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Desde el momento del nacimiento, todo niño pequeño realiza numerosos movimientos rítmicos involuntarios, debido en parte a un estímulo interno biológico, pero también como un medio para utilizar los músculos para que crezcan. Incluso estos movimientos involuntarios contribuyen a muy temprana edad al desarrollo de esquemas motrices. El movimiento permite al cuerpo relacionarse con el espacio, las personas, los objetos, facilita la integración sensorio motriz esencial para el desarrollo perceptivo. Es una capacidad fundamental a través de la que el niño

comienza a definir sus posibilidades y limitaciones con relación al espacio. A través del movimiento el niño con poca a ninguna visión puede ir tomando conciencia del mundo que lo rodea. (Toro Bueno, S. 1998)

Según Blanco Rodríguez, en Torralba (2004) los esquemas motrices están condicionados por múltiples factores, tales como el tipo de ceguera, el campo visual, la visión de los colores, etc., que condicionan la manera en que el niño va a adquirir el aprendizaje. Según el mismo autor “los procesos de aprendizaje están directamente relacionados con la información que somos capaces de captar de nuestro entorno” es este sentido, para el deporte adaptado, se recomienda tener presente que en el aprendizaje motriz se establecen dos fases: la primera corresponde al reconocimiento, a través de la cual se identifican los objetos mediante la asignación de un nombre, y la segunda, que consiste en la

discriminación, que se relaciona con la capacidad de establecer diferencias y similitudes entre los objetos.

Con base en dicho proceso de dos fases, el autor afirma se pueden desarrollar las percepciones sobre los movimientos y los objetos del entorno y añade que “la selección perceptiva es un proceso mediante el cual somos capaces de identificar un movimiento sobre la base de uno previamente conocido” De esta manera, Blanco recomienda a partir de lo anterior que es necesario ofrecer al niño muchas posibilidades de expresiones motrices que le faciliten la identificación de diversos

movimientos que pueda distinguir entre sí, así como también entre los ya aprendidos.

Desde el punto de vista perceptivo y del aprendizaje, González, Rodríguez, (2003) manifiesta que cuánto más mire el niño y use su visión, más eficientemente será capaz de funcionar “visualmente”. De la misma forma que oír no está solamente relacionado a la estructura del oído, la visión no está relacionada sólo a la estructura y funcionamiento de los ojos, sino que comprende muchas partes del ojo, tanto como de los sistemas corporales.

Aunque la información visual sea confusa, distorsionada o incompleta, en la medida en que el cerebro pueda combinar las imágenes con la información auditiva y con otro tipo de sensaciones, la persona puede usar la visión como un sentido contribuyente a su desarrollo cognitivo. La pobre visión no necesariamente causa pobre aprendizaje, lo que el cerebro es capaz de hacer con la información visual que recibe determina en qué medida la persona podrá funcionar visualmente

Macarena, Goñi. G(2003) citando a Toro (1998) afirma que el desempeño motriz del niño, debe ejecutarse primordialmente bajo unos parámetros de valoración y evaluación, teniendo como base el aprendizaje a través de la imitación, la autoevaluación, control de las propias acciones y sus resultados. Para el autor, el hecho de comprobar los resultados de sus propias acciones durante y después de su

realización es la mejor forma de aprender su ejecución correcta. Asimismo agrega, que el déficit visual provoca un retraso en la percepción de sí mismo como agente provocador de acciones, puesto que, cuando el niño no puede ver, generalmente no tiene elementos suficientes para comprender las consecuencias de su acción, excepto si se produce un sonido. El desarrollo psicomotor en el sujeto ciego sufre un desfase como consecuencia de percibir el medio de un modo incompleto. Esas diferencias evolutivas, concluye el autor, suelen provocar en los niños deficientes visuales un retraso de entre dos y cuatro años.

Blanco, en la misma fuente citada señala que el aprendizaje motor estará basado en el mejor aprovechamiento del canal de información visual y la integración del mismo con los demás sentidos.

De otro lado, Picornell Rodríguez (2002), piensa que en los invidentes no se debe promover el desarrollo motor en la infancia, ya que el mismo medio es una fuente que estimula constantemente al niño, y que es motivado (por la visión), favoreciendo su desarrollo. Prueba de esto, afirma el autor, es que algunos niños ciegos de nacimiento, nunca gatean, sino que aprenden a andar directamente. Por el contrario otros autores como Linares, P. (1987), Martínez, P. y Núñez, J. (1980) citados por,Picornell Rodríguez, (2002) son partidarios de estimular el desarrollo mediante movimientos y ejercicios elementales, que permitan al niño explorar y acceder al mundo que le rodea. Un niño ciego de nacimiento, aunque juega y se mueve, tiene

mucha menos motivación por desplazarse y, si lo hace, va inseguro y lento. Por tanto, las habilidades motrices básicas como la marcha, la carrera, el salto, el lanzamiento, las recepciones y las tareas motrices habituales como tirar y empujar, sentarse, sostener, levantar objetos, etc. sumamente elementales, no son tan ejercitadas como ocurre por lo general con un niño vidente, a menos que se estimule a realizarlo, de ahí la importancia del deporte y la estimulación temprana.