CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS
6.3 LIMITATIONS AND PROPOSALS FOR FUTURE RESEARCH
La justificación de la consideración de las redes como sistemas reflexivos está en que nos permite saltar fuera de la pinza de la incompletitud y la indeterminación. Es la posibilidad de que el sistema construya su propia autonomía, tal como se argumenta desde el paradigma de la complejidad. Jesús Ibáñez nos anima con su elocuente y provocativo verbo:
“La reflexión es una tarea de vagos y maleantes. Hay que saber perderse para trazar un mapa, salir de los caminos trillados, vagar: deambular por las encrucijadas, abrir senderos a través de las mieses o en el desierto, penetrar en callejuelas sin salida; asumir que todo camino recorrido sin mapa es caótico (luego será posible tender o recoger puentes, bordear pozos o simas, perforar agujeros o taparlos). Y hay que saber subvertir la ley - y/o acaso pervertirla - : apearse de todo lo dicho o lo sabido, quedarse solo; hay que romper con todos los grupos, disentir de todos los consensos, hasta tocar la muerte o el silencio…[…] Pero si uno no quiere ser eterno errante, a riesgo de secarse en la subversión o pudrirse en la perversión, tendrá que volver alguna vez al ‘buen camino’ volver a habitar la ciudad” (IBÁÑEZ, 1979:355)
En cualquiera de los impasses en que nos meten las formulaciones paradójicas, sólo tenemos la salida abierta si nos enfrentamos a la paradoja (conducta perversa) y cambiamos las reglas del juego (conducta subversiva), las condiciones básicas de funcionamiento. Si tomamos algún ejemplo, como la formulación paradójica de Epiménides (dice, siendo él oriundo de Creta, “todos los cretenses son mentirosos”) o las raíces de la ecuación incompleta de segundo grado (x²+1=0), podremos decir que sólo saltando de las condiciones de resolución existentes, aunque sin salir de la lógica matemática, podemos dar alguna respuesta; en el primer caso es preciso recurrir a negar la mayor (no todos los cretenses y en todas las circunstancias actúan mendazmente, luego la paradoja se deshace) y establecer otras condiciones, como que la afirmación sobre algo no debe formar parte de ese algo o que no se pueden incluir en la misma proposición sentencias de distinto tipo lógico; en cualquiera de los dos casos se están cambiando las leyes que lo rigen para dar una solución. En el caso de la ecuación de segundo grado, han de inventarse o imaginarse elementos que nos den cuenta de una nueva forma de entender la situación, como los números imaginarios, que permitieron el desarrollo de los números
complejos (con parte de números reales y parte de los imaginarios: a+bi) y que a su vez permiten expresar las raíces cuadradas de números negativos (i=√-1; i²=-1), luego también las raíces de la ecuación paradójica en cuestión. Pero en cualquiera de los casos se ha de dar un salto a otra situación para desbloquear la primera y hay un sujeto (externo al objeto) que marca las fronteras entre lo que debe ser dicho / hecho.
Los sistemas que son programados (desde fuera, organizacionalmente abiertos) pueden reproducir réplicas, como situaciones ya pensadas y previstas. Los sistemas reflexivos70 (auto-organizados) pueden crear, pueden concebir situaciones no previstas ni imaginadas, nuevas. Entendemos por
sistema reflexivo aquella entidad que es definible, precisamente, por su
relación con el sujeto que lo observa (NAVARRO, 1990:51).Pero de esta definición genérica no se desprenden los principios epistemológicos que asientan la respectivas posiciones de sujeto y objeto, por eso es preciso ver los diferentes niveles en la reflexividad.
La primera de las características que aparecen en esta perspectiva es que hay dos entidades actuantes, el sujeto observador (ego) y el objeto observado, que emerge como sujeto (alter) en la medida en que genera efectos reflexivos en el sujeto (ego). El reconocimiento de esta actividad entre estos dos actores supone el reconocimiento de la capacidad recíproca de observación y consecuentemente de influencia, lo que conlleva sucesivas consecuencias:
que ego ha de admitir la existencia/influencia de alter y viceversa;
que ego ha de reconocerle a alter la capacidad de resistirse a ser objetivado (reacción a la observación);
que ego ha de reconocerle a alter la capacidad objetivadora (el que considere a su vez a ego como objeto);
que ego se ve reflejado en la actividad objetivadora de alter;
70 En MONTAÑÉS 2006:45-46 hay una explicación muy detallada del tipo de sistemas posibles,
con un cuadro sinóptico clarificador. Tendríamos que hablar, con más precisión de sistemas autopoiéticos reflexivos, para dar cuenta de que son sistemas en los que hay un flujo energético (en concreto energía informacional), pero se programan desde dentro, pudiendo al mismo tiempo “representarse representándose la realidad que se representa”, es decir, reflexionar, como así lo hace el ser humano y los sistemas sociales.
que estas mutuas interacciones suponen la observación reflexiva del sistema observador en el que se encuentran insertos alter y ego, así como las transformaciones de ambos.
Este punto de vista nos lleva “no tanto a abandonar el presupuesto de objetividad como a su profundización, o si se quiere a su generalización” (NAVARRO, 1990:54). Hemos pasado de sistemas reflexivos (donde el observador ego influye en lo observado) a sistemas auto-reflexivos (en los que ego y alter son a la vez sujetos observadores y objetos de observación) y de ahí a sistemas híper-reflexivos (como la propia sociedad, compuesta por elementos que son auto-reflexivos). La comprensión del “otro” supone la comprensión de uno mismo, en este juego de espejos que requiere de las mutuas observaciones de los sujetos, cuando emergen como tales y se desprenden de la conformación objetivadora externa. Valdrá decir también que sólo podemos reflexionar a través de la mirada de los demás, pudiendo apreciar de esta manera que, dado que estamos condicionados por múltiples “cegueras”71, sólo el reflejo en la mirada del otro nos devolverá nuestra propia imagen y permitirá nuestra reflexión; este es un juego de interacciones en presencia.
Por lo tanto, si es necesario poner en escena al sistema reflexivo, nos encontramos con la división que hace Villasante (1997:295)72, en relación con las tres dimensiones de la explotación, que hace a su vez Ibáñez (1991:165- 196): la primera es la reflexividad del sujeto sobre sí mismo (la llamaremos
reflexividad “self”) de la que emergen los sujetos en proceso, con las
transformaciones sobre sí mismos en el desbloqueo de sus procesos psicológicos, culturales, históricos. En segundo lugar la reflexividad de sujeto a
sujeto (que podemos llamar reflexividad “trans”), teniendo en cuenta que
71 Vid. von Foerster, 1994. Si estamos parcialmente ciegos (biológicamente) y lo
compensamos. Si también estamos condicionados para interpretar lo que vemos (culturalmente) e intentamos compatibilizar nuestras explicaciones para comunicarnos. Y si además debemos valernos de un lenguaje que tiene una función connotativa, para referirse a las cosas, que limita la comunicación, todas estas limitaciones nos condicionan para acotar aquello a lo que llamamos realidad que, como afirma el autor referido, sólo puede ser inventada de manera recursiva mediante el lenguaje.
72 Javier Callejo (1999) considera que este nivel es el de la reflexividad empírica o aquella que
esto requiere de procesos conversacionales sobre los procesos de interacción social en situaciones de desigualdad, de explotación económica, política... En tercer lugar la reflexividad del sujeto en su medio (como reflexividad “bio”), acerca de las interacciones entre sistema y ecosistema para desbloquear aquellos elementos de fricción en el funcionamiento de los procesos biológicos.