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Describe the main character(s) and the (reasons) for their actions; TEKS 1.8.C Describe plot elements including

Issun Boshi: One-Inch Boy

TEKS 1.8.B Describe the main character(s) and the (reasons) for their actions; TEKS 1.8.C Describe plot elements including

El 25 de abril de 1973 a primeras horas de la mañana los acordes de «Grandola vila morena» sonaron en la radio nacional portuguesa. Era la espoleta accionada por los altos mandos del Movimiento de las Fuerzas Armadas para entrar en acción. En menos de cinco horas el régimen caetanista fue totalmente desmantelado. Al día siguiente regresaban Mario Soares y Alvaro Cunhal, líderes socialista y comunista respectivamente. Los hombres de la PIDE, en número de varios centenares fueron encerrados en las antiguas cárceles que ellos mismos habían construido.

Inmediatamente comenzaron las celebraciones, las fiestas, las manifestaciones públicas y las declaraciones favorables al cese inmediato de las hostilidades en las colonias de ultramar y la negociación sin dilaciones de su independencia. Alrededor de un millón de portugueses oriundos de la metrópoli habitaban en ellas: Angola, Mozambique y Guinea. No eran lo suficientemente ingenuos como para hacerse ilusiones. Durante años habían visto, oído y comentado las intenciones de los movimientos independentistas; luchaban contra el «imperialismo portugués», pero los colonos sabían que aun después de la independencia ellos seguirían siendo considerados como los genuinos representantes de ese imperialismo portugués y tarde o temprano tendrían que abandonar sus propiedades. Tal había sido el proceso seguido en el Congo, Argelia, Kenia, etc.

Sus previsiones pesimistas se cumplieron y un año después del 25 de abril florido Portugal carecía de colonias. Los blancos huían a Sudáfrica y Rhodesia, abandonaban enseres y bienes; de nada les había servido manifestarse al grito de «Portugal unido jamás será vencido» por las calles de Luanda, de nada les sirvió tampoco lanzar patéticos llamamientos a la ONU o a los nuevos gobernantes portugueses, los cuales querían únicamente liquidar un engorroso problema —la guerra colonial— que era precisamente lo que había justificado su subida al poder.

Guinea-Bissau estaba ya casi despoblada de colonos, en Mozambique huían en masa a pesar de que la situación era relativamente estable en razón del predominio absoluto del Frente de Liberación de Mozambique impuesto dictatorialmente en los asientos del poder; en cuanto a Angola la situación era más compleja: los movimientos independentistas estaban divididos y ninguno de ellos controlaba realmente la situación. Tras ellos se debatían los intereses europeos, chinos, soviéticos, norteamericanos, etc., cada uno de los cuales había obtenido la cobertura de un, irónicamente llamado, «Movimiento de Liberación». La guerra civil estalló por fin, recién declarada la independencia y con ella absolutamente todos los colonos huyeron. Hoy esta guerra sigue todavía y en ella vuelven los blancos a empuñar las armas: blancos cubanos encuadrados en el aparato operativo del MPLA, blancos mercenarios en las filas del UNITA y del FNLA, algunos de ellos precisamente neo-fascistas huidos de su país por distintos motivos.

El alto número de emigrantes, antiguos colonos, llegados a la metrópoli hizo que se gestara un fenómeno no precisamente nuevo: el de una toma de conciencia que les llevaría a rechazar el gobierno de coalición centrista-social-comunista al que responsabilizaban de su miseria. Estos nuevos «pieds-noires» no podían sino constituir un foco de agitación permanente contra la inicialmente tambaleante democracia portuguesa. Y de hecho lo* constituyeron. Otro factor iba a contribuir a ello.

A mediados de los años 60, un antiguo militante de la O.A.S., Ralf Guerin, de origen francés, anticomunista integral de los pies a la cabeza y siendo este su único móvil ideológico, constituía en Lisboa una extraña agencia de información para la prensa: «Aginter Press» editada en Portugal y cuya administración se situaba en Francia, concretamente en Dieppe. Durante casi 8 años «Aginter Press» estuvo publicando quincenalmente un boletín informativa de noticias, análisis políticos y comentarios de actualidad que servía a sus abonados, semestralmente solía publicar un boletín monográfico dedicado al estudio en profundidad de un tema concreto. En un de los folletos publicitarios de la Agencia se podían leer los siguientes «reclamos» publicitarios:

fundado la suya como garantía de soberanía. Esta misma proliferación es sospechosa. Nos proporciona la prueba de que a muchos países les importan menos los HECHOS que su propia interpretación de estos mismos HECHOS. En estas condiciones, la información cede muy a menudo a las tentaciones de la propaganda o de la subversión. Aginter-Press... es otra cosa.»

Y efectivamente lo era, porque cuando los militares del M.F.A., luego del 25 de Abril y siguiendo las indicaciones de los servicios secretos soviéticos, registraron y clausuraron la sede lisboeta de «Aginter-Press» descubrieron que bajo la inofensiva tapadera de una agencia de prensa antisubversiva se escondía un centro de reclutamiento y entrenamiento de guerrilleros anticomunistas. Los documentos, el armamento, las fotos y fichas encontradas en Rúa das Praças 13 no dejaban lugar a dudas. Ralf Guerin desapareció como por ensalmo y con él los restos de la misteriosa Aginter-Press.

Nada volveríamos a saber de él sino fuera porque en plena Semana Santa de 1975, algo más de un año después del 25 de abril, cuando Portugal se encontraba en bancarrota en todos los aspectos, el jefe del Alto Estado Mayor de la Región Norte de Portugal, vinculado al partido comunista y muy en especial al embajador soviético en Lisboa que ejercía el pluriempleo compartiendo su tarea diplomática con la de segundo jefe operativo de la KGB, dio al mundo una dramática noticia en una rueda de prensa.

Elementos fascistas, residuos del antiguo régimen, militares renegados, ex-PIDE, antiguos OAS, miembros de la Legión Portuguesa y fascistas de toda calaña, habían constituido una organización de carácter militar y terrorista dispuesta a derrocar al gobierno portugués por la fuerza; su nombre: el Ejército de Liberación de Portugal. La versión oficial era que se habían practicado detenciones e incautado documentos secretos de la nonata organización extremista. La realidad era otra: uno de sus miembros fundadores, luego de haber realizado una fotografía con una minúscula cámara y de haberse provisto de un buen fajo de documentos los había vendido al cónsul portugués en Madrid. Así se supo que la sede del E.L.P. no era otra que el domicilio social de una recién creada sociedad anónima de importación y exportación de material mecánico: «Tecnomotor», sita en la madrileña calle del Doctor Fleming, 51. Asimismo se supo que uno de los «buzones» utilizados por los radicales portugueses era un apartado de correos perteneciente a un conocido miembro de la ultraderecha española, y que las bases operativas del ELP eran inicialmente Madrid y Salamanca.

El escándalo fue mayúsculo. Portugal no sólo inculpó extraoficialmente al gobierno español de Franco de ser cómplice de los miembros del E.L.P., sino que envió a miembros del COPCON a investigar por su cuenta a Madrid entre los ambientes de refugiados portugueses. Hay que decir que por aquellas fechas y prácticamente hasta noviembre de 1975, era curioso visitar el edificio madrileño de la Telefónica: aproximadamente un 30 % de los usuarios que intentaban una conferencia internacional eran exiliados portugueses, en medio de tanta gente era fácil mezclar un confidente, policía o delator. Pero el E.L.P. fue más hábil y desapareció como por ensalmo.

No en vano Ralf Guerin, en sus años de la O.A.S. y cuando realizaba la doble labor de redactor de agencia de prensa e instructor de combatientes armados, había aprendido todas las técnicas de combate clandestino y de repliegue silencioso. Prácticamente la policía portuguesa detuvo a poquísimos miembros del E.L.P. y nunca estuvo en condiciones de practicar una redada definitiva que desmantelara algún tentáculo de la organización.

La organización interna del E.L.P. era común a todos los movimientos clandestinos. En la «Instrucción General de Acción Psicológica» emitida por el E.L.P. Sección A.P., uno de los documentos internos de la organización, se pueden leer los objetivos marcados en este sentido:

«En esta primera fase de organización los objetivos concretos deben orientarse esencialmente hacia:

— el reclutamiento y creación de células. — la ampliación del núcleo de simpatizantes.»

Y en el boletín »Liberaçâo», n.° 2, portavoz del E.L.P. se responde a la pregunta de ¿cómo crear una célula? :

«Procurar reunir entre amigos y familiares aquellas personas determinadas a actuar y que sean políticamente seguras. Contactarlos separadamente revelándoles la existencia de la

organización que tiene como fin la liberación de Portugal. Si se muestran dispuestos a actuar incluirlos en una célula. Una célula puede ser constituida por tres o más elementos hasta un número de siete, con más se forman dos células perfectamente independientes una de otra. El único punto de ligazón entre ellas será el elemento que las formó.

Trabajo inmediato de preparación de acciones:

1.° Explicar a los miembros de la célula finalidades, objetivos y métodos.

2.° Enseñar reglas de seguridad y designar un responsable de célula encargado de velar por su aplicación.

3.° Determinar el sector operacional de la célula, geográfica y sociológicamente. 4.° Distribuir las siguientes funciones:

— Política: aplicación de las directivas del Comando Estratégico del ELP. — Información: estudio de las maniobras del enemigo.

— Acción revolucionaria: estudio del terreno sobre el que operar, verificar las posibilidades humanas de nuestro campo y del adverso, procurar tomar la iniciativa, aplicar las instrucciones del Comando Estratégico.

— Propaganda y acción psicológica: estudiar los diferentes grupos de sector, definiendo su posición psicológica y sus motivaciones.

Procurar puntos sensibles y argumentos susceptibles de poner en movimiento estos grupos, animación de grupos de simpatizantes.

— Logística: organización del material de la célula, locales de reunión, secretariado, enlaces interiores, finanzas, medios de apoyo (transportes, alojamientos, etc.).

5.° Atribuir un trabajo exacto a cada uno de los elementos de la célula, para los días siguientes, lo que será realizado antes de la próxima reunión.

6.° Reunir a la célula una vez por semana, en un local discreto y que no sea siempre el mismo, para discutir las tareas que hayan sido determinadas y establecer nuevas misiones.

7.° Todos los miembros de la célula deben realizar eficazmente su trabajo respectivo. Los pesos muertos y los incapaces deben ser separados de inmediato, exigiéndoles promesa de silencio total.

8.° La integración de los miembros en una célula del E.L.P. será individual y se efectuará después de un período experimental. Sólo serán admitidos los elementos eficaces y determinados. Se trata de un ejército revolucionario y no de una sociedad recreativa.

Aquéllos que demuestren su capacidad serán promovidos a tareas superiores, sin distinción de posición social o graduación intelectual.

Así concluyen los «consejos» del E.L.P. a sus militantes. Realmente muchos de ellos cumplieron perfectamente con su trabajo. Cuando se produjeron los disturbios en el norte católico, más o menos a principios de agosto de 1975, el papel del E.L.P. fue decisivo. Sus células curtidas en el trabajo clandestino supieron aprovechar las gigantescas concentraciones de católicos, inorganizadas y abúlicas, para convertirlas en un ariete que catapultaría al norte de Portugal a una situación crítica. En Braga y Coimbra, en todas las ciudades del norte de Portugal las masas católicas tuvieron una mecha y un detonante: los hombres del E.L.P.

La prensa dijo que el E.L.P. no era otra cosa más que el brazo armado del Movimiento Democrático de Liberación de Portugal del general Spínola. Nada más lejos de la realidad, el E.L.P. juzgaba muy duramente a Spínola considerándolo como uno de los responsables de la caótica situación portuguesa. El fantasioso golpe de Spínola, construido por el periodista alemán Günter Wallraf, mostró la falta de habilidad del anciano general que un día fue juguete de Salazar, de los oficiales izquierdistas en otro y por último de un periodista ansioso de noticias sensacionalistas. Después de las elecciones el M.D.L.P. se autodisolvió y Spínola se perdió en el anonimato total sin que nadie haya vuelto a saber nada más de él.

Ahora todo parece volver a su curso normal en Portugal. Las masivas manifestaciones izquierdistas ya no volverán jamás, los claveles no se repartirán jamás por las calles ni estarán en

la boca de los cañones de los soldados, éstos no podrán dejarse el pelo largo, ni anudarse el pañuelo rojo al cuello. Todo, salvo la economía, ha vuelto a su curso normal.

En cuanto al E.L.P., también ha debido variar su orientación estratégica. Algunos de sus militantes han pasado a la legalidad encuadrados en el Movimiento de Reconstrucción e Independencia Nacional cuya cabeza visible es el general Kaulza de Arriega, otros se mantienen en la clandestinidad actuando en el seno de las organizaciones de refugiados o en partidos legales, como el C.D.S. (Centro democrático y social) realizando una tarea de entrismo. El futuro dirá en qué desemboca este trabajo... por el momento el peligro comunista ha pasado en Portugal y, asimismo, la oportunidad de un Ejército de Liberación: a nuevos tiempos, nuevas técnicas, tal es la consigna.

II. EL ESCÁNDALO DEL «WORLD SERVICE»: UNA IMAGEN CANDIDA