecían más estrechas aún por la mayor altura de los nuevos edificios, por la congestión de peatones, carruajes y coches de alquiler, y por los numerosos tranvías que circulaban constantemente. Pero las calles ganaron en limpieza, en desagues, en pavimentos y en iluminación con el tendido de las redes sanitarias y de iluminación en el centro y sus adyacencias. Los nuevos barrios repitieron de modo general el antiguo trazado en damero, con ligeros giros en su dirección -motivados muchas veces por el trazado de un viejo camino que se dirigía a través de los suburbios al interior del país- y con mayor número de avenidas. En contraste con el distrito central, las calles de los barrios eran más anchas y de perfiles más bajos, compuestas por una edificación de una o dos plantas realizada mayormente por constructores y albañiles recién llegados al país. Ellos fueron los que levantaron las innumerables casas sobre lote propio que adquirieron en cuotas los obreros y empleados más acomodados y dieron forma a los barrios porteños.
Hubo escasos controles municipales sobre la expansión y construción urbana. Las reglamentaciones de la edificación que regían para toda la ciudad estaban fundamentalmente dirigidas a regular las construcciones en el centro fijando las alturas máximas. Pero las sucesivas ampliaciones de esas alturas permiteron un volumen edificable cada vez mayor. No hubo otras regulaciones a la expansión urbana. Fue el funcionamiento del mercado inmobiliario, que se convirtió en uno de los mejores negocios de la época, el que determinó las tendencias y las formas de la expansión urbana de este período. A pesar de haber sido requeridos y formulados varios proyectos de planes urbanos, ninguno llegó a aprobarse hasta 1925.
Los mayores esfuerzos de la municipalidad, es decir los proyectos de remodelamiento urbano y las inversiones en obras públicas, se volcaron preferentemente sobre el distrito central y los distritos adyacentes ubicados al norte y al oeste. Los pedidos de los vecinos de los nuevos barrios, de redes de agua, cloacas, pavimentos e iluminación, se atendieron muy lentamente. La zona central y norte de la ciudad fueron las primeras y mejor servidas en desmedro de la zona sur y suroeste. Estas decisiones eran tomadas por el municipio que estaba controlado
XIX. Se basaba en la combinación de formas y estilos de las arquitecturas "históricas" según ciertas reglas de composición.
por los grupos dirigentes asociados a los intereses de los grupos agropecuarios, terratenientes, exportadores y comerciantes, que disponían de los destinos del país entero. La ciudad de Buenos Aires, aun hasta la actualidad, nunca se gobernó a sí misma. El intendente, desde el comienzo de la vida municipal en 1856, siempre fue nombrado por autoridades de nivel superior. Hasta 1880 era designado por las autoridades provinciales y desde esa fecha en adelante por el presidente de la Nación.191 En cambio, los intendentes de los diversos municipios que más adelante conformaron el Area Metropolitana, eran elegidos por la población, juntamente con los miembros de los respectivos Concejos Deliberantes. Este sistema se mantuvo hasta la actualidad, con excepción de los períodos de interrupción militar de la vida cívica.
En la década de 1900, el crecimiento urbano superó hacia el sur los límites de la Capital Federal y comenzó el proceso de metropolización. Algunos pueblos cercanos a la Capital, como Avellaneda en el sur, se conurbaron y otros crecieron rapidamente como La Matanza y San Martín. La expansión urbana estuvo relacionada con el desarrollo de industrias orientadas a la exportación como los frigoríficos y los molinos harineros, y de otras orientadas al consumo, algunas de características artesanales como fosforerías, jabonerías, herrerías e imprentas. Sin embargo, la base industrial no fue la que determinó el gran crecimiento metropolitano. Este fue producido por el enorme desarrollo del comercio exterior y los servicios, y por el impulso de las enormes ganancias que producía la especulación inmobiliaria.
La ciudad no presentaba marcadas segregaciones espaciales. Era una ciudad de mezclas étnicas donde no había enclaves notables, salvo el de los italianos de la Boca y los judíos de Balvanera. Tampoco existían todavía, como en todas las ciudades construidas rápidamente, distritos bien definidos de acuerdo a los ingresos de la población. Por ejemplo, en el Socorro y el Pilar, ubicados en la zona de mayor valor inmobiliario de la ciudad, coexistían los nuevos palacios y casonas de la burguesía con numerosos conventillos y casas modestas.192 Buenos Aires era en esos años una ciudad de gran movilidad social. La conformación de una extensa capa media se manifestaba en el acceso a la propiedad de la casa unifamiliar.
El cosmopolitismo se convirtió en uno de los rasgos más notables del Buenos Aires del Centenario. El peso demográfico de la masa inmigrante y la europeización de la vida y la
191 A pesar de algunos intervalos en los cuales las autoridades municipales estuvieron bajo la juridicción del gobierno nacionalo gozaron de relativa autonomía, en líneas generales, hasta 1880, el gobierno provincial mantuvo el control sobre la ciudad. Una vez que pasó a depender del gobierno nacional, su órgano deliberativo, el Consejo Deliberante, fue elegido hasta 1917 -5 años más tarde de la promulgación de la Ley Saenz Peña de sufragio universal (1912)- por un reducido grupo de vecinos calificados. En esa fecha se levantaron las restricciones y el Consejo se convirtió por pocos años, entre 1918 y la revolución de 1930, en el parlamento local al ser elegido por sufragio universal. En 1890 habían participado 4.034 electores en la eleccion de Consejo Deliberante, sobre 5.754 electores inscriptos y sobre una población urbana de cerca de 500.000 personas. Una vez que el radicalismo reformó el sistema electivo municipal en 1917, en la elección de 1918 los electores fueron 221.000, sobre un total de cerca de 1.576.000 habitantes censados en 1914. BOURDE, Guy, 1977, p 76.
192 Francis Korn refuta la hipótesis de Oscar Yujnovsky sobre la "segregación ecológica" que este autor encuentra en Buenos Aires, reflejando la estructura de clases sociales. Cuestiona el argumento demostrando que los propietarios de la ciudad no conformaban una clase social. Sostiene que si la segregación realmente existió, no se reflejó entre los propietarios de inmuebles en las zonas mas caras de la ciudad. Ver KORN, Francis y Lidia de la Torre, 1985, pp 251-253, y YUJNOVSKY, Oscar, 1974.
cultura de los grupos dirigentes provocó la emergencia, en algunos círculos culturales y artísticos, de un discurso nacionalista que intentaba reapropiarse de los viejos patrones tradicionales e imponerlos como modelos de homogeneización. Impregnando los planes de educación pública, cuya aplicación durante décadas había reducido drásticamente el analfabetismo y apoyados en la sanción del servicio militar obligatorio, los grupos dirigentes y sus intelectuales, intentaban asimilar y "argentinizar" una heterogénea población compuesta por gente de habla castellana y extranjera en partes iguales. Estos grupos dirigentes se encontraron de pronto con que la inmigración no era para ellos un factor de progreso, como lo había sido para los hombres de la Generación del 80, sino portadora de una nueva barbarie. Se desarrolló entónces una opinión ambigua sobre la inmigración. Según José Luis Romero, el signo más visible de esta contradicción fue la aparición de un sentimiento xenófobo por el cual el criollo menospreció al inmigrante y subestimó sus formas de vida. De este modo, el "criollo", despreciado por bárbaro en el siglo XIX, adquirió un valor positivo en oposición al "gringo" y al inmigrante y tomó un sentido popular.193
Hubo un rápido pero aparente cambio de costumbres. Una recorrida por el centro de la ciudad daba la impresión de "un pueblo europeo bien vestido y bien alimentado".194 Sin embargo persistían, por debajo de esas nuevas apariencias, los viejos moldes hispanos que solo un viajero que estuviese meses en Buenos Aires conseguía distinguir. Personajes y viajeros célebres acudieron a Buenos Aires con motivo de las fiestas del Centenario y muchos escribieron sobre la ciudad. Sus libros fueron editados en Londres, París, Nueva York, Río de Janeiro, Madrid, Barcelona y Hannover.195
Población e inmigración
La capital y el primer crecimiento del área metropolitana
Continuando la tendencia histórica manifestada desde el primer cuarto del siglo XIX, la ciudad de Buenos Aires fue, entre 1895 y 1914, fechas del segundo y tercer censo nacional, la aglomeración más grande del país y la que más rápidamente creció. La proporción de su población sobre la total del país, aumentó entre esos dos censos de 20% a 27% y su participación en la población urbana total del país se mantuvo alta, entre el 48% y el 47% respectivamente (ver cuadros Nros. 5, 6, 7 y 8). Concentrando cerca de la mitad de toda población urbana argentina, Buenos Aires manifestaba en el censo de 1914 uno de sus rasgos básicos: su gran magnitud y primacía respecto a las demás ciudades del país, mantenida hasta la actualidad.
Entre 1887 y 1914, la población de la ciudad Capital, comprendida en su nuevo perímetro de cerca de 19.000 hectáreas, casi se cuatriplicó: los 433.375 habitantes de 1887 se transformaron en 1.575.814 en 1914. Entre estas dos fechas la población de la Capital Federal creció más rápido que en ningún otro momento de su historia. Durante la mayor parte
193 ROMERO, José Luis, 1982, p 136 y ROMERO, José Luis, 1965, p 16. Ver también ALTAMIRANO, Carlos y Beatriz Sarlo, 1983, p 94.
194 SCOBIE, James, 1977, p 55.
195 Entre ellos figuraban George Clemenceau y Jules Huret. CLEMENCEAU, George, 1986. HURET, Jules, 1986.
de este período sus tasas de crecimiento anuales fueron superiores al 5% anual.196 (ver cuadros Nros. 9 y 10).
Es de destacar que los partidos que años más tarde se integrarían al Area Metropolitana de Buenos Aires, crecieron con un ritmo parecido al de la Capital entre 1869 y 1914: primero lo hicieron con una tasa algo más baja de 4,77% (1869-1895) y luego con una más alta de 5,19% anual (1895-1914). Los partidos limítrofes fueron los que más rápidamente crecieron entre 1895 y 1914 con tasas que en algunos casos duplicaron las de la Capital: hacia el sur la localización de las primeras industrias cercanas al Riachuelo determinó el rápido crecimiento de Avellaneda (11,41% anual). También hacia el sur crecieron rápidamente Lomas de Zamora (6,77%) y Quilmes (6,35%), y al oeste La Matanza (7,55%), Morón (6,18%) y San Martín (10,96%). Entre las industrias se contaban los ya citados frigoríficos y todas las industrias subsidiarias de la ganadería bobina y ovina que se ubicaron en forma practicamente excluyente en el partido de Avellaneda, y las textiles que comenzaron su radicación en el partido de San Martín.
La inmigración europea
Una gran proporción de los inmigrantes de ultramar que llegaron al puerto de Buenos Aires se instalaron en la ciudad formando una parte importante del rápido crecimiento de la Capital. Si bien no existen datos específicos, algunos autores estiman que la ciudad de Buenos Aires absorbió cerca de un tercio del total de la inmigración europea que llegó al país.197
La inmigración europea que llegó a la Argentina, promovida por la Constitución Nacional de 1853, fue reglamentada con leyes especiales y auspiciada por una red de instituciones diseminadas en Europa y en el país. La Argentina ocupó el segundo lugar entre los países receptores de inmigración europea, detras de los Estados Unidos y delante de otros países como Canadá, Brasil y Australia, absorbiendo el 11% de la emigración europea neta.198 De los 6 millones y medio de europeos que entraron al país entre 1857 y 1941 se afincaron 3 millones y medio, constituyendo un contingente de magnitudes relativas muy importantes, sólo comparables con pocos de los paises anteriormente mencionados.199 Los extrajeros se
196 El mayor crecimiento de la ciudad de Buenos Aires se produjo entre 1887 y 1895 con una tasa de 5,7% anual; posteriormente, entre 1895 y 1904, disminuyó al 3,9% y luego se mantuvo alto entre 1904- 1909 y entre 1909-1914 con tasas de 5,2 y 5,5% respectivamente. De 1914 a 1947 la Capital registró un crecimiento mucho más lento, del 1,95% anual, para pasar a tasas muy bajas o negativas a partir de 1947 en adelante. Las tasas corresponden a las calculadas en la Base de Datos IIED-AL y han sido comparadas con las de RECCHINI DE LATTES, Zulma, 1971, cuadro 2.9, p 31.
197 En 1895 la ciudad de Buenos Aires concentraba el 34,3% de la población extranjera del país, y en 1914 el 32,9%. Guy Bourdé destaca la importancia de las migraciones interiores dentro del país, dado que el inmigrante llegado al puerto tenía gran movilidad entre las distintas regiones y ocupaciones antes de instalarse definitivamente o regresar a su país. BOURDE Guy, 1977, pp 152-153.
198 Canadá recibió el 8,7%, Brasil el 7,4% y Australia el 5%. GERMANI, Gino, 1977, p 243.
199 Si bien en 1810 se abrió el país a la inmigración y tambien fue promocionada durante la presidencia de Bernardino Rivadavia, fue la Constitución de 1853 la que auspició liberalmente la inmigración de ultramar. Los saldos migratorios del país tomaron dimensión masiva recién en la década de 1880 con 638.000 personas, bajaron en la década siguiente por efectos de la crisis económica a 320.000 y en la década de 1900, coincidiendo con el auge económico de 1903 a 1913, se recibió el mayor saldo migratorio de la historia del país: 1.120.000. En la década de 1910 bajó a 269.000 y repuntó nuevamente en la década de 1920 con 878.000. GERMANI, Gino, 1977, p 244. El saldo neto
distribuyeron en el país de manera desigual, concentrándose en las provincias de la región pampeana, en algunas provincias del litoral y de Cuyo y en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores. La concentración de extranjeros, en relación a la población, fue mucho mayor en las ciudades del litoral y en Rosario pero especialmente en la ciudad de Buenos Aires, donde el impacto demográfico, social, cultural y económico de la inmigración fue más fuerte.
Fomentada con el propósito de poblar el campo y de modificar la composición de la población, la inmigración tomó dimensiones masivas a partir de 1880, al tiempo que la Argentina se integraba al mercado internacional como país agroexportador. Pero también fue el momento en que se cerraba el acceso a la propiedad de la tierra, repartida ya en la provincia de Buenos Aires en grandes latifundios.200 Quedaba para los inmigrantes que se dirigían al campo sólo las funciones de arrendatarios, empleados o simplemente peones. En ese contexto, la inmigración se dirigió, a partir de las últimas décadas del siglo XIX, fundamentalmente a la ciudad de Buenos Aires y a las ciudades del litoral. En Buenos Aires, las demandas de la construcción de las obras públicas y de infraestructura, tales como los ferrocarriles suburbanos, los diques del puerto, las líneas de tranvías, las cloacas y las aguas corrientes, la pavimentación, la construcción de escuelas y hospitales, los grandes edificios públicos y privados y la más modesta pero numerosa construcción de viviendas en los barrios, utilizaron mano de obra inmigrante en gran escala. El funcionamiento cotidiano de la ciudad también requería numerosos comerciantes y empleados de servicio, mientras la industrias alimenticias, los frigoríficos y los textiles (que se desarrollaron entre 1890 y 1930) constituyeron, asimismo, un importante mercado de trabajo para los extranjeros.
Sin embargo, la urbanización basada fundamentalmente en las migraciones no fue, en la ciudad de Buenos Aires, una característica privativa de este período sino una tendencia histórica que se manifestó desde el segundo cuarto del siglo XIX hasta al menos 1970 y fue simultánea a la redistribución espacial de la población en el país.201 Lo característico del período intercensal 1887-1914 es que las migraciones estuvieron compuestas principalmente por extranjeros de origen europeo.
Entre 1895 y 1914, la proporción de extranjeros en Buenos Aires fue mucho mayor que la proporción de extranjeros en el país y se mantuvo cerca del 50%.202 La gran mayoría de los