Chapter 5: Tracking Performance
5.5 Lessons learned from the private sector
El término de experiencias traumáticas infantiles es un concepto muy amplio que abarca diferentes experiencias que ocurren en la infancia y la adolescencia como la pérdida de un ser querido, el divorcio de los padres, enfermedades en la infancia, la violencia familiar, la falta de atenciones básicas o el abandono (Bernstein et al., 2003). Estas experiencias se caracterizan por estar fuera del control del niño, por impedir o alterar el desarrollo normal, y causar estrés y sufrimiento en el menor (Burgermeister, 2007). Las principales experiencias traumáticas ocurridas en la infancia son: el abuso emocional, el abuso físico, el abuso sexual, la negligencia emocional y la negligencia física (Bernstein et al., 2003).En este capítulo se describirán más a fondo estas últimas experiencias y se profundizará en el papel que desempeñan en el desarrollo de los trastornos psiquiátricos.
Existen dificultades para establecer una definición única y consensuada de lo que hoy en día entendemos por maltrato infantil. Así, el concepto “malos tratos a la infancia”, representa una realidad compleja y difícil de definir, siendo muy difícil establecer los límites o la línea divisoria que separa el maltrato del trato adecuado, ya que esta división se basa en un continuum de conductas y no en categorías independientes (Whipple y Richey, 1997). Algunos de los problemas que se observan a la hora de encontrar una definición clara y precisa del maltrato son: a) la precisión del límite a partir del cual una conducta es considerada como maltratadora; b) la mayor o menor importancia asignada a los valores y costumbres culturales; c) la inclusión de la perspectiva evolutiva; d) la presencia de factores de vulnerabilidad en el menor; y e) la inclusión como requisito del daño real o potencial en el niño (Arruabarrena y De Paúl, 1996).
Inicialmente se entendía por maltrato infantil el maltrato físico activo, con un predominio de criterios médico-clínicos. Sin embargo, en la actualidad, las diferentes definiciones de maltrato se basan en las necesidades y los derechos de la infancia. Una de las definiciones de maltrato más completa es la propuesta por el Centro Internacional de la Infancia de París (Centre International de L´enfance, 1980), que considera maltrato infantil a cualquier acto por acción u omisión realizado por individuos, por instituciones o por la sociedad en su conjunto y todos los estados derivados de estos actos o de su ausencia que priven a los niños de su libertad o de sus derechos correspondientes y/o que dificulten su óptimo desarrollo. De este modo, la definición de maltrato incluye tanto la falta de atención adecuada, como los hechos que lesionan la salud física del menor, así como las acciones que atentan contra la salud mental. Por su parte, la OMS (1999) define el maltrato infantil como cualquier acción (física, sexual o emocional) u omisión no accidental en el trato hacia un menor, por parte de sus padres o cuidadores, que le causen o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.
Algunos autores prefieren utilizar el concepto de “situaciones de desprotección infantil” para referirse a estas situaciones de maltrato llevadas a cabo por adultos (De Paúl y Arruabarrena, 2001). Siguiendo a estos autores, se podría hablar de tres tipos de situaciones de desprotección infantil que generalmente son llevadas a cabo:
- Las que se derivan del inadecuado cumplimiento de protección: tales como el maltrato físico o psicológico, experiencias de abuso sexual o negligencia.
- Las situaciones de imposible cumplimiento de protección: como ocurre en el caso de enfermedad, fallecimiento o encarcelamiento de los progenitores. - Las situaciones de incumplimiento de protección: como las situaciones de
abandono o renuncia por parte de los progenitores.
Hay diferentes tipos de maltrato, no existiendo hasta el momento una única tipología. Una de las clasificaciones más utilizadas, es aquella que organiza las malos tratos infantiles en torno a dos grandes dimensiones: activa-pasiva y física o emocional (Arruabarrena y De Paúl, 1996; Simón, López y Linaza, 2000 ). Así, teniendo en cuenta
la forma del maltrato (físico/emocional) y la actitud del agente que lo ejerce (activa/pasiva) podemos hablar de cinco formas de maltrato: abuso físico, abuso sexual, maltrato emocional, abandono físico y abandono emocional (ver Tabla 2.1).
Tabla 2.1.
Tipos de maltrato en función de la forma del maltrato y la actitud del maltratador
A continuación haremos una breve descripción de lo que se entiende por cada uno de los diferentes tipos de maltrato:
- Abuso físico: se definiría como cualquier acción no accidental que provoque daño físico o enfermedad en el menor o le coloquen en grave riesgo a padecerlo.
- Abandono físico: se entendería como aquella situación donde las necesidades básicas del niño (alimentación, vestido, higiene…) no son atendidas temporal o permanentemente.
- Maltrato emocional: se definiría como la hostilidad verbal crónica en forma de insulto, desprecio, crítica o amenaza y el aislamiento a la que se ven sometidos los menores.
- Abandono emocional: se entendería como la falta persistente de respuesta a las necesidades emocionales del niño y la falta de iniciativa de interacción y contacto.
Activo Pasivo
Físico Abuso sexual Abuso físico Abandono físico Emocional Maltrato emocional Abandono
emocional
Actitud del maltratador Forma de
- Abuso sexual: se definiría como cualquier clase de contacto sexual con una persona menor de 18 años por parte de un adulto desde una posición de poder o autoridad sobre el menor.
Cabe añadir una categoría de maltrato recientemente considerada que es la de
niño testigo de violencia doméstica, definido como la exposición de forma habitual a
las agresiones de un progenitor hacia el otro, teniendo efectos en el desarrollo emocional y social de los niños (Patró y Limiñana, 2005).
Una vez descritas brevemente las diferentes formas de maltrato que pueden darse, es necesario tener en cuenta que, en muchos casos, se produce un cierto solapamiento entre ellas. Así, las víctimas de un único maltrato son muy poco frecuentes, siendo más común la combinación de diversos tipos de malos tratos (Saldaña, Jiménez y Oliva, 1995). Esto dificulta la existencia de tipologías consensuadas, así como la delimitación de las consecuencias a corto y largo plazo de las diferentes formas de maltrato.
Es difícil conocer la prevalencia real de maltrato en los niños, ya que la mayoría de los casos no son detectados. El hecho de que la mayor parte de estas experiencias traumáticas ocurran en el entorno familiar, la vergüenza experimentada por la víctima, la edad temprana a la que suceden dichas experiencias y la dependencia del adulto o las sanciones criminales que implica la denuncia de estos casos, son algunos de los factores que dificultan el conocimiento de los mismos (Goldman y Padayachi, 2000). Un estudio llevado a cabo en el Reino Unido estima que alrededor de un 11% de niños sufren abusos sexuales, un 7% abusos físicos y en torno a un 6% abusos emocionales (May- Chahal y Cawson, 2005).
En nuestro país, destaca el estudio llevado a cabo por el Centro Reina Sofía (Sanmartín, 2011) sobre el maltrato infantil en la familia, en el que participaron un total de 769 familias de menores de 18 años, 802 psicopedagogos y responsables de guarderías y colegios, y 898 menores con edades comprendidas entre 8 y 17 años, de diferentes puntos de la geografía española. Por la complejidad del estudio, la investigación se dividió en varios grupos en función de la edad: colectivo de menores de 0 a 7 años, colectivo de menores de 8 a 17 años, y colectivo de familiares de menores de
0 a 17 años. En todos los casos, se preguntó sobre situaciones de maltrato ocurridas en el año anterior; por tanto, todos los datos presentados hacen referencia a situaciones de maltrato infantil familiar ocurridas en 2006. Los resultados muestran que el maltrato infantil disminuye a medida que aumenta la edad del menor. Así, en el grupo de menores entre 0 a 7 años, el 6,36% de los psicopedagogos y responsables de guarderías y colegios detectó algún caso de maltrato en los menores de 0 a 7 años a su cargo. En total fueron 94 los niños identificados como víctimas de maltrato. El tipo de maltrato más detectado fue el maltrato físico, en concreto, el 59,68% de las víctimas sufrían maltrato físico, el 37,10% negligencia, el 17,74% maltrato psicológico y el 4,84% abuso sexual. Si tenemos en cuenta el sexo, los niños son los que padecen más maltrato físico, psicológico y negligencia, mientras que las niñas sufren más abuso sexual. En el grupo de niños de mayor edad, el 4,25% de los menores en edades comprendidas entre los 8 y los 17 años ha sido maltratado en el ámbito familiar durante 2006, siendo en estas edades más prevalente el maltrato psicológico (2,35%), seguido del físico (2,24%), el abuso sexual (0,89%) y, por último, la negligencia (0,78%).
Dentro de este grupo de experiencias adversas infantiles, los abusos sexuales en la infancia han sido unas de las más estudiadas.El abuso sexual infantil se puede definir como “los contactose interacciones sexuales entre un menor de edad y un adultoo entre menores de edad si existe una diferencia de cinco años entre ellos, o si el niño/adolescente agresor se encuentra en una posición de poder o control sobre la víctima, aunque no haya diferencia de edad” (Hartman y Burgess, 1989, p. 97). En la actualidad el abuso sexual es considerado un problema universal que está presente, de una forma u otra, en todas las culturas y sociedades, y constituye un complejo fenómeno resultante de la combinación de factores individuales, familiares y sociales, produciendo gran interferencia en el desarrollo evolutivo del niño y dando lugar, en algunos casos, a secuelas que no siempre remiten con el paso del tiempo (Echeburúa y Guerricaecheverría, 2000).
En las dos últimas décadas los abusos sexuales a menores han suscitado un gran interés, tanto entre la comunidad científica, como en la sociedad en general, debido a su prevalencia y a sus consecuencias a corto y a largo plazo (Cantón y Cortés, 2003; Del Campo y López, 2006). Los estudios realizados al respecto confirman que se trata de un problema mucho más extendido de lo previamente estimado y que incluso las tasas de
prevalencia más bajas incluyen a un gran número de víctimas que debe tenerse en cuenta. Así, el descubrimiento del abuso sexual infantil como maltrato frecuente y con importantes y perdurables efectos psicológicos, tanto a corto como a largo plazo, ha dado lugar en la última década a un notable crecimiento de los estudios sobre este tema, tanto a nivel nacional como internacional (Pereda y Forns, 2007). En un meta-análisis llevado a cabo por Pereda y colaboradores (2009), en el que analizaron un total de sesenta y cinco artículos procedentes de 22 países diferentes, encontraron que el 7,9% de los hombres y el 19,7% de las mujeres, había sufrido algún tipo de abuso sexual antes de la edad de dieciocho años.
Los estudios de prevalencia llevados a cabo con muestras nacionales presentan cifras similares a las obtenidas en otros países europeos (Pereda et al., 2012), oscilando en la población general en torno al 18%, siendo en varones este porcentaje del 15% y en las mujeres del 22% (López, Carpintero, Hernández, Martín y Fuertes, 1995), y alrededor del 12 % en estudiantes universitarios (Cantón, Cortés, Cantón-Cortés, 2012). Recientemente, Pereda y colaboradores (2014) examinaron la prevalencia del abuso sexual en una muestra de 1107 jóvenes estudiantes con edades comprendidas entre los 12 y los 17 años. Los resultados mostraron que el 8,7% informaron de la presencia de abusos sexuales en algún momento de su vida y el 5,3% informaban de la presencia de abusos sexuales durante el último año. Respecto a la prevalencia el función del sexo, la prevalencia fue significativamente mayor en las mujeres tanto en el último año (OR = 4,33, p <0,05), como durante toda la vida (OR = 3.82, p <0,05).