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El hombre es un mamífero, más precisamente, un primate. Hace más de 100.000 años, se podían encontrar unos pocos miles, o a lo sumo, decenas o centenas de miles, en todo nuestro planeta. Como muchas especies parecidas a la nuestra (salvando las distancias), el hombre se fue dando cuenta de los beneficios que daba vivir en sociedad, por lo que juntándose poco a poco con sus pares formando pequeños grupos sociales a los que muchas veces (por no decir casi siempre) pertenecían a lo largo de toda su vida.

Por esa época (tal como pasa aún hoy en día), el hombre buscaba básicamente una cosa: sobrevivir. No solamente sobrevivir individualmente, sino sobrevivir como especie, por lo que también jugaba un papel fundamental la reproducción. Sobrevivir era, más que nada, ser capaz de conseguir alimentos y estar lo suficientemente protegido ante cualquier tipo de amenaza (incluso interna, dentro del grupo social). Reproducirse era… bueno, creo que no hace falta mucha explicación, ya que para lograr eso están leyendo esto, ¿no?.

Reproducirse era básicamente intentar multiplicar la especie, haciendo a su supervivencia. La forma de hacerlo era teniendo sexo con la mayor cantidad de mujeres genéticamente bien dotadas, que probablemente darían a luz descendientes aptos para sobrevivir y reproducirse también. Se pueden encontrar interesantísimas referencias e información de calidad sobre estos temas en el libro de Richard Dawkins llamado “El gen egoísta”, cuya lectura, a pesar de no hablar específicamente de los temas que nos interesan referidos a la seducción, es más que recomendable.

Si necesitáramos sobrevivir, tendríamos muchas formas de mejorar nuestras chances (aprender a cazar o a pelear son buenos ejemplos). Si nacemos con desventaja, deberemos buscar obtener ventajas por otro lado (como lo es aprendiendo cosas nuevas). En el mundo moderno, una buena forma de sobrevivir sería aprendiendo artes marciales, y de esta forma ante cualquier agresión, estaríamos mejor preparados. Un arte marcial, por definición, hace alusión al arte de la guerra, buscando la supervivencia mediante la autodefensa.

Ahora bien, ¿cómo podríamos mejorar nuestras chances de reproducción? Aprendiendo artes venusianas, es decir, cómo conseguir poder llegar a tener intimidad con una mujer, apuntando a la reproducción. El término artes venusianas fue acuñado por primera vez por Erik Von Markovik (conocido popularmente como Mystery) en honor a la diosa

marciales, y si queremos reproducirnos aprendemos artes venusianas (y para aprender eso están estas páginas).

A quienes aprendan artes venusianas, muchos de los miembros de la comunidad interesada en estos temas los denominan Pick-up Artist, palabras en inglés que significarían algo así como artista del levante. Otros, en cambio, prefieren llamarlos directamente artistas venusianos (Mario Luna, por ejemplo, los denomina Aven, por la abreviatura de artista venusiano). Como verán, los Aven sea como fueren llamados comparten algo en la denominación: lo llaman arte, y la verdad es que no están para nada equivocados.

Hacer todo de forma armoniosa y congruente requiere realmente mucho talento. Muchas veces, incluso, no estaremos simplemente levantándonos una mujer sino que estaremos casi haciendo un show frente a un grupo de personas, entreteniéndolas y atrayendo indirectamente a nuestro objetivo. En realidad, las diferencias entre un artista venusiano (Pick-up Artist) y otros artistas como los comediantes que actúan en vivo (Stand-up Artist) son muchos menos de las que pensamos, y las similitudes abundan (la interacción con otras personas, ser el centro de la atención, saber llevar un grupo, saber qué decir y cómo decirlo para producir las reacciones esperadas, etc).

Las artes venusianas no serán el único medio que tendrán los hombres para estar con mujeres, ya que lógicamente, si así fuera, sería mucho más complicada la reproducción de la especie. Muchos hombres tendrán de forma innata la mayoría de las características de un Aven sin necesidad de aprenderlas. Este tipo de personas son denominadas naturales, que vendrían a ser todos aquellos que tienen un, para algunos, inexplicable éxito con las mujeres incluso sin ser notoriamente apuestos, adinerados o famosos. Los naturales, mediante su actitud, son capaces de conseguir mujeres sin demasiados problemas, ya que lo llevan como algo que es parte de ellos.

La contrapartida de los naturales son los hombres promedio, que generalmente tienen dificultades para tener éxito con las mujeres. o bien lo tienen esporádicamente (casi podría decirse, de suerte). Estos hombres promedio, en la comunidad son generalmente denominados AFC (average frustrated chump, que significaría algo así como tipo frustrado promedio) o en los países hispanoparlantes también se los denomina fruscos. No es malo ser un frusco, ya que de hecho, la gran mayoría de los hombres lo son. Tampoco necesariamente significa ser un perdedor con las mujeres: simplemente, significa ser un hombre más del montón, que no se destaca por su éxito en este aspecto. Dentro de la categoría de fruscos o AFC encontramos a muchos de nosotros: los que suelen quedarse siendo amigos de las mujeres, los que son babosos y quieren aparentar tener muchas mujeres pero no las tienen, los tímidos que a duras penas pueden mirar a

los ojos a una mujer, o bien el vecino de al lado de casa que hace su vida normalmente pero tiene menos mujeres de las que querría (ya que simplemente es uno más del montón, lo cual no está mal, pero se deferencia de un aven en que este último buscará destacar y tener la mayor cantidad y calidad de mujeres posible).

Otros fruscos también son los que tienen un amor imposible desde hace años con quien nunca pudieron alcanzar lo que buscaban (algunos incluso pasan años observando de lejos a una mujer sin saber que hacer), sufriendo una especie de enfermedad obsesiva por ella que opaca cualquier intento con otras mujeres… lamentablemente, la desesperación por falta de mujeres a su vez hace que cada vez menos mujeres se fijen en nosotros, formando una especie de círculo vicioso del que se hace muy difícil salir. La mayoría de los aven serán fruscos reformados, que con tiempo y esfuerzo llegan a hacerse maestros en el tema. La falta de éxito con las mujeres es el detonador que hace que uno quiera mejorar debido a la falta de éxito innato que, en contrapartida, tienen los naturales. En general, los AFC o fruscos suelen entenderse poco con los naturales: es como si hablaran otro idioma en lo que a las mujeres respecta.

Los aven (o los fruscos en reformación, que empezaron a entrar en la revolución de las artes venusianas pero recién están aprendiendo), en cambio, ven a los naturales con otros ojos: son objeto de estudio y aprendizaje para ellos, y además, muchas veces también buenos amigos, ya que entienden exactamente lo que otros hombres promedio no. Los naturales, por otro lado, se sienten halagados de que alguien admire sinceramente su talento natural con las mujeres, y hasta puede aprender cosas que no tenían en cuenta gracias a los aven. En síntesis: se llevan bien y pueden complementarse.

Retomando a los conocimientos de biología con los que arrancamos, dijimos entonces que los hombres buscarían a las mujeres para reproducirse y mejorar la especie ¿Qué hembras eran las más dotadas genéticamente para la supervivencia de la especie? Las más bellas. En general, las mujeres más simétricas, con mejor relación de cintura/cadera, grandes pechos, bajo porcentaje de grasa corporal y otros atributos que hacen a su belleza y femineidad. Las que tenían estas características eran las mujeres genéticamente más deseables, ya que denotaban, entre muchas otras cosas, salud y fertilidad. Instintivamente, el hombre está diseñado para buscar hembras con estas características.

Las hembras o mujeres, en cambio, ¿qué buscaban para reproducirse? Nuevamente, buscaban los machos genéticamente más deseables, los que mejor capacidad de supervivencia y reproducción tenían, pero buscaban también otras cosas (ya no se

ser los únicos que procreaban con las mujeres, y el resto de los hombres solamente podía intentar llegar a ser el macho alfa del grupo en otro momento. Muchas de las características de un macho alfa estaban dadas básicamente por su poder (en este caso, generalmente relacionado a la fortaleza física, que indicaba genes más aptos para la caza o bien por la protección ante cualquier tipo de amenaza al círculo social).

Pues bien, parece que estamos hablando de hombres muy cercanos a los monos que vivieron hace miles de años, aunque realmente no es así, ya que en definitiva en algún punto seguimos siendo así. Ustedes, hoy en día, ¿buscan mujeres bellas? En general, si un amigo viene y les dice “estuve con una mujer ayer”, ¿qué es lo primero que preguntan? Generalmente, su curiosidad será saber si estaba buena, si era linda. Dudo que haya alguien que pregunte qué tan simpática era la mujer como primer pregunta. Es más, si nos quieren presentar una mujer, y cuando les preguntamos cómo es, nos dicen “es simpática” y no agregan nada más, instantáneamente sospecharemos que no es linda y en muchos casos la descartaremos.

Por más cruel y duro que suene, los hombres valoramos a las mujeres, especialmente, por su apariencia física, o al menos, ese es el primer gran filtro que una mujer debe pasar para entrar bajo nuestro radar en casi todos los casos. Insisto, quizás es cruel… pero es simplemente instinto. Como bien dice David De Angelo: “la atracción no es una elección”, y realmente, será algo incontrolable para nosotros (como así también lo será para ellas al encontrar lo que buscan).

El hombre naturalmente se siente inclinado a tener pluralidad de mujeres. En general, teniendo una mujer fija e importante, y poder de todas formas tener relaciones sexuales con otras si es que la oportunidad se presenta. Por más que no lo crean, la monogamia es simplemente una cuestión moral, legal o religiosa que se mantuvo en el tiempo, pero no es lo que naturalmente el hombre instintivamente busca. Cada uno hace lo que quiere con su vida, y puede tener las costumbres, creencias y valores morales que prefieran (sin que esto afecte su éxito con las mujeres, ya que es indiferente), pero por más que no estemos de acuerdo, naturalmente el hombre buscará tener relaciones con la mayor cantidad y variedad de mujeres disponibles ya que eso es lo que dicta su instinto.

Las ventajas para los hombres al pasar sus genes son obvias, y la mente estará diseñada de esta forma. Sin embargo, gran cantidad de hombres aún así decide tener una pareja fija a quien serle fiel (por conveniencia, practicidad, o como un acuerdo que sería imposible de llevar a cabo de no brindar exclusividad) reprimiendo sus deseos naturales de estar con muchas otras mujeres también. En consecuencia, no se sientan mal por ser hombres, y por sus deseos de estar con muchas mujeres: es culpa de la naturaleza, no de ustedes.

Aún teniendo en consideración lo expuesto previamente, uno puede tener una relación saludable con cualquier mujer: al menos yo lo hago llegado el momento, y no me quejo de no tener posibilidades de estar con otras mujeres al mismo tiempo, ya que si encuentro a la persona indicada prefiero ser fiel y tenerla al lado, antes que tener pluralidad de mujeres. El instinto puede ser reprimido, aunque eso no quite que naturalmente de todas formas exista.

Al hombre, naturalmente hablando y considerando sus chances de reproducción, llevar una vida de promiscuidad le ayudará. Piénsenlo de esta forma: cada mujer con la que está es una especie de cupón que llena para ganar un premio, y si el coste de cada cupón es relativamente bajo (no nos cuesta nada tener una relación sexual con una mujer, y de hecho, es placentero… el mayor riesgo real sería el contagio de una enfermedad de transmisión sexual, y aún así, probablemente pasen años donde podremos fecundar decenas de mujeres hasta morir, lo cual, biológicamente hablando, es negocio para la especie) mientras que los beneficios son muy altos, claramente vale la pena llenar tantos cupones como sea posible.

La mujer, dadas las circunstancias, estaba naturalmente destinada a convertirse en un recurso sexualmente escaso. A pesar de haber aproximadamente el mismo número de hombres y mujeres, la mujer es fértil sólo en un período concreto del mes mientras que el hombre lo es siempre. Una vez fecundada, deja de ser fértil por al menos nueve meses, mientras que el hombre puede seguir fecundando mujeres sin problemas.

Hagan las cuentas conmigo: diez mujeres, un hombre… en nueve meses, tenemos diez bebés. Diez hombres, una mujer… en nueve meses, tenemos un solo bebé (obviamente, sacando posibilidades de nacimientos múltiples que no son la regla general). Inevitablemente, en consecuencia, la mujer sexualmente es un bien escaso. Vale agregar, además, que la mujer no es fértil toda su vida, mientras que el hombre no tiene límite de edad.

Esa situación de escasez es lo que hace que sea la mujer la encargada de elegir al mejor candidato, que con sus genes le dará a su hijo mejores chances de sobrevivir y replicarse. El mejor candidato, muchas veces, es el mismo que el de las demás: eso no importa, ya que recordemos que un hombre puede fecundar a muchas mujeres. Eso, indirectamente, recorta aún más las posibilidades de éxito del resto de los hombres. La mujer no tiene mucho margen de error a la hora de elegir: si quien elige no vale la pena, sería muchísimo tiempo y esfuerzo perdido de forma innecesaria. Nueve meses de embarazo, muchos más hasta que el bebé se pone grande y fuerte, y aún mucho más hasta que puede empezar a valerse por sí solo. La inversión es muchísima (mientras que

inferior al de las demás (que se reprodujeron con el mejor candidato y tienen una genética más apta para sobrevivir), sino que además durante la mayoría de ese tiempo no podrá criar otro hijo.

Teniendo esto en cuenta, resulta completamente lógico porqué más de una vez estamos condenados al fracaso con determinados tipos de mujeres: una vez cometido un error muy grave, quedamos fuera de su lista de candidatos de forma irremediable, y será mucho más difícil remendar el error para volver a la lista que empezar desde cero con cualquier otra con la que no hayamos cometido errores.

Esto también explica porqué la mujer se siente mal, o es condenada por la sociedad, al estar con muchos hombres. Las mujeres actuales descienden de mujeres que no fueron proclives al sexo libre con el primer hombre que se le cruzara, por lo que evolucionaron de forma tal de no permitir que eso pase. Sentirse una chica fácil entonces será imperdonable, y la actividad sexual esporádica no solamente no será común en la mayoría de ellas sino que será repudiada siempre que sea posible. Nuevamente, su instinto arrastrado por miles de años de evolución se impone frente a lo que hoy en día es una actividad placentera de bajo riesgo para ellas (y muy pocas lo entienden así, lamentablemente).

¿Qué tan importante es el instinto natural al momento de elegir un compañero sexual o una pareja? Deberíamos, para responder esta pregunta, saber como funciona su cerebro. Como ocurre con muchos otros objetos de estudio, al estudiar la anatomía del cerebro desde el proceso evolutivo que lo originó hace que lo podamos analizar de mejor manera. Desde esta perspectiva, el neurocientífico norteamericano Paul MacLean llegó a interesantes conclusiones después de analizar profundamente los trabajos previos de James Papez sobre la biopsicología de la emoción.

MacLean dice que el ser humano cuenta de “un cerebro triple”, ya que el cerebro tiene tres capas o niveles:

 El cerebro reptiliano, que comprende el tallo cerebral, regula los elementos básicos de supervivencia, como la homeostasis. Es compulsivo y estereotipado.  El cerebro paleomamífero, que comprende el sistema límbico, añade la

experiencia actual y reciente a los instintos básicos mediados por el cerebro reptil. El sistema límbico permite que los procesos de sobrevivencia básicos del cerebro reptil interactúen con elementos del mundo externo, lo que resulta de la expresión de la emoción general. Por ejemplo, el instinto de reproducción interactuaría con la presencia de un miembro atractivo del sexo opuesto, lo que genera sentimientos de deseo sexual.

 El cerebro neomamífero, la neocorteza, regula emociones específicas basadas en las percepciones e interpretaciones del mundo inmediato. Los sentimientos de amor hacia un individuo particular serían un ejemplo de este tipo de emoción. Estos cerebros han evolucionado en ese orden, partiendo de lo más básico hacia lo más complejo. A pesar de estar interconectados, existe una especie de inarmonía entre ellos ya que de vez en cuando pueden actuar con cierta independencia o imponerse a los otros.

Al encontrarnos frente a un conflicto, suele predominar lo instintivo antes que nada (es decir, el cerebro más básico, el reptiliano). Lo mismo sucede en cuanto a generar atracción: las mujeres responderán mucho mejor frente a estimulaciones instintivas y básicas, que frente a estimulaciones más complejas. Las mujeres encontrarán más interesante, por ejemplo, un hombre demostrando poderío sobre el resto antes que una serie de argumentos elaborados de porqué deberían sentirse atraídas por nosotros. Debido a esto, en general, no tiene sentido explicarle a una mujer que hace las cosas bien o mal, o que debería sentirse atraída por nosotros: simplemente, el cerebro reptiliano “es más fuerte” incluso sabiendo que lógicamente no es así. Por eso al atraer a una mujer, deberemos hacerlo desde un plano más profundo, del que ni siquiera ellas sean conscientes… deben reaccionar como cuando uno toca el fuego e instantáneamente saca la mano, y no como el adulto que le explica al niño que no ponga la mano en el fuego porque se va a quemar (ya que de todas formas, probablemente, lo terminarán haciendo). Servirá más que el niño se queme y aprenda, que toda la explicación de sus padres por más buena que sea. Con las mujeres, lo mismo.

Otra especialista llamada Magda Arnold razonó que, para que un estímulo provoque una respuesta o un sentimiento emocional, el cerebro primero debe evaluar el significado del estímulo. Después, las evaluaciones llevan a las tendencias a la acción. Según esta teoría, lo que da cuenta de los sentimientos conscientes es la tendencia sentida a dirigirse hacia objetos y situaciones deseables, y a alejarse de los no deseables. Aunque las evaluaciones pueden ser conscientes o inconscientes, tenemos acceso consciente a los procesos de evaluación tras el hecho. Es decir, incluso frente al instinto hay siempre una evaluación previa del hecho en el plano emocional.

Aún así, hoy en día hay muchas prácticas que van contra el instinto natural, como por ejemplo, ¿qué sentido tiene que en el mundo moderno nos atraigan los pechos grandes y firmes cuando cualquier mujer puede hacerse una cirugía plástica para aumentarlos? ¿Y el maquillaje o tratamientos cosméticos de todo tipo? O bien, ¿cómo beneficiamos a

como los preservativos? Sin embargo, el instinto está: para nuestro organismo, ese tipo de acciones será como haber reproducido la especie.

Sabiendo todo esto, no deberemos excedernos: como bien dije previamente, al menos en mi caso, si decido establecer una relación seria y sincera con una mujer, hago las cosas bien. Hacer las cosas bien, indirectamente, significa reprimir mis deseos de estar con otras mujeres, para poder tener a la mujer que quiero al lado mío a largo plazo (y esto lo considero negocio, ya que si no lo hiciera, no estaría con ella). Tampoco vale justificar

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