Caracterizado por la alternancia del poder en la presidencia y la repartición burocrática,
el Bipartidismo, existencia de dos partidos políticos sin identidad ideológica clara, en donde prima la capacidad negociadora de los cargos públicos y negociada para menguar el fenómeno de la violencia bipartidista del momento, crisis permanente de legitimidad del sistema político e inexistencia de control político.
• Alberto Lleras Camargo (Liberal 1958- 1962): Un gobierno caracterizado por el surgimiento de la Reforma Agraria, Reafirmación del Bipartidismo y una crisis constante de Gobernabilidad.
• Guillermo León Valencia (Conservador 1962-1966): Un gobierno caracterizado por la inestabilidad Política y el surgimiento de las Organizaciones Guerrilleras.
• Carlos Lleras Restrepo (Liberal 1966-1970): Un gobierno que logró superar la Crisis de Gobernabilidad, en donde el Congreso se preocupó de fortalecer, conservar y aumen- tar su poder político, y donde el Presidente monopolizaba casi la totalidad de la facul- tad o poder legislativo.
• Misael Pastrana Borrero (Conservador 1970 -1974) El gobierno de Pastrana Borrero estuvo orientado básicamente hacia las reformas sociales y se desarrolló bajo el lema del ‘Frente Social’. Pastrana estableció un plan de desarrollo denominado Las cuatro estrategias. Entre ellas figuró el estímulo al desarrollo de la construcción, a través de las Unidades de Poder Adquisitivo Constante, U.P.A.C. Este sistema guberna- mental, creado en 1972, se convirtió más tarde en una de las causas que condujeron a elevar la inflación nacional.
Las estructuras políticas del Frente Nacional fueron concebidas inicialmente para ejercer durante 16 años, las cuales correspondían por partido, a dos periodos presidenciales, pero en 1968 se estipuló que el sistema no
sería cortado radicalmente, sino que paula- tinamente sería eliminado. La competencia electoral libre se volvería a restablecer en 1974, y el requerimiento de compartir los puestos públicos de ejecutivo terminaría en 1978. Sin embargo, la reforma estipulaba, que el partido ganador debía ceder cierto grado de poder, al partido perdedor. Como resultado esta fórmula de coalición se prolongó hasta 1986, cuando el presidente liberal Virgilio Barco después de ofrecer una participación demasiado insignificante para el partido opositor, regresó a la administración unipar- tídista. (Ibañez, 2008).
Con la Constitución de 1886, el régimen jurídico del Estado fue definitivamente cen- tralista, mitigado por la descentralización administrativa con libertades limitadas. Se implantaba una sólida estructura constitu- cional edificada sobre la base del primado del poder presidencial. El presidente a partir de allí será el centro de la acción gubernamental, el conductor de su partido, el director de la hacienda pública y el comandante de la fuerza armada. Un Presidente con facultades políticas, administrativas, internacionales, y económicas que opacaron la acción de los otros poderes. El presidente en Colombia es casi la totalidad del Estado.
La presidencia es el más elevado cargo, su facultad decisoria es casi absoluta, sus puntos de vista se convierten en actos de gobierno, sin contar con sus atribuciones excepcionales. El problema colombiano del poder presiden- cial se deriva de la jefatura de modulaciones imperiales (Vázquez 1979), tinte que le dio Simón Bolívar. En las Décadas posteriores a la disolución de la Gran Colombia se plan- tearon fórmulas diversas de equilibrio de los poderes públicos sin resultado positivo.
El poder presidencial absorbe buena parte de las facultades del Congreso con el
consentimiento de éste, aumentando las atribuciones del presidente en materia eco- nómica, y financiera. La constitución de 1886 dispone un equilibrio entre quien ejecuta las leyes y quienes las dictan en nombre del pueblo, lo cual es apenas un postulado abs- tracto ajeno a la realidad, lo cual se constata en la presencia de una “dictadura constitucio- nal”. (Vásquez, 1979, p.15).
Las constituciones colombianas anteriores al proceso constitucional que originó la Consti- tución de 1991, (dentro de lo que podríamos llamar tipología de la Constitución (Uprimny, 2007), han sido documentos políticos, sin fuerza normativa, es decir sin poder vin- culante, documentos procedimental que establecía valores y un marco de actuación de los poderes públicos y de los particulares, constituciones límite o marco. El derecho constitucional no constituía un instrumento para pensar el Estado, el Congreso, Las leyes y corrientes de opinión, constituían una estra- tegia política fácilmente maleable de acuerdo a los intereses de quienes detentan el poder. Por ahora el repaso histórico arroja como resultado dos centros de crisis: la situación de los partidos tradicionales: burocratización, acuerdos de alternancia del poder, la crisis ideológica partidista, carencia de alternati- vas de programas en el poder, que suponen afección a la actividad del Congreso y los nuevos rumbos del orden económico dirigido por las disposiciones gubernamentales, que generaron prácticas de monopolio del poder en el ejecutivo, separando de la realidad las disposiciones constitucionales relativas al equilibrio del poder.
Se perciben hasta ahora las siguientes ten- dencias que deforman el Estado democrático en el sistema presidencial colombiano:
• Excesivo poder presidencial: Por las facul- tades otorgadas por la constitución y la ley
así como las delegaciones que le permiten absorber facultades de los otros poderes. • Debilidad institucional del Congreso: al
dejar de ejercer la tarea fiscalizadora del ejecutivo, limitada por las coaliciones y negociaciones propias del acuerdo de alter- nancia partidista del poder en el Frente nacional y sus rezagos y la expectativa de sus integrantes frente a su aspiración de ingresar al gobierno central o a las gobernaciones.
• Estado de sitio permanente: La militari- zación de la justicia es la mentalidad de los partidos tradicionales, a los cuales no les preocupa la sustitución de los poderes normales del estado por otros de tipo excepcional.
Colombia se ancla en el hiperpresidencia- lismo desde sus orígenes como República, la hipertrofia de facultades que rodean al primer mandatario, hacen de él, el único poder efectivo del Estado. El poder legislativo ha perdido paulatinamente su importancia como foro de grandes debates ideológicos. El Frente Nacional, igualó los programas de los partidos tradicionales, generando la desa- parición del bipartidismo, los fundió, en una misma plataforma de centro, que no ofrece perspectivas de cambio sustanciales en la estructura económica y social del país, los dos partidos coadministran un mismo sistema capitalista y se hallan influenciados por los mismos grupos financieros para adelantar su actividad electoral.
En Colombia, el exceso de poder presiden- cial, permite poner en evidencia el juego de balanza entre ejecutivo y legislativo que se encuentra descompensado por definición en un sistema presidencial a favor del primero, la función de control por parte del Congreso es limitada y esta limitación al control político
se acentuó y asentó en el Congreso desde los pactos del Frente Nacional que eliminaron la oposición. El resultado es la decadencia de la rama legislativa y el aumento desmedido de poder en cabeza del ejecutivo, para planear y ejecutar políticas económicas y sociales de ésta forma se verifica la nueva dimensión del poder en el orden público económico.
El régimen presidencial absorbe la totalidad de las energías del Estado, concentra en forma excesiva en el gobierno decisiones fundamen- tales y hace un tanto inútiles las instituciones complementarias o descentralizadas, pues todas ellas dependen de aquel.
El tema que queda pendiente se centra en la recuperación democrática del Congreso, los partidos y la oposición.