• No results found

mailing Writer documents

Chapter 5 Printing, Exporting, Faxing, and E-Mailing

E- mailing Writer documents

todo análisis basado en actores como sujetos ‘autónomos’ e imposibilitó que esta perspecti- va abrace el significado de la experiencia humana. Aún siendo mayoritaria esta perspectiva, corresponde reconocer que la concepción marxista en geografía bascula entre una tradición

cientificista y otra más hermenéutica. Esta última está presente en geógrafos no estructuralis-

tas como Derek Gregory que ha insistido en la necesidad de introducir en el discurso geográfi-

co el lenguaje de los actores y en William Bunge que, con sus exploraciones urbanas, procuró vincular los análisis de la producción con la esfera de la reproducción social.

A la lógica objetiva de funcionalistas y althusserianos, se opone la lógica vital de otros enfo- ques que socavaron tanto la idea de ‘espacio anterior al sujeto’ como la pretensión o posibili- dad de alcanzar verdades universales: las geografías humanistas de la década de 1970, toman como punto de partida al hombre y reconocen la implicación del investigador6.

Estas perspectivas geográficas (aunque admitieron la importancia de la tradición de la com-

prensión interpretativa neokantiana7), construyeron el concepto de espacio vivido en referen- cia a las corrientes fenomenológicas y existencialistas. Para esta visión, es central la experien- cia espacial de las personas y el espacio sólo deviene en objeto de estudio por los significados y valoraciones que le son atribuidos. Esta corriente de pensamiento si bien sostuvo una idea sustancialista de ‘lugar’ como sitio donde observar algo inherente, un sitio que tiene su pro-

pio significado, un genius loci o ‘espíritu del lugar’, dio sentido y orientación a una visión

sensible de la geografía. La gran obra de Yi Fu Tuan si bien fue conocida desde principios de los años 70, tuvo poca difusión por nadar a contracorriente del paradigma dominante de esa época y, recién avanzados los años 80, obtuvo el reconocimiento por su papel en la renova- ción de la disciplina.

Será bajo la amplia sombrilla del pensamiento posmoderno, que adquirió mayor evidencia y fundamentación la subjetividad del geógrafo.

Jean-francois Lyotard introduce el término posmodernismo –hasta entonces sólo empleado en la crítica del arte– en la filosofía, definiéndolo como la incredulidad hacia los grandes relatos (como la Ilustración y el marxismo), y su preferencia por una pluralidad de pequeñas narrativas. El objetivo de su trabajo tiene por objeto el saber, más propiamente dicho, la legitimación del saber. El autor considera que el saber científico moderno no es –aunque haya pretendido erigirse como tal– todo el saber, sino una clase de discurso, que ha estado en competencia con otro saber, el narrativo. El primero es un conjunto de conocimientos

6. Dentro del movimiento positivista y en reacción a sus propuestas surgieron dos corrientes geográficas preocupa- das por las respuestas subjetivas frente al espacio: la geografía de comportamiento y la geografía de la percepción basadas en el conductismo, método psicológico desarrollado por Watson. La primera insistió en la formulación de generalizaciones y el uso del lenguaje analítico, la segunda si bien tomó del positivismo técnicas, avanzó en la for- mulación de temas como la representación de la información espacial que luego fue retomada por los geógrafos humanistas.

7. Los pensadores neokantianos ya distinguían el conocimiento de las ciencias sociales o culturales y las naturales y,

en particular Dilthey reconoce que los hechos históricos adquieren significación cultural a través de su relación con

V Congreso Nacional de Geografía de Universidades Públicas ‘Geografías por venir’

42

formados por enunciados denotativos, verificables por sus argumentos y pruebas. Se legiti-

ma de manera inmanente en el seno de un debate científico por su pertenencia al lenguaje de los expertos, generalmente en el interior de instituciones (como las universidades) y es la otra cara de la moneda del poder social. El saber científico exige la exclusión de los saberes reflexivos, por ello, descalifica al uso ordinario del discurso y a sus relatos; mitos, fábulas y leyendas a los que ubica en el compartimento de la mentalidad salvaje y primitiva formada por costumbres, prejuicios e ignorancia. Sin embargo, Lyotard afirma que el saber científico se emparenta con el narrativo más de lo que a priori cabría pensar puesto que ambos, com- parten una matriz lingüística. El saber narrativo o popular (en ocasiones llamado opinión), da sitio a un entretejido de enunciados connotativos, valorativos, se mezclan en él las ideas de saber-hacer y saber-vivir8. Se acredita a sí mismo por la pragmática de su transmisión sin recurrir a la argumentación ni a la administración de pruebas.

La importancia que Lyotard le da al uso del lenguaje y los juegos lingüísticos en la legitima- ción del conocimiento y en la construcción de la realidad, es compartida por todas las corrien- tes posmodernas. Las obras de Ferdinand deSaussure y Ludwig Wittgenstein, han sido pione- ras en la reconceptualización del papel desempeñado por el lenguaje en la sociedad. Según Saussure, el signo lingüístico no une una cosa y un nombre, es un vínculo entre un concepto (significado) y una imagen acústica (significante), o sea no es algo natural sino arbitrario y obedece a su integración dentro de un sistema de relaciones entre los signos lingüísticos. Su teoría establece una distinción entre el habla y la lengua. Mientras que todos los hombres tienen la capacidad del habla, la lengua se da solamente dentro de la comunidad. Con ello señala el carácter social y colectivo que tiene la lengua, la cual consiste en un sistema de signos que el individuo aprende a utilizar para vivir en sociedad. Wittgenstein, impulsó en la filosofía occidental lo que se conoce como giro lingüístico: no existe una correlación objetiva entre la realidad y el lenguaje utilizado para describirla. Al contrario, el lenguaje consiste en juegos lingüísticos implementados por diversos oradores, cuyo uso repetido le da a la realidad su significado específico. Los juegos del lenguaje construyen la realidad. Las palabras así como la realidad adquieren sentido dentro de una comunidad de usuarios del lenguaje.

Recuperando a Michel Foucault, se ha reconsiderado de modo crítico la razón científica mo-

derna al desnudar su relación con el poder. El filósofo francés analizó cómo las ciencias huma-

nas producen saberes expertos sobre los que se estructuran los procesos de disciplinamiento social, por lo que la objetividad que reclaman es una ficción, un discurso que cree otorgar carta de naturaleza a lo creado culturalmente. La consideración básica de esta posición ha inducido a los geógrafos a repensar el discurso de la geografía como promotor de proyec- tos de dominio. En esta línea, promediando la década de 1990, la geografía poscolonial, ha mostrado cómo la geografía legitimó, a través de una inocultable puesta en funcionamiento de dispositivos de poder, la visión dicotómica entre occidente y oriente y consolidó la oposi- ción entre un espacio ‘nuestro’ europeo y avanzado frente a un espacio de ‘otros’ periférico y primitivo. El poder de los discursos para colonizar y someter también fue considerado en la geografía a partir de la multiplicidad de estudios que rescatan las voces de mujeres, dis- capacitados y desviados (locos, homosexuales) que desafían lo que prescriben las prácticas

8. El pueblo es quién los actualiza, no sólo al contarlos, sino también al escucharlos e interpretarlos a través de la cultura y como son parte de ella, se encuentran por ella misma, legitimados.

Eje temático: Perspectivas teóricas y metodológicas

43

Related documents