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Making sure we have the prison places we need

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5. Our sentencing and rehabilitation revolution

5.7 Making sure we have the prison places we need

A continuación se describen los dilemas que estaba viviendo María a partir de su práctica psicoterapéutica.

Centrada en el deber ser: Qué es lo correcto?

María se hacía varios cuestionamientos frente a su identidad como terapeuta preguntándose constantemente si trabajar en la realización de procesos de atención terapéutica era lo de ella, dudando sobre su desempeño y sobre las habilidades que había estado desarrollando durante su formación. Este cuestionamiento estaba relacionado con el cansancio que le producía la poca fluidez de sus ideas en el contexto terapéutico y el no saber qué hacer para generar el cambio en los consultantes, lo cual le generaba angustia: " (...) me he sentido puede ser cansada, eh como que a veces siento que las ideas no fluyen, a veces siento que esto no es lo mío (…) básicamente cuando hago terapia y de pronto cuando estoy trabajando con una familia y llevo un tiempo y no encuentro como para dónde más, qué mas hago, o cuando estoy en supervisión como que también me cuestiono yo no sé y qué será lo que tengo que hacer acá, qué será lo que tengo que mostrar que no he mostrado y eso me angustia. (sesión 1)

El cansancio y la angustia también estaban relacionados con la necesidad de María de tener claridad sobre sus actuaciones y la parálisis que sentía al no saber cómo seguir en los procesos terapéuticos. Sus preguntas sobre qué hacer pretendían buscar una respuesta correcta sobre cómo seguir y tenían el propósito de que sus actuaciones se ajustarán a un ideal desde el deber ser para obtener un reconocimiento, en el que sus acciones estuvieran bien: “tengo que cumplir con esto, tengo que hacerlo bien, y no solamente de

pronto por los tutores sino también por las familias, como que ellos están viniendo acá buscando algo y ese algo quizás yo lo puedo dar, y si no lo tengo pues que voy a dar”

(sesión 1)

Lo anterior evidencia como María muestra responsabilidad y compromiso por responder a las expectativas de las familias; sin embargo duda de los aportes que ella

desde su rol como terapeuta puede hacerle a la familia e implícitamente hay un temor de no responder a los pedidos de éstos.

Sus acciones las evaluaba desde un “deber ser”, y de acuerdo a la correspondencia

con lo que ella creía que estaba buscando la familia como si hubiera una idea en la que sus actuaciones debían corresponder a algo que es verdadero y desde ahí su necesidad de ajustarse a la forma correcta de hacerlo: “… pues me pongo a pensar si es eso lo que

está buscando la familia, … o a veces en las supervisiones el que me hagan preguntas y me cuestionen me lleva a pensar que quizás no estoy haciendo las cosas como las debería

hacer..” (sesión 1)

Por otra parte, María percibía que desde el deber ser era importante la rigurosidad con el proceso, entendida como leer artículos relacionados con el caso, pensar en el sistema consultante y lo que podía hacer en terapia con ellos, ver la grabación en video de la sesión realizada y dedicarse más a la historias; al no hacerlo se sentía incómoda y con falta de compromiso con el proceso. Con respecto a este punto había una incongruencia en lo que ella sentía que tenía que hacer y lo que quería hacer:

“Si, y eso si que genera incomodidad, porque finalmente yo lo pienso, y es como lo

que a uno le pasa también muchas veces en el amor, como que pienso que debo hacer esto pero que el corazón me lleva para otro lado, y así creo que me pasa a mí con este tema, como que pienso que tengo que hacer esto, que tengo hacer lo otro, yo quisiera ser así, y a la hora de hacerlo no le saco el tiempo o me da pereza, o las otras obligaciones..”

(sesión 1)

Estas demandas basadas en lo que ella creía que tenía que hacer también generaban un alto grado de exigencia en María, que hacía que se sintiera sobrecargada, y ahí

aparecía la idea de “no puedo hacerlo”, la emoción de impotencia que bloqueaba sus

acciones y también de rebelión frente a esa voz que le decía “tienes que hacer”

“Lo que pasa es que a veces yo siento que soy muy exigente conmigo mismo, muy, y a veces como esa exigencia me carga tanto que termino no haciendo nada… a veces me

rebelo y por eso no hago nada, yo digo me puse hacer pereza pero quizás fue

rebelándome a esa voz de mando…” (sesión 1)

La evaluación sobre el trabajo realizado generaba en María impotencia, incomodidad, y miedo de no poder hacer lo que ella creía que tenía que hacer, lo que hacía que asumiera una postura distante con el proceso de formación en el que procuraba involucrarse poco, en ocasiones incumpliendo algunas de sus responsabilidades frente a éste. Sin embargo, desde su deseo de ser una buena terapeuta revisaba en forma individual sus acciones buscando definir si su desempeño en el proceso terapéutico era bueno o malo:

“yo creo que eso también hace parte que yo haya tomado distancia de ciertos

procesos, yo digo si este proceso a mi me genera incomodidad, como para qué, yo no me quiero sentir así, no me quiero sentir cuestionada, no me quiero sentir descalificada, pero

también a veces me pongo a pensar pero eso es lo que necesito para ser buena”. (sesión 1)

En el fragmento anterior aparece que para María el cuestionamiento y la descalificación son parte del proceso que le van a permitir llegar a la meta de ser una buena profesional; no obstante estos cuestionamientos y reflexiones eran vistas por María más como una descalificación y evaluación de su desempeño y no como una apertura a ver, escuchar, comprender y actuar de manera distinta a partir de las múltiples miradas sobre una situación.

Esto influía para que María no generara procesos reflexivos acerca del proceso terapéutico con los sistemas consultantes en los que veía un estancamiento, en cuanto lo veía como una evaluación de su desempeño y le generaba miedo la posibilidad de que sus consultantes le dijeran que el proceso no les había sido útil:

“a mi esas preguntas también a veces me dan susto porque es ponerlos a ellos a

evaluar y no quiero que ellos digan que eso no les está sirviendo”. (sesión 1)

El sentirse descalificada hacía que María invalidara todo su proceso de formación y los aprendizajes que había desarrollado durante el mismo, calificando su quehacer con adjetivos como bueno o malo, los cuales son adjudicados a toda su labor como terapeuta y no a un momento específico en una relación concreta. Además, pareciera que hay una idea o tal vez una ilusión de un final en el proceso de formación donde no falte nada por aprender, lo cual puede dar cuenta de una visión del conocimiento como estático y al cual se puede acceder completamente: “descalificada es sentir que lo que yo estoy

haciendo no está siendo bien, y sentir que lo que llevo haciendo durante más de dos años

no es, o que sí es pero que le falta” (sesión 1)

Para María la multiplicidad de voces que hay en un contexto terapéutico, las del sistema consultante y las de la terapeuta, sumadas las que aparecen en el contexto de supervisión, no representaban una posibilidad de ampliar sus comprensiones sino por el contrario la confundían y reafirmaban su pregunta que guiaba su quehacer: y ahora qué hago?. Dicha pregunta pareciera que tenía el propósito de buscar una certeza en la que se elige una posibilidad “correcta” entre muchas otras, en donde no cabe la integración

“y ahora qué hago, como para dónde me voy, escucho al señor?, escucho a la

señora?, escucho a la supervisora?, me escucho a mí?, yo creo que son muchas voces y a veces me empiezo a confundir” (sesión 1)

La confusión se incrementaba y se acompañaba de malestar en el contexto de supervisión, ya que María se sentía presionada. Ante esta presión que sentía optaba por privilegiar aquello que creía que era lo correcto y lo verdadero dado los conocimientos y la experticie del supervisor, sintiéndose en la mitad: entre lo que cada consultante quería y esperaba de María, lo que la supervisora esperaba de ella como terapeuta y lo que a ella le hubiera gustado hacer:

“claro y ahí en ese contexto yo me siento más presionada, como hay que hacer esto, y yo digo y si lo dice alguien que tiene experiencia es porque así es, y hay que hacerlo

así… y yo allá del otro lado sintiéndome terriblemente mal… yo ahí en la mitad y atrás

diciéndome si es importante hablar de eso… mira yo me sentía como y ahora qué hago…cuando estoy en supervisión si me siento presionada” (sesión 1)

¿Quién Dirige la Sesión el Profesional o los Consultantes?

En María habían dos ideas que se contraponían en su rol como terapeuta, una de ellas se refería a que el profesional debía saber y dirigir la sesión, y la otra estaba relacionada con que el terapeuta no va para dónde quiere ir sino para donde quieren ir los consultantes.

Esto implicaba una dicotomía en la que el terapeuta guiaba o se dejaba guiar, y no había un nosotros que implica una relación de para dónde vamos, donde las voces del terapeuta y del consultante son tenidas en cuenta, lo cual generaba en María inseguridad, indecisión y una sensación de parálisis frente a sus actuaciones.

Estas emociones también estaban relacionadas con la diferencia que María percibía al hacer atención terapéutica y el trabajo que realizaba con ICBF en el que hacía atención a familias desde el enfoque sistémico pero no llevaba a cabo procesos terapéuticos, manifestando que se sentía más libre y suelta cuando trabajaba con el ICBF, ya que no se sentía sola, había respaldo por parte de la institución y el dinero recibido por sus servicios no era pagado por las familias.

En este sentido, se sentía con más responsabilidad en la atención terapéutica con respecto a la generación de cambios rápidos en las familias teniendo en cuenta que ella recibía un pago directo por sus servicios y no percibía el respaldo de una institución:

“yo siento que eso me pasa es únicamente en el contexto de terapia porque en el trabajo que realizo a diario, yo no me siento así, yo no sé si tiene que ver porque en este trabajo las familias no me pagan sino que me paga la institución, en el trabajo es más suelto, más libre, yo siento que en el contexto terapéutico tengo que responder a otras

cosas… cuando yo digo voy a hacer terapia digamos que eso para mí genera una responsabilidad mucho muy grande, además porque estoy sola… después de que atiendo

la familia me pongo a pensar si lo que yo estoy trabajando es lo que realmente lo que la familia quiere trabajar o si es lo que yo pienso que es, desde mis hipótesis y mis planteamientos, y aunque yo siento que hago un trabajo reflexivo a veces, o sea, a veces yo siento que a veces me cuesta trabajo, será que esto sí es, será que esto no… a veces el

sentir que las personas no están cambiando o no están cambiando al ritmo que yo quisiera, o que yo siento que yo voy por un lado y ellos van por otro, como que eso me cuestiona…” (sesión 1)

Su necesidad de responder al pedido de sus consultantes y generar cambios rápidos en éstos hacía que se focalizara únicamente en resolver el problema por el cual ellos

manifestaban que iban a terapia, centrándose en el motivo de consulta como fuente de malestar, dejando de ver otras conexiones que mantenían la dificultad y renunciando a definiciones de problemas más amplias que le dieran mayor movilidad a ella y a sus consultantes: “yo sí creo que si uno va para consultar el punto negro... hay que explorar el punto negro y hay que mirarlo... yo no sé si lo que pasa es que yo quiero que las cosas

sean ya… cambio en tres sesiones y sino yo me empiezo a sentir y qué más hago”

(sesión 1)

En ese sentido, María seguía a sus consultantes en el relato y en la conversación que ellos proponían dejando a un lado sus propias comprensiones y propuestas de intervención. Por tanto, en la sesión terapéutica no se generaba nueva información, se desvirtuaba el papel del terapeuta, la conversación estaba más centrada en el contenido de las historias de los consultantes y en María aumentaba la necesidad de responder casi que de forma literal a las demandas de éstos:

“yo creo que como terapeuta yo si espero que las personas hagan cambios… hay

casos muy específicos, por ejemplo un conflicto de padres, y yo quisiera que ya se resolviera ese conflicto de padres, y sé que hay otras cosas... pero por ejemplo cuando yo intento meterme en otras... cuando yo intento dar ese salto, o hay un freno, o siento que no estoy respondiendo al pedido que hacen ellos… el susto que me genera es que yo empiece a comprender lo mismo que están comprendiendo ellos, y digo bueno si yo ya

estoy viendo lo que ven ellos, entonces qué más opciones les puedo dar… empiezo a

meterme en la misma dinámica de ellos de ver lo mismo... cuál es el foco para esta sesión, como que tengo varios y por el que me lleve la familia, pero yo siento a veces

La decisión de no dirigir el proceso terapéutico sino dejar que los consultantes lo dirigieran también estaba relacionada con la inseguridad que sentía María frente a su rol y la descalificación que se hacía sobre sí misma como profesional en la que deslegitimaba sus saberes: "yo siento que a veces por donde yo me quiero meter... cuando me hacen el quiebre como que por ahí no, yo digo bueno finalmente el proceso es de ellos, no es mío, yo tengo que responder a lo que ellos piden, pero si pasa eso, si no

quieren por ahí miremos por ese otro lado… el temor de que ellos se den cuenta que no

sé para dónde voy” (sesión 1)

Igualmente desde el temor a que los consultantes se incomodaran o la juzgaran como profesional si no seguía la dirección que éstos proponían, María se relacionaba con ellos desde una pauta de complacencia, de hacer sólo lo que podía gustarles a ellos, para evitar que la evaluaran mal, lo cual los llevaba a los dos a una postura de comodidad. Comodidad para los consultantes de no ver otras cosas porque eso implica moverse, y comodidad para María de no ver, ni mostrar nuevas miradas porque eso también le implicaba moverse y de alguna manera asumir la incomodidad y la desaprobación que esto pudiera generar en los consultantes.

Cuando los consultantes desistían del proceso María se culpaba por creer que no había respondido a lo que ellos estaban buscando, lo que la hacía sentir incómoda y con incertidumbre al sentir que falto algo que no era claro para ella.

Así mismo, María se mostraba confundida cuando las demandas del sistema consultante eran distintas y provenían de diferentes personas puesto que no sabía con cuál trabajar y a cuál responder: “también me he encontrado con distintos pedidos en la

familia, entonces de pronto me alió con uno de los pedidos y eso también hace que a veces luego me sienta también a veces confundida, porque digamos que empiezo a irme

por uno y el otro pedido queda descuidado por decirlo de alguna manera, y por ejemplo cuando son procesos de padres separados, me pasa eso, como que meto por el camino que uno me está proponiendo y entonces dejo de responder al pedido del otro” (sesión 1)

María al sentirse incompetente aumentaba su pregunta sobre qué más hago, la cual se respondía desde el mismo foco de observación, comprensión e intervención, por tanto sus posibilidades de acción también disminuían.

Es así como la pregunta qué más hago, no constituía una forma de estimular la búsqueda de más ideas, miradas, comprensiones y curiosidades sino que le generaba impotencia, incomodidad, la sensación de sentirse inadecuada y el cuestionamiento de su saber - hacer terapia: “digo será que esto si o será que esto no… empiezo como a preguntarme esto será que si es lo que yo sé hacer … pero de todo modos a veces me

bloqueo y ahí también me da incomodidad (sesión 1)

Cuando María percibía que no podía ayudarle a sus consultantes y evaluaba la sesión

realizada como “fatal” le generaba tranquilidad y comodidad que éstos desistieran de la

terapia, puesto que eso significaba que no tenía que preguntarse ¿y yo qué mas hago?. Esto también estaba relacionado con no saber cómo responder a la confianza que tenían los consultantes en la ayuda que ella les podía ofrecer, por lo cual si volvían se sentía muy responsable, con miedo y angustia de asumirla, de no poder asumirla, y yo diría de influenciar la vida de ellos.

Esto se puede ver en los siguientes fragmentos de conversación:

M: a veces es no me importa que se vayan los consultantes para mi mejor que se vayan, y eso pues me parece una posición muy cómoda, porque yo digo esta familia, es

E: Cuando tú piensas que ojala no vuelvan o que si no vuelven mejor para ti, desde qué emoción lo estás diciendo?

A: Muchas veces desde la tranquilidad, sabes, como de no van a volver bueno está bien, eso me tranquiliza porque yo creo que no les iba a poder ayudar con su

pedido…Puede ser desde el miedo, no creas que hacer terapia me da susto, eso me

genera sustico, porque siento que es estar en la vida del otro y eso me hace sentir a veces angustiada, porque si mis ideas están ahí y son las que están ayudando a la gente, quizás si yo no hago lo que ellos esperan o si yo de pronto no hago lo más conveniente para ellos, o no ayudo a guiarlo para donde yo creo que es lo que más les conviene, pues sencillamente es la vida de ellos, y yo como que me siento con la responsabilidad y con

la carga de que ellos están confiando en mi en que yo les puedo ayudar…pero a veces

también hay familias que yo digo yo no puedo, y creo que a esas familias yo ayudo a que se vayan y a veces yo digo esta familia si la puedo ayudar y resulta que luego va pasando el tiempo y ya digo no (sesión 1)

¿La teoría me Inhibe o me da Herramientas?

Para María era muy importante que todo lo que hiciera en el encuentro terapéutico tuviera un sustento teórico, por lo cual sentía temor de no poder dar cuenta del modelo que la había llevado a hacer las preguntas e intervenciones que había realizado: “es una

voz que me martilla todo el tiempo, es que lo que hago no es que me lo estoy inventando, o es que yo estoy haciendo esta intervención o estas preguntas porque a mí se me ocurrió

sino porque esto debe ser un sustento” (sesión 1)

Esta voz aparecía en las post sesiones, pero se hacía más fuerte en las supervisiones y cuando no podía dar cuenta de lo que había hecho, María se descalificaba como

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