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CHAPTER 4 4 TEST RESULTS AND DISCUSSIONS

4.4 Load at initial crack

Levantar un arma e irse contra quien piensa diferente arrogándose la voz del pueblo o el desequilibrio social y la injusticia es un desen- freno pasional que termina oprimiendo a ino- centes por la corajuda torpeza que da la moral impositiva (Castro, 2003).

Hay condiciones de abuso y olvido que tienen ribetes históricos y frente a ello no es difícil encontrar familiares ideológicos que colabo- ran con el despiste político. La opción polí- tica de Sendero Luminoso (SL), diría Pablo Macera, solo deberá excluirse si se encontrase

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en marcha un programa global y radical de cambios. La ausencia de un plan integral que transforme la realidad avala las irracionalida- des, pudo concluir el historiador.

Por su parte, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) justifica su levanta- miento armado en el artículo 89 de la Constitu- ción de 1979 y en el artículo 46 de la Constitu- ción de 1993: “Considerando que el Gobierno peruano no tomó en cuenta las aspiraciones de democracia y de justicia social de nuestro pue- blo y por el contrario la aplicación del mode- lo neoliberal hundía al pueblo en una situación de pobreza extrema y ante las justas protes- tas de los sectores populares el Gobierno res- pondió con una política represiva y sistemá- tica, que en la práctica devino en terrorismo de Estado (…). Por todo ello el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru insurgió como fuerza militar Ejército Popular tupacamaristas (EPT) en 1984, para defender los espacios de- mocráticos conquistados en décadas de duras luchas por nuestro pueblo y para conquistar la paz con justicia social a la que aspiramos”. Apelar a que se está gobernando equivocada- mente, a que históricamente se gobierna a es- paldas de los pobres o de grupos excluidos no puede ser causal de insurgencia, lo es si de rea- lizar protestas o de asociarse para contrarrestar las equivocaciones históricas como ha ocurri- do con las luchas sociales de inicios del siglo XX y los reacomodos sociales a partir de las luchas de poder. Plantear remedios radicales como la insurgencia, de un grado de violencia, per se mayor que la protesta social, porque se es contrario al modelo o forma de llevar el go- bierno resulta, por decirlo menos, inaceptable cuando existen otros mecanismos.

Es impreciso orientar la insurgencia frente a una actividad considerada discursivamen- te solo como injusta. Acciones de lucha res- ponsables no pueden sostenerse solo en fra- ses aglutinadoras como ambiguas. La vetusta noción de justicia ha recibido análisis de tipo multidimensional que no ha permitido arri- bar en una concepción consensuada. La con- clusión inconclusa. La justicia no puede ser el

elemento para probar y justificar una acción que terminaría convirtiéndose en una opresión diferente a la opresión primera. La moral im-

positiva o la justicia de un lado son errores humanos (Castro, 2003).

En nombre de la moral, de la justicia y de lo que es bueno, se han creado –y aún se crean– doctrinas totalitarias y asesinas, se ensaya la uniformidad del ser humano y se agrieta el ca- mino de libertad. La moral se vuelve, a veces, contraria con la naturaleza y se enfrenta a los instintos de la vida tildándolos de conductas li- bertinas. Arduo trabajo para aquellos discur- sos enarbolados contra el totalitarismo basán- dose en la moral. Profeso, como otros y todos, una moral sembrada por una serie de principios que se enredan en mis zonas grises de la vida privada, social y pública; pero una moral con- siderada norma autónoma, de ninguna mane- ra una fórmula heterónoma que se asigna o se impone.

Obligar a que se sea de una u otra manera es ingenuo, ante una riqueza fascinadora de seres y personas, sin olvidar que la sociedad de ma- sas ha hecho lo suyo, hay un monstruoso juego de cambio de formas y es ahí donde con atre- vimiento y error de convivencia se dice que el hombre debería ser de este modo y no de otro, las cosas deben ser de este modo y no de otro. El hombre y la comunidad que interactúa está llena de fragmentos, llegando incluso a formar normas adicionales, una construcción hacia todo lo que ha de ser y será, decirle que cam- bie es incluso que lo haga hacia atrás.

“Haz esto o esto otro”, “las cosas son así o asá”, hace de la moral un imperativo que lo convierte en el pecado original de la razón, la irracionalidad inmortal (Nietzche, 1888). La búsqueda o ausencia de justicia no puede dominar la aplicación de este derecho de retor- no a la democracia. Es un error considerar si- milares a la justicia y la democracia. La demo- cracia puede ser entendida como un régimen liberal que permite una convivencia razonada, siempre que sea deliberativo, lo que no lo hace necesariamente justo.

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GACETA CONSTITUCIONAL N° 19

ESPECIAL

77 Una sociedad donde votan mujeres y hombres

será más democrática que una donde solo vo- tan los hombres, dice Bobbio; una sociedad con más espacios y momentos de deliberación y participación directa sería más democráti- ca que una que no los tiene, los tiene escasos o que se basa, exclusivamente, de fórmulas representativas.

La práctica social y pública en democracia ha dejado, en la percepción de los latinoamerica- nos, números que no son favorables al régimen que actualmente vivimos. In-

formes multinacionales co- inciden que un grueso grupo humano dejaría el actual ré- gimen por uno autocrático si este ofrece satisfacer necesida- des económicas. No muy lejos, los que prefieren la democra- cia mantienen ideas contrarias a los principios que la rigen. Uno de cada tres entrevistados, cree que la democracia pue- de funcionar sin instituciones como el Parlamento o los par- tidos políticos (PNUD, 2004). Las fórmulas liberales nos han entregado varios mode-

los, iniciándose y, en muchos casos estancán- dose, en modelos electorales. Las elecciones son solo técnicas de designación y no trans- forma una estructura en democrática. Fácil es recordar las elecciones en el Portugal de Sa- lazar, el Paraguay bajo Stroessner, las Filipi- nas de Marco o el Perú de Fujimori, donde las condiciones de elección pueden resultar alta- mente antidemocráticas.

La existencia de una oposición libre que lle- gue al parlamento reduce el conflicto de inte- reses de las clases y grupos sociales a un es- cenario observado por el Estado y sobre todo pacífico, pero si el que se encuentra en el po- der impide esa condición se hace inviable el mantenimiento de la paz.

La democracia es un proceso que se va fortale- ciendo con la participación permanente, ética y responsable de la ciudadanía (artículo 2 de la Carta Democrática Interamericana de 2001)2, que cuenta con condiciones o requerimien- tos formales aceptados mayoritariamente y en proceso de instalación real en muchas socie- dades. Como proceso gradual y permanente se mezclan y combinan la presencia de estos re- quisitos formales donde el control al poder y la vigilancia funcional no son contingentes sino permanentes. No sirve de mucho contar con la presencia oficial de institu- ciones si estas están en manos corruptas, son las personas y los intereses colectivos la fi- nalidad de los gobiernos. Son el pensamiento y la ac- tuación individual y colecti- va elementos prioritarios para la democracia racional que se perfecciona con la constante presencia de intereses diferen- tes. Las condiciones estructu- rales hacen posible el desarro- llo pero los factores culturales determinan si la posibilidad se convierte o no en realidad. Devenimos en la teoría que tiene a la demo- cracia como finalidad y también como medio, viable bajo el pensamiento democrático de la posibilidad (Landa, 2002).

“La democracia es un modelo para organi- zar el ejercicio público y colectivo del po- der de las principales instituciones de la sociedad sobre la base del principio de que las decisiones que afectan el bienestar de la colectividad pueden ser vistas como el re- sultado de un procedimiento libre y razo- nado de deliberación entre individuos que pueden ser considerados como moral y po- líticamente iguales” (Benhabib, 1996). La situación de retorno a la democracia no re- sulta de un estado de naturaleza. Para J. Locke,

La práctica social y pública en democracia ha dejado, números que no son favorables al régimen que actualmente vivimos. Informes multinacionales coinciden que un grue- so grupo humano dejaría el actual régimen por uno autocrático si este ofre- ce satisfacer necesidades económicas.

2 “La participación de la ciudadanía en decisiones relativas a su propio desarrollo es un derecho y una responsabilidad” (artículo 6 de la Carta Democrática Interamericana).

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se trata de un estado de guerra. En una guerra hay personas que no participan de las hostili- dades o han dejado de hacerlo, ellas no jue- gan, el principal objetivo del derecho huma- nitario en tiempos de guerra es limitar y evitar el sufrimiento. Respetar a través del cumpli- miento del espíritu y de las normas de los tra- tados internacionales, mal considerados “ex- tranjeros”, de parte de los Gobiernos y sus fuerzas armadas como también de quienes lle- ven a cabo las operaciones insurgentes, o cual- quier parte integrante del conflicto. Los dere- chos fundamentales siguen respetándose. Son aplicables los convenios de Ginebra de 1949 y los dos Protocolos de 1977 adicionales a estos que son documentos principales en el derecho humanitario.

Esta asociación arbitraria es acomodada al no contar con registros o ejemplos históricos más allá de la enardecida limeña contra los herma- nos Gutiérrez en 1872, ante un evidente caso de usurpación, la toma por la fuerza de la pre- sidencia. Ninguna de las herramientas norma- tivas ensayadas sirve para la interpretación ju- rídica de esos hechos.

III. LA AUTODEFENSA, LAS DISIDENCIAS