Este territorio corresponde al que usan los jóvenes para pasar el tiempo, también al que definen las pandillas como suyo. En el primer caso, el uso del espacio que hacen estos grupos lo copa por completo de tal manera que terminan apropiándoselo. Ocu- rre algo parecido a lo que ha sido observado en los patios de recreo en los colegios mixtos, los niños con sus juegos, los balones y sus movimientos ocupan toda el área disponible; las niñas consiguen algunos rincones donde se instalan a jugar y aún ahí pueden resultar invadidas por un balón o por el chico que viene en su búsqueda. En el caso de las pandillas, la adscripción al área no es inocua, su transgresión puede terminar en muerte. Pero no siempre la circulación por la zona determinada como propia está prohibida. La pandilla decreta quién puede transitar o no por ese espa- cio y cómo se paga la infracción. En general el territorio está vedado a integrantes de otras pandillas con quienes el origen de la rivalidad no es muy claro. Lo que sí está presente en la memoria de todos, es cuál fue la última agresión de la que fue vícti- ma el grupo y quién o quiénes deberán pagar por ello. El territorio de las pandillas, que no es otra cosa que un fragmento del espacio público, le es sustraído a otras pandillas. La paradoja es que la pandilla en su ejercicio de control del pedazo que considera suyo termina confinándose muchas veces a su cuadra.
También la población se ve despojada del espacio público en el que parchan esos jó- venes. Por lo general entre las personas del barrio están claras las líneas imaginarias, como las llaman, que sirven de frontera y saben que no están vedadas para ellos. A pesar de que con excepción de la pandilla antagonista se puede circular libremente por estos territorios, el uso que hacen los jóvenes de pandillas o no de ese espacio termina vendándolo para el resto. En suma, se asiste a la apropiación de espacios públicos para el beneficio privado. No fueron necesarias para ello cercas o muros, bastó con la imposición, la del que se congrega y usa la fuerza y el desdén por los y las otras, tal y como se planteó en la segunda parte de este libro.
A continuación algunos ejemplos de cómo lo viven las mujeres y los hombres de los barrios:
[En Santo Domingo de Guzmán, en Barranquilla]. Ese parque en la noche ya no es de la comunidad sino que es de ellos porque ahí llegan y empiezan a consumir y ese olor es insoportable. Y además le roban a las personas que pasan por ahí […] Ellos no son más que nosotros, yo no me voy a dejar, ellos quieren ocupar el espacio nuestro. Ellos ya están atracando a la gente del barrio, si ven pasar a alguien con algo que les gusta se lo quitan. No se puede estar en las esquinas del parque.
[La Pradera, Barranquilla]. Hay enfrentamientos. El parque ya no se puede usar porque está siendo usado para peleas, tiradera de piedras, enfrentamientos, consumo de droga, venta de droga. Se van a La Pradera, al parque, se van a meter vicio desde muy temprano.
En el campo de juego del barrio 7 de agosto de Barranquilla confluyen los consumi- dores, también atracan y se han presentado algunos casos de violación. Ese campo había sido construido por los mismos chicos del barrio. Lo desmontaron y ellos mis- mos hicieron los marcos, hicieron la cancha. “Ahí es un atracadero impresionante, es como la sede de los marihuaneros”.
En La Chinita, Barranquilla
Los únicos espacios que tiene la comunidad son un colegio que, en todo caso, queda fuera del barrio, la iglesia, un puesto de salud, dos colegitos pequeños, dos casas comunales y una cancha. El balance muestra que hay más zonas con riesgos que cosas que aportan a la comunidad. La cancha tiene cuatro lámparas, las cuatro lámparas no alcanzan a alumbrar toda la cancha. Las partes oscuras son peligrosas, los niños que llegan a jugar se encuentran con los que están consumiendo.
En Kennedy, el parque de Casa Blanca era utilizado por mujeres adultas para hacer ejercicio pero ya no lo frecuentan tanto porque están los grupos de jóvenes dro- gándose. En el parque hay consumo de estupefacientes y atracos a niños y niñas por eso lo evitan. En La Esmeralda niños pequeños de no más de 10 años cogen la cancha para jugar futbol como territorio para la pelea.
Por último una joven hace referencia a la apropiación del espacio público por parte de unas pandillas y el riesgo que existe si se intenta hacer uso del derechoa la libre circulación. “Retomando lo que contaba del colegio, ese sector está dominado por pandillas, porque para poder entrar debes tener permiso. Es decir, no puedes entrar sin autorización porque enfrentas el riesgo a que te pase algo muy grave.”
Ciberespacios
4Los ciberespacios son los nuevos territorios. Las redes sociales y su uso hacen los primeros trazados de asociaciones antagónicas que refuerzan su identidad a partir de la agresión hacia el o la otra. Tienen cierta relación con los territorios para parchar pues generan afinidades y sobre todo oposiciones que llevan al enfrentamiento vir- tual violento y a veces también al real.
En Cartagena un joven mencionó que Facebook es utilizado por las pandillas para pelear. Y en Kennedy un grupo de jóvenes hizo referencia a las agresiones que hay entre seguidoras de distintos cantantes, estilos o grupos musicales. Las adhesiones a un intérprete u otro son irreconciliables y las jóvenes se alinderan listas para salir a proteger a su ídolo. Los grupos de fans de moda están determinados por los éxitos de Youtube: el joven cantante canadiense Justin Bieber y su canción Baby, el corea- no PSY (Park Jae-sang) con su éxito Gangnam Style o la música popular coreana (K-pop, por sus siglas en inglés).
Un ejemplo de tránsito de las agresiones desde el ciberespacio hacia el mundo tan- gible de los golpes se dio con ocasión del concierto que ofreció el grupo coreano U-Kiss (representante del K-pop) en el parque Simón Bolívar. Las jóvenes narran que mientras transcurría el concierto hubo ataques por parte de quienes declaran no ser adeptos de los Ubiquitous Korean International Idol Super Star de donde sale al acrónimo del grupo.
4. La identificación del Ciberespacio como territorio es una propuesta de Ermina Herrera quien lo sugirió durante la presentación de avances de esta investigación a las compañeras de CPC.