2. Literature Review
3.3 Transmission electron microscope
3.3.3 Main operating modes and techniques
El proceso de descolonización iniciado a fines de la década de los cuarenta había dado lugar al nacimiento de nuevos países en los continentes africano y asiático. Estos nuevos Estados, influi- dos por el contexto internacional de bipolaridad y Guerra Fría, desarrollaron una política internacional independiente que no los implicara en el conflicto de bloques. Como sostiene Eduardo Rey Tristán «poco a poco fueron pasando de una neutralidad pasiva a una no alineación activa y conformando una sólida fuerza in-
ternacional. Su conjunción como tal se produjo en la Conferencia de Bandung en 1955, que en los siguientes años daría lugar al Movimiento de Países No Alineados, definitiva consolidación del lugar del Tercer Mundo en el sistema internacional»70.
En Bandung se celebró entre el 18 y 24 de abril de 1955, la primera conferencia en que participaban países del Tercer Mun- do. «Los antecedentes de la Conferencia de Bandung podemos encontrarlos en el llamado Pansha Shila, los cinco principios de la coexistencia pacífica que habían sido proclamados por Chu En Lai y J. Nehru el 28 de junio de 1954. Dichos principios son: 1. Respeto mutuo a la integridad territorial y a la soberanía. 2. No agresión. 3. No intervención en los asuntos internos de otros Es- tados. 4. Igualdad y ventajas mutuas. 5. Coexistencia pacífica»71.
En una de las conclusiones de esta conferencia se condenó como una violación de los derechos humanos mantener a los pue- blos bajo el dogal del yugo colonial y expresó su compromiso a apoyar la lucha de los pueblos colonizados por su independencia. Además, la declaración adhirió a la paz y a la colaboración entre los países, reclamando solucionar los conflictos internacionales por medios pacíficos; el respeto del derecho de cada nación a la defensa individual; el respeto de la justicia y de las obligaciones internacionales, y el reconocimiento de la igualdad entre todas las razas y naciones, grandes y pequeñas.
Como afirma el diario cubano Granma: «en Bandung se vin- culó la paz a que los pueblos gozaran de libertad, independencia y soberanía. Allí no se tomó partido a favor del socialismo o del capitalismo, intuyendo que el principio de autodeterminación de los pueblos incluía el derecho de cada nación a definir libremente su sistema político y social, aspecto este que fuera nítidamente expresado en 1961 por los Países No Alineados»72.
Estas premisas provocaron, a su vez, la creación de postu- lados teóricos nacionalistas y socialistas (fuera de la órbita so-
70 Ibid, p. 50.
71 Pedro Azze Besil, «A 50 años de la Primera Conferencia de Bandung», Gran-
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BCSJMNJFSCBOEVOHIUNM DPOTVMUBEPFMEFKVOJPEF
viética), que reivindicaban la independencia frente a las grandes potencias y la construcción de un socialismo nacional acorde con las circunstancias particulares. Como afirma Eduardo Rey Tristán «tal fue el caso de Argelia o de la República Árabe Uni- da. En este marco hay que situar también las nuevas propuestas revolucionarias y el uso de la violencia, de gran influencia en la izquierda revolucionaria latinoamericana, surgida en muchos casos de las propias luchas de liberación. Su máximo exponente fue Franz Fanon y su obra Los condenados de la tierra, de gran difusión en el continente»73.
Los condenados de la tierra, mBàSNB&SJD)PCTCBXNm «es-
crito por un psicólogo caribeño que participó en la guerra de liberación argelina, se convirtió en un texto de enorme influencia entre los intelectuales activistas a quienes estremecía su apología de la violencia como una forma de liberación espiritual para los oprimidos»74.
El tercermundismo, «la creencia de que el mundo podía emanciparse por medio de la liberación de su ‘periferia’ empo- brecida y agraria, explotada y abocada a la ‘dependencia’ de los países centrales de lo que una creciente literatura llamaba ‘el sistema mundial’, atrajo a muchos de los teóricos de la izquierda del primer mundo»75.
En América Latina el movimiento tercermundista se conso- lidó con la Conferencia Tricontinental, realizada en La Habana, en enero de 1966. Esta reunión tenía como objetivo incorporar a nuestro continente en la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África y Asia (OSPPA), heredera de las conferencias de Bandung (1955) y El Cairo (1958). En dicha oportunidad, Ernesto Guevara señaló: «América, continente olvidado por las últimas luchas políticas de liberación, que empieza a hacerse sentir a través de la Tricontinental en la voz de la vanguardia de sus pueblos, que es la Revolución Cubana, tendrá una tarea
73 Eduardo Rey Tristán, op. cit., pp. 50-51.
74 &SJD )PCTCBXN Historia del siglo XX, Buenos Aires, Editorial Crítica,
1998, 442 p.
de mucho mayor relieve: la de la creación del segundo o tercer Vietnam o del segundo y tercer Vietnam del mundo»76.
Tanto en la creación de la Tricontinental como en la consti- tución de un Secretariado Permanente en La Habana, Cuba co- menzó a tener un rol relevante entre los países del Tercer Mundo. Como afirma Marta Harnecker «fruto de la Tricontinental se creó la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), con organizaciones revolucionarias
de ochenta y dos países y el objetivo de unificar y promover los movimientos de liberación en esos países»77.
La creación de la Tricontinental tuvo repercusiones impor- tantes en la izquierda latinoamericana. Su celebración permitió estructurar una red continental de delegaciones o comités nacio- nales de cara a la participación en la conferencia. Como afirma Eduardo Rey Tristán «esa red, controlada básicamente por La Habana, contribuyó un año más tarde a la celebración de la Or- ganización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), que pretendió ser una especie de internacional revolucionaria latinoamericana dirigida por Cuba»78.
El tercermundismo significó en lo ideológico para la nueva izquierda revolucionaria en América Latina la posibilidad de equiparar las luchas propias con las de los movimientos de libe- ración de los países coloniales. Eduardo Rey Tristán afirma que «en el discurso de la izquierda revolucionaria se entendían todas ellas como las diversas partes de un proceso global de liberación, comienzo de una nueva era. Las luchas en Latinoamérica eran
76 Ernesto Guevara, Escritos y discursos, tomo IX, La Habana, Editorial de
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77 Marta Harnecker, La izquierda en el umbral del siglo XXI: haciendo posi-
ble lo imposible, La Habana, Siglo Veintiuno de España Editores, tercera
FEJDJÓO QIUUQCPPLTHPPHMFDMCPPLT JEX#[QR90.$ &pg=PA21&lpg=PA21&dq=OSPAAAL+marta+harnecker&source=bl&o ts=TgDeXqNqD9&sig=N2SnE1djPD2jb6cX26ohsBWQuRk&hl=es&ei= 6@50)Z0D)"C-(#HTB9PJCPPL@SFTVMUDUSFTVMUSFTO VNWFE$#H2"&X"2WPOFQBHFRGGBMTF DPOTVMUBEPFM de octubre de 2010).
también de liberación, por cuanto buscarían la consecución de la segunda independencia, la real, frustrada en su día por las oligarquías nacionales y las potencias extranjeras»79.
El último intento del tercermundismo por hacerse presente en el escenario internacional lo constituyó la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos, realizada durante una reunión de las Naciones Unidas en Argel (4 de julio de 1976).