Battle Drill
8. Linkage with Collaborative Services
una nueva creación saldrá de sus despojos, debido esto no sólo a la sabiduría inherente a la crítica, sino simplemente porque, al enfrascarse en los problemas del hombre, quedará en la balanza y resultará corta.2
Resulta interesante que las teorías de la personalidad hasta ahora consi- deradas como menos "científicas" (las psicodinámicas y las organismo huma- nísticas) tengan teorías más o menos coherentes de la personalidad, mientras que las consideradas más científicas (como son las teorías conductuales y las de los rasgos) carezcan frecuentemente de teorías comprensivas de la perso- nalidad. Por contrario, son precisamente las psicodinámicas y las organismo humanísticas las que más han insistido en encontrar en el individuo biopsíqui- co la explicación comprensiva de su comportamiento y, en completo acuer- do con las conductuales y las de los rasgos, no sólo desean comprender a la persona en términos de sus procesos cognoscitivos, motivacionales, psicodi- nárnicos o conductuales, sino que, tácitamente, asumen que basta con mani- pular, o modificar o estimular tales procesos para que sus terapias tengan el éxito esperado.
La psicología de la comunidad, al enfrentarse con toda buena voluntad y candidez al problema de la persona en acción en su medio social real, entró primero casi en estado de shock, pero no cabe duda de que en los últimos años ha estimulado crecien temente la colaboración interdisciplinaria en acti- vidades pragmáticas útiles para los clientes, en este caso no solamente los individuos, sino los grupos familiares y las comunidades. La naciente tenden- cia en los psicólogos sociales, aun los académicos, por salir fuera del labora- torio, en reminiscencia de las investigaciones prácticas de Kurt Lewin y sus discípulos, está forzando un nuevo enfoque para la personalidad. Dicen David Snow y Petter Newton:
Si queremos evitar los cismas, que, en parte, están forzando a la psiquiatría a volver a los brazos de la biología, necesitamos adoptar un enfoque teórico que relacione al individuo con su matriz sociocultural. Es decir, necesitamos ser genuinamente sociopsicológicos en nuestra conceptualización del funciona- miento psíquico,'
Yo quiero comprender todas estas nuevas inquietudes de los psicólogos, y de otros profesionistas al servicio del bienestar de los seres humanos, como indicadores de que hay cosas que debemos dejar de hacer y otras a las que debemos dedicar mayor atención.
Veamos algunos ejemplos de cosas que deberíamos dejar de hacer. Tanto en la práctica de la psicoterapia como en la elaboración de teorías de la per- sonalidad, debemos abandonar una connivencia, casi complicidad con los
2Murphy, Gardner, Personality: A Biosocial Approach Fo Origins ancl Structure, Harper & Brot-
hers, Nueva York, 1947, pág. 905.
'Snow, D. L. y Newton, P. M., "Task, Social Structure and Social Process in the Community Men- tal Health Center Movement". American Psychologist, 1976, 31,, 8, 582- 594, pág. 592.
individuos. En la aproximación psicodinárnica, por un tiempo el individuo no podía ser culpable de nada y, por lo tanto, tampoco podía ser responsable de ninguno de sus actos. Por razones muy distintas, lo mismo ocurre si adopta- mos la actitud determinista estrecha de algunos teóricos de la aproximación conductual. Esta imperdonable connivencia ha hecho que la enorme mayoría de los entusiastas clientes de las psicoterapias modernas, tiendan a pensar, en mi opinión, básicamente en sus derechos y muy poco en sus responsabilida- des hacia los demás. Una segunda connivencia, que algunos psicólogos com- parten con la televisión para niños en los Estados Unidos, es un acento que yo consideraría un tanto enfermizo. El acento recae, por un lado, en etéreas y superpoderosas facultades humanas que lindan con el puro pensamiento mágico y, po otro, en la posible coalición con el anarquismo y el nihilismo, que rayan en las deformaciones wertherianas ansiosas, presuicidas o en una exaltación de lo que podríamos llamar un Edgar Allan Poeismo, y no pocas veces en una promoción abierta de un narcicismo hedonista con un apetito voraz por estímulos de todos los tipos, que bien puede no ser ajeno al tremen- do desarrollo de la drogadicción. Creo que pocos dudarán que estos enfo- ques y preocupaciones han hecho extremadamente popular a la psicología en todas sus aproximaciones, pero en esto, por desgracia, no alcanzo a ver, a veces, la diferencia entre algunos de estos psicólogos francamente demagógi- cos y la demagogia de algunas utopías políticas que ofrecen paraísos en los que abundan los derechos, pero en los que casi nunca se mencionan las res- ponsabilidades. El individualismo excesivo y sus exageraciones conductuales no pueden existir en la realidad porque somos entes sociales. Abraham Mas- low me confiaba su profunda preocupación por el exceso de individualiza- ción escondidos en "growing up absurd".
Claro que podemos negar la existencia de consensos sociales y, por ende, la existencia de una realidad social; pero aquí acudiría a los psicodinamicis- tas, quienes frecuentemente tienen más sus pies sobre la tierra, y me permiti- ría indicar que esta negación es ya un mecanismo de defensa. Yo he invitado a los nihilistas, que llegan hasta la negación de la realidad física, a demostrarme la inexistencia de la gravedad, brincando de un rascacielos.
En mi opinión, tanto en la psicoterapia como en las teorías de la persona- lidad, debemos dejar de poner la excesiva atención que hasta ahora se ha puesto en los procesos biopsicológicos, es decir, en los procesos psicodiná- micos, cognoscitivos y conductuales de los individuos. Creo que aun al enfo- que multifacético le falta suficiente realidad; no vamos a obtener cambios per- sistentes en el comportamiento de los individuos con sólo manipular estos procesos. Las no raras recaídas de las personas admitidas en los procesos de psicoterapia, seguramente nos demuestran que hay varias otras cosas que tomar en cuenta.
Mi opinión es que debernos escaparnos de los presupuestos que irrealísti- eminente limitan el campo de la psicología. Al entender el comportamiento humano a partir del individuo y de sus procesos psicológicos, no hay manera de innovar, no hay manera de desarrollar percepciones más comprensivas del hombre en acción; debemos superar este "theoretical impasse".
CAPiTULO 13. ENFOQUE 1NTERDISCIPLINAW
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TERCERA PARTEEntonces, me preguntarán, hacia dónde debemos impulsar nuestro interés y el trabajo de los investigadores así como los dineros de la inves- tigación.
En primer lugar, opino, y casi imploro, que se dediquen cada vez más interés y estudio a todos aquellos procesos que puedan enseñarnos cómo incrementar la responsabilidad personal consigo mismo y con los demás: la pareja, la familia, la comunidad, la ecología, la sociedad, la progenie, la humanidad. En segundo lugar, opino que dirijamos nuestros esfuerzos hacia verdaderas investigaciones y aplicaciones interdisciplinarias. Esto siempre se ha dicho con muchísima más facilidad de lo que se ha hecho, yo propongo e insisto que, de ahora en adelante, las investigaciones que se realicen dentro del campo de la psicología contemplen la introducción en su diseño, cuando menos, de las siguientes variables dimensiones: 1. Una variable biopsíquica, es decir, involucrar cuando menos uno de los proce- sos psicológicos en la investigación. 2. Una dimensión o varible sociológi- co estructural, es decir, que el proceso, o procesos que se deben investi- gar, se hace en un contexto en que se pueda analizar el resultado de la acción, cuando menos en otra persona: la pareja, la diada, un grupo o una comunidad. 3. Una variable histórico cultural; es decir, la presencia en el diseño de algo que relacione el proceso biopsiquico no solamente con las estructuras sociales inmediatas, sino que permita comprenderlo en el con- texto de una evolución histórico cultural. 4. Una dimensión o variable eco- nómica que permita comprender la relación del ejercicio de un proceso biopsíquico con la existencia, en mayor o menor grado, de recursos eco- nómicos. Yo pienso, y hasta ahora así me ha sucedido, que la única forma de hacer investigación interdisciplinaria es la de pedir, a veces implorar, la ayuda de los colegas sociólogos, economistas, historiadores y antropólo- gos, en términos de aquellas variables o procesos en los que estemos inte- resados. Un psicodinamicista, por ejemplo, podría tener interés en com- prender el lugar de los mecanismos de defensa de la persona en acción. Podría, por ejemplo, hacer este tipo de planteamiento a un economista: "Los psicodinamicistas", desde los tiempos de Freud, nos hemos encontra- do ante el hecho de que los seres humanos tienden, en un gran número de- circunstancias, a negar las realidades que los ofenden. ¿Qué variable de la ciencia económica me permitiría comprender la relación de este proceso en distintos sistemas económicos o en distintas estructuras de tipo socioe- conómico? Si el economista requiere de mayor explicación, se podría indi- car: Hablemos de dinero, ¿cree usted que si una persona tuviera diez veces más dinero que otra, tendería la primera a usar más frecuentemente sus mecanismos de defensa que la segunda? Quizás le podría preguntar, en qué condiciones de mercado se daría con más frecuencia esta acción de negar la realidad, proyectar más o racionalizar los eventos.
Frente al antropólogo cultural, nuestro psicodinamicista podría preguntar sobre la existencia de ciertos valores culturales en determinados grupos, que favorezcan o entorpezcan el desarrollo de los mecanismos de defensa. Frente al sociólogo podría preguntarle si distintos tipos de estructuras familiares pue-
den tender a modificar, de manera cuantitativa o cualitativa, la expresión de los mecanismos de defensa.
Los norteamericanos han nacido y crecido en una cultura que deman- da que todo mundo debe ser, antes que nada, un individuo; se piensan totalmente libres de ordenamientos culturales, pero los tienen, y muy cla- ros, y los obedecen hasta el punto de negar que existan otros factores ade- más del individuo para explicar el desaman° de la personalidad. Como hemos visto, los psicólogos norteamericanos no han sido de mucha ayuda para contrarrestar esta manera cultural de pensar y, siguiendo el ordena- miento dela cultura, parecen decir: "individualizarse, ser único o morir". Así son claramente explicables ciertos sucesos típicamente norteamerica- nos, tales como los "streakers". Pero cómo explicar el hecho evidente, a ¡os observadores de otras naciones de que &pesar de la verdad axiomática de que el ser humano en acción es forzosamente el resultado de una inte- racción entre su potencial bipsíquico y la sociedad que lo rodea, se sigue insistiendo en teorías de la personalidad y en psicoterapias basadas en el individuo y sus procesos, y que grandes cantidades de recursos se dedi- quen a esto y mínimas para enfoques interdisciplinarios. Esta situación tal vez se explique con un viejo chisme mexicano: Un señor ve a otro buscan- do desesperadamente en una esquina algo en el suelo y le pregunta: Señor, ¿en qué puedo ayudarlo?, ¿qué es lo que anda buscando? A lo que el señor contesta angustiado: Es que perdí, en la otra esquina, un anillo de gran valor material, pero, sobre todo, de valor espiritual para mí. El interlocutor con sorpresa pregunta: Pero, ¿por qué lo busca en esta esquina si lo perdió en la otra? A lo que contesta el atribulado buscador: ¡Es que en esta esqui- na hay luz!
Ahora bien, es sencillo, para un psicólogo mexicano, en cuya cultura el acento recae mucho más en el grupo familiar que en el individuo, poder adver- tir en sus exageraciones el individualismo tipo norteamericano. Los norteameri- canos considerarían morbosa la interdependencia de los mexicanos. Este indi- vidualismo norteamericano, sin embargo, ocurre fundamentalmente durante la infancia, la adolescencia y la juventud, ya que en la edad adulta el norteameri- cano se vuelve gregario y parece querer recuperar su infancia, jugando con sombreritos, rituales y jerarquías fantasiosas. En todo caso, para los mexicanos sería lo contrario. Nacemos, y durante nuestra infancia y hasta bien entrada la juventud, hay una intensa presión para conformarse y ser parte de la familia, más que un individuo; y es en la edad adulta cuando los mexicanos, a menudo, buscan su independencia y la soledad. Muchos intelectuales, norteamericanos que leyeron a Octavio Paz en El laberinto de la soledad, dijeron: "Esto nos des- cribe a nosotros, pero a la inversa, pues los norteamericanos adultos se sienten solos y andan buscando compañía, en cambio, los mexicanos se sienten tan acompañados, que andan buscando la soledad.
244 CAPiTULO 13 ENFOQUE INTERDISCIPLINARIO 245 LA CULTURA Y LA PERSONALIDAD DEL ME›,,CANO
No vamos a definir aquí a la cultura, Kroeber y Kluckhon escribieron un libro para revisar 164 definiciones y 100 conceptos de cultura. Para nuestros propósitos actuales digamos que la cultura es un sistema de creencias y de ins- tituciones. En su sentido más amplio, cultura incluye dimensiones antropoló- gicas, sociológicas y económicas para los seres humanos. ¿Y qué es la perso- nalidad? Pues es también un sistema de afirmaciones a las que llamamos premisas. Hay premisas personales, premisas acerca de roles, premisas sobre las relaciones interpersonales, económicas, de grupo, nacionales, sociocultu- rales, de emoción, de gesto, de actitud, etc. Así, la personalidad se presenta como un sistema de procesamiento de información de naturaleza racional
emocional, que obtiene diferentes grados de identidad individual como resul-
tado de una dialéctica entre tal sistema de información individual y la cultura, la cual, en esta aproximación, no es otra cosa que un gigantesco sistema de información resultante de la historia de cada sociedad.
Así pues, la consistencia, la singularidad y la identidad de cada persona resultan de una persistente dialéctica, a través del desarrollo individual, entre las fuerzas culturales y las contraculturales.