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Longitudinal variability in hydraulic geometry and substrate characteristics of a

Todos los días hábiles viajo de Antigua Guatemala hacia la capital por mi trabajo; voy observando los colores de las flores, a veces están amarillas, otras veces moradas, otras blancas, la naturaleza vegetal nos envía señales; una vez, vi una calcomanía atractiva en la parte de atrás de otro vehículo, me le acerque y leí: “Si usted puede leer esto, está demasiado cerca, guarde su

distancia” e inmediatamente quite el pié del pedal de la gasolina.

Lo mismo ocurre cuando busco un sanitario y leo “Mujeres” o “Exclusivo para el personal” Así hay tantos ejemplos que nos determinan que cada persona goza de un espacio, pero que hay otros que nos están vedados “No entrar”. Esto es cuando vemos un cartel, pero he encontrado miles de señales acerca del espacio sin que exista un letrero; déjeme que les cuente sobre mi observación al respecto.

Todos los investigadores (as) que he consultado me dicen que el ser humano no es territorial como los demás animales, que no marca su territorio como los machos con sus olores o con sus garras en los árboles, que en eso radica nuestra evolución. Yo talvez esté equivocado, pero afirmaría que si somos territoriales y que regulamos el espacio a cada momento. El uso que hacemos de nuestro espacio o el de otros afecta grandemente nuestra capacidad de comunicación todos los días.

El territorio es un vocablo que se utiliza para los animales irracionales e indica la propiedad que va relativa a la defensa ante quiénes pretendan invadirlo. Es una defensa de un grupo

de animales para asegurar la reproducción de la especie, regular la cantidad o densidad, mantener unido al grupo, conservar las fuentes de alimentación y tantas más. En estos animales el más fuerte es el que controla esa territorialidad. En los seres humanos veo la silla del bebé, la cabecera del papá, la cocina de mamá, el celular de mi hija; veo algo parecido y no nos damos cuenta. Todos estos aspectos dan una ventaja psicológica a quien los usa.

Cuando imparto una clase y me siendo detrás de un es- critorio o me subo a una tarima estoy dando un mensaje no de amistad para interactuar sino todo lo contrario. Por lo regular los pupitres están ubicados de tal manera que cada estudiante mira la parte de atrás de otro estudiante, sólo miran los ojos del profesor o profesora quiénes tiene un escritorio. ¿Facilita esto la comunicación? ¿Acaso no es mejor la buena comunicación entre iguales o en la relación enseñanza-aprendizaje?

Los espacios y los territorios también son diferentes cuando hay una relación entre personas de diferentes edades, sexos, culturas o autoridades. He observado también que las intromisiones territoriales pueden ser diferentes y reconocería varios tipos de ellas: 1.Cuando contaminamos un espacio; si llego a mi habitación y encuentro cabellos largos en mi lavabo o ropa sucia de otra persona no me gusta, tampoco me agrada encontrar heces de perro en mi jardín o partículas de comida en los cubiertos que me corresponden en un restaurante; o cuando me corresponde dar una plática y la otra persona que habló con anterioridad me dejo sus papeles o vaso de agua sucio; creería que no le gusta a nadie. 2. Cuando irrespetan mi territorio o el ajeno, que podría ser con un sonido fuerte o cuando alguien se me queda mirando fijamente en un lugar público o privado; también me molesta que una persona suba los pies a otro asiento cuando voy en un transporte público u ocupe dos asientos. También me molesta cuando una persona quiere ocupar el espacio que me corresponde cuando hablo en público. 3. Cuando se invade de manera más permanente como la invasión de los Estados Unidos a Irán sólo por el interés petrolero y basada en mentiras o cuando invaden mi estudio con caja de materiales o ropa.

Estos aspectos tienen una respuesta diferente en relación con varios factores, los cuales podría resumir en ¿Por qué se ha violado nuestro territorio? ¿Quién ha violado nuestro territorio? ¿De que tipo de territorio se trataba? ¿Cómo se realizo la violación? ¿Cuánto tiempo duró la violación? ¿En donde fue la violación? No nos damos cuenta pero estamos condicionados de una manera increíble. Una vez, en Cuba me transportaba de La Habana a las Playas de Varadero y de pronto, se paro la denominada Guagua, se bajo el piloto y entró a un Café a tomar su cafecito, ¿Cómo podía invadir mi tiempo? Y me dí cuenta de que estaba en otro sistema en donde el piloto como ser humano tenía el derecho a tomar su cafecito. En el mismo país, estando en un restaurante, entró una persona y se sentó en mi misma mesa, no lo podría creer; pero el espacio cambia con el sistema político, allí entendí que la mesa del restaurante no era mía, ni siquiera temporalmente. Entonces, con una sonrisa le di la bienvenida.

Tenemos dos formas en la defensa de nuestro territorio: la prevención y la reacción; en la primera marco mi territorio a efecto de que la persona u otras personas conozcan que ya está ocupado y se marchen a otro lugar, por eso, dejo mis libros o mis anteojos o la pluma en la mesa o el lugar que ocupo; en la segunda reacciono cruzando los brazos o me froto el cuello, lo que implica que le estoy enseñando los codos como sistema de defensa. Estos sistemas cambian por ejemplo si se me acerca una dama que aunque sin conocerla me agrada o cuando me encuentro en un país en donde la densidad es tan elevada que ya no puedo actuar normalmente como lo hago en donde la densidad es baja.

Me han dicho que las personas se comunican mucho más en el área urbana que en la rural, pero a mi, me resulta totalmente lo contrario; cuando he vivido en ciudades muy populosas como Madrid, México, París, ni siquiera conozco a la persona que vive al lado y en las áreas rurales establezco una comunicación fluida con casi todas las personas, voy a los mercados y no a comprar sino a platicar.

Me pasa lo mismo cuando estoy con un gran público, las conversaciones son más cortas, a veces se forma una larga cola para hablarme y tengo que limitar el tiempo de la conversación para darle el mismo tiempo o similar a cada persona.

Otro aspecto es que cuando me corresponde dar una plática a un público de 500 o más personas, la relación es diferente, aunque siento más confianza cuando es un público de este tipo que si fuera a un grupo de diez o veinte personas. Mientras menos personas sean más atención debo prestar. Si tengo un público de 500 personas si alguien sale no hay problema, pero si tengo diez, si pierdo un poco la atención y me pregunto: ¿Por qué se iría?

Cuando nos encontramos con otra persona, inmediatamente tenemos la necesidad e encontrar una distancia que nos permita una conversación agradable. He encontrado que entre hombres esa distancia es mayor que entre mujeres, así como también entre diferentes edades. Por ejemplo me he dado cuenta que cuando converso con una persona con cualidades especiales o discapacitados me acerco mucho más que con otras personas.

En los cursos de liderazgo que imparto siempre he visto que la persona que lo posee naturalmente siempre ocupa la cabecera de la mesa y los invito a que se mezclen entre la gente y así interactuar que debería de ser la mayor cualidad del líder. El líder no domina -les digo- es el que busca que los demás participen.

Cuando usted entre a un auditorio o va a hablar a un público, debe reconocer que los líderes ocupan los lugares prominentes, están adelante o en los lugares claves para hacer preguntas, a estas personas diríjales su mirada respetuosa, reconózcales silenciosamente su liderazgo y no tendrá ningún problema. Hagamos sus aliados y verá como su discurso tendrá una mayor aceptación.

Las primeras veces que viaje al interior de Guatemala a dar pláticas con los pueblos Mayas sobre Derechos Humanos, la población me oía pero no me escuchaba. Entonces le pregunte a mi Guía María del Carmen Tuy y me dijo: “La llave del corazón

de mi gente la poseen las personas Ajq´ijab´ (Aj: señor o se- ñora, qij: tiempo) los contadores del tiempo, hable con ellos y ellas;” y les pedí permiso. ¡Increíbles! Así fue como se abrió

el corazón del pueblo Maya. No había reconocido la autoridad o el liderazgo y tenía problemas. Usted ya no los tendrá, si al tener una comunicación con cualquier persona cruza el puente del respeto.

Los espacios en Guatemala entre las personas son ofensivos por la discriminación. Un ejemplo: Tania del Mar -mi hija- se caso en París a finales del 2009 y no pude asistir por una operación quirúrgica. Entonces acordamos que haríamos una especie de ceremonia en la casa de su mamá en México y otra en Antigua Guatemala. Tania del Mar venía con Loic, su esposo francés, sus suegros y su mejor amigo Theo. En México DF fue una fiesta con mucha gente y allí pasamos la navidad. Habíamos acordado que la fiesta en Antigua sería el 29 de diciembre y yo había apartado la marimba. Al venir Tania del Mar y sus parientes de Francia, me dijo que no quería que gastara dinero y que hiciéramos un almuerzo sólo con la gente más cercana. Accedí gustoso, pues el 31 de diciembre nos íbamos a reunir toda la familia para pasar el Año Nuevo. El 29 de diciembre como a las 13 horas me dicen que me buscan varias personas, y como estaba trabajando en este libro, salí con los anteojos en la mano, señal de que estoy ocupado, y cual es mi sorpresa ¡era la marimba que se me había olvidado cancelar¡ y yo me encontraba únicamente con Tere, mi trabajadora doméstica y Daniel, mi jardinero. ¡Pues, que pasen adelante!, la marimba se instaló y empezó a tocar ¡Ay Dios mío! Llamé a Tania del Mar y se encontraba en Santa María de Jesús, un bello pueblecito en las faldas del volcán de Agua, como a quince minutos. “¡Tania del Mar, vénganse rápido que les

tengo una sorpresa!”. Llegaron y mi hija se puso a llorar de la

alegría; los franceses le tomaban fotos a los músicos, las pocas gentes bailando. “¡Papi nunca he sido tan feliz!” Me decía.

“¡Que sorpresa!” En medio de la música pasamos a la mesa,

Tania del Mar estaba bailando con Tere y con Daniel; de pronto llegamos a la mesa y me pregunta Tania del Mar: “¿Papá y donde

están los platos de Tere y Daniel? ¿Por qué no hay lugares para ellos” Y yo todo confundido le preguntó a Tere “¿Por qué no puso platos para usted y Daniel?” Ella sorprendida no

sabía que contestarme, entonces le digo: “Tere traiga platos y

copas para usted y Daniel que van a probar estos vinos que nos trajeron de Francia”. Mientras almorzábamos, los franceses

me contaban que ellos estaban verdaderamente sorprendidos con nuestras actitudes, debido a que en México DF les extraño que no invitaran a bailar ni a comer a las trabajadoras y, que

bueno que en Guatemala era diferente. Yo eleve mis ojos y dije mentalmente: ¡Si supieran nuestra realidad discriminatoria y racista!

4. e

nfrentarseo entregarseal público

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