La confesión de la divinidad de Cristo está inseparablemente relacionada con las grandes crisis de la historia de la Iglesia, con el conflicto de Arrio y el arrianismo. Se trataba de saber si Cristo, como nos dice Pablo, «es la imagen de Dios invisible» (Col 1, 15), o más bien sólo una imagen
semejante, aunque especial como es la de cualquier hombre. El primer concilio ecuménico, el de Nicea, dio una respuesta a esta crisis,
reconociendo a Cristo como «ser uno con el Padre».
a) Deseos y doctrina de Arrio
Arrio (¡ ca. 336) era «párroco» de Baukalis, en Alejandría, donde cumplía la tarea de explicar la Escritura. No quiso ser filósofo en absoluto, sino
exegeta y predicador. No accedió al cristianismo desde fuera, como fue el caso del filósofo Celso, sino que su deseo era comprender correctamente la Escritura. Perteneció a la jerarquía eclesiástica, y fue discípulo del mártir Luciano de Antioquía (1 312), uno de los exegetas antioquenos más
famosos. Fue llamado a su oficio por su obispo, el Patriarca de Alejandría.19 En sus predicaciones intenta contrarrestar las diversas corrientes heréticas de su tiempo, en concreto, el «modalismo». Intenta, por otra parte,
mantener la unidad de Dios La frase fundamental y el punto central de la teoría del presbítero alejandrino es la palabra bíblica: «Oye, Israel. El
Señor, tu Dios es único» (Dt 6, 4). En su «confesión de fe» reconoce Arrio a «un solo Dios, el único verdadero e inmortal» Y si Dios es único, hay que rechazar todo aquello que se oponga a su unicidad. El Dios de Arrio está solo, es un Dios solitario, «el único sabio, bueno y poderoso».21
Todas sus otras expresiones siguen este principio fundamental. Por ello no hay nada que se le pueda comparar. El Hijo sólo es su imagen desde la ruptura de una radical diferencia. Entre Dios y lo otro que no es Dios existe una sima infranqueable: la absoluta diferencia entre lo increado y lo creado. Sólo la eterna soledad de Dios queda de parte de lo increado. Para
asegurar esta soledad de Dios, Arrio lo aísla en el más allá, haciéndolo inefable y liberándolo de toda determinación positiva. De él sólo podemos decir lo que negamos a las criaturas en cuanto a sus determinaciones positivas. «Sólo Él no tiene igual ni algo parecido (a él)»; con corrección lógica esto habrá que decirlo también del Lógos: «Sólo él es invisible (áóratos) para aquellos que son por el Hijo y al Hijo mismo». Más aún:
«Dios es para el Hijo inefable (árrétos); él es lo que es, es decir, infalible (álektos), de manera que el Hijo no puede decir adecuadamente nada de lo dicho. A él le es imposible vislumbrar al Padre, que es para sí
mismo».22 Dios es una mónada en el sentido en el que habla la filosofía platónica. El primer deseo de Arrio es, pues, velar por la absoluta soledad de Dios.
Para explicar el papel del Lógos se sirve Arrio de las categorías corrientes en su tiempo. El así llamado «platonismo medio» entiende la relación entre Dios y el mundo como realizada a través de seres intermedios. Entre el Dios solo y trascendente, una mónada incomunicable, y el territorio de la multiplicidad cósmica, está elLógos, el principio de la pluralidad, el
mediador entre lo uno y lo múltiple. Es evidente que desde esta concepción todo pensamiento orientado a la creación se toma conflictivo.
La explicación arriana del papel del Lógos se queda dentro de este esquema. El Lógos fue creado en función de la creación del mundo, y él mismo es contemplado como criatura. Pero, al mismo tiempo, Arrio recoge el pensamiento platónico de que Dios tiene necesidad de un mediador para crear. El mediador se hace imprescindible, porque la creación no puede participar de la «mano poderosa del Padre». Y como la creación no puede soportar el poder de Dios, tiene que haber un mediador. Y por eso crea él «primero al solo, al único, y lo llama Hijo y Lógos, para que sea el
mediador, de manera que por él todo lo demás pueda existir» 23 Este pensamiento queda lejísimos de la fe judeo-cristiana en la creación. Dios, el creador, lo crea todo con voluntad libre y da a todos y a cada uno el ser. Para Arrio, Dios necesita, por el contrario, de un «amortiguador» que aminore de tal manera su omnipotencia que ésta sea soportada por la creación. Según las concepciones arrianas sobre la creación, el mundo es la obra de un siervo, por lo que no refleja la huella de Dios ni es
transparente hacia Dios.
b) El primer concilio de Nicea. Exposición de la confesión de Cristo
Las tesis que Arrio predicaba pronto despertaron la oposición de su obispo Alejandro. A su expulsión de la iglesia de Alejandría siguió una división en toda la iglesia del Imperio. Con el fin de evitar las desavenencias, el
Emperador Constantino reunió en el año 325 a todos los obispos del reino en el concilio de Nicea, el primer concilio ecuménico.
El Concilio se encuentra en el contexto del cambio constantiniano (312). Sólo teniendo en cuenta el edicto de Milán, en una ecumene convertida al cristianismo, es posible que un Emperador cristiano convoque un concilio ecuménico. Con el edicto de Milán se da comienzo al cristianismo
puede seguir trazando este paralelismo. Por cuidadoso que se sea en el empleo de palabras clave, tales como «era postconstantiniana», no es, seguro, ninguna casualidad que en el siglo XX se dé por terminada la cristiandad clásica y que, al mismo tiempo, la teología clásica postnicena se encuentre atravesando un cambio por lo menos tan grande como el que ocurrió en el tiempo de la iglesia nicena. Por ello, es tan importante el intento de establecer una determinación de lugar. En un momento — cuando la Iglesia, el cristianismo se abre a una nueva y desconocida situación, a una nueva ecumene, que ya no es la constantiniana, la occidental—, la teología busca una nueva articulación de la fe, que
corresponda a esta nuevaecumene. Por esto, es tan importante la mirada retrospectiva y el análisis cuidadoso de lo que entonces sucedió, porque desde esta reflexión se podrá proponer con sentido una posible
reconstrucción de la teología.
Arrio coloca decididamente el Lógos de parte de las criaturas. Nicea está convencida de que esta opinión se aparta del núcleo del mensaje cristiano. Cristo está de parte de Dios. Todo lo que se dice en el Nuevo Testamento sobre el origen, proveniencia y ser del Lógos y del Kyrios Cristo, hay que interpretarlo desde la unidad eterna del Padre y del Hijo. Con esta decisión es con la que la teología cristiana tiene que proponerse definitivamente la cuestión sobre la unidad de Dios, que es la que Arrio no quiere ver. ¿Cómo puede haber en Dios tres personas sin que se cuestione la unidad de Dios? Las mismas profundas consecuencias tuvo para la fe y para la vida tanto la variante arriana como la teología nicena.
Hemos llegado al momento de hablar sobre el símbolo de Nicea (DH 125) en su conjunto.24 En sus rasgos fundamentales se reproducen los
antiguos Symbola: la fe en un solo Dios, Padre, Señor y creador de todas las cosas, en Cristo y en su obra salvífica, en el Espíritu Santo. La parte más importante para la teología dice así:
Creemos «en un solo Señor, jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre, a saber de la esencia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, consustancial al Padre (óµoovoLov iw 11a-T0 por quien todo fue hecho, lo del cielo y lo de la tierra». (DH 125).
Tres aclaraciones hemos aún de añadir en la cuestión cristológica. Nicea confiesa: Jesucristo, el Hijo de Dios es, primero, «Hijo único de Dios, nacido del Padre, a saber de la esencia del Padre»; esto último como
explicación de lo que significa que el Hijo es desde el Padre (ek tou patrós). Es, además, consustancial al Padre. Aquí es donde se introduce el
que añadir a la traducción latina la frase auxiliar: «lo que en griego se denomina omoousios» (DH 125).
Los antiguos símbolos eran comprendidos como abreviaciones del kerygma apostólico; hablaban, por tanto, con toda naturalidad el lenguaje de la Biblia.25 Creemos «en un solo Señor Jesucristo, Hijo de Dios, Unigénito nacido del Padre». Sólo hay un solo Dios y un solo Señor (xyrios). Es la confesión que ya aparece en Pablo, en un contexto
monoteístico: «que ho hay ningún ídolo en el mundo y ningún dios más que uno» (1 Co 8, 4). Y Pablo sigue diciendo: «Sólo tenemos un solo Dios, el Padre. De él procede todo y vivimos por él. Y uno solo es el Señor,
Jesucristo. Por él son todas las cosas y nosotros somos por él» (1 Co 8, 6).26 Este es el Hijo de Dios, el unigénito nacido del Padre. La expresión pertenece al salmo 2, 7: «Tú eres mi hijo; hoy te he engendrado» (cfr. Hch 13, 33; Hb 1, 5). También tiene importancia el reconocimiento del salmo 110.
La comparación con antiguas confesiones muestra que estas tres frases añadidas fueron introducidas conscientemente. Hubo que decidirse o por reproducir sencillamente viejas fórmulas o por continuar aplicándolas literalmente. Las tres frases dan al Símbolo un acorde nuevo y
desacostumbrado, al utilizar términos filosóficos (esencia, ovoí,o, de igual naturaleza, ó toovoLos). Aquí ya se supera conscientemente el lenguaje bíblico, dando un paso decisivo hacia delante por encima de esta situación del momento, al permitir decididamente términos no bíblicos. Un biblicismo estricto hubiera cerrado de golpe la puerta para cualquier desarrollo
teológico; la teología no sólo hubiese seguido diciendo siempre lo mismo, sino también lo igual. En vez de guardar las cosas, se habría echado mano de fórmulas. Si consideramos una a una las expresiones, estas tres frases añadidas se pueden interpretar fácilmente y, desde su propiedad literaria, como explicaciones o precisiones. Esta observación tiene su importancia para la hermenéutica de las expresiones conciliares.
Nacido del Padre como Hijo unigénito
La expresión monogenés (cfr. Jn 1, 14.18; 3, 16.18; 1 Jn 4, 9) se
corresponde con el término hebreo jachid, que viene a decir el único, el único engendrado, pero también el único amado. Tiene aquí una gran importancia Jn 1, 18 (literalmente) «el único engendrado, Dios (Hijo), que está en el seno del Padre». Estas dos expresiones dicen lo que hay de eterno «en el ser Dios» de Jesús.27 Pero hay, sobre todo, el hecho,
fundamental y propio para el Nuevo Testamento, de que Jesús llama a Dios «Abba», «Padre», de que él es, por tanto, el Hijo. ¿Qué significa esta
relación? Es constitutiva para la autocomprensión de Jesús y para su persona. La pregunta sobre el proceso de origen es la consecuencia íntima
de la revelación de Jesús de que Dios es su Padre. Fue la gnosis la que realizó los primeros intentos de decir algo, de forma especulativa, sobre esta generación, sobre el cómo de la relación, sobre el modo del proceso generativo. Ireneo de Lyón (t ca. 202) se opone a esto diciendo que la forma y manera de la generación es y permanecerá siendo un
misterio.28 Pero con Arrio se cambia la situación. El dice bien claro que el Hijo proviene del Padre, de la misma manera que toda creatura del Padre proviene. Y lo precisa más diciendo que proviene de la voluntad del Padre. Dios lo ha creado con voluntad libre. Engendrado quiere decir creado de la nada como cualquier otra criatura. En un principio el Concilio quería hacer una precisión: «El Hijo no ha sido creado de la nada, sino de Dios; él es la palabra y la sabiduría del Padre».29 Esta formulación bíblica no era
suficiente, sin embargo, pues los arrianos se oponían diciendo que este «de Dios» (ek tou theou) sirve para todas las criaturas (cfr. 1 Co 8, 6). Atanasio explica que se han decidido a favor de la expresión: «de la misma naturaleza (ousía) del Padre, para dar así a entender que la forma y
manera cómo las criaturas proceden de Dios, es esencialmente distinta de la procedencia del Hijo. De ninguna criatura se puede decir que proviene de la naturaleza del Padre, más bien es Dios quien la crea de la nada de acuerdo con su voluntad.30 Esta explicación atanasiana constituye un instrumento importante de comprensión. La frase: «esto es, de la misma naturaleza del Padre» no figura aquí como una expresión filosófica
independiente; más bien se intenta evitar con ella la identificación arriana de la generación del Hijo y la creación de las criaturas. Esto se aprecia más aún si se dice: «engendrado, no creado». El Concilio quiere perfilar las líneas de manera distinta a Arrio. El Lógos está de parte de Dios, no de parte de las criaturas.
Engendrado, no creado
Mas ¿qué significa que el Hijo ha sido engendrado? El punto de partida de las reflexiones arrianas es el lenguaje de la Biblia, el del Nuevo
Testamento. Aquí vale: el guennetós es el engendrado (de guennaó, engendrar, dar a luz), mientras que guenétós, el que llega a ser (de guignomai, surgir, llegar a ser) se refiere al que ha llegado a la
existencia. Es cosa de la lógica humana el hecho de que el oyente de estos dos conceptos no pueda apreciar en nada su diferencia. Todo lo
engendrado, lo nacido significa para la razón humana lo mismo que llegado a ser. Pero Dios ni ha llegado a ser ni es engendrado. Por ello concluye Arrio que si la escritura dice del Hijo que ha sido engendrado, el Hijo unigénito habrá llegado a ser, y, por tanto, no es Dios.
Dios no puede engendrar un hijo igual en la eternidad y en la naturaleza; de ser así –concluye Arrio– habría que admitir en Dios dos principios igualmente eternos. Es incapaz de pensar que la generación del Hijo
eterno sea una «procesión» espiritual-inmanente. «Antes de que él [el Hijo] fuese engendrado o creado [...] no era nada, pues no era ingénito».31 Dios llegó a ser Padre en el momento en que engendró al Hijo. El nombre «Padre» no puede significar una propiedad eterna de Dios, de la misma manera que el nombre «Hijo» no nos manifiesta una eterna relación, sino la constitución de una creatura, que Dios ha adoptado como Hijo. El siguiente texto de Arrio expresa claramente la perspectiva de esta radical diferencia entre Dios y la Palabra:
«Sepas que existía el monas y que el Dyas (dualidad) no existía antes de ser llamado a la existencia. Mientras el Hijo no exista, Dios no es Padre. Antes no era el Hijo (pero llegó a la existencia por la voluntad del Padre): él es el único que ha llegado a ser Dios, y cada uno de ellos es ajeno al otro».32
Atanasio desenmascara las debilidades de la especulación arriana con un seguro instinto de la figura existencial y relevante de la confesión
cristiana.33 Nos pone de manifiesto que bajo la visión de Arrio se esconde un malentendido sustancial sobre la trascendencia de Dios. Si queremos comprender lo que aquí significa la palabra «engendrado», tendremos que acercarnos a aquél de quien se dice:
«Es claro que Dios no engendra como engendran los hombres, sino como Dios engendra. Dios no imita a los hombres, más bien son los hombres los que, por Dios, el único y verdadero Padre de su Hijo en sentido propio, son llamados padres de sus propios hijos, pues "por él existe toda paternidad en el cielo y en la tierra" (Ef 3, 15)».34
Llamar a Dios «Padre» no significa asignarle algo contingente, como ocurre en el caso de los hombres. Dios esPadre desde toda la eternidad, esto es, antes de toda creación y, por ello, es «no creado». Atanasio solía
endosarles a los arrianos que si Dios no tuviese siempre junto a sí su sabiduría y su poder (así describe la misma escritura la palabra), sería señal de que alguna vez no hubiera sido ni sabio ni poderoso.35 «Sólo el Padre es el origen de todo. Pero en este origen está también el Hijo, como nos lo describe el Evangelio. Él es, por naturaleza, lo mismo que el origen, pues Dios es el origen, y la palabra, que está en el origen, es Dios» 36 —así parafraseaba Gregorio de Nyssa (1 395) algunos siglos más tarde en el espíritu del Niceno, el comienzo del Evangelio de Juan—. La expresión «consustancial al Padre» significa, por tanto, que la expresión bíblica «Hijo unigénito del Padre» sólo podrá ser adecuadamente interpretada si se entiende que el Hijo procede «de la naturaleza del Padre», no habiendo sido, por tanto «hecho», esto es, «creado».
La tercera frase añadida es la más discutible. Cristo, el Hijo, es
«consustancial al Padre». Ya no se trata aquí, como ocurría antes en los símbolos cristianos primitivos, de buscar expresiones sobre la obra de Cristo, la economía, sino de las relaciones mismas de Cristo con el Padre. Se pregunta aquí quién es realmente el Kyrios,el Hijo de Dios; qué es la «Trinidad inmanente». Las tres fórmulas paralelas, que anteceden a la frase añadida –«Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero»– ya no eran nuevas para Nicea. Están documentadas ya en símbolos más antiguos, por ejemplo, en la confesión que Eusebio de
Cesarea (+ 339) propuso al Concilio como su confesión bautismal.37 No se encuentran así de literalmente formuladas en la Escritura, pero están en las mismas raíces de la terminología joanea. «Dios de Dios» y «Luz de Luz» eran expresiones aceptables para los arrianos. En el sentido del platonismo medio, se puede comprender al Lógos,como Numenio de Apamea (+ ca. 200) lo hace, como un «segundo Dios» (deúteros theos), como un Dios por participación y, por ende, creado.38 Contra esto se dirige el tercer par de expresiones: «Dios verdadero de Dios verdadero». La participación de una criatura no puede llegar nunca a ser Dios.
Todas estas expresiones tienen como contenido la especial relación y el especial respecto de Jesús con el Padre. De la misma manera cómo la expresión «nacido del Padre» dice algo sobre el origen del Hijo, así
también «consustancial» tendrá algo que decir sobre el ser de Cristo, pero haciendo resaltar, contra la idea de participación, la divinidad, la igualdad esencial con el Padre.39 Calcedonia completará esto: Jesucristo es
consustancial al Padre y de la misma naturaleza de los hombres. Aquí se introduce el homousios para evitar caer en una interpretación simbólica. «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero». Todo esto hay que entenderlo en su pleno sentido. Pero las dos expresiones
«engendrado, no creado» y «consustancial al Padre» parece que estén relacionadas entre sí de una manera dialéctica. La primera tiene que
excluir que el Hijo sea visto como una criatura; la segunda debe evitar que en Dios haya algo así como una gradación, un más y un menos. La
perspectiva es siempre una bíblico-exegética. Las expresiones sobre el ser Dios de Cristo no se entienden literalmente, si se lee «del Padre» de forma distinta a «consustancial al Padre».
¿Qué significación tiene el concepto de sustancia (ovoLa, substantia) y «consustancial» (ómoousios,consubstantalis) en el contexto? El concepto ya tenía antes de Nicea una concreta significación filosófica. Aunque el