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Chapter 5: Discussions and Conclusions

5.4 Limitations

sacando a los ya preñados; para vender las vacas gordas segu­

ramente vacías evitando la pér­ dida de terneros ya casi logra­

dos, que llenaban depósitos

enteros en los frigoríficos cuan­ do se faenaban para consumo va ca s gordas, supuestamente “ machorras” , cosa que sucedía con mayor frecuencia de la que

se pensaba. Esto también lo

publicamos como “ El tacto rec­ tal incorporado a los trabajos de rutina en nuestras explota­ ciones rurales” en la Revista Holando Argentino N? 120, año 1953, anticipo de otro trabajo, de más envergadura por su am­ plitud, que con el Dr. Héctor

Ponsati, comunicamos en 1961 al II Congreso Nacional de Ve­ terinaria y que fue recogido por

CAFADE (Comisión A dm inis­

tradora del Fondo de Ayuda Eco­ nómica) y por la Revista de Agronomía y Veterinaria, bajo el títu lo "Com probaciones y resul­ tados obtenidos de la palpación rectal de 200.000 vacunos” que leimos con el Dr. Ponsati en la 6? Convención Rosenbusch rea­ lizada en Villa Carlos Paz, Cór­ doba, en Noviembre de 1969. Para ese entonces teníamos una serie de diapositivas traídas por el Dr. Ponsati de la Universidad de Minnessota, EE.UU. y por mí, del Laboratorio Central de Wey- bridge, en Inglaterra, junto con unas preparaciones m icroscópi­ cas con lesiones histológicas de órganos genitales.

Quisiera recordar aquí a otro maestro de la veterinaria, al Dr. Camilo Trefogli quién desde la cátedra de Histología nos fa ci­ litó preparados de órganos ge­ nitales normales de diversas es­ pecies.

Y sobre estos temas, palpa­

ción rectal y vacunación anti­ aftosa, ya en el cargo de Direc­ tor de Ganadería del M inisterio de Asuntos Agrarios de la Pro­ vincia de Buenos Aires, redac­ tamos dos proyectos de Decre­ tos-leyes que fueron aprobados y sancionados por el Gabinete M inisterial: D ecreto-ley sobre Obligatoriedad de la vacunación antiaftosa de la hacienda vacu­ na en tránsito y Decreto-ley so­ bre la Prohibición del faenamien- to de vacas preñadas de más de 5 meses. Fueron sancionados, pero no se votaron los recursos presupuestarios indispensables

para hacerlos cum plir y la Direc­ ción de Ganadería con su magro presupuesto, 70 % del cual ha­ bía que reservar para el pago del personal, no pudo hacerlos funcionar ni controlar.

Con el decreto relativo a la vacunación antiaftosa obligato­ ria de la hacienda en tránsito, pretendíamos que los ganaderos hicieran su propia experiencia, aceptaran mentalmente la vacu­ nación sistem ática de toda la hacienda, prim ero en la pampa húmeda y luego y con el con­ curso de la Dirección de Gana­ dería de la Nación, en todo el país. No hablábamos de erra­ dicación de la enfermedad por­ que para ello había que tom ar muchas otras medidas comple­ mentarias lo que, daba la mo­ dalidad extensiva de nuestras explotaciones rurales, juzgába­ mos d ifíc il. Era el prim er paso en esa dirección que pensamos se iría incrementando progresi­ vamente en la medida en que contáramos con los medios ne­ cesarios, tanto humanos cuanto materiales y vacunas antiaftosas que sin duda perfeccionarían los

laboratoristas.

Con el decreto relativo a la prohibición del faenamiento de las vacas con preñez adelantada, queríamos evitar o por lo menos lim itar, la pérdida de terneros ya casi logrados en hembras va­ cunas de preñez no revelada ex- teriorm ente; en ninguno de los dos casos improvisábamos; era ■ lo que habíamos conseguido en ; la compañía en la que actuamos por casi veinte años, con el be­ neficio cierto que nos señalaban los registros contables.

Ambos decretos fueron dero­ gados al poco tiempo, pero am­ bas propuestas, sin duda perfec­ cionadas, finalm ente se adopta­ ron en la rutina de los trabajos de campo, obligatoriamente en el caso de la vacunación anti­ aftosa y por propio convenci­ miento en el caso de la revisa­ ción, por palpación rectal previa, de todas las hembras vacunas púberes que se rem itían para consumo.

En el año 1956 junto con los colegas de la Dirección de Ga­ nadería del M inisterio de Asun­ tos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires, creamos el Cole­ gio de Veterinarios que fue útil para vincular a los profesiona­ les del interior que, alejados de los centros de estudios y dis­ persos en el vasto ámbito pro­ vincial ,se consideraban huérfa­ nos de apoyo. Con asiento en la ciudad de La Plata tuvo, con el tiempo, local propio, se rami­ ficó por D istritos en toda la Provincia y más tarde su ejem­ plo cundió a otras provincias.

Durante nuestro desempeño al frente de la Dirección de Gana- dsría y en el fugaz paso por la cátedra en la Facultad de Cien­ cias Veterinarias de La Plata, cada vez que tuvimos oportu­ nidad tratamos de inculcar en­ tre los colegas y los alumnos, la necesidad de que jugaran un rol protagónico en el medio ru­ ral, no sólo como médicos sino también como zootecnistas, pa­ ra evitar que otras profesiones nos desplazaran en cometidos que juzgábamos como propios, por contar para ello con la pre- paración básica que se nos ha­

bía dado en nuestra Facultad. (Véase) ‘‘El Veterinario Rural", publicado en Gaceta Veterina­

ria, N9 99, 1956).

Bien: con estos logros y otros que sería largo enumerar, se a b rie r o n n u e v o s c a u c e s por d o n d e lu e g o p u d ie ro n t r a n ­ sitar con menos d if ic u lt a d e s los institutos estatales y priva­ dos, SELSA, INTA, CREA, etcé­ tera. Ese incesante progreso no ha terminado ni terminará nun­ ca ya que de él depende en buena medida, el porvenir de nuestra Argentina estrechamen­ te vinculado a las tareas agro­ pecuarias.

Señores; con esta necesaria­ mente breve reseña y sin du­ da incompleta de los avatares que debimos afrontar en nues­ tros 45 años de labor profesio­ nal, expuestos tal vez en una forma no muy ortodoxa ante us­

tedes y menos en la oportuni­ dad de recibir el Premio Bayer en Ciencias Veterinarias, qui­ siera al menos haber podido hacer resaltar la labor de vete­ rinario rural, cuya misión pien­ so no fue valorada siempre en su exacta dimensión.

Permítaseme, ahora una re­ flexión final: quisiera concluir diciendo que, aún a riesgo de ser tachado de vanidoso, tengo por la mayor contribución de mi carrera, el haber ayudado a form ar a mi vera a varios profe­ sionales noveles, despertando en ellos inquietudes que los en­ carrilarían por derroteros útiles para jerarquizar otra faceta de la profesión veterinaria, por sen­ deros hasta ese entonces poco frecuentados.

TOMO XXXVlll ACADEMIA NACIONAL N’ 4 DE AGRONOMIA Y VETERINARIA

BUENOS AIRES REPUBLICA ARGENTINA

Comunicación

del Académico de Número Ing. Agr. ICHIRO MIZUNO sobre