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2.3 and at what level?

2.6 Limiting factors and implementation challenges

Dado que la definición de sostenibilidad desde la arquitectura es ambigua, ¿Es posible hablar de un urbanismo ambientalmente sostenible? Varios son los autores que tratan el tema, teorizando en torno a lo que pudiera considerarse como un ordenamiento del territorio que propicia la sostenibilidad. Sin embargo, debe hacerse aquí la primera aclaración: sostenibilidad, ambiental y ecológico no hacen referencia a un mismo concepto, pese a que el urbanismo los considera sinónimos.

La definición de sostenibilidad ambiental en el urbanismo, hace referencia a la adopción de un modelo de ciudad que permita controlar los flujos de energía, de forma tal, en que se articule como un conjunto eficiente dentro de un territorio determinado. A este modelo se aproxima la llamada ciudad compacta en el modelo mediterráneo, el cual presenta dificultades en la práctica, dado que dicho modelo es posible siempre que la ciudad se comporte como un sistema estático cerrado, siendo que por definición, una ciudad es un sistema dinámico abierto (Rueda S. , 1999).

De esta forma, el urbanismo ambientalmente sostenible puede abordarse desde tres enfoques: los sistemas, la planificación y la bioclimática. Cada uno de ellos aporta la construcción de un ‘teoría urbana sostenible’, desde aproximaciones académicas no probadas en la práctica.

Así por ejemplo, una aproximación al urbanismo sostenible desde los sistemas, es la que

realiza Leal del Castillo17en sus trabajos: Introducción al Ecourbanismo y Ecourbanismo. Este

Autor plantea el abordaje de la ciudad como un ecosistema con sus propias dinámicas. De acuerdo a su planteamiento, la ciudades no son otra cosa que nodos en una red mundial cuyas conexiones se extienden al rededor del globo, “y su funcionamiento debe entenderse en términos de intercambio de materia y energía y de información” (Leal G. , 2010, pág. 31). En este sentido, las ciudades poseen un metabolismo complejo que funciona de forma horizontal y vertical, con el fin de obtener los recursos necesarios para sostener la urbe y transformar el paisaje.

De igual forma y, bajo esta definición, la ciudad se estudia desde la entropía dado que, como explica el autor: “Se encuentran condicionadas ´por la información del medio y la información propia producida durante el proceso de degradación y regeneración, acorde al principio sistémico de emergencia” (Leal G. , Íbid., 2010, pág. 31). En este sentido, los ecosistemas urbanos definidos desde el urbanismo, pueden caracterizarse por lo siguientes aspectos:

a. El volumen de energia externa a los seres vivos que hace funcionar el sistema18.

b. La movilidad horizontal que permite explorar ecosistemas alejados19.

17

En el año 2008 Leal del Castillo publica su trabajo Introducción al Ecourbanismo: un nuevo paradigma, el cual es una descripción del concepto de ecología y urbanismos desde la teoría de sistemas y la gestión urbano-ambiental. En el 2010 se publica: Ecourbanismo: ciudad, medio ambiente y Sostenibilidad, una descripción teórica del urbanismo ecológico.

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c. La existencia de instrumentos de cultiura y de información20.

Desde otra perspectiva, el urbanismo sostenible en la planificación urbana21, está

estrechamente relacionado con las estructuras básicas de la ciudad: lo físico, lo social, lo económico y lo político-administrativo (Camargo, 2008).

Las consideraciones del urbanismo sostenible para Camargo (2008) hacen referencia a la trasformación de paisaje, debida al poblamiento y el cambio en los usos del suelo y la presión que ello ejerce sobre los recursos y el ambiente. En este sentido, la planificación urbana en la visión de la sostenibilidad, se encamina hacia el entendimiento, predicción y control de los ecosistemas humamos, con el fin de comprender la forma cómo el paisaje se organiza luego de la transformación del territorio debida a la intervención humana (Camargo, Íbid., 2008).

El problema con esta visión sistémica de lo ambientalmente sostenible radica en que, si bien, es posible analizar el entorno mediante rigurosas metodologías de estudio, es muy poco lo que aporta dicho análisis para conseguir herramientas eficaces de control y seguimiento, aplicadas al territorio y medio natural en tanto, no “dan cuenta de las funciones que determinan la transformación del paisaje: si falta el modelo falta la predicción y no hay posibilidades de control” (Camargo, Íbid., 2008).

Así por ejemplo, en el contexto local, el urbanismo sostenible está sujeto a dos condicionantes: la estructura ecológica principal determinada por los POT, y las agendas ambientales. “Lo anterior se soporta en tres estructuras superpuestas e interdependientes: la Estructura Ecológica Principal (EEP), la estructura funcional de servicios (EFS) y, la estructura socio-económica y espacial (ESE). La EEP es el instrumento de planificación de mayor jerarquía, toda vez que separa los usos en dos grandes conjuntos: conservación (en sentido general) y desarrollo” (Andrade & otros, 2006).

Bajo estos principios, la EEP se define como “la red de espacios y corredores que sostienen y conducen la biodiversidad y los procesos ecológicos esenciales a través del territorio del Distrito Capital, en sus diferentes formas e intensidades de ocupación, dotándolo al mismo tiempo de servicios ambientales para el desarrollo sostenible” (Articulo 17 POT en Andrade & otros, 2006). Estas estructuras se toman como lineamientos para la planificación sostenible y ambiental del territorio en el contexto urbano y regional.

Por otra parte, las agendas ambientales permiten obtener un panorama del entorno urbano desde los aspectos físicos. Al respecto de las agendas ambientales, Giraldo (2009, pág. 321) explica: “La lógica de este instrumento consiste en revisar, de acuerdo con el estudio de impacto que se realice, la respuesta institucional, identificando tanto los aspectos a mejorar como los aciertos existentes. A partir de allí, se construye la matriz de interacciones

19Op. Cit. 20 Op. Cit.

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ambientales para establecer una visión local con un escenario transcendental, es decir, cuál sería el estado de la localidad, de seguir la situación actual un escenario ideal, que se define por cada uno de los grupos de los talleres participativos; y finalmente un escenario posible, donde se establecen unos supuestos o condiciones al interior y exterior de la administración local para alcanzar unos objetivos concretos”

Una vez realizado el estudio de la ciudad, se obtiene información sobre la problemática ambiental del área urbana. Dicha información arroja como resultado preliminar, el que la ciudad no responde una estructura de gestión y planificación articulada al medio ambiente, dado que la estructura político-administrativa resulta altamente ineficiente; por este motivo, las agendas ambientales más que un instrumento de gestión, se establecen como un elemento de diagnóstico del ambiente urbano.

Finalmente, para Higueras (2006), el urbanismo sostenible debe plantearse desde la bioclimática aplicada, a una escala de ciudad. Esta autora afirma: “El urbanismo bioclimático debe adecuar los trazados urbanos a las condiciones singulares del clima y le territorio, entendiendo que cada situación geográfica debe generar un urbanismo característico y diferencia do con respecto a otros lugares” (Higueras, 2006, pág. 15).

El urbanismo bioclimático, de acuerdo a Higueras (2006) se fundamenta en seis principios:

 Un trazado variado estructurante que responda a criterios de soleamiento y viento

local (jerarquía y sección trasversal)22.

 Calles adaptadas a la topografía buscando las condiciones óptimas de soleamiento y

viento local.23

 Zonas verdes adecuadas a las necesidades de humedad y evaporación ambiental (en

superficie, conexión y especies vegetales apropiadas).24

 Morfología urbana de manzanas que generen fachadas bien orientadas y una

adecuada proporción de patios de manzana según el clima.25

 Parcelación que genere edificios con fachadas y patios bien orientados.26

 Tipología edificatoria diversa y adecuada a las condiciones del Sol y vientos del

lugar.27

Lo que buscan cada uno de estos postulados es optimizar el recurso energético, con la implementación masiva de estrategias solares pasivas a escala urbana, bajo el fundamento de que la ciudad no se ha estructurado en relación a los factores físicos: por el contrario, la ciudad se organiza desde lo político-administrativo, ajena a las relaciones ecosistémicas naturales.

22 Tomado de: Higueras, E. (2006). Urbanismo Biocliático. Barcelona: Gustavo Gili. Pág., 16 23 Op. Cit. 24 Op. Cit. 25 Op. Cit. 26 Op. Cit. 27 Op. Cit.

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Dicha estructura depende, sin embargo, de las disposiciones normativas de la ciudad y los usos del suelo (Giraldo & otros, 2009). Si se considera que los precios de las rentas son el eje estructurante de la economía urbana, es fácilmente comprensible que la planificación no busca exclusivamente ordenar la ciudad sino, garantizar una constante dinámica económica que propicie su desarrollo. Por este motivo, no es simple plantear estructuras ambientalmente sostenibles, desconociendo las repercusiones en un sistema tan altamente complejo.

El inconveniente con esta propuesta radica precisamente en la dependencia que se hace de la política pública, que permita realizar intervenciones urbanas desde conceptos de adaptabilidad a entorno, sin que predomine el uso y valor del suelo. Para lograrlo, se hace necesaria una restructuración del modelo económico urbano.

En conclusión, bajo las tres directrices planteadas, el urbanismo sostenible está encaminado hacia el ordenamiento del territorio en una lógica desde la ecología, es decir, la interrelación existente entre ser humano y entorno. La realidad de esta teoría urbana hoy, es que no busca (ni es su directriz) la comprensión del hábitat urbano en relación a las estructuras ecológicas, dado que su mayor preocupación radica en definir un esquema normativo acorde a las condicionantes naturales del territorio, bajo el supuesto de la ciudad como sistema cerrado.

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