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El Ecuador, en sus relaciones económicas y comerciales externas, ya sea como parte del Grupo Andino, o de otros bloques, o bien mediante el cumplimiento de “sugerencias” de los Organismos Internacionales que controlan las economías de los países subdesarrollados, o sencillamente obligado por las nuevas tendencias internacionales que rigen el desarrollo económico y comercial mundial, a finales de la década de los 80 y lo que va de los 90, ha entrado en un proceso de apertura y liberación de su economía y del comercio, tratando de esta manera de ponerse a tono con lo que ocurre en otros países de igual o mayor desarrollo. Concomitantemente, en el orden interno, ha emprendido acciones con miras a la modernización del Estado, entre ellas, privatización de empresas públicas, racionalización y eficiencia administrativa, desregulación, descentralización, desconcentración y simplificación, con mayor énfasis en algunas áreas sensibles y más concretamente en el campo relacionado a los servicios aduaneros y al comercio exterior.

No ha resultado fácil para un país subdesarrollado y dependiente como el nuestro, emprender por el camino de la apertura, la liberalización y la modernización, debido en gran parte, a la influencia de los poderosos grupos de presión y por otra, a las tremendas diferencias de concepciones políticas, económicas y sociales que existen entre los diferentes actores sociales, llámense éstos, gobierno, oposición, sectores productivos, clasistas, etc. La resistencia al cambio reside fundamentalmente en el temor a la pérdida de privilegios, así como por la defensa de los intereses particulares de personas, familias o grupos que tratan de sobreponerse al bien común o general en perjuicio de toda la colectividad. Las dificultades también se han hecho presente en los planos ideológico y cultural, pues, respetando el criterio y pensamiento ajeno, todavía hay personas que no toman en cuenta que el mundo ha cambiado, y que paradigmas de ayer, no tienen vigencia en los actuales momentos y que las relaciones económicas internacionales se encuentran inmersas dentro de una economía global entrelazada, cuyo paradigma el libre mercado y la apertura hacia el mundo, parecería no encontrar contendor al menos durante los años que faltan para que culmine este siglo y las primeras décadas del siguiente.

Agotado el modelo de sustitución de importaciones o de desarrollo hacia adentro, vigente en nuestro país hasta mediados de la década de los 80, conviene destacar los principales resultados obtenidos de su aplicación, de manera particular en los aspectos que se relacionan con la producción y el comercio: 1) El establecimiento de protecciones, restricciones, regulaciones, subsidios y subvenciones, etc., estimularon la producción, y la inversión, destinadas al mercado interno, e

hicieron poco atractiva la inversión y la producción destinadas a la exportación; 2) Los incentivos a la industria naciente impulsaron la infraestructura, un mayor nivel tecnológico y el surgimiento de una clase empresarial moderna, aunque en su mayor parte sus costos fueron asumidos por el Fisco y los consumidores; 3) El proceso de industrialización creó una industria liviana y capacitó la mano de obra; 4) Se crearon industrias ensambladoras de productos suntuarios con escaso valor agregado nacional, elevados precios y cuestionada calidad; 5) No llegamos a producir bienes de capital, lo que nos hizo altamente dependientes de maquinaria extranjera y tecnología; 6) Las restricciones a la inversión extranjera y la facilidad para acceder a los créditos externos, nos hizo dependientes de la deuda externa; 7) La protección y la sobreprotección industrial en algunos casos, permitió la producción local de artículos que no habrían podido fabricar sin ella, como contrapartida se incrementó el fraude y el contrabando aduanero; etc.

Si de hacer un juicio de valor se trata, respecto de lo que significó el modelo de sustitución de importaciones para el desarrollo y crecimiento del Ecuador, habría que afirmar que algo positivo quedó para el país, y que no todo fue negativo, pues, se sentaron las bases para una mejor proyección de nuestra incipiente industria. No se puede soslayar el hecho de que se creó ineficiencia, escasa productividad, atraso tecnológico, dependencia, burocratismo, corrupción y que algunos sectores, como el de la pequeña empresa, se acostumbraron al paternalismo del Estado, por lo que en la actualidad, cuando se ha optado por el modelo de desarrollo hacia afuera y aperturista, las protestas no se han hecho esperar, siendo varias las discrepancias, especialmente, en lo relacionado a las

negociaciones del Arancel Externo Común, sobre el que no existe consenso, habiendo grupos de empresarios que están en contra y otros que apoyan y opinan a favor de este importante instrumento de política económica y comercial.

A mediados de la década de los 80, la orientación económica estaba predominantemente encaminada hacia la apertura y fomento a las exportaciones, para lo cual se debía aprovechar las ventajas comparativas, incentivar la inversión extranjera y buscar la forma de insertarse en la economía global. En este proceso sirvieron de estímulo los éxitos económicos alcanzado por los tigres asiáticos (Taiwan, Corea, Hong Kong y Singapur), así como de Chile y México, el primero que inició con mucha anticipación su proceso de apertura al mundo mediante la aplicación del modelo neoliberal y el segundo que después del anuncio de su no pago de la deuda externa en 1982, inició el proceso de renegociación de la misma y reactivación de su economía con éxito.

Ecuador, a partir del Nuevo Diseño Estratégico, el mismo que le dio al Acuerdo Subregional una nueva orientación con acentuada importancia al comercio, dejando atrás los objetivos iniciales de industrialización conjunta, entró de lleno a un proceso de apertura, así tenemos que se integró a la Zona de Libre Comercio Andina, redujo gradualmente las tarifas arancelarias hasta ubicarse en un piso del 5% y un techo del 20%, con excepción de los vehículos a los que se impuso la tarifa del 40%. Posteriormente después de difíciles negociaciones aprobó con los otros países el Arancel Externo Común, pasando a ser parte de la Unión Aduanera Andina. Igualmente se realizaron importantes cambios en política cambiaria, de

comercio exterior y aduanera, se levantaron las prohibiciones de importar, se suprimieron los depósitos previos y los pagos anticipados, se eliminaron en buena medida las licencias previas y trabas de carácter administrativo, se restaron los incentivos a la producción y los subsidios a la exportación. Se expidieron algunas Leyes, entre otras, la Ley de la Maquila, la Ley de Zonas Francas, la nueva Ley de Régimen Monetario y Banco del Estado, la Ley de Facilitación de Exportaciones, la Ley Orgánica de Aduanas y su reglamento, etc., así como también se derogaron otras como la Ley de Reserva de Carga, la Ley de Cambios Internacionales, etc. Se entró en un proceso de modernización y privatización de los servicios aduaneros y portuarios, siendo muy factible en el futuro la creación de un Ministerio de Comercio Exterior y la expedición de una Ley de Comercio Exterior, etc.

En lo que tiene que ver con la inversión extranjera y para hacerla más atractiva, el Ecuador, respetando las normas comunitarias y el entorno internacional imperante en esta materia, eliminó las restricciones y controles, otorgando un trato igualitario al inversionista nacional y extranjero, tanto en lo relacionado a la libertad para invertir, como en los aspectos tributarios, repatriación de capitales, y otros aspectos más, lógicamente, salvando las excepciones constitucionales y legales.

También en el plano bilateral firmó acuerdos de complementación económica, comerciales y de cooperación, con varios países de la subregión y de la región, encontrándose actualmente gestionando su insertación en otras agrupaciones

económicas, como el ingreso al G-3 y su potencial incorporación al GATT / OMC, que considero será de beneficio para el País, pues en este foro internacional tendrá la oportunidad por sí mismo o formando parte de las agrupaciones, defender sus intereses y obtener las ventajas de las concesiones que se hacen entre sí los países miembros.

Nuestro País ha estado sumido por mucho tiempo en la dudas e indecisión para ingresar al GATT, como consecuencia de su política económica interna y las presiones de determinados grupos. Esta situación le ha sido perjudicial y desventajosa frente a otros países de la región y de la subregión que pertenecen a esta organización. Los casos más objetivos y actuales son los que tienen que ver con las exportaciones de banano por la imposición de cuotas y aranceles extras por parte de la Unión Europea, que protege la producción de sus ex colonias; así como las exportaciones de rosas, productos de mar y manufacturas al mercado de los Estados Unidos que bajo pretextos de dumping o incumplimiento de normas sanitarias, fitosanitarias y de calidad, nos pone obstáculos, muy a pesar de que somos beneficiarios de las preferencias arancelarias que nos otorgan respectivamente. En el plano interno, tampoco ha resultado fácil conciliar intereses y posiciones para el ingreso al GATT, varios sectores han manifestado su inconformidad por la forma como se están llevando adelante las negociaciones, particularmente por el incremento que sufrirían las tarifas a la importación de materias primas, lo que indudablemente encarecería la producción local.

En resumen, el Ecuador ya ha dado pasos firmes para su ingreso a la OMC, inclusive se adelantó a la liberalización exigida por el GATT y se han cerrado las negociaciones, habiendo sido aceptado formalmente como miembro el 31 de julio de 1995, a espera de que se complete el trámite de la votación, recogiendo los correspondientes de varios países, que no modificarán la aceptación y luego que el Congreso Nacional ratifique el Protocolo y el Ejecutivo lo publique en el Registro Oficial, pero estimo que aún le quedan varios inconvenientes por superar, por una parte el gobierno deberá sensibilizarse con los problemas estructurales que afronta nuestra débil producción nacional que necesita de políticas adecuadas para su reactivación y reconversión, y por otro lado los sectores productivos deberán aprender, aún a costa de sacrificio, a ser eficientes y eficaces en este mundo cada vez más competitivo.

Sin embargo, todo lo que se ha hecho en materia de modernización y apertura, no es suficiente, faltaría complementar algunos aspectos a fin de eliminar ineficiencias y corruptelas, se necesita decisión política para ejecutar acciones que pongan al país en el camino del desarrollo, que permitan elevar las condiciones y el nivel de vida del pueblo. La apertura comercial y económica, como característica del modelo de desarrollo, no es el fin para lograr el crecimiento económico y el desarrollo, pero si podría ser un medio para lograrlo, y aunque es previsible que los beneficios no llegarán en el corto plazo; solo con trabajo, esfuerzo y amor a la patria podremos hacer un futuro mejor para la presente y futuras generaciones.