• No results found

Según Atkinson

87ª APRENDA U PRACTIQUE “LA FÓRMULA MAGISTRAL”. Esta fórmula

va a ser como el “Ábrete Sésamo” para que usted pueda entrar al salón de todos los tesoros de la personalidad. No deje de leer y releer lo que le vamos a decir en seguida acerca de la famosísima Fórmula Magistral que le enseñará las Leyes del Éxito. La lectura de lo que sigue le puede hacer mucho bien.

Insistimos aquí en algunas ideas que ya se dijeron al principio de este libro, pero que son extraordinariamente importantes. La FORMULA MAGISTRAL es un activo principio en el cual los antiguos sabios resumieron admirablemente las cinco cosas que hay que hacer para llegar al triunfo.

Muchísimos discípulos modernos las han puesto en práctica y han conseguido resultados admirables.

Los cinco elementos que componen la Fórmula Magistral son:

1. Tener ideales definidos.

2. Sentir deseo insistente por conseguirlos. 3. Confiada esperanza de que sí se conseguirá.

4. Perseverante determinación de luchar por conseguir lo que se quiere. 5. Pagar el precio que el ideal exige.

En otras palabras, la Fórmula Magistral es una escalera para llegar al éxito que se desea, y se compone de cinco escalones:

I. Saber exactamente qué es lo que se desea conseguir ( o sea: ¿cuál es su ideal?).

II. Desear con gran vehemencia conseguirlo.

III. Tener esperanza cierta y gran confianza de que sí se conseguirá.

Transcripción: Cesar A. Acosta B. 74

IV. Determinarse, proponerse conseguirlo sin desanimarse ni echar pie atrás en el esfuerzo.

V. Hacer todos los sacrificios que exige el ideal que uno se ha propuesto.

LO PRIMERO:

IDEAL es: una idea clara, concreta, firme y positiva de lo que se desea conseguir o llegar a ser. Es lo que anhelamos; a lo que aspiramos, el fin que nos proponemos, la intención que tenemos, el propósito que deseamos cumplir; aquello que esperamos o queremos obtener…. Ideal es algo fijo a lo cual queremos llegar.

La gente para expresar lo importante que es el tener ideales bien definidos dice: “Es preciso saber exactamente qué es lo que se desea ser o conseguir”.

Cuanto más claros y definidos sean los ideales, o propósitos o fines que uno desea conseguir, mayor será la potencia mental que nos empuje a obtenerlos.

Transcripción: Cesar A. Acosta B. 75

Marden dice: “Los grandes realizadores trabajan poco con sus manos. Casi todo lo fabrican con su pensamiento. Planean, sueñan, idealizan… y luego les llega la realidad del triunfo. Muchos no vencieron nunca su pobreza material porque no fueron capaces de vencer antes su pobreza mental. No pensaron y por tanto no triunfaron. Muchos fracasaron porque no tuvieron ideales”.

Es imposible ponderar debidamente la importancia que para adquirir éxito y personalidad tiene el proponerse un ideal bien definido, y amar ese ideal. Conocer con exactitud lo que deseamos, es el primer paso que hay que dar, y el no saber exactamente qué es lo que se desea conseguir ha sido para muchos la causa de su fracaso. Uno puede ser enérgico y cumplir los otros cuatro puntos de la Fórmula Magistral, pero si no tiene bien definido el ideal de lo que desea conseguir puede quedarse “varado” en mitad del camino.

Del sabio Einstein, inventor de la bomba atómica, dicen que era tan distraído que un día en un tren lo vio preocupado el cobrador y le preguntó: “Doctor, ¿qué le sucede? Ah, respondió el sabio: es que se me perdió el tiquete”. Por eso no hay afán, le dijo el cobrador, yo no le cobro el pasaje. – Sí, le dijo Einstein, pero es que lo grave es que ahora no sé para dónde es que viajo… Esto que le pasaba al distraído y maravilloso sabio, le sucede a tantas personas: van viajando por la vida, pero no sabe para dónde… y sin meta fija es difícil que logren llegar bien. Quién carece de definidos ideales y no sabe exactamente qué es lo que desea ser o conseguir, viaja en el tren de la vida, pero no sabe para dónde está viajando.

Carecer de ideales es como disparar sin apuntar a ninguna parte. Es perder el tiempo. Vivir sin ideales fijos es como empezar a construir una casa sin planos ni medidas de lo que se va a hacer. No olvidemos que lo que la gente ha obtenido con éxito, antes que existiera como realidad conseguida, existió como ideal en la mente de los realizadores. Algunos han realizado mucho porque tuvieron poderosos ideales en su corazón.

Cuanto más fuertemente estén “idealizados” nuestros deseos en nuestro cerebro, más fuerza sentiremos para lanzarnos a conseguirlos.

Cuanto más claramente aparezca ante nuestra mente lo que deseamos ser o conseguir más fuerza recibirá la voluntad para tratar de obtenerlo.

Los ideales nebulosos, indefinidos, producen propósitos vagos e inconstantes.

Transcripción: Cesar A. Acosta B. 76

Quien desea hoy una cosa y mañana otra distinta, es probable que no consiga ninguna de las dos. “Quién mucho abarca poco aprieta”, decían los antiguos, para señalar que no hay que dispersar la mente y voluntad en muchos ideales al tiempo. Hay que ir de uno a uno. El estar cambiando de ideales impide la concentración y enfoque de la voluntad y del cerebro, tan necesaria para llegar al éxito.

Hay que ir eliminando uno por uno los deseos inútiles, a fin de ir limpiando de malezas el terreno en donde debe crecer sano y vigoroso el ideal de lo que deseamos conseguir, porque así concentrada la atención en el deseo dominante y no teniendo que estar alimentando otros deseos sin importancia, podrá recibir toda la savia de energía del alma y llegar a producir frutos en abundancia.

A muchas personas les ha sido imposible conseguir un ideal fuerte y atrayente que los mueva a trabajar con heroísmo porque han distraído sus fuerzas en un montón de pequeños deseos que se combaten unos a otros. “Divídalos y los vencerá” le aconsejaba el Emperador romano a un jefe militar que se iba a luchar contra los enemigos. Eso hace la imaginación con tantas personas: les divide su voluntad en mil pequeños deseos, y por crecer todos al tiempo se quedan todos raquíticos. Más vale arrancar todos los secundarios y dejar que crezca lozano y frondoso un solo ideal, un solo proyecto, y éste nos llevará al éxito.

Hay personas que quieren al mismo tiempo tantos ideales que no son capaces de decidirse por ninguno y se quedan en un matorral de malezas sin cultivar ningún árbol que produzca frutos. Habría que repetirles la frase que Salomón dice en el Cantas de los Cantares: “Cazad o ahuyentad esos conejillos que invaden la huerta porque entonces no habrá cosecha”. Echemos lejos los pequeños deseos inútiles y quedémonos con nuestro Gran Deseo, nuestro ideal, y alimentémoslo y dejémoslo crecer. Un día será el árbol más frondoso y más lleno de frutos de toda nuestra existencia.

Amigo: recuerda ¿Cuál es el primer escalón para subir al éxito? Claro que sí. Se llama “Tener un ideal. Un ideal bien definido”. ¿Ya puso su pie en el peldaño? No olvide que si no asentamos firmemente nuestro pie en este primer escalón no podremos subir al segundo. Y recuerda ¿Cuál es el segundo peldaño? Lo vamos a decir en seguida.

Transcripción: Cesar A. Acosta B. 77

Related documents