La mayor parte de las víctimas que acudieron a la Comisión fueron heridas por arma de fuego tras el desalojo forzado de la Iglesia. La Policía Armada disparó de forma indiscriminada contra la masa de personas que salían de la Iglesia después de que habían tirado dentro botes de humo. El modus operandi de este ataque muestra que estaba preparado para producir muchas víctimas, con disparos de armas de fuego contra quienes huían despavoridos. Además varios heridos por armas de fuego fueron golpeados posteriormente por los agentes cuando se encontraban en el suelo. La Comisión documentó 33 casos de heri- dos por armas de fuego, sin contar las cinco personas muertas.
J.S.U.C. tenía 19 años y trabajaba en una pequeña empresa de Sansomendi. Por el tamaño de la empresa, sus trabajadores no participaban habitualmente en asambleas ni en huelgas, pero aquel 3 de marzo de 1976 lo hicieron. Des- pués de acompañar al jefe a su casa, mientras caminaba por unos soportales escuchó una ráfaga de metralleta. Una persona que iba delante de él cayó hacia atrás, con un disparo de bala. Inmediatamente después, él recibió un disparo en la pierna y otro más en el brazo. Estando sobre el pavimento, varios agentes de la Policía comenzaron a golpearle, rompiéndole la nariz. Un vecino le subió al primer piso y allí le hicieron un torniquete en la pierna. Cuando fue trasladado al hospital habían pasado unas dos horas e inmediatamente fue intervenido. La herida de la pierna tenía entrada y salida de bala, que le afectó a la tibia. La herida del brazo no afectó a ningún hueso.
L.M.S.I. estaba dentro del templo y con la enorme confusión que se produjo, se separó de su novia. Él salió por una ventana y se encontró con dos filas de agentes de la Policía Armada esperándoles. Consiguió esquivarlos y después se encontró con un furgón policial, desde el que un agente disparó una ráfaga de disparos. L.M. recibió un impacto de bala en su rodilla izquierda, perdió el cono- cimiento y alguien le trasladó a una vivienda. El dueño de esta vivienda, le puso un vendaje, para cortar la hemorragia y allí permaneció hasta que pasaron 3 o 4 horas. Entonces, empezaron a llegar ambulancias y a L.M. subieron a recogerle en una camilla y le llevaron en una ambulancia hasta la Clínica de la Esperanza, de donde fue trasladado a la Residencia Sanitaria de la Seguridad Social “Ortiz de Zarate”, con una herida de arma de fuego, con orificio de entrada y salida a nivel de rodilla izquierda y fisura de la rótula.
Estando N.M.D. en la puerta de la iglesia, ayudando a salir al resto de personas, sintió un calambrazo en su brazo derecho e inicialmente pensó que se trataba
de una pelota de goma. N.M.D. ingresó con una herida de arma de fuego en tercio medio de brazo derecho con orificio de entrada y salida en cara poste- rior interna. Permaneció hospitalizado hasta el 6 de marzo de 1976, y estuvo en situación de incapacidad laboral temporal durante 24 días. Además de sus propias heridas, le afectó psicológicamente el hecho de que su compañero de trabajo fuera el padre de uno de los asesinados en el 3 de marzo.
En el momento de salir de la Iglesia, J.M.F.L. recibió un impacto de bala en la zona de la clavícula y tuvo que ser evacuado a la Residencia Sanitaria. La bala penetró en la zona subclavicular del hemitorax derecho y le salió por la cara lateral del tiroides derecho en el cuello. También F.G.M., recibió un impacto de bala y fue inmediatamente trasladado al Hospital Santiago Apóstol con una herida en tórax con orificio de entrada en región mamilar derecha, salida por costado derecho, nueva entrada por región bicipital de brazo derecho y salida por codo derecho Otras víctimas no habían entrado a la Iglesia sino que permanecieron en los aledaños. J.O.D.se quedó por la parte de atrás pegado a la valla del matadero municipal, cuando comenzó a oír los gritos de la gente que estaba dentro de la iglesia y se acercó a una de las ventanas para ayudar a la gente a salir. J. recibió un golpe en la pierna y en todo momento pensó que había sido un im- pacto de una pelota de goma. No fue hasta las 20:00 horas aproximadamente, cuando se dio cuenta de que había recibido un impacto de bala. Ingresó en la Residencia Sanitaria con una fractura del fémur de pronóstico grave, una heri- da por bala en muslo izquierdo. Dado que se encontraba haciendo el servicio militar fue trasladado al Hospital Militar de Vitoria-Gasteiz, donde fue intervenido quirúrgicamente y se le extrajo la bala del fémur. Estuvo hospitalizado 69 días, en calidad de preso; le impidieron recibir visitas de sus amigos y familiares y le prohibieron cualquier tipo de permiso. Posteriormente, recibió el alta hospitala- ria pero estuvo en una situación de incapacidad laboral transitoria durante 222 días.
Por su parte, C.T.G. había conseguido salir de la iglesia y alejarse unos 300 metros de la misma, cuando también recibió un impacto de bala en la pierna derecha y cayó al suelo. Se le acercaron varios miembros de la Policía Armada y le propinaron una paliza. Cuando la Policía lo abandonó en el suelo, tuvo que ser evacuado a la Residencia Sanitaria. Ingresó por impacto de bala en tercio medio de pierna derecha y con oficio de salida en cara posterior. También pre- sentaba una quemadura de 2º grado en el primero, tercero y cuarto dedo de la mano derecha. Requirió tratamiento quirúrgico y permaneció hospitalizado hasta el 10 de marzo.
A su vez, cuando J.M.O.G. decidió salir de la iglesia se encontró con un cordón policial, desde el cual estaban disparando con fuego real, y resultó alcanzado. En ese momento, a muy poca distancia, recibió un impacto de bala en su pierna de- recha. En un primer momento, J.M. no fue consciente del impacto recibido, salió corriendo y saltó por la valla del matadero. Cuando ya se percató de que había sido herido y sangraba de la pierna, unos compañeros le llevaron a la Residencia Sanitaria donde fue ingresado. El disparo le atravesó la pierna y la herida fue lim- pia con pérdida de masa muscular. No tuvo que ser intervenido pero permaneció ingresado durante varios días.
También D.A.P. salía de la Iglesia en medio de la huida cuando recibió un im- pacto de bala en la pierna izquierda, que le hizo caer al suelo. Un compañero le llevó en su coche particular a la Residencia Sanitaria. Dado que la bala había quedado alojada en el muslo izquierdo, se la extrajeron dejando dos orificios con drenaje. Debida la evolución tórpida de ambas heridas, se le tuvo que realizar una nueva intervención quirúrgica, estando de diez a quince días ingresado y un mes de baja aproximadamente.
Igualmente, J.A.M.H. que también se encontró frente al cordón policial desde el cual estaban disparando con fuego real y resultó alcanzado con un disparo de bala en hemitórax izquierdo sin orificio de salida. Ingresó en el Hospital de Santiago Apóstol. Se encontraba en un estado grave ya que la bala le había per- forado el diafragma y el hígado con orificio de salida en cara superior de lóbulo derecho hepático y la bala alojada en tejido subcutáneo de hemitórax derecho. Estuvo ingresado en la UCI y posteriormente hasta el 25 de marzo de 1976. “Aquello se había convertido en un infierno”. Así relató M.A.O.U. la situación vivida a la Comisión. Se encontraba con su padre en el interior del templo, y consiguió salir por una de las ventanas al exterior. Entonces, recibió un impacto de bala en su pierna izquierda. Con la ayuda de su padre consiguió abandonar el lugar y se refugiaron en una vivienda particular. Finalmente, consiguieron una ambulancia y le trasladaron hasta el Hospital Santiago Apóstol. Tenía fractura abierta de tibia izquierda a consecuencia de herida de arma de fuego. A su ingreso fue intervenido quirúrgicamente, y le realizaron la extracción de la bala que se encontraba dentro de la cabeza de la tibia. Estuvo hospitalizado 10 días, con secuelas posteriores hasta la actualidad.
En las mismas circunstancias también, F.A.G., de 43 años, fue herido por arma de fuego, con orificio de entrada en cara posterior del muslo derecho, y salida cara anterior teniendo que ser sometido a tratamiento quirúrgico. Permaneció ingresado
ocho días en la residencia y posteriormente precisó rehabilitación hasta más de dos meses después. Estos hechos produjeron una profunda crisis nerviosa y un fuerte malestar a su compañera que le impidió atender temporalmente a sus hijos, que fueron acogidos por sus familiares.
Varios heridos señalaron que en el operativo se utilizaron metralletas. Una ráfaga de disparos afectó a J.M.G. No pudo ver quién había efectuado esos disparos ni desde dónde lo habían hecho, sintió un impacto en su cara pero no llegó a caer al suelo. Dos chicos le llevaron en su coche particular hasta el Hospital de Santiago Apóstol. Ingresó en el hospital herido por arma de fuego con orificio de entrada en la mejilla izquierda. El proyectil le fracturó el maxilar superior e inferior y posteriormente quedó alojado tras el paquete vasculonervioso del cuello en el lado izquierdo, tras rebotar en la tercera vértebra cervical sin llegar a fracturarla. Fue operado y permaneció 14 días ingresado en el hospital y en situación de incapacidad laboral transitoria hasta el 24 de septiembre de 1977.
Por su parte, S.T.M. resultó alcanzado por un disparo de arma de fuego en la ingle y taponándose la herida llegó hasta los soportales que hay enfrente de la iglesia, donde le prestó auxilio un vecino que le trasladó en su coche particular hasta la Residencia Sanitaria. Ingresó con herida por arma de fuego, en sedal, que entraba por la parte derecha del escroto y tenía salida por el lado izquierdo. Requirió ser intervenido quirúrgicamente. Permaneció hospitalizado durante 12 días y en situación de incapacidad laboral transitoria durante 30 días.
F.A.H. relató a la Comisión detalles de la acción que muestran el grado de terror producido por los hechos y la intencionalidad de los autores. Intentó abandonar el templo a través de una de las ventanas. Un policía le fue a pegar, pero lo esquivó y fue posteriormente este mismo policía quien le disparó alcanzándole en la región lumbar. F.A.H. cayó al suelo pero enseguida se levantó y siguió corriendo. Sangra- ba abundantemente, así que enseguida fue trasladado a la Residencia Sanitaria. Ingresó con una “contusión con hematoma en tercio medio del antebrazo dere- cho y herida por arma de fuego con orificio de entrada en región lumbar izquierda y orificio de salida en región costo-abdominal derecha”. Estuvo 10 días hospita- lizado y posteriormente permaneció 60 días en situación de incapacidad laboral transitoria. En aquel momento, sufrió un gran impacto psicológico, despertándose frecuentemente a consecuencia de los sueños y pesadillas.
En el caso de A.L.A. recibió dos disparos cuando fue sorprendido por unas ráfagas de metralleta o subfusil, uno le atravesó el peroné derecho y otro en el
glúteo derecho. Junto a A.L.A, cayó muerto F.A., con un impacto de bala en la frente. A A.L.A. lo llevaron hasta el portal más próximo, en la calle Reyes Cató- licos y le subieron al primer piso, donde dos mujeres le hicieron un torniquete. Momentos después, le bajaron de la vivienda y le metieron en un coche junto con F.A., que iba agonizando. En el trayecto hasta la Policlínica San José, a la altura de la calle Badaya, D.F.A. fallecía apoyado en el hombro de A.L.A. Este último, a su vez, fue ingresado y operado de urgencia, para el tratamiento de sus heridas.
Otras personas que estaban más alejadas también fueron objeto de disparos por parte de la Policía Armada. J.J.R.G. estaba al inicio de la calle, un poco arrinconado, pero cuando se dio cuenta de que estaba muy desprotegido y se disponía a darse la vuelta para ir a otro lugar más seguro, sintió dos disparos, primero uno en la pierna izquierda y otro en la pierna derecha. En un primer momento se le acercó un señor que le arrastró por la espalda y lo puso a cu- bierto. Posteriormente lo trasladaron en un vehículo, en el que había otros tres heridos, hasta la Clínica San José. Como consecuencia de los disparos, cuando ingresó en la clínica, tenía herida en sedal en pierna derecha y fractura abierta de tibia y peroné con minuta en tercio inferior de pierna izquierda. Tras pasar por el quirófano, tuvo que permanecer en la clínica durante un mes, con la pierna inmovilizada. Como J.J.R.G. era huérfano, un tío suyo le acogió en su casa donde permaneció seis meses escayolado sin poder moverse. Posteriormente, tuvo grandes dificultades para comenzar a andar y no fue hasta 1978, cuando comenzó a tener una vida más o menos normalizada.