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CHAPTER 7: CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS

7.6 LIMITATIONS

Para el partido revolucionario es indispensable prever correctamente la dinámica de la situación, porque en caso contrario resulta imposible elaborar una línea, es decir, el conjunto de consignas y tareas que el partido presenta a las masas. En este sentido, veamos cuáles fueron las previsiones hechas por las dos corrientes en que se ha dividido la CI(CI). El camarada Miguel Capa, dirigente de nuestra corriente, hizo un pronóstico muy claro en su artículo «El gobierno Mitterrand, sus perspectivas y

nuestras tareas». Nos permitimos citarlo in extenso:

«Mitterrand accede al gobierno en medio de una seria crisis de la economía francesa y sin que haya habido una ‹primera oleada› de grandes huelgas que le obligue a hacer concesiones. Estos dos hechos empujarán a su gobierno a imponer los duros planes de hambre y desocupación de la burguesía, continuando la orientación de Giscard-Barre. Tratará de convencer a los trabajadores de que lo acepten y, si no lo logra, apelará a todos los medios (....)

«Para el movimiento obrero y demás sectores populares la vida se hace más dura: tanto la infl ación como la desocupación se han acelerado durante los cuatro meses del gobierno frentepopulista (..)

«Todo indica que el frente popular traerá rápidamente mayor miseria y desocupación paro los trabajadores, si no estalla la primera oleada huelguística y revolucionaria que, por un tiempo, se lo impida» (Correspondencia Internacional N 13).

El artículo de Francois Forgue, en respuesta a Capa, publicado en la misma edición de la revista, no responde a estos conceptos tan claros, ni formulan un vaticinio propio. Ningún otro material de la OCI(u) lo hace. Lo más parecido a un vaticinio aparece en el Proyecto de informe político: «Las contradicciones entre el gobierno Mitterrand-Mauroy y la burguesía son tales, que Mitterrand puede verse obligado a comprometerse mucho más allá de lo que él había previsto en un confl icto con la burguesía...» (p. 7).

Esto está planteado en forma de hipótesis; sin embargo, a falta de cualquier afi rmación debemos considerar que éste es el vaticinio que hace la OCI(u) sobre la política de Mitterrand. Su política se basa en esta hipótesis, puesto que apoyará al gobierno en sus «acciones de resistencia a la burguesía».

¿Quién tuvo razón, Capa o Lambert? ¿Es cierto que Mitterrand se ha comprometido más de lo previsto en un confl icto con la burguesía y que, por consiguiente, las masas viven cada vez mejor? ¿O, por el contrario, tuvo razón Capa al afi rmar que Mitterrand aplicaría los planes de hambre y desocupación de la burguesía y que su gobierno traería mayor miseria a las masas?

No es necesario ir muy lejos para encontrar la respuesta: la situación del proletariado francés es tan sombría, que la propia OCI(u) se ve obligada a denunciarla:

«Los salarios están congelados, los precios siguen su ascenso; los alquileres aumentan cada vez más y se vuelven una carga tan pesada que son cada vez más los desempleados que no pueden pagarlos -y ya han comenzado los desalojos-; las condiciones de trabajo, lejos de mejorar, se vuelven intolerables (...) Esto, por no mencionar la aceleración del ritmo de trabajo, que ya provocó una huelga de varias semanas de los metalúrgicos de Renault-Sandouville. Por no hablar del aumento de las

sombrías previsiones para 1982».

Tenemos, entonces, un panorama extraordinariamente sombrío, que ya ha generado varias luchas de importancia de los trabajadores franceses, como en la Renault y otras empresas, como veremos más adelante.

2. La OCI no lucha contra la miseria del

proletariado francés

El Programa de Transición, como vimos, plantea la necesidad de luchar

contra estas plagas del capitalismo. Y propone una serie de medidas de lucha concretas:

Contra el aumento de precios y la caída del salario real; «...la escala móvil de los salarios. Esto signifi ca que los contratos colectivos de trabajo deben asegurar el aumento automático de los salarios correlativamente con la elevación del precio de los artículos de consumo» (p. 12).

Contra la desocupación; «.. ha llegado el momento de lanzar, junto con la exigencia de obras públicas, la consignada la escala móvil de trabajo» (p. 13).

Estas consignas deben formar parte de «un plan general, trazado para un período de varios años (....) desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores, y no de los explotadores» (p. 18).

Aquí tenemos, si se quiere, el método del Programa en todo su esplendor; desde las reivindicaciones más elementales, contra el desempleo y la caída del salario real, hasta la elaboración de un plan económico obrero. La OCI no tiene un plan para luchar contra la miseria del proletariado; se limita a denunciarla. Cuando decimos plan, nos referimos a una campaña da agitación sistemática, con «consignas y métodos da lucha generalizados» como dice el Programa de Transición (p. 12). Aquí y allá aparecen consignas; aumento de salarios y pensiones en relación con al costo de la vida en I.O. No. 1005; congelamiento de precios en I.O. No 1014; escala móvil de horas da trabajo en el Nro. 1020. La citada «Declaración

del CC» ( I.O. Nro. 1030) trae una lista de consignas, que citamos a

continuación, intercalando algunos comentarios; Por un verdadero control de precios (¿aplicado por quién? No se dice); por un aumento general de salarios en relación al aumento da precios; por la disminución del horario de trabajo sin contrapartida y respetando la legislación de 1936; por la medida de urgencia de dar trabajo obligatoriamente a los desempleados (¿y por qué no se levanta la consigna da ‹plan de obras públicas›? Respondemos; porque sería una exigencia a formular al gobierno, cosa que la OCI evita por todos los medios); por la satisfacción de las reivindicaciones de los trabajadores inmigrantes (¿cuáles son esas reivindicaciones? ¿Quién debe satisfacerlas y cómo lo obligamos a que las satisfaga?); por la nacionalización sin indemnización ni derecho a

La Traición de la OCI Nahuel Moreno

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propia movilización.

Toda lucha obrera parte de esas reivindicaciones que el Proyecto llama con tanto desprecio «económicas». Elevarla al nivel «político» mediante consignas transicionales es la tarea de nosotros, los trotskistas. Abandonar la lucha por las reivindicaciones económicas, que es la política de la OCI, es abandonar toda lucha. Esto la OCI lo sabe muy bien, su actitud de despreciar «la lucha, la lucha» esconde, tras un argumento ultraizquierdista, la abyecta política reformista de no movilizar a las masas. A lo largo del presente capítulo, veremos cómo el desprecio por «la lucha, la lucha» se traduce en la militancia práctica de la OCI.

1. La situación del proletariado francés

Empecemos por conocer un poco la situación del proletariado y las masas trabajadoras francesas bajo el actual gobierno. En los comienzos del mandato de Mitterrand, tenemos el siguiente cuadro: aumento de la tarifa del gas en 22% y la luz en un 15%; aumento del precio de la gasolina en seis céntimos el litro; aumento de los alquileres de vivienda en un 10 al 13%; aumento de las tarifas del transporte público de pasajeros en un 14%. Por otra parte, el aumento del salario mínimo es de un 10%, y existen 1.800.000 desocupados, además de un cifra indeterminada de subempleados, trabajadores que sólo obtienen trabajos temporarios, (Todos los datos son de Le Monde, 1, 2, 7, 10 y 18 de julio de 1981). Seis meses más tarde, la situación es mucho peor. Según Informations Ouvrieres Nro. 1025, «se ha franqueado el umbral de los dos millones de desempleados (...) cifra ofi cial a la que re deben agregar los miles y miles de jóvenes en busca de su primer empleo, a los cuales no se computa como desempleados». Además, «la desocupación sigue en aumento». Una «Declaración aprobada por el Comité Central de la OCI», publicada en I.O. 1030 lo sintetiza todo:

«Los salarios están congelados, los precios siguen en ascenso, los alquileres se vuelven una carga cada vez más pesada —tan pesada, que crece el número de desempleados que no pueden pagarlos-; las condiciones de trabajo, lejos de mejorar, se vuelven tan intolerables que, en una ofi cina de correos, los trabajadores protestaron contra el ‹local giscardiano› en que se les obliga a trabajar, es decir, contra el hecho de sufrir las mismas condiciones de trabajo que bajo Giscard. Sin hablar del aumento del ritmo de trabajo (....) Sin hablar de la negativa obstinada a reclasifi car a los obreros semiespecializados de Renault (....) Sin hablar del aumento en las cotizaciones al seguro social. Sin hablar de las increíbles maniobras mediante las cuales se busca hacer pagar la disminución de la jornada laboral mediante el trabajo sabatino e inclusive la disminución de salarios. Sin olvidar la cifra ofi cial de dos millones de desocupados y las

57 cuotas del seguro social». (IO 1028, editorial).

Y la lista sigue: «... los obreros sin especialización siguen sin especialización, el trabajo sigue siendo trabajo explotado, los estudios siguen bloqueados, las clases superpobladas y sin maestros, los despidos continúan y aumentan».

Todo este cuadro se resume en muy pocas palabras: súper explotación de los trabajadores, garantizada por el gobierno al servicio de los patronos. Todo lo cual confi rma el pronóstico de Capa y refuta no menos categóricamente el de Lambert.

Capítulo V

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