La definición operacional de responsabilidad con la salud es citada por Walker y colaboradores (1990) como: las acciones que la adolescente manifiesta hacer con respecto al cuidado de su salud, como informarse, pedir consejos a profesionales capacitados, y tener cuidados de su estado físico. La definición conceptual que nos dan Marañon y Balcells (2002), con respecto a este punto es la siguiente: respetar y seguir lineamientos en salud previamente establecidos y adquiridos.
En este punto, de la responsabilidad con la salud, Guerra (1995) manifiesta que no basta con reconocer que son los individuos, familias y comunidades los que tienen el derecho y la responsabilidad de vigilar su propia salud. Es preciso, también, apoyar sus esfuerzos con los conocimientos que los ayuden a detectar y prevenir los
problemas de salud más comunes, y a determinar cuándo requieren atención profesional.
En relación a esto, Calviño (1995) comenta que el desarrollo de la motivación humana está determinado por la vida real; por eso, para lograr una fuerte motivación de la población hacia la salud, no basta con brindar información, sino que hay que motivarla a una actitud responsable ante el cuidado de la salud, un mayor protagonismo social, a través de los grupos primarios de pertenencia (familiares, laborales, escolares o informales), y a utilizar la información sanitaria, de acuerdo con lo que aporte a su calidad de vida. Motivar trasciende aquí el significado de “hacer agradable” una charla o un material divulgativo, de “amenizar” el mensaje de salud. Se trata de incentivar, con todos los recursos disponibles y apelando a la mayor creatividad, comportamientos y actitudes responsables, que regulen e induzcan a la actuación protectora.
Por otro lado, Grau (1995) menciona que las emociones son un reflejo directo de las relaciones del sujeto con los objetos de la realidad; por eso, su seguimiento en el proceso de educación para la salud se convierte en un indicador confiable de la efectividad de nuestra labor informativa y educativa. Y que las emociones son indicadores de aquello que es importante para el individuo, organizado como autoteoría de si mismo, menciona que hoy en día se piensa que las emociones tienen un peso específico en la dirección del proceso salud-enfermedad.
Coincidiendo con esto, Lazarus y Folkman (1996) refieren que los seres humanos tienen la habilidad de anticipar el futuro, de interactuar con otros, de transformar nuestro medio ambiente; por eso, cuando una persona evalúa una situación como potencialmente peligrosa, amenazadora o frustrante, va a experimentar una reacción emocional, resultado de lo que considera que está poniendo én peligro su seguridad, autoestima y estabilidad personal. Señalan que en la secuencia evento-percepción de amenaza-reacción emocional, el miedo, la ansiedad, la depresión y la ira son emociones negativas que están estrechamente relacionadas con estados de enfermedad.
En el proceso de asimilación de mensajes de salud, tienen mucha importancia las creencias de los receptores. En relación a diferentes aspectos del contenido de
estos mensajes, para Kickbusch (1996) el concepto de “creencias" es la organización duradera de percepciones y conocimientos acerca de algún aspecto del mundo al que pertenece el individuo, subraya que ellas son la parte cognoscitiva de las actitudes, ya que toda actividad que realiza el hombre implica creencias hacia el objeto y que las creencias son neutrales, mientras que las actitudes son “pro” o “anti”. Sin embargo, para Lazarus y Folkman (1996) las creencias son configuraciones cognitivas, formadas individualmente o compartidas culturalmente, son nociones preexistentes de . la realidad que modelan el entendimiento de su significado; comentan que en la evaluación de los acontecimientos vitales se determina la realidad de cómo -son las cosas en el entorno.
Otros autores, como Powell, Krenter, Stephens Marti y Heineman (1995) refieren que hay varios tipos de creencias:
1. Primitivas. Aquellas no abiertas al razonamiento y tienen fuerte significado emocional para el sujeto.
2. Orden superior. Las aprendidas y que el sujeto somete a crítica. Son modificables con el razonamiento.
3. Generales. Operan sobre el control, como el grado en que el individuo asume que puede controlar los acontecimientos y las situaciones; se incluyen aquí el
. Locus de control interno: la creencia de que los sucesos son contingentes
con la conducta de uno; y el. Locus de control externo: creencia de que los sucesos dependen de la suerte y del destino (ambas mencionadas anteriormente).
4. Control situacional. El individuo cree que puede modificar sus relaciones estresantes con el entorno, esta creencia de autoeficacia condiciona el éxito de muchos programas preventivos y es un predictor del éxito, en programas de cesación del hábito de fumar, del control dietético y del consumo excesivo de bebidas alcohólicas.
5. Existenciales. Son aquellas que generalmente ayudan a las personas a conservar,la esperanza y a buscar significado a la vida, a pesar de sus experiencias dolorosas.
Por otro lado, es importante mencionar aquí las conductas, éstas tienen una especial relevancia en la promoción y la educación en salud. Según Friedman y DiMatteo (1998), se considera una “conducta de salud" a cualquier actividad emprendida por una persona que se cree sana con el propósito de mantener su salud o de prevenir enfermedades en un estado asintomático. Y por “conducta de enfermedad” aquella que indica que una persona está enferma. Ésta última se integra en el llamado rol de enfermo, el cual se adopta gracias a la aprobación social.
En cuanto a las “conductas preventivas”, Celentano (1995) refiere que éstas se entienden como el conjunto de acciones que las personas llevan a cabo para defenderse de enfermedades o de sus secuelas; y por “conductas promotoras” aquellos comportamientos cuyo objeto es el incremento del nivel de .bienestar y la autorrealización. Alude que entre estos dos tipos de conductas existen diferencias que no niegan sus nexos entre sí.
Ahora bien,-abordando específicamente el caso de los jóvenes, la OPS (1996) explica que se dispone de muy pocos datos en los países latinoamericanos, incluyendo México, para detectar los comportamientos de riesgo de los adolescentes. Los estudios que se han realizado en estos países, hasta el momento, varían en cuanto al grupo de edad estudiado y a la formulación de las preguntas. Mientras mayor sea el grupo de edad investigado, existen más probabilidades de que los estudios muestren proporciones más altas de jóvenes que hayan adoptado comportamientos de riesgo o de consumo abusivo de alguna droga. Este mismo organismo, en 2002, señala que entre los jóvenes de todas las edades, el tabaquismo es el comportamiento más común y el que con más probabilidades afecta la salud, debido a su prevalencia. Indica que una proporción considerable de adolescentes varones, de entre 15 y 19 años, fuman cigarrillos, por ejemplo, del total de la población adolescente, 57% en el Perú, y 41% en Chile se clasifican como fumadores; situación que contrasta con el porcentaje presente en EE UU, que es de 28% y en Cuba del 32%. En estos últimos dos países, las tasas de adolescentes mujeres que fuman son similares a las de los adolescentes varones, mientras que en los países latinoamericanos estudiados és menos probable que las adolescentes mujeres fumen. La OPS (2002) menciona, además, que en México 19% del grupo de
adolescentes más jóvenes, entre 11 y 15 años, fuman cigarrillos. Sin embargo, existe poca diferencia en las tasas de adolescentes, de uno y otro sexo de entre 11 y 15 años de edad, que fuman.
Celentano (1995) señala que la promoción de salud en la Atención Primaria de Salud (APS) en adolescentes, amerita más que en otros la participación activa de las personas en la modificación de las condiciones de vida y de su manera de vivir, en la conducción al fomento de una cultura de salud que apoye las políticas saludables y de equidad en los servicios de salud. Esta acción propicia que sea una necesidad el proveer información científica a los actores sociales como médicos, enfermeras, educadores, voluntarios, quienes interactúan en el escenario comunitario con el objetivo de que afronten los problemas de salud de los jóvenes de manera adecuada.
3.1.1.4.3. Ejercicio
El término “ejercicio” es considerado por Marañon y Balcells (2002), como definición conceptual, la realización de un esfuerzo físico, relacionado con el movimiento muscular que exigen los trabajos manuales o la práctica de algún deporte. Por otro lado, Walker y colaboradores (1990) consideran, como definición operacional, contemplar al ejercicio como cualquier actividad física que se realice, sea cual fuere la finalidad.
Específicamente, respecto a la actividad física realizada por la adolescente embarazada, existen diferentes autores que abordan esta condición. Por ejemplo Powell y colaboradores en 1995 consideraron que para la mujer embarazada realizar ejercicio es muy importante para mantener un buen estado de salud, la actividad física de tipo aeróbica favorece mantener una circulación adecuada en todo el sistema cardiovascular, principalmente en los miembros inferiores, en los cuales se ve afectado el retorno venoso, durante el segundo y tercer trimestre del embarazo, debido al crecimiento y peso del útero grávido, que ocasiona aumento de la presión intraabdominal con la consecuente compresión del paquete vascular.
Es importante mencionar que el ejercicio que la embarazada realice, siempre deberá ser moderado y, de preferencia, bajo la supervisión de un especialista; tomando en cuenta que en este proceso es necesario realizar una actividad física
moderada y de preferencia específica. Por ejemplo, existe cierto tipo de actividad física que fortalece los músculos del periné, del abdomen, de la pelvis y de la espalda baja; el adecuado estado de éstos es uno de los factores responsables para obtener un trabajo de parto óptimo.
Con respecto a esto, Bernis (1995) señala que el ejercicio que realizará la embarazada, de preferencia debe ser el mismo que la paciente realizaba antes de la gestación, si es que lo realizaba; de no ser así, deber iniciar con caminata y poco a poco, bajo supervisión, incluir ciertas actividades de manera moderada y supervisada; nunca deberá ejecutarlo de manera esporádica o sobrepasarse, así como nunca deberá pedirle al cuerpo que se adapte a un nuevo deporte. Refiere este autor que la embarazada debe iniciar con una rutina muy tranquila e ir aumentando en intensidad, según la respuesta de su organismo; antes de cada ejercicio, deberá practicar algunas respiraciones profundas, lo que ocasionará una adecuada oxigenación en todos sus músculos; y si se presentara dolor, calambres, falta de aliento, dificultad para respirar, deberá suspender el ejercicio, por lo cual la embarazada tendrá que ser revalorada por el especialista para que éste dé nuevas indicaciones de la actividad física a realizar.
Sin embargo, Heineman (1996) especifica que es importante, si esto es posible, monitorear los signos vitales de la gestante durante el ejercicio; por lo menos durante las primeras rutinas, para valorar la respuesta del organismo a la actividad realizada. Considera que, habitualmente, cualquier mujer puede recuperar las energías que gasta, descansando una medía hora; pero que a una mujer embarazada le puede tomar varias horas recuperarse del cansancio.
En general, sabemos que la actividad física, cualquiera que ésta sea, coadyuva a mantener un peso ideal durante todo el embarazo; regulando el metabolismo y disminuyendo, de esta manera, los riesgos que el sobrepeso puede provocar durante la gestación; además de favorecer que tanto la madre como el bebé tengan un adecuado aporte de oxígeno. Realizar ejercicio durante el embarazo ayuda a que la mujer libere ansiedad, manteniendo un estado emocional de relajación; en el caso de las embarazadas adolescentes que, como ya se ha mencionado, están expuestas a múltiples factores negativos que ocasionan ansiedad
y estrés, realizar alguna actividad física favorece un estado emocional de equilibrio y relajación.
3.1.1.4.4. Nutrición
La “nutrición” es un indicador considerado operacionalmente por Walker y colaboradores (1990) como una de las acciones que el sujeto lleva a cabo respecto de su alimentación diaria. Marañon y Balcells (2002) definen conceptualmente a la nutrición como el conjunto de procesos que comienzan con la ingestión de los alimentos, continúan con la digestión, para finalizar en la asimilación.
Llevar a cabo una alimentación balanceada, en cualquier etapa de la vida, es muy importante para mantener un adecuado estado de salud; durante el embarazo es necesario cubrir los requerimientos que este proceso demanda, para poder llevar a cabo una gestación sin complicaciones; específicamente, en la condición de un embarazo en adolescentes, se deben contemplar dos procesos que confluyen y que cada uno de ellos por sí solo amerita una adecuada nutrición, estos son la gestación y la adolescencia.
Una reconocida dietista de Puerto Rico, Carrie (2003), especialista en la alimentación de las embarazadas adolescentes, comenta que la nutrición adecuada durante el embarazo es vital para ayudar a asegurar la salud óptima, tanto de la madre como del bebé próximo a nacer; ya que los órganos y partes que integran el cuerpo del bebé comienzan a desarrollarse inmediatamente después de la concepción. Esta autora refiere que se escucha a nivel coloquial que las embarazadas deben comer el doble de lo que comían antes, lo cual, asegura, no es exactamente así. Ya que durante el primer trimestre de la gestación, las embarazadas tienen la misma necesidad energética que tenían antes de estar embarazadas; durante el segundo trimestre la embarazada necesita únicamente 300 kilocalorías adicionales (por ejemplo, dos vasos de leche baja en grasa y una rebanada de pan); para el tercer trimestre, la necesidad es de 300 kilocalorías más; sin embargo, debemos saber que la necesidad de ciertas vitaminas y minerales aumentan grandemente. De modo que es muy importante hacer una buena selección de alimentos, principalmente en el caso de que la embarazada sea una adolescente,
pues en esta situación el feto y ella están en crecimiento y los requerimientos alimenticios son diferentes a los de una embarazada fuera de la adolescencia.
Algunos autores como Krasovec y Andersson (1998) afirman que, de acuerdo a estudios realizados en la alimentación de la mujer gestante, la alimentación adecuada durante el embarazo se debe basar en el plato nutricional, el cual sirve de guía para seleccionar alimentos y puede ser utilizado para personas saludables mayores de dos años incluyendo a las embarazadas; recomiendan que diariamente se debe seleccionar una variedad de alimentos de cada grupo; por ejemplo:
1. En cuanto al grupo de los cereales, en donde se incluyen arroz, pasta, granos, viandas, pan, entre otros, recomiendan consumir de 7 a 12 porciones. Dentro de este grupo también están los carbohidratos, éstos suplen la energía necesaria para las actividades físicas y son importantes para el desarrollo y crecimiento del feto; los carbohidratos proveen tiamina, niacina, zinc, fibra y, cuando están enriquecidos, proveen riboflavina, ácido fólico y hierro, estos dos últimos son primordiales durante el proceso de la gestación.
2. El segundo grupo es el de las hortalizas, aquí se recomienda consumir de tres , a cuatro porciones al día; se señala que las hortalizas de color verde intenso
como el brócoli, la espinaca, la lechuga romana, entre otros, tienen alto contenido de ácido fólico, el cual ayuda a prevenir defectos de espina bífida y del tubo neural en los fetos. También comentan que las embarazadas deben incluir las hortalizas de color anaranjado como las zanahorias y la calabaza, ya que contienen vitamina A, la cual es muy importante para tener una visión saludable y necesaria para el crecimiento y la salud de la piel.
3. Las frutas integran el tercer grupo, éstas son muy importantes por su alto contenido de vitamina C, la cual ayuda a combatir infecciones y a tener una mejor absorción del hierro. Aquí se recomienda preferir las frutas frescas y los jugos naturales (100% jugos); las frutas de México tienen un alto contenido de vitamina C. De este grupo se debe consumir de dos a tres porciones diarias. 4. Los productos lácteos, como cuarto grupo, proveen calcio; éste es necesario
los clientes del feto; el calcio lo encontramos en la leche, yogur y queso; estos autores consideran que las embarazadas requieren de 3 a 4 porciones de este grupo, y para las embarazadas adolescentes recomiendan de 5 a 6 porciones de este grupo al día.
5. Como quinto grupo están las carnes; proveen la proteína necesaria para formar tejidos, músculos y las células del cuerpo, por lo que las embarazadas lo necesitan en más cantidad porque además de sintetizar hemoglobina proveen reservas de hierro para el feto, se recomienda de dos a tres porciones diarias de este grupo (aproximadamente 6 oz.). También en este grupo se incluyen las habichuelas, gandules, garbanzos, entre otros, e incluye el salmón y el atún, éstos contienen ácidos grasos esenciales en la formación del feto, por lo que es necesario administrarlos principalmente si la embarazada es una adolescente. 6. Como sexto grupo están las grasas y los azúcares de los cuales se recomienda
un consumo moderado; en este punto se enfatiza la importancia de tomar grandes cantidades de agua, de 2 a 3 litros diarios, para un adecuado filtrado glomerular.
Estos mismos autores afirman que comúnmente las mujeres embarazadas presentan problemas de estreñimiento, para reducir las complicaciones relacionadas con éste, advierten que es necesario aumentar el consumo diario de fibra en la dieta; la fibra se encuentra en frutas y vegetales frescos, cereales integrales y en los granos como habichuelas, garbanzos y gandules; agregan que el consumo de agua también es necesario para reducir el estreñimiento, ya que ésta facilita el paso de la fibra a través del intestino.
Para Walker (2001), la mujer embarazada debe consumir una dieta saludable, dormir bien, evitar el alcohol, el tabaco, las drogas y hacer ejercicios regularmente (con la autorización de su médico). Señala que es importante que la mujer embarazada no omita comidas, porque el feto necesita nutrición constante, y los ayunos prolongados producen estrés en el cuerpo de la mujer gestante. La embarazada debe consumir tres comidas y, por lo menos, dos meriendas saludables diarias, o cinco o seis comidas más pequeñas por día. Este autor concluye que el
ejercicio ayuda a la mujer embarazada a mantenerse en buen estado físico, a prevenir algunas de las molestias comunes del embarazo (como los dolores de espalda, el cansancio y la constipación) y, principalmente, contribuye a aliviar el estrés.
Para Lammers, Nieto y Barros (1999) la gestación en las jóvenes puede provocar desórdenes nutricionales debido a la inmadurez del cuerpo femenino en esta etapa. Mencionan que las jóvenes embarazadas tienen mayores necesidades nutricionales que las embarazadas adultas, debido a que son dos los organismos que están en crecimiento, él de la madre y el del futuro bebé, y que en toda adolescente gestante, se obliga a suplementar la dieta en algunos nutrientes para cubrir las necesidades, tanto del feto como de la madre, por lo que recomiendan una ración energética que oscile entre 2,450-2,650 kcal., por día, como compensación necesaria.
Estudios realizados por Kalkwarf, en 1995, demostraron que en adolescentes embarazadas es necesario aumentar en 300 kcal. por día la ración energética de un adolescente sano y, además, aumentar en 10-16 grs. la ración diaria de proteínas, cuidando, además, las raciones aportadas de vitaminas y minerales, así como poner especial cuidado en mantener adecuados niveles de zinc y de ácido fólico, por las razones anteriormente mencionadas.
Definitivamente, y como lo mencionan Monteiro, Victora, Barros y Tomasi (2000), es muy difícil establecer recomendaciones estándar para las adolescentes, debido a las peculiaridades individuales que presenta este grupo de población, y debido también a la falta de estudios y trabajos científicos que aporten luz al tema. La mayor parte de las recomendaciones se basan en las raciones que se asocian con “una buena salud”, lo que a esta edad no suele presentar problemas, razón por la que se podría pensar que “da igual lo que se coma”. Nada más lejos de la realidad.