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OSéz
ANARDINI (Universidad Católica, Paraguay)Para abordar la problemática de las minorías étnicas me parece conveniente hacer referencia al Estado, concretamente al Estado moderno; en realidad es difícil conceptualizar una minoría étnica sin hacer referencia a algo diferente, a algo o alguien que la define como minoría, o sea a un Estado abarcante. El modelo de Estado moderno europeo, surgido de la revolución francesa y basado sobre los princi- pios de la liberté, égalité y fraternité ha inspirado y orientado además que a los Estados europeos, también a los nuevos Estados americanos que se iban formando en el siglo XIX.
La pretension de la égalité, exasperada, acentuada y separada de la cultura, ha dado origen especialmente en América, pero no sólo en América a un Estado, o sea a estructuras políticas donde en nombre de la légalité se apuntaba a nivelar e igualar a todos los ciudadanos. Es el comienzo de un proceso de homogeneización donde el Estado impone la unidad y la igualdad a los ciudadanos, anulando las diferencias lin- güísticas, históricas, sociales y religiosas. Es el comienzo de lo que lla- mamos Estado-nación, de un estado que apunta y aspira a una única cultura, la cultura nacional como base para la nueva y común identidad en que todos los ciudadanos deberían sentirse orgullosos de pertenecer. El proyecto de Estado-nación con respecto a las minorías indíge- nas del Paraguay ha conocido varias etapas, de las cuales las de mayor relevancia son:
- 1825: el Presidente de la República ordena a todos los ciudadanos de presentar títulos de propiedad para actualizar el Registro de los bienes; siendo que los pueblos indígenas eran ágrafos y ni siquiera se enteraron del Decreto, la casi totalidad de ellos perdió la titulari- dad de sus tierras sin siquiera enterarse;
- 1848: un decreto del Presidente Carlos Antonio López confisca las tierras y los bienes de los últimos 21 pueblos indígenas que aún quedaban organizados como pueblos; entre ellos están los pueblos
de Ypane, Guarambare, Ita, Yaguaron, Atyra, Altos, Tobati, Belén, San Estanislao, Caazapa, San Ignación, Santiago, San Cosme, Trinidad etc;
- en la segunda mitad del siglo XX aparece un Estatuto Agrario que en cierta medida se aplicó también a los indígenas;
- 1981: se promulga la Ley 904/81 Estatuto de las Comunidades Indígenas, donde se empieza a reconocer los derechos ancestrales de los pueblos indígenas sobre sus tierras y el derecho a usar sus len- guas, tradiciones, rituales, creencias, sistemas educativos, judiciales, etc.
- 1992: en la nueva Constitución nacional, se dedican algunos artí- culos a los pueblos indígenas, por primera vez en la historia del país: se trata del cap. V, art. 62 al 67; y es sumamente respetuosa de las culturas y asegura el apoyo legal para recuperar parte de sus terri- torios tradicionales, en concepto de derecho consuetudinario; - 1993: el Parlamento ratifica el Convenio 169 de la OIT sobre pue-
blos Indígenas;
- 2005: se ha presentado un proyecto de ley de modificación de la Ley 904/81; fue aprobado por el Parlamento como Ley 2822/05 pero fue vetado por el Poder Ejecutivo y está en estudio para una modifica- ción.
Actualmente los indígenas del Paraguay constituyen el 1,7% de la población total; una verdadera minoría numérica pero con un gran valor histórico-cultural. Se distinguen 5 familias lingüísticas con 20 diferentes etnias, lenguas y culturas que mencionamos a continuación:
Ache Ava-Guaraní Pai Tavytera Mbya Maka Nivacle Manjui (Lumnanas) Toba qom Guaraní nandeva Guaraní occidentales
Ayoreo Ybytoso Tomaraho Angaite Guana Sanapana Enlhet Enxet Enenlhet Toba maskoy.
La política de los Estados-naciones ha sido bastante similar en todos los países del Mercosur y vecinos: Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia con características que paso a enumerar:
- se ha estigmatizado a los pueblos diferentes; - se ha querido imponer una lengua europea;
- se han desconocido los sistemas educativos tradicionales; - se ha tildado de brujería al chamanismo;
- se ha construido “la vergüenza” de ser diferente;
- se ha destruido el sistema organizativo y las autoridades internas tra- dicionales, aplicando el principio de la “autoridad con poder”, en lugar de la “autoridad sin poder”, típica de los Pueblos Indígenas; - se ha quitado el poder a la asamblea (el célebre aty guasu de los
Guaraní) para poder así manipular a los jefes y líderes; - se ha alterado sustantivamente el sistema judicial tradicional.
Entre los años que van desde el Primer Documento de Barbados (comienzo de los ‘70) y la conmemoración de 1992 (Quinto Centenario del “descubrimiento-encubrimiento” de América), los pue- blos indígenas profundizan el concepto de identidad étnica y lo con- vierten en “etnicidad”, o sea pasan de la resistencia pasiva al movi- miento étnico-político, sacudiéndose el incómodo y nunca aceptado ropaje socio-cultural impuesto por el Estado-nación. Es el comienzo de una insurgencia étnica que gana cada vez más adeptos en los Estados, llegando así a reconocer y a formular el concepto de múltiples nacio- nes dentro de un Estado, o sea de un Estado multinacional.
han logrado hacerse conocer y re-conocer como pueblos preexistentes a la formación de los Estados-naciones. Tenemos como ejemplo el caso de la Constitución Nacional del Paraguay, cuyo art. 62 dice: el Estado reconoce la existencia de los pueblos indígenas como pueblos anteriores a la formación del mismo Estado paraguayo, que ocurrió en 1811.
Concordamos con el antropólogo Miguel Alberto Bartolomé en su análisis sobre la construcción de la identidad étnica: es un proceso dia- léctico realizado entre “nosotros” y los “otros”; esto genera represen- taciones colectivas que se estructuran ideológicamente construyendo la identidad étnica. La identidad étnica es una construcción realizada por los grupos humanos, (especialmente los minoritarios) para expre- sar y afirmar su alteridad frente a los otros. Aplicando esto a los movi- mientos etno-políticos, resulta que éstos son el campo de acción y los instrumentos privilegiados para las identidades en acción; o sea la iden- tidad se convierte en “etnicidad”, en fuerza política, en deseo y con- quista de poder.
Ahora bien, uno de los casos actuales en que la etnicidad ha logrado insurgencia visible, es sin dudad el caso de Bolivia. El movi- miento étnico ha construido una etnicidad sólida, capaz de usar crítica y dialécticamente instrumentos socio-políticos ajenos a las culturas tra- dicionales, con el fin de afirmar y defender la construcción y recons- trucción de la propia identidad cultural. Pero nos surgen muchas pre- guntas: ¿Cómo compaginan y armonizan los nuevos dirigentes bolivia- nos, la identidad étnica con la etnicidad, y las nuevas estructuras esta- tales, ajenas a la historia de esos pueblos, con sus sistemas sociopolíti- cos tradicionales?
¿Cómo se re-elaboran y transforman las culturas indígenas y cómo se reconstruye la nueva identidad después de haber llegado a la cumbre más alta del poder político del Estado?
¿Intentarán imponer nuevamente un Estado-nación? ¿Un Estado- nación donde una nación dominante excluye a otras naciones y a otros pueblos no-indígenas que sin embargo son ya componentes del Estado? Son todas preguntas pertinentes que requieren un atento análisis antro- pológico.
Siendo el tema propuesto “Culturas y Minorías étnicas”, después de haber discutido los conceptos de minoría y de etnia, nos falta ahora decir qué entendemos por “cultura”, sin llegar sin embargo al extremo de Lewis Carroll que escribió lo siguiente: “ Cuando uso una palabra, esa palabra significa lo que yo decido que signifique”.
Pero, en definitiva los conceptos, y también el de cultura, son ins- trumentales, en el sentido que nos permiten dar significado preciso a lo que nombramos, aunque no sea ésa la única significación.
No es aquí el momento para hacer una discusión analítica de la cultura; más bien nos interesa qué significa la cultura ad intra (para las misma minorías étnica), ad extra (qué imagen quieren proyectar de sí mismas las etnias) y finalmente qué significado atribuye la sociedad nacional a las culturas indígenas.
Es sobresaliente en los últimos años la idea de que la cultura marca la diferencia entre los grupos humanos y establece fronteras, para sepa- rarse, distinguirse y afirmarse.
Al respecto, Adam Kuper (1999) revisa críticamente los conceptos de cultura y cuestiona la así llamada “apología de la diferencia” por- que habría servido para legitimar diferentes formas de exclusión y de discriminación; cita como ejemplo el caso del apartheid de Sudáfrica, su país originario.
Pero es justamente enfatizando la universalidad de lo humano que, históricamente, se ha impuesto una civilización universal, aplastando las originalidades y las peculiaridades.
Muy fecundos son los aportes de García Canclini sobre las cultu- ras híbridas; este concepto es un instrumento muy útil para salir del ato- lladero de las culturas indígenas supuestamente inmóviles e incapaces de renovarse y re-crearse. La hibridación cultural entonces es aquel proceso por lo que determinadas formas (que tampoco eran puras, sino ya híbridas) se van separando de prácticas existentes para recombinar- se en nuevas formas y nuevas prácticas.
Asimismo es muy sugerente el concepto de “transfiguración cul- tural” utilizado por Miguel Alberto Bartolomé. Los pueblos están en un permanente proceso de cambio, inventan estrategias y prácticas adaptativas; y para sobrevivir, desdibujan su propio perfil cultural.
La expresión: “Para poder seguir siendo, hay que dejar de ser lo que se era” es el camino que están recorriendo con incertidumbre y no sin dolor, los indígenas de Paraguay y probablemente de toda América.