• No results found

Limbic boundary segmentation

4.2 Iris segmentation using ` 1 norm regression

4.2.2 Limbic boundary segmentation

En el caso de Latinoamérica, tenemos un conjunto de autores que han explorado antropológicamente aquello que han llamado globalización. Ese es el caso de Néstor García Canclini, antropólogo y filósofo de origen argentino y radicado en la ciudad de México. Este antropólogo, publicó un texto titulado “La globalización

imaginada” (1999), aquí sugiere que la globalización posee diversas formas de

entenderse y que incluso podrían ser antagónicas. Para Néstor García Canclini, hay un discurso hegemónico e imperante sobre la globalización entendida como la etapa superior e inevitable del capitalismo, como una suerte de ultima etapa, además, el capitalismo y el liberalismo son hechos incuestionables. Por lo tanto, se porta como una manera que busca homogeneizar y arrasar con cualquier tipo de diferencia cultural, por lo tanto, García Canclini, se pregunta sobre que papel desempeñaría la

interculturalidad en el mercado y la globalización, por lo menos es esa supuesta versión homogeneizan.

Para este antropólogo lo que sucede con la globalización es algo que arrastramos de la modernidad, no es una etapa que supera la modernidad, sino que la amplía. En ese sentido, el tiempo globalizado, los regímenes de saber y la creación en el campo de la ciencia y el arte no solo tiene que lidiar con mecenas sino con un poder en la sombra, una suerte de poder diseminado. Por otro lado, la globalización está asociada a imaginarios, en el sentido que un gerente de una empresa transnacional posee una visión de la globalización, lo cual puede diferir de una familia mexicana o peruana; no obstante, tanto políticos, economistas y académicos asumen la globalización bajo un carácter circular mientras que la mayoría imagina globalizaciones tangenciales. Para García Canclini, los diversos actores de la sociedad imaginan de manera diferenciada la globalización, sea circular o tangencial (García Canclini N. , 1999). Su rasgo central será el relacionarnos con muchas sociedades e intensificar los intercambios.

Complementariamente, en una entrevista, en el 2001, señala que hay una sobreutilización del concepto globalización, por lo tanto, es una especie de valija

mal hecha, por eso es necesario diferenciar bien los procesos que pueden ser de escala planetaria, y con ello se refiere a la globalización circular donde por ejemplo estarían los mercados financieros, la economía, etc., por su dimensión interdependientes y planetaria; pero hay otro tipo de globalización que es de tipo

tangencial, como lo que sucede en América Latina (García Canclini N. , 2001). Para García Canclini, así como los diversos actores, imaginan la globalización, aquí utiliza el concepto de “horizonte imaginado”, también existen diversas narrativas sobre lo que significa globalizarse. No obstante, señala que su rasgo central es la intensificación de interconexiones entre sociedades, pero también a eso se suman metáforas y narrativas e imágenes, en su perspectiva, la globalización aparece como utopía que entra en fricción con las diferencias culturales reales y concretas. Según

García Canclini, las metáforas se usan para imaginar lo diferente y las narraciones ritualizadas para darles un orden, en esa perspectiva, este antropólogo le interesa pensar la globalización.

Por otro lado, al respecto de la discusión entre lo global y lo local, García Canclini sugiere que estos constituyen diversos niveles de abstracción y concreción vinculados a la manera cómo se estructura la economía, la política y la cultura. Desde su perspectiva es necesario ir más allá de esa oposición y “reelaborar las articulaciones entre lo concreto, lo abstracto, lo inmediato y lo intercultural” (García Canclini N. , 1999, pág. 29). Al mismo tiempo, aquí hay una apuesta por trabajar con las metáforas que permitan pensar los cambios en la manera de hacer cultura y comunicarnos. Sugiere también que es necesario que no reduzcamos la dicotomía global/local, sino situarlo en “recomposición general de lo abstracto y lo concreto en la vida contemporánea y en la formación de nuevas mediaciones entre ambos extremos” (García Canclini N. , 1999, pág. 30). Como se puede apreciar en muchos momentos de la argumentación de García Canclini, hay cierta oscuridad epistemológica, puesto que en muchos casos parece que cayera en un juego de palabras recomposición de lo abstracto y lo concreto, es posible se refiera a ese mundo de lo “imaginario”, las “narrativas” y las “prácticas sociales” más concretas. En efecto, en el contexto mundial, la desigualdad sigue galopando. en este escenario, García Canclini sugiere que existen procesos culturales y económicas y hay quienes obtienen más provecho gracias a la expansión del mercado, así como hay economías y culturas periféricas, mientras otros quedan “descolgados de los circuitos globales” y por lo tanto, hay desigualdades que se vinculan con la capacidad de estar dentro o fuera de los circuitos globales (García Canclini N. , 1999). No obstante, García Canclini, cae en la trampa de una dicotomía “colgado/descolgado”; “dentro/fuera” de los circuitos globales, dicotomía que en general oculta las relaciones de dependencia estructural de los mercados internacionales y las dinámicas del mercado. En muchos casos podemos ser parte

que podemos ser parte, pero desde una posición subordinada.

Por otro lado, Gustavo Lins Riberio (1996) sugirió que existe entre la globalización y la transnacionalización una suerte de comunidad transnacional imaginada-virtual. Tanto la globalización como la transnacionalización son dos fenómenos asociados. No obstante, sugiere que la globalización puede ser definida a partir de “la expansión planetaria de la red de la economía política capitalista” (Ribeiro, Globalización y transnacionalización: Perspectivas antropológicas y latinoamericanas, 1996, pág. 41), siguiendo en parte la lógica del sistema-mundo, señala que es parte de su expansión histórica; por ende es un proceso histórico, económico y tecnológico. Según Ribeiro, nuestra modernidad está marcada por la “velocidad” y la “simultaneidad” que hacen que el mundo se encoja. Ribeiro señala que le interesa el transnacionalismo como “ideología que organiza las relaciones entre personas a nivel global” (Ribeiro, Globalización y transnacionalización: Perspectivas antropológicas y latinoamericanas, 1996, pág. 42). En su perspectiva, el análisis de los global supone también jugar con los conceptos de “espacio” y “territorio”. (Ribeiro, 1996)

Sin embargo, su teorización sobre la globalización lo ha llevado a mirar otros procesos y actores, y sugiere que la globalización se ha caracterizado por prácticas en manos de los agentes multinacionales y transnacionales en el marco del neoliberalismo, el capital financiero y las corporaciones transnacionales como actores hegemónicos. A pesar de esto, Gustavo Lins Ribeiro (2006) también se ha concentrado en el análisis de procesos que podrían ser llamados como la “globalización desde abajo”, analizando por ejemplo los movimientos de resistencia política a la globalización neoliberal (Ribeiro, 2006).

Otro investigador igualmente importante por la repercusión de sus ideas en Latinoamérica es Arturo Escobar, quien 1998 publicó una obra muy leído y analiza en distintos campos académicos titulada “La invención del Tercer Mundo:

sugiere la importancia y la centralizada que posee el concepto de lugar, no solo en términos teóricos sino también en términos políticos. Desde su óptica, no hay duda que los espacios locales están atravesados por procesos globales, por lo tanto, la evidencia de las diásporas, la migración, el cruce de fronteras, permiten evidenciar que la cultura y la economía son modificados por procesos globales. No obstante, muchas veces se ha insistido en el olvido del lugar, por lo tanto, la propuesta de Escobar se dirige a “enfocar de nuevo la constante importancia del lugar y de la creación del lugar, para la cultura, la naturaleza y la economía” (Escobar, 2000, pág. 68). En el fondo, no solo hay una estrategia académica también política, puesto que el verdadero objetivo es construir alternativas a la hegemonía de la globalidad imperial, por esa razón “cualquier salida alterna debe tomar en cuenta los modelos de la naturaleza basados en el lugar”. (Escobar, 2000, pág. 68)

En efecto aquí opera una reivindicación del “lugar”, pero esto podría traer consecuencias para el trabajo antropológico en sí mismo, por lo que habría que estar muy atentos de no caer en la esencialización. Así, el propio Escobar se pregunta: “¿Cómo reconcebir la etnografía más allá de los lugares y culturas limitadas espacialmente? ¿Cómo explicar la producción de diferencias en un mundo de espacios profundamente interconectados?” (Escobar, 2000, pág. 69). Este antropólogo critica el hecho de que con el “frenesí” por la globalización hayamos soslayado el papel del “lugar”. En este aspecto, retoma las criticas de Julie Graham y Catherine Gibson, quienes afirman que las teorías de la globalización y el postdesarrollo son capitalo-céntricas, puesto que ponen al “capitalismo” en el centro de la narrativa del desarrollo (Gibson y Graham 1996: 41).

Asimismo, en su argumentación retoma a Arf Dirlik (1997), quien sugiere que el lugar y la conciencia basada en el lugar han sido marginalizadas en los debates de lo local y lo global. Por esa razón, buena parte de la literatura sobre lo local/global desaparece el papel del “lugar”. En esta dicotomía “lo global” está enlazado con el espacio, el capital, la historia y la acción humana; mientras que “lo local”, se

es que en la asimetría entre lo local/global, el lugar aparece como subordinado a la fuerza global. Esta no es sino, una de las caras de discurso dominante y hegemónico de la globalización, como si fuera ésta una marea que arrasa con todos los lugares. Sin embargo, esto contrasta con la evidencia empírica propiciada por los movimientos sociales quienes articulan su demanda política y ecológica a partir de la centralizad del lugar, la identidad, la historia, y sus otros modos de articularse con la naturaleza. Por esa razón, Escobar pone en la mesa la pregunta hasta dónde el lugar puede constituirse en un proyecto, basado en la crítica del poder (Escobar, 2000).

En la perspectiva de Escobar, ir contra la globalidad imperial supone ir más allá del pensamiento de que el lugar es residual o una cuestión de nostalgia. La resistencia frente a la globalidad imperial supone “activar lugares, naturalezas y conocimientos locales”, como forma de resistir e ir contras las tendencias al capitalismo y la modernidad. Aun cuando lo local es parte de lo global dentro de la lógica de la mercantilización. Más allá de esto, el “conocimiento del lugar” y la “identidad” pueden resistir y engendrar significados alternativos de economía y naturaleza. Esto podría ser una oportunidad de no dejarse ganar las lógicas dominantes del capitalismo que atraviesan la naturaleza y la economía (Escobar, 2000).

Más adelante, en el 2005 publicó un artículo titulado “Más allá del tercer mundo:

globalización y diferencia” (2005). Aquí el filósofo y antropólogo señala que la globalización es una palabra que se repite en los espacios de poder, y al margen de las posiciones políticas, hay una idea en común, la “universalización de la modernidad de corte euro-americano”, siguiendo a Giddens subraya que la globalización implica la profundización y universalización de la modernidad. La propuesta de Escobar, va en otro sentido, al decir del propio autor, es diametralmente opuesta, así la globalización supone la idea de pensar que “es posible postular la idea de que la globalización devenga en un pluriverso, es decir, en un espacio plural (…) es decir, una verdadera multiplicidad de configuraciones

político-culturales, diseños socio-ambientales y modelos económicos.” (Escobar, 2005, pág. 11)

No obstante, su perspectiva de la globalización lidia con una visión y una práctica que puede entenderse como globalidad imperial, esta “verdadera brutalidad” al decir del autor, tiene mucho que ver con la invasión de EEUU a Irak y otros eventos. Para el caso, colombiano, Escobar sugiere que globalidad imperial se hace patente a través de un estado cuasi-permanente de "pequeñas guerras crueles", parafraseando a Alain Joxe (2003). Desde esta perspectiva, el enfoque neoliberal del imperio estadounidense se conjuga con una globalidad opresiva y sus múltiples formas de ejercer violencia, y la globalización neoliberal agudiza las crisis. Para Escobar el mundo que está siendo creado por la colonización desde arriba o la globalización hegemónica. En esa línea de ideas, retoma las reflexiones de Alain Joxe, sobre la globalidad imperial y asegura que:

“(la globalidad imperial) opera crecientemente a través del manejo de una violencia asimétrica y espacializada, del control territorial, de las masacres sub-contratadas y de las "pequeñas guerras crueles", las cuales en conjunto buscan la imposición del proyecto capitalista neoliberal. En juego está un tipo de regulación que opera mediante la creación de un nuevo horizonte de violencia global. Este imperio regula el desorden a través de medios financieros y militares, empujando el caos hasta sus afueras, creando una paz "predatoria" que beneficia a una casta noble global, dejando incalculable sufrimiento en su camino” (Escobar, 2005, pág. 29).

Escobar insiste en una pareja de conceptos, “globalidad imperial/colonialidad global” ante esto es posible que exista una globalización contra-hegemónica de los movimientos sociales. En esa perspectiva, señala que estos movimientos pueden definirse como anti-globales en la medida que niegan el proyecto de universalización de la modernidad capitalista expresado en la globalización

sociales tienen como base el “lugar”, comprendido este como “son sitios de culturas vivas, economías y medio ambientes antes que nodos de un sistema capitalista global y totalizante” (Escobar, 2005, pág. 41). Apoyándose en Gibson-Graham (2003), argumenta que estas son respuestas a las “políticas del imperio”. Siguiendo a este ultimo autor, trae a la reflexión la definición, en tanto que "los lugares nunca son totalmente capitalistas, y en esto subyace su potencial de devenir en algo diferente" (Gibson-Graham 2003: 15). No obstante, esto no quiere decir que los lugares son “puros” también, en su devenir histórico pueden haberse articulado con las dinámicas y estructuras del capitalismo.

4.4 Discusión.

A modo de recapitulación podemos señalar que el trabajo de June Nash, es más que inspirador. La preocupación de Nash como antropóloga es comprender sus objetos de investigación y el famoso “presente etnográfico” en medio de una compleja interacción de variables y procesos que podrían ser ubicados en la larga duración, dentro de la lógica del sistema mundo. En ese sentido, aspectos como los procesos de industrialización, la burocracia imperialista y otros podían tener importantes implicancias en los espacios locales. De este ejercicio, se desprende que la configuración de lo local no es solo a partir de sus fuerzas internas, sino a partir de la dialéctica entre el pasado el presente y los complejos campos de fuerzas y tensiones.

En su mirada el concepto de sistema-mundo juega un papel importante para ubicar el papel de los actores del capitalismo contemporáneo como son las corporaciones y las empresas trasnacionales. Muy tempranamente, Nash advertía siguiendo las preocupaciones de Wolf que el rol del antropólogo cambiaría y que el campo de las relaciones globales sería un aspecto que se tomaría más en consideración dentro de las estrategias analíticas y el trabajo de campo mismo. En esa perspectiva, reivindica el trabajo de campo, y subraya la importancia de encontrar formas de aterrizar el andamiaje conceptual de sistema-mundo a partir de un abordaje

etnográfico de las llamas zonas periféricas, puesto que está revestida de una complejidad cultural y sistémica. Así, el análisis sistemático de las tensiones, las relaciones de fuerza y dinámicas entre los centros y las periferias pueden ser analizadas a fin de comprender cómo los actores del sistema son parte de las contradicciones que reproduce el mismo sistema capitalista y que perpetua las iniquidades y desigualdades en el orden global. Esto no quiere decir que esa relación entre centros y periferias sea estática o monolítica, todo lo contrario, las contracciones y los sistemas de fuerza que envuelve las dinámicas del sistema mundo hace que estemos en constante búsqueda de las estrategias, reacomodos y tácticas de los actores en el sistema-mundo, los ejercicios de rebeldía y desorden anti-sistémico. Sobre este aspecto es muy importante a retomar línea de las crisis cíclicas, porque para Nash, el orden de integración global, no es un proceso armónico, sino cargado de fricciones y vaivenes, y en esa perspectiva, pondera el papel de los movimientos sociales y sus luchas por construir una alternativa la hegemonía neoliberal. Quizá un aspecto general de Nash, es que piensa los problemas locales desde una perspectiva global.

Por otro lado, Marcus se convierte en un fuerte critico de las limitaciones que ofrece el trabajo etnográfico, su búsqueda se orienta a reubicar en un plano más complejo de relaciones globales el propio trabajo etnográfico. Aquí un aspecto problemático es el papel de lo histórico en la táctica análisis y en la reflexión etnográfica. Por esa razón la preocupación de Marcus es tratar de conjugar una perspectiva macro con una micro-descripción e interpretación, es decir, conjugar una mirada histórica del proceso con el aquí ahora del presente etnográfico. Todo esto sería plasmado en la misma textualidad etnográfica, para lo cual es necesario que ambas sean reintegradas en la misma táctica analítica. Desde la perspectiva de la textualidad, para Marcus es clave el efecto de la simultaneidad e interdependencia en procesos, variables sociales y culturales que atraviesan lo local, y en ese marco, es necesario tener claro el papel del capitalismo en las fricciones de lo local.

En ese sentido, debemos relevar las contribuciones de Hannerz, quien asegura que ese presente etnográfico, ese “aquí y ahora” del etnógrafo es algo que debemos de repensarlo, en el sentido, que ya no son escenarios de mosaicos, de bordes duros y bien definidos. Su experiencia de campo en África, le permite sugerir que existen interacciones culturales con procesos más macro, más globales. Siguiendo esa perspectiva, explora la relación entre los flujos culturales transnacionales y la continua creatividad cultural en la periferia. Hannerz aboga por una “macro- antropología de la cultura” la misma que juega con el modelo teórico de Wallerstein y enfatiza la relación del sistema-mundo y su relación centro-periferia. Para Hannerz, la antropología podía sumarse al estudio de sistema-mundo y apuntar a formas de mirar los sistemas de significado que nos ocultan sus conexiones con los hechos de poder y la vida material. (Hannerz, 1987, p. 556).

Por otro lado, los trabajos de Marshal Sahlins, constituyen un esfuerzo estimulante, en el sentido que el peso de las relaciones históricas es muy importante, pero sobre todo se revela como pieza clave para entender procesos culturales más complejos. Un aspecto muy importante desde la óptica de Sahlins, es que el orden de lo global no es en sí producto de un proceso histórico llamado capitalismo, y en ese sentido hay que entender que el sistema-mundo capitalista es producto de esa relación tensa, compleja y dialéctica entre los centros y la periferias, lo mismo que los críticos de la teoría decolonial latinoamericana insisten, en el hecho de que la modernidad no es un proceso unilateral sino que su configuración tiene como contraparte la colonialidad sin la cual no puede haber emergido como proceso social e histórico. Y en esa perspectiva, analiza la relación dialéctica entre el sistema- mundo moderno y las sociedades tribales de Hawaii, lo que supone tener en consideración los actores coloniales y las dinámicas de comercio transnacional que incluyen a China. En esa perspectiva, Sahlins nos advierte con acierto que existe un discurso dominante de la globalización, que se resume en una metáfora, como una ola devastadora, donde las culturas locales quedan borradas del mapa. Ante esto,

Related documents