Part 3 – Loss Assessment
8.4 Making representative loss estimates – sample size and sample location
Palabras del señor coronel Álvaro Pico Malaver, Director de la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander, en homenaje al aniversario de fundación de la
Escuela el día 17 de mayo de 2013.
L
a Policía Nacional de Colombia cumple por estas calendas 123 años de benéfica presencia en el panorama institucional colombiano. A lo largo de las diferentes etapas por las cuales ha transitado, la Policía Nacional ha estado indefectiblemente al lado del hombre y al lado del Estado. Al lado de las personas para garantizarles los supremos valores que tanto la Constitución de 1886 como la de 1991 le reconocen, los cuales son: la vida, la libertad y sus derechos, así como los bienes. Al lado del Estado para garantizar su supervivencia en medio de las multiformes fuerzas desestabilizadoras que permanentemente atentan contra él como son todas las formas de ilegalidad y de subversión. En efecto, lamentablemente resultan muy pertinentes al caso colombiano las palabras de Arthur Koestler: “El sonido que persistentemente reverbera a través de la historia es el de los tambores de guerra”. Gracias a la presencia de la Policía Nacional en todos los momentos, en todos los lugares y en todas las páginas de la historia del país, la sociedad colombiana se yergue hoy en el contexto geopolítico latinoamericano y mundial como una Nación y un Estado viables y sostenibles. La presencia eficaz de la Policía Nacional en el horizonte de la historia de Colombia es parte importante de la explicación que daríamos al historiador norteamericano David Bushnell quien, desde el título mismo de su reconocido libro sobre la Historia de Colombia, expresa cierta perplejidad sobre nuestro país cuando escribe: “Colombia; una Nación a pesar de sí misma”. Reconstruir la historia de la Policía Nacional de Colombia es tanto como descifrar el enigma que explica nuestra supervivencia como Estado y como Sociedad a lo largo de estos 123 años de vida y,al mismo tiempo, extender al ciudadano de hoy una invitación esperanzada a continuar en la perseverante construcción de civismo y de convivencia. Ese, el brillante mérito que tiene la Academia Colombiana de Historia Policial. Si no nos atrevemos a escribir nosotros mismos nuestra propia historia, otros vendrán a deformarla y a interpretarla a su acomodo, como suele suceder. Apropiándonos de las palabras de Andrés Proust en su obra inmortal, la Academia Colombiana de Historia Policial nace del noble propósito de ir en “Búsqueda del tiempo perdido”. Sin la plausible labor de reconstrucción histórica que hasta el momento ha realizado, en forma brillante, la Academia, la historia de la Policía Nacional pasaría a ser un capítulo más de aquello que tan vivencialmente evocara el escritor colombiano Héctor Abad Facio Lince como: “El olvido que seremos”.
Aquí está igualmente la explicación de la enorme complacencia con la cual acepto la honrosa distinción que me hace la Academia al incluirme en la prestigiosa nómina de sus miembros honorarios. Sé que para la Academia la nominación de un nuevo miembro, ya sea de número, correspondiente u honorario, significa un nuevo empezar, es decir la expresión de un propósito de supervivencia en medio del azaroso discurrir de tiempo que todo lo olvida. Sin duda sus ilustres miembros, encabezados por la figura benemérita del señor brigadier general Guillermo León Diettes Pérez, son bien conscientes de la consigna que expresara hace ya 24 siglos, desde la Grecia clásica donde Tucídides, el padre de esta disciplina: “La historia es un incesante volver a empezar”.
En mi doble condición de Director de la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander y de Miembro Honorario de la Academia Colombiana de Historia Policial, expreso mi sentido reconocimiento tanto al señor brigadier general Guillermo León Diettes Pérez, Presidente de la Academia, como al señor brigadier general Mauricio Gómez Guzmán, su Vicepresidente, por haber incluído entre sus labores misionales la celebración reciente del septuagésimo tercer aniversario de este Claustro. Señores miembros de la Academia Colombiana de Historia Policial, la Escuela de Cadetes General Santander renueva la expresión de sentimiento de honor al dejar a su disposición su infraestructura física y sus recursos académicos a fin de que puedan dar continuidad a su labor. Esta seguirá siendo la sede del
todos los historiadores que los acompañan podrán proseguir en su perseverante tarea de reconstrucción de la memoria histórica de nuestra institución.
No me niego a repetir, por muy conocida que sea, la expresión de Italo Calvino uno de los más grandes intelectuales italianos del siglo pasado en su obra profética titulada “Diez consignas para el próximo siglo”: “existen dos clases de hombres: los que escriben la historia y los que la padecen”. Felicitaciones a ustedes porque han decidido pertenecer a la primera y gran satisfacción para la ECSAN como escenario privilegiado de su actuar como tales.
Debo expresar un especial agradecimiento al señor coronel Gilberto Fernández Castro, servidor del País y de la Policía Nacional, por la donación que nos hace del retrato del general de división Francisco de Paula Santander, en el cual hace gala de sus condiciones como pintor reconocido y elogiado por la crítica especializada. Al momento de apreciarla recuerdo a Don Francisco Umbral cuando decía, como si nos estuviese honrando con su presencia en este evento: “La pintura es la gran pizarra de la historia”.
Sea el momento de reconocer en este acto solemne la loable labor histórica del señor coronel Carlos Yamir Medina Velásquez en torno a la vida y al trabajo cumplido en bien de nuestra Institución por Sir Douglas Gordon, como jefe que fuera de la Misión Inglesa en 1948 y los años subsiguientes.
Particular lustre da a esta ceremonia la entrega del trabajo realizado, durante el año pasado, por el Grupo de Investigación de nuestra Escuela, mediante la elaboración de la Historia de la Arquitectura de la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander. Entre los muchos méritos que tiene esta obra, cabe resaltar el hecho de la interpretación historiográfica que en ella se hace de las relaciones entre modelos arquitectónicos, modelos de sociedad y modelos de educación policial. Con ella el Grupo de Investigación de nuestra Alma Máter nos está enseñando que la historia es mucho más que la recordación crono- anecdótica de hechos pasados. Es la recordación de la vida de una sociedad y de sus instituciones. Nada más vivo que la memoria de una institución codificada en sus escenarios arquitectónicos. Nuestro reconocimiento al Grupo y a cada uno de sus integrantes que con este trabajo exaltan el significado de la investigación en nuestro claustro.