E.2 The SPRinG programme: implementation of a relational approach Key Stages 1, 2 and
E.2.2. Lessons from SPRinG: The teacher’s role in group work
El término Salvación es el más utilizado por Schillebeeckx cuando habla de la revelación y la soteriología. Pero, este término es interpretado por él, y tomado a partir de la categoría cristiana de Redención, es decir, la salvación o liberación del ser humano otorgada por Dios en Jesús a través de su vida, muerte y resurrección. En este sentido, la Salvación, y también, la Liberación, que es a la vez, una categoría utilizada para hablar de redención, están sustentadas directamente desde la perspectiva cristiana. Es necesario comenzar con esta acotación, puesto que, la salvación y la liberación, al no ser categorías exclusivas de la religión cristiana, deben ser tratadas siempre de forma análoga con la categoría Redención, propia del cristianismo, y de esta manera, se evitarán comprensiones equivocas que terminen en meras ideologías.
Los cultos mistéricos, la religión de Osiris, las formas teístas de piedad en la India, el Gnosticismo, el Budismo, el Islamismo, el Judaísmo, entre otras religiones y prácticas religiosas, nos dan cuenta de la manera en que también en ellas, las categorías de salvación y liberación, aparecen dentro de sus contenidos y creencias. Como bien afirma Joseph Doré, es en relación con el tema de la salvación como se especifican e interpretan las proposiciones sobre el sentido de la vida, las visiones del mundo y las concepciones del sentido humano y de la historia, que son o tratan de ser la mayor parte de las religiones. 93
La finitud humana, el hambre, la enfermedad y la muerte, son situaciones que han acompañado incesantemente a los seres humanos desde siempre, y estas, conllevan a considerar una pluralidad de reflexiones en torno a la salvación y la liberación. Por ejemplo, según dice Étienne Cornélis, al parecer ya en los ritos y mitos más primitivos hasta ahora investigados, se ha encontrado que el ser humano ha estado animado de la idea de que ciertos gestos y palabras, más allá de su utilidad inmediata, tienen el poder de conjurar ciertas amenazas que se
levantan en el ambiente del mundo que le rodea. El ser humano, dado el descubrimiento de su propia vulnerabilidad, en lo más profundo de su ser se siente dependiente, bien de un grupo, de su buena salud, de la rica cosecha, o de la victoria sobre el clan enemigo. Desde comienzos de la humanidad, el ser humano de cara a la muerte, alcanzaba, a través de ritos de iniciación, una altura de comprensión que le presentó la necesidad de salvación como un componente explícito propio de su naturaleza.94
En este orden de ideas, se habla de salvación en otras culturas, cuando con sus doctrinas, ritos y otras prescripciones sacralizadas, se proponen fundamentalmente proporcionar al ser humano el medio y la explicación para poder escapar de una situación desgraciada general que involucra a la existencia de toda la humanidad, como lo es el mal y el problema del mal en el mundo y sus repercusiones.95 Sin embargo, la categoría salvación es en este sentido, equivoca, puesto que tiene maneras plurales de comprensión, según cada cultura.
Algo similar sucede con la categoría liberación. Según se aprecia en la amplia historia de la humanidad, la categoría liberación, ha acompañado no sólo la dimensión religiosa de cada ser humano y de cada pueblo, sino también, las demás dimensiones (social, política, económica, cultural, etc). La opresión, la injusticia, el maltrato físico o psicológico, el sufrimiento, la esclavitud, los gobiernos totalitaristas, hacen que hombres y mujeres, víctimas de estas formas de vida no deseadas ni queridas, busquen y deseen por muchos medios, la salida y liberación de tales situaciones. Algunas veces, las acciones encaminadas a liberarse de estas situaciones, se realizan de manera comunitaria, y otras sólo de forma individual, incluso sin tener que depender necesariamente de lo religioso, ni mucho menos vincularlo en los procesos humanos de liberación.
94 Cornélis, “Soteriología y religiones soteriológicas no cristianas”. En Feiner, y Löhrer Magnus (Dirs), Mysterium salutis. Tomo II, 619-621.
Por tanto, hacer la equivalencia directa de la interpretación de las categorías de salvación y liberación -en términos generales, no específicamente desde la fe cristiana-, a la comprensión cristiana de salvación, resulta equívoco y no análogo. Si bien, la salvación tiene repercusiones directas e inmediatas en la salud, la liberación de las desgracias, el bienestar personal y común; desde la comprensión cristiana, esta categoría es para el ser humano el sentido primero y último de toda su vida, por el cual, obra en el mundo, y en el cual encuentra su total realización y felicidad auténtica. La salvación cristiana, se fundamenta en un Dios que se ha encarnado en la humanidad, y que tiene nombre propio: Jesucristo. Por su parte, la liberación, tal y como Schillebeeckx la entiende, unida a la categoría de salvación, es aquella que tiene sus bases en el Evangelio, y que la tradición cristiana ha mantenido hasta nuestros días, es decir, la liberación que tiene en cuenta la acción siempre fiel y redentora de Dios en la vida del ser humano, y que implica, también, la tarea de liberar a los hombres y mujeres de toda forma de injusticia. Se trata de una redención -que no se comprende todavía de manera total- dentro de un mundo aún deteriorado y enfermo.
En consecuencia, teniendo en cuenta que salvación y liberación no son específicamente cristianas, la categoría que nos va a permitir integrar, de manera proporcional, estas dos categorías, es la de redención, según la compresión cristiana. Salvación y liberación son términos equívocos, en cuanto nos lanzan a una pluralidad de interpretaciones, teniendo en cuenta el contexto cultural de cada momento y lugar. Por esta razón, deben comprenderse análogamente, a partir de la categoría de redención, que podemos llamar unívoca, puesto que se refiere a una cultura y fe determinadas.
Por tanto, hablar de redención significa también, hablar –análogamente- de salvación y liberación desde el punto de vista cristiano: la redención es paz y satisfacción, es liberación de los pecados. Al redimirnos Dios en su Hijo Jesucristo nos ha salvado, y al salvarnos nos ha liberado del pecado, de la muerte, del sufrimiento, de la injusticia, de la angustia y de la opresión. En otras palabras, Dios
salva redimiendo y redime salvando, y en este proceso mutuo el ser humano consigue su liberación.
La experiencia de las comunidades cristianas, según nos lo narran las distintas tradiciones a lo largo de la historia de la teología, permiten comprender que gracias a Jesús -el Cristo redentor y reconciliador-, el ser humano puede afrontar la vida cotidiana con mayor fortaleza y esperanza. Cristo Jesús, es la mayor experiencia de redención, salvación y reconciliación en medio de las dificultades. De ello dan testimonio quienes han tenido experiencias salvíficas y liberadoras en sus vidas. Esto es precisamente lo que narran, por ejemplo, los escritos neotestamentarios.
En este sentido, la relación y analogía entre salvación, liberación y redención, permiten comprender, de una forma más amplia e incluyente, el sentido de la salvación cristiana. Y, especialmente, porque nuestra manera de comprender la redención, se centra en una salvación que al ser profundamente divina es también profundamente humana, es decir, que está encarnada en la humanidad, y que además, no espera sólo un “más allá”, un futuro absolutamente inasequible en el presente, o un estado fuera del mundo, para que se haga posible, sino que la salvación, liberación y redención, dadas por el Dios de Jesucristo, son ya una realidad que dan sentido a nuestro presente, y que nos permiten e invitan, además, a asumir nuestra existencia con mucha más responsabilidad y autenticidad, en el contexto y ambiente cultural donde vivamos.