participado desde hace años en campañas que tratan de lograr avances en distintos ámbitos y, más específicamente, en relación con el comer- cio de armas y el desarme. En los años noventa cuatro de las más gran-
des (Amnistía Internacional, Greenpeace, Intermón-Oxfam y Médicos sin Fronteras) iniciaron una campaña para reclamar más control y trans- parencia de las ventas españolas de armamento. La propuesta y la ges- tión técnica de la campaña corrió a cargo del Centro UNESCO de Cata- luña.
La campaña “Hay secretos que matan” fue pionera en lo que se refiere a sumar fuerzas en este sentido, y tenía un fuerte componen- te de denuncia sobre el militarismo y el comercio de armas. Por decir- lo en otras palabras, muchas personas en estas organizaciones traba- jaban en lugares donde la proliferación de armas –incluyendo armas vendidas desde España– tenía un fuerte impacto sobre las condiciones de vida de la población, y decidieron ponerse en marcha para dejar de ser el “servicio posventa” de los intereses españoles. Un importante valor añadido de esta campaña fue abordar la cuestión desde las pers- pectivas de organizaciones con mandato y funciones distintas: de derechos humanos, de medio ambiente, de desarrollo y humanitaria, pues, a pesar de estas diferencias, tenían en común el haber consta- tado el impacto que tienen las ventas descontroladas de armas sobre la vida humana.
La campaña fue pionera en España en materia de “diplomacia para- lela” en cuestiones de desarme, y se basó en el modelo según el cual distintas organizaciones, centros de investigación e institutos, etc., se organizan y trabajan de forma conjunta y coordinada, como grupos de presión, ante la lentitud e ineficacia de las formas de diplomacia más tradicionales. Se trataba de una modalidad de intervención social y polí- tica nueva en este país. De forma coordinada, cada organización movi- lizaba a su base social, hacía sensibilización y participaba en las tareas de lobby, tanto hacia el Gobierno como hacia el Parlamento y los parti- dos políticos, todo con el fin de lograr el objetivo común.
Éste era, primero, romper el secretismo de las exportaciones de armas, y después lograr un cierto control parlamentario de esta activi- dad y una mejora de la legislación para hacerla más restrictiva y evitar ciertas ventas. Lograr estos objetivos ha sido un proceso largo y arduo que todavía no se ha logrado de forma plena, pero se ha avanzado mucho. Hoy sabemos mucho más sobre qué productos vende España y a dónde, y se han logrado avances importantes en materia de con- trol. Un hito fue la aprobación, en diciembre de 2007, de la Ley de
Comercio Exterior de material de defensa y de doble uso, algo
que había sido reclamado durante años y que significa un importante avance.
En España, la campaña contra las minas antipersonales corrió para- lela a la anterior y fue llevada a cabo por las mismas organizaciones con
el apoyo de otras.29Una de las claves del éxito de esta campaña, y esto también puede afirmarse para el caso de España, es que logró dar visi- bilidad a las consecuencias reales de las minas: las vidas destrozadas y mutiladas de aquéllos que sufren sus efectos. Para ello se elaboraron materiales y se organizaron actos dedicados a explicar las consecuencias de las minas, la crisis humanitaria global que suponían y los objetivos de la campaña. La colaboración de los medios de comunicación fue decisi- va para divulgar el problema, como también lo fue el trabajo del foto periodista Gervasio Sánchez y su proyecto “Vidas minadas”. A través de una exposición fotográfica, y de una gran cercanía a las víctimas del pro- blema, se logró que grandes sectores de la población conocieran este problema y rechazaran de forma unánime el uso y fabricación de minas.
En febrero de 1997 se obtuvo un éxito parlamentario que fue deci- sivo. Todos los grupos parlamentarios, sin excepción, votaron una pro- posición no de ley en la que se pedía al Gobierno pasos claros y contun- dentes dirigidos a la prohibición de la fabricación, almacenamiento, comercialización de todos los tipos de minas antipersonales, así como la destrucción de los stocks existentes.
La proposición no de ley fue considerada una gran victoria para las ONG y por extensión para la sociedad civil, así como una muestra de los resultados que pueden alcanzarse cuando se trabaja en colaboración. A partir de aquel momento, el trabajo se centró en presionar al Gobierno para que adoptara estas medidas y en seguir trabajando con el Parla- mento para que vigilase de cerca el proceso. Los acontecimientos siguientes mostraron, no obstante, que en el trabajo de presión desde la sociedad civil no se puede cantar victoria por anticipado. Durante la reunión de Oslo, celebrada aquel mismo año, y en la que se redactó el Tratado internacional, el Gobierno español jugó un lamentable papel al tratar de diluir el contenido de esta norma, mediante la introducción de excepciones a la prohibición total y moratorias para su entrada en vigor. Sólo la presencia de representantes de la sociedad civil y la denuncia que hicieron de estos intentos evitó que lograran su objetivo.
Algo similar sucedió en diciembre en Ottawa, durante la ceremonia de firma del Tratado, cuando también hubo intentos de reducir el alcan- ce de los compromisos. Sin embargo, la determinación de la sociedad civil y de varios Gobiernos comprometidos con el tema pudieron más, y lograron que se adoptase la norma más ambiciosa. Todo ello muestra
29Para una descripción detallada de ambas campañas, ver Vicenç Fisas, El lobby feroz.
Las ONG ante el comercio de armas y el desarme, Icaria, Barcelona, 1998, y del mismo
que incluso después de logrados los objetivos esenciales, hay una etapa a veces larga, y siempre menos notoria, de control, seguimiento y veri- ficación. Se trata de una fase más técnica y menos visible pero no por ello menos importante.
Una aportación fundamental de las campañas relacionadas con el desarme convencional es que han cambiado completamente un aspecto fundamental de la situación: estas cuestiones han dejado de ser secretas, y su debate ya no está restringido a sectores militares, industriales o diplomáticos sino que ha llegado a la sociedad civil. La suma de fuerzas ha demostrado ser un poderoso activo en manos de esta última.