Las agendas urbanas preocupadas de reducir la pobreza y la precariedad en las ciudades recién están reconociendo la importancia de incorporar a su bagaje programático, intervenciones que apunten de manera específica a proveer mayores oportunidades de progreso y empleo para los pobres urbanos.84 La mayoría de los programas de alivio a la pobreza que se han instrumentado en la Región se preocupan del desempleo y la vulnerabilidad económica. En esta búsqueda se consideran, junto a las opciones convencionales de fomento productivo arriba descritas, otras medidas para que el potencial productivo de los pobres en los espacios urbanos concretos en que ellos residen, se incorpore en estrategias más amplias de desarrollo de las ciudades.
3.1 Localización de los asentamientos populares y accesibilidad
al empleo
Mientras los hogares y grupos que se asientan de manera informal con frecuencia privilegian localizaciones más centrales, sacrificando niveles de seguridad, salubridad y comodidad a cambio de una buena accesibilidad a las oportunidades de trabajo o a los servicios urbanos, los proyectos de vivienda que se construyen para los pobres en la ciudad se han localizado en general donde se puede contar con tierras a costos razonables, esto es, en localizaciones alejadas. Los gobiernos están reconociendo que estas re-localizaciones pueden condicionar de manera negativa la accesibilidad de los pobres a los espacios de trabajo que ofrece la ciudad (industrias, comercio, servicios) al implicar altos costos de tiempo y recursos para aprovechar las oportunidades existentes. En una agenda urbana sensible a la pobreza se va incorporando entonces de manera importante el logro de una buena accesibilidad de los pobres urbanos a la ciudad al momento de decidir la ubicación de los proyectos de vivienda social. Ello implica además decisiones en materia de vialidad urbana, transporte público, infraestructura o zonificación que acerquen a los pobres a oportunidades de empleo.85
A su vez, la mayor importancia que se da hoy a una buena localización urbana para atenuar los procesos de segregación y exclusión de los pobres, ha llevado a actitudes más abiertas hacia la consolidación de asentamientos irregulares que existen al interior del tejido urbano, que aquella que predominaba hace unas décadas. En efecto, la radicación de estos barrios precarios en sus actuales ubicaciones parece ser en muchos casos una alternativa no sólo preferida por los propios habitantes, sino además beneficiosa para la economía de los hogares pobres y de la ciudad en su conjunto.
3.2 Tratamiento del empleo informal
Particularmente en los proyectos de rehabilitación de centros y barrios en deterioro, una gestión urbana que no desea perjudicar a los residentes pobres debería compatibilizar de manera realista la promoción de actividades de mayor productividad con la existencia y eventual resguardo
84 En la mayoría de los países se presupone que al promover el desarrollo económico en determinados territorios o ciudades, se beneficiarán necesaria y automáticamente los pobres urbanos. Sin embargo, la experiencia parece aconsejar la adopción de medidas concretas que beneficien a los habitantes de barrios precarios u hogares de menores recursos.
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Ello es especialmente importante, por ejemplo, en el caso de las mujeres jefas de hogar, para quienes una inversión excesiva en tiempo de viaje al empleo podría imposibilitar la inserción laboral.
de las modalidades de sobrevivencia informal que adoptan los pobres. Las experiencias regionales de renovación de barrios centrales que expulsan a los residentes pobres, o los planes de seguridad y ornato de sectores urbanos que “limpian” las calles de vendedores informales, deberían ser analizadas en cuanto a su impacto sobre la pobreza urbana, de modo de incluir en futuros programas las correcciones que impidan los efectos negativos.
Algo similar sucede en los asentamientos precarios o los conjuntos de vivienda social cuando la normativa urbana o municipal no permite el desarrollo de actividades productivas o de servicio de tipo informal en los hogares donde no existe otra posibilidad de ingreso. En general, las acciones más exitosas en este campo han permitido la coexistencia de ambos sectores, previendo procesos graduales en que los avances en productividad se compatibilicen con una permanencia transitoria de la informalidad y el empleo precario.
3.3 Integración del trabajo en los asentamientos
Los programas de provisión de nuevas viviendas para los pobres urbanos se han caracterizado en muchos países por una aproximación sectorial, que privilegia el aspecto habitacional, e ignora o minimiza la importancia de los componentes comunitarios y productivos. Respecto de estos últimos, en algunos países las propias políticas habitacionales han establecido prohibiciones para que en los conjuntos de vivienda social se instalen actividades productivas, o que las familias las realicen en las viviendas. En otros casos, las ordenanzas municipales no permiten en las zonas residenciales la instalación de espacios para la producción que podrían dar empleo a la población vecina. En varios países estas normativas se han flexibilizado para posibilitar el desarrollo de actividades productivas en las viviendas, con claro beneficio para mujeres o personas de tercera edad que tiene mayores problemas para desplazarse fuera del asentamiento para trabajar. El caso descrito anteriormente de Villa El Salvador, en Lima, Perú señala la conveniencia de contemplar en los trazados iniciales de los asentamientos, centros de trabajo para los beneficiarios, y establecer reservas para futuros emprendimientos industriales.