4. Research questions
6.9. Maintenance effects of strategy instruction interventions on student performance For 18 of the 95 interventions, the maintenance effects on the students’ performance
3.1.1 Mediocracia y poder
Se reconoce que entre el campo de la política y el de la comunicación existen tensas relaciones de poder. En la actualidad, los medios de información, que ya pueden considerarse verdaderas empresas periodísticas, detentan un poder enormemente superior al que tenían hace años. El poder político ya no es el dueño de las decisiones y el referente en la vida de los ciudadanos sino que, por el contrario, los grandes conglomerados mediáticos son los verdaderos detentores del poder político y económico.
Por ese motivo, según Luchessi y Rodríguez (2007):
“Los medios no pueden ser pensados como meras cadenas de difusión. Si en otros momentos la comunicación política tenía en los medios una herramienta, en los inicios del siglo XXI ellos se transforman en la arena en la que la hegemonía pujará por construir y acumular su poder. Como integrantes de estos grupos que lideran el proceso, los medios de comunicación masiva y comercial son actores claves del funcionamiento social. También, de la constitución y la dinámica que intervienen en las construcciones de sentido que fundan y dan entidad al campo político” (Luchessi, 2007: 124).
Pablo Antillano (en Ramonet, 2011) propone designar a ese poder como “mediocracia”, dejando de considerar a los medios como simples mediadores entre la
sociedad y el poder, para pasar a tomarlos como actores políticos.
Durante las últimas décadas del siglo XX, los medios privados de información asumen un rol marcadamente liberal en lo político, planteando un discurso “antipolítica”, con el objetivo de desacreditar y debilitar la fuerza de partidos políticos para finalmente sustituirlos. Al invertirse los roles, los partidos se convierten en voceros de los medios, y no viceversa. De esta manera, los medios, que detentan el poder político y mediático, hacen una utilización de los referentes de partidos políticos para cumplir con sus intereses y objetivos. Sobre este tema, Britto García (2002) sostiene:
“Nadie puede cerrar los ojos ante esta realidad: en Venezuela pretenden ser ‘protagonistas de la política’ actores no electos democráticamente, que dejan de lado
57 o marginan su función comunicacional y privan al público de su derechos a la información, que son propiedad privada de grupos minoritarios a veces extranjeros, auspician golpes de Estado contra el gobierno legítimamente electo y pactan el apoyo a dictaduras fascistas” (Britto García, 2012: 413).
En ese sentido, los medios se convierten en opositores o aduladores del gobierno de turno o de otros sectores, que pretenden lograr que la ciudadanía se apropie de su
discurso para operar mediáticamente. Según Antillano, en la mediocracia son los
medios los que absuelven y condenan; la verdad la tiene el que muestre más videos; y los ciudadanos dicen lo que los medios piensan. Es aquí donde confluye entonces lo comercial con lo informacional, dando como resultado la existencia de un mercado de la información. Esta mezcla de actividades sucede muchas veces sin que los lectores o espectadores se den cuenta. Dejándose de lado el objetivo de proporcionar información independiente para obtener beneficios para los accionistas que conformen la empresa de comunicaciones (Ramonet, 2011).
El poder financiero, dice Ramonet (2011: 44), aquel “invisible, indescifrable y oculto, y el de los medios de comunicación nunca ha sido tan intimidante como ahora”. Los medios dominantes constituyen una amenaza para la democracia, y buscan restringirla y minarla, dejando de lado su rol inicial de contrapoder que dio origen a la denominada opinión pública. La comunicación se ha convertido en una materia prima estratégica y son las grandes cooperaciones mundiales las que la manejan.
3.1.2. Concentración monopólica y políticas públicas de comunicación
Cualquier investigación que tenga que ver con los medios de información no puede soslayar la existencia de una gran concentración oligopólica. Desde la segunda mitad del siglo XX a esta parte, las legislaciones locales e internacionales favorecen el crecimiento y desarrollo de grandes grupos mediáticos que acaparan el mercado mundial de las telecomunicaciones.
América Latina se convierte en un mercado muy interesante para los conglomerados de origen estadounidense y europeo. Sin embargo, la región es controlada por grupos mediáticos pertenecientes a dinastías familiares. Entre ellos se destacan Marinho, Civita, Frias, Mesquita, Sirotsky, Saad, Abravanel, Sarney, Magalhaes y Collor (Brasil);
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Cisneros y Zuloaga (Venezuela); Noble, Saguier, Mitre, Fontevecchia y Vigil (Argentina); Slim y Azcárraga (Méjico); Edwards, Claro y Mosciatti (Chile); Rivero, Monastérios, Daher, Carrasco, Dueri y Tapia (Bolivia); Ardila Lulle, Santo Domingo y Santos (Colombia); Verci y Zucolillo (Paraguay); Chamorro y Sacasa (Nicaragua); Arias y González Revilla (Panamá); Picado Cozza (Costa Rica); Ezerski, Dutriz y Altamirano (El Salvador); Marroquín (Guatemala); y Canahuati, Roshental, Sikaffy, Willeda Toledo y Ferrari (Honduras). Además, hay casos de multiplicación de familias propietarias dentro de un mismo país, como el caso de Ecuador, donde 19 familias controlan el 85% de las frecuencias de TV abierta y 45 familias dominan el 60% de las concesiones de radio AM y FM (de Moraes, 2011).
Toda esta situación se da gracias al perfeccionamiento de las tecnologías con comando a distancia, que permiten a las empresas interconectar sus inversiones bajo la protección de una particular racionalidad empresarial. Las corporaciones implementan políticas de producción, comercialización y marketing y se impregnan de particularidades socioculturales de los países en que actúan, adaptándose mediante alianzas con socios y proveedores locales (de Moraes, 2011). Existe entonces una situación desigual entre aquellos que detentan las tecnologías y el capital, respecto de aquellos que no los detentan, principalmente en cinco tipos de monopolio que Aurelio Alonso (2005) cita de Samir Amin: en el ámbito de la tecnología; en el control de flujos financieros de envergadura mundial; en el acceso a los recursos naturales del planeta; en la palabra y la opinión de los medios -“uno de los más eficientes para la dominación capitalista”, según palabras del autor egipcio-; y en la esfera de los armamentos de destrucción masiva. Por su parte, Martín Becerra (2010) marca el alto riesgo que conllevan la unificación de las líneas editoriales y la prevalencia de las ambiciones empresariales por encima de los intereses del conjunto de la sociedad.
Con todo esto sobre la mesa “se vuelve estratégico el papel de los sistemas de comunicación en la vida socioeconómica y política, tanto para la consolidación o la reversión de consensos como también para la soberanía nacional, el desarrollo cultural y la cooperación internacional” (de Moraes, 2011: 14).
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