PART THREE: VOLUNTARY GROUPS 31 Introduction
36. Main Issues
Sabemos bien que el Antiguo Testamento está atravesado por distintas lecturas teológicas, de acuerdo al concurso de diferentes tradiciones. La investigación sobre dichas tradiciones se encuentra en debate hasta el día de hoy; a pesar de ello, los autores están de acuerdo en la existencia de distintas tradiciones escritas pre-exílicas, que han proporcionado las fuentes a partir de las cuales se han compuesto escritos más tardíos, exílicos y post-exílicos, que reflejan el diálogo o debate entre dos teologías diferentes: la deuteronomista (―Dtr‖) y la sacerdotal (Priester Codex “P‖).386 Para nuestro estudio sobre la teología del sacerdocio, nos fijaremos en estas dos teologías, contando con la dificultad propia de hacer esta distinción387.
1.2.1 El sacerdocio en la teología sacerdotal (P)388
Siguiendo las intuiciones de W. Bruggemann389, podemos sintetizar el Kerigma central de la teología de P con cuatro afirmaciones: en el contexto del exilio (s. VI a.C.) pretende suscitar la esperanza de la restauración y el cumplimiento de las promesas del Señor, cuya santidad es inalcanzable; constata que la ruina del pueblo ha sido consecuencia de quebrantar el orden propuesto por el Señor desde la creación, y del abandono de su ley; propone para el pueblo un camino de observancia de la ley y de pureza; y elabora una propuesta de purificación del Templo y de restauración del culto, de tal manera que, así como el pecado cundió en el pueblo, abunde la santidad del Señor.
Notemos, además, algunas particularidades de P con respecto a la alianza (elemento central de la fe de Israel). El Levítico ya no contiene la fórmula recíproca de la alianza (―Yo seré vuestro Dios y ustedes serán mi pueblo‖) y en su lugar aparecen fórmulas como ―Yo
soy el Señor vuestro Dios‖ o ―los israelitas son mis siervos‖390. Además, como afirma J.
Blenkinsopp, ―las leyes cultuales en Levítico y Números ponen el énfasis en la santidad, no
en la fidelidad a la alianza.‖391
385 Cf. De VAUX, R., Las instituciones del A.T., 449-462 y VANHOYE, A., Ibid., 1736-1738.
386 Cf. BARTON, J., «Sourse criticism (OT)» en ABD, vol. VI, 162-165; MILGROM, J., «Priestly (―P‖) sourse»
en ABD, vol. V, 454-461.
387 Para identificar los elementos de la teología del sacerdocio en P tenemos suficiente claridad, porque los
textos que se refieren al sacerdocio están bien identificados; para este estudio nos fijaremos particularmente en el código de santidad (Lv 17-26). En el caso de la teología deuteronomista es más difícil identificar los textos que se refieren al sacerdocio; por ello nos fijaremos en los elementos centrales del código de la alianza (Ex 21-23), en algunos textos del D y de los profetas que hablan sobre los sacerdotes, especialmente en Jer. Para identificar la teología D, seguiremos las intuiciones de N. Lofink (cf. Las tradiciones del Pentateuco en la época del exilio, Estella, Verbo Divino, 1999, 60-62) y de Félix García, «Jeremías y el movimiento deuteronómico», Reseña Bíblica 37 (2003) 33-40.
388 Aunque en opinión de la mayoría de los autores, P es posterior a D, para la presentación de este apartado
he preferido no seguir un orden cronológico sino temático.
389 BRUGGEMANN, W., «The Kerygma of Priestly writers», ZAW 84 (1972) 397-414.
390 Cf. Lv 25,55; 18,21; 19, 4.26.31.; 21,6; 22,32; 26,1. Sólo en Lv 26,12 aparece la fórmula recíproca de la
alianza. Cf. BUIS, P. El Levítico, la ley de santidad, Verbo Divino, Estella, 2003, 41-42.
104 La noción de santidad [
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] es fundamental para la teología de P; tan solo en el levítico la palabra santidad aparece 152 veces. Es importante hacer notar que existe una diferencia entre la manera como hoy se entiende la santidad y la forma como la concebía P. La santidad definía ante todo a Dios, el tres veces santo, grande y terrible (Sal 99,3) y se confería a todo lo que entraba en la esfera de lo divino, que estaba en contraposición con lo profano. Entre esta esfera divina y lo profano existía una elevación y una separación fundamental. La idea de ―separación‖ en relación con lo sagrado es fundamental en la teología de P. Además, para P, existía una intima relación entre santidad y pureza; de hecho, establece una doble oposición: ―así podréis distinguir entre lo sagrado y lo profano, entre lo impuro y lo puro‖ (Lv 10,10392)393. La pureza, como una cualidad física es un requerimiento para entrar en la esfera de lo divino; ―lo puro‖ [rAhj'
], lo limpio, lo claro, sin mezclas, lo verdadero, lo completo y que está en orden; por el contrario ―lo impuro‖ [amej''
] es lo sucio, lo turbio, lo híbrido, lo falso, lo anormal, o lo desordenado. La pureza o impureza podían ser naturales e innatas, o adquiridas por alguna acción (voluntaria o involuntaria) y por contagio (un contacto con lo impuro).394Frente al problema de la impureza y la separación de lo divino, se propone una solución ritual 395, en la que tenía un papel preponderante la institución sacerdotal. Los sacerdotes son ―separados‖, desde su nacimiento y por una serie de acciones encaminadas a la purificación, para poder entrar en el ámbito de lo sagrado y encargarse del culto. El culto consistía en una serie de acciones simbólicas de purificación y en sacrificios, sobre todo los llamados
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.Desde esta perspectiva, en esta teología de P, el sacerdocio tenía cuatro características fundamentales396:
Por su especial consagración (separación), el sacerdote es el único capaz de cruzar el umbral de lo sagrado. Esta atribución hace posible que la acción sacrificial se realice, abriendo un puente entre el mundo profano y la santidad de YHWH.
Por lo mismo, es el intermediario entre Dios y su pueblo. El sacerdote es al mismo tiempo una especie de ―aislante‖ y un ―conductor‖; es un ―aislante‖ que evita el peligro del contacto directo con el mundo de lo sacro y un conector que permite el acceso a este mundo.397 El sacerdote tiene un rol de representación de cara a YHWH y de cara al pueblo, tanto en sus funciones oraculares (de interpretación de la voluntad de Dios) como en el culto.
392 Cf. Lv 11,47; Ez 22,26; 42,20; 44,23.
393 Cf. WRIGHT, D., «Holiness (OT)», Anchor Bible Dictionary, N.Y., Dobleday, 1992, vol. III, 246-247. 394 Cf. WRIGHT, D., «Unclean and clean», Anchor Bible Dictionary, N.Y., Dobleday, 1992, vol. VI, 729-741
y BUIS, P., op. cit., 10-12.
395 La expresión es de Vanhoye, lo mismo que la caracterización del culto y el sacerdocio. Cf. Sacerdotes
antiguos sacerdote nuevo, 44-48.
396 En este asunto sigo a R. Nelson, cf. Raising up a faithful Priest, 83-110.
397 En P, por la idea de la separación y santidad, quien se acerque sin las atribuciones adecuadas a lo divino
―incurre en castigo‖ (cf. Nm 8,19; 18,22-23); YHWH Sebaot podrá descargar ―su cólera‖ sobre los que
infrinjan los preceptos rituales sin los atributos sacerdotales (Nm 1,53). Puede verse Sabiduría de Salomón 18,20-25.
105 Los sacerdotes, por encargo divino, eran los custodios de la fe auténtica de Israel y de la ley del Señor. Eran los garantes de la autenticidad de las tradiciones de Israel y de la recta interpretación de la ley398. Eran agentes que aseguraban la proclamación fidedigna y la preservación de la fe de Israel.
Por la elección divina, tenían un lugar especial que los separaba del pueblo, pues tenían un nivel de santidad superior399. Por eso, eran cuidadosamente seleccionados con los criterios de la ley de pureza, y los que tenían algún defecto no participaban en el culto (Lv 21, 16ss); por eso, también, debían cuidarse de toda impureza para garantizar el encuentro con el Señor (Lv 21, 1- 9).
Con todo lo dicho, queda claro que, para la teología P el sacerdocio era de capital importancia y tenía un lugar preponderante en la fe de Israel. Su teología del sacerdocio está ligada a lo sagrado y a la pureza, y la noción clave es la ―separación‖. En la práctica religiosa, desde esta perspectiva, tienen un lugar fundamental el Templo y los sacrificios,
así como el cumplimiento de la ley, como camino de ―santidad‖.
1.2.2 El sacerdocio en la teología deuteronomista (Dtr)
La preocupación fundamental del teólogo Dtr, partiendo de la misma matriz del destierro, es ayudar a su comunidad a enfrentar el exilio desde la lógica de la Alianza; por eso, su teología está centrada en la alianza como compromiso de Dios con su pueblo y como respuesta amorosa de Israel. Por esta razón, hace continuas invitaciones al arrepentimiento y a la vuelta la Señor [
bWv
] (cf. Dt 6,4-25). YHWH es fiel a su alianza más allá de la fidelidad de su pueblo; su bondad es un acto de libertad, de su iniciativa divina (más allá de la retribución).Esta bondad del Señor es la motivación esencial que propone la teología del Dtr para el arrepentimiento y la vuelta al Señor. Por eso, pone gran énfasis en la responsabilidad de Israel dentro de la alianza: el pueblo debe honrarla y por lo mismo obrar
el ―bien‖ [
bAj
] (Dt 5,28; 18,17). La supervivencia de Israel depende de la fidelidad a sujuramento de seguir el camino del ―bien‖ a los ojos de YHVH (1R 8,36; 1Sm 12,23; 2R 20,3); éste es el sentido que da Dtr a la ley.
En Dt 30,15, bien es sinónimo de vida. Esta bondad abarca todas y cada una de las dimensiones de la vida de Israel, se refiere a la vida en toda su abundancia (Dt 6,11; 8,12ss; 26,11). Esto se muestra en la bendición de Dt 28,11, que habla de prosperidad, descendencia, días prolongados y el don de la tierra (ver Dt 6,3; 28,63). Como recuerda Dt 30,1-10: ―... y el Señor te llevará otra vez a la tierra poseída por tus padres, para que también tú la poseas, te hará feliz y te multiplicará más que a tus padres‖ (v.5); ―si escuchas la voz de YHVH tu Dios guardando sus mandamientos y preceptos, lo que está escrito en
su ley y te conviertes a YHVH, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma‖ (v.10).400
398 Cf. Mal 2, 5-6; Lv 10, 1-7; Nm 16, 1ss; 18, 7-8,11; 1Sm 2,35; Ex 29, 9; 40, 15. 399Cf. WRIGHT, D. «Holiness (OT)», 238.
400 Esta caracterización está tomada de BRUGGEMANN, W., «The Kerygma of the Deuteronomic Historian»,
Gospel for Exiles», Int 22 (1968) 387-402. Ver también: MILGROM, J., «Priestly (“P”) source», Anchor Bible Dictionary, N.Y., Dobleday, 1992, vol. V, 245-261.
106 La santidad para el Dtr tiene una clara dimensión ética; mientras para P la santidad es una prerrogativa divina, para el Dtr es el estado resultante de la elección divina que los israelitas deben acrisolar. Y por esta misma elección, es un don conferido a todo el pueblo (Dt 7,6; 14,2). En este mismo sentido podemos entender la promesa de Ex 19,6: ―vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa‖, como hemos demostrado en el capítulo anterior. Los que sufren, los que han sobrevivido a un castigo, o aquellos referidos
como ―resto fiel‖ son frecuentemente llamados ―santos‖.401 No aparece entonces una
relación entre santidad y pureza; la santidad está más bien relacionada con el bien y la fidelidad al Señor.402
En esta misma lógica, el papel del culto es diferente: hay una profunda unidad entre culto y ética; como afirma M. Weinfeld, en su cuidadoso estudio del Deuteronomio y la escuela Dtr: ―deuteronomic sacrifice consist primarily of offerings which are consumed by the offerer in the sanctuary and are designed to be share with the poor, the Levite, the alien resident, the orphan, and the widow.‖403
Más aún, el culto que no parte de la justicia y el derecho es un culto vano (Jer 5,21.24). Hay una condena a una práctica religiosa vacía de compromiso y apartada de la alianza (Jer 7,21-23)404. Ni el Templo, con ser tal, es garantía de salvación; es conocida la denuncia que hace Jeremías: ―no confiéis en palabras engañosas diciendo: ¡Templo de YHWH! ¡Templo de YHWH! ¡Templo de YHWH es éste! Porque, si realmente no mejoráis vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia mutua y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda y no vertéis sangre inocente en este lugar, ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño, entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres desde siempre y para siempre‖ (Jer 7, 4-7).405
Lo mismo podría decirse de la crítica profética a los sacerdotes, de Oseas406 o Jeremías que se presenta como hijo de Jilquías, sacerdote de Anatot (no el de 2 R 22,23). Las referencias al sacerdocio en Jeremías son particularmente abundantes407 y presentan una aguda crítica que vincula culto y vida, religión y ética, del mismo modo que lo hace el decálogo (Dt 5,6-21; Ex 20,2-17)408. Jeremías llama la atención sobre los pecados de los sacerdotes que abusan del poder y sólo buscan su provecho; que están desorientados y no cumplen con la ley del Señor, cometiendo injusticias y volviéndose impíos409. Con la acción simbólica de un jarro quebrado en la presencia del pueblo, anuncia la ruina que vendrá sobre el pueblo, sus dirigentes y sus sacerdotes; por eso, es castigado por el sacerdote Pasjur (Jer 19-20). En el juicio contra Jeremías (Jer 26) por el discurso que
401 Is 4,3; 6,13; 62,12; Abd 17; Dan 7,18.21.22.25.27; 8, 24; 12,7. 402 Dtr 14,21; Ex 22,30. Cf. WRIGHT, D., «Holiness (OT) », 238.
403 WEINFELD, M., Deuteronomy and the deuteronomic school, Clarendon Press, Oxford, 1972, 211. Es una de
las pocas obras que hablan de la práctica cultual de Israel leída desde la escuela Dtr; en este sentido, puede verse el apartado referente a los sacrificios y ofrendas (pp. 210-217).
404 Cf. Am (5,15-24) Miq (6,6-9) o Jer (6,20). Se trata de una llamada de atención para una religión en la que
no hay justicia ni derecho.
405 Cf. JUNCO, C. La crítica profética ante el Templo, México, PUM, 1994, 265-320. 406 Os 4,4-10; 5, 1-7; 8,5-6; 10,5; 13,2.
407 Jer 1,1.18; 2,8.26; 4,9; 5,31; 6,13; 8,1.10; 13,13; 14,18; 18,18; 18,1; 21,1; 21,1; 23,11.33-34; 26,7.8.11.16;
27,16; 28,1.5; 29,1.25.26.29; 31, 14; 32,32; 33,18.21; 34,19; 37, 3; 48,7; 49,3; 52, 24.
408 Puede verse la comparación que hace Félix García entre Jer 7,1-15; 26 y el decálogo deuteronomista. Cf.
op. cit., 36-38.
107 pronunció en el Templo (7,1-15), el profeta denuncia las infidelidades de los sacerdotes (26,6-7) y serán ellos mismos quienes busquen, sin lograrlo, dar sentencia de muerte al profeta (26,11). Jeremías añora tiempos nuevos en los que habrá sacerdotes rectos, buenos a los ojos del Señor (33, 17-22)410.
Con todo lo dicho, queda claro que el Dtr parte de una visión de Dios y de la religión muy distinta que P: de la alianza; presenta a un Dios misericordioso y fiel, que vela por los derechos de su pueblo, especialmente por los derechos de los más pobres y de los
sufrientes. La lógica no es la de la ―separación‖, sino la de la―cercanía‖. Además, hay una
clara invitación a unir culto y vida, religión y ética. Por esta razón, se hacen agudas críticas al culto vacío y alejado de la justicia. Y se dejan sentir, por lo mismo, varias críticas a los sacerdotes. Sin embargo, hay que decir que la teología Dtr no replantea de fondo los elementos estructurales del culto y de la teología sacerdotal; esto sólo sucederá con los nuevos paradigmas que aparecen en la persona de Jesús. Así, en el Nuevo Testamento encontraremos muchos elementos de continuidad con la teología deuteronomista, pero partiendo desde una novedad radical: Jesús que ha venido a dar plenitud a la revelación veterotestamentaria (cf. Mt 5,17.20).