CHAPTER 6: CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS
6.4 MANAGERIAL IMPLICATIONS
Presidente de Calidad Pascual
Para ser emprendedor es imprescindible reinventarse siempre. Es vital innovar, desarrollando ideas que aporten valor añadido a nuestro plan de negocio para desmarcarse de la competencia y conseguir un hueco en el mercado. Pero no basta sólo con eso. No podemos quedarnos en la primera idea que se nos ocurra. Debemos ser ante todo inconformis- tas: retocar, modificar o incluso tirar a la basura nuestros borradores y empezar de cero, renovarnos día a día para sacar adelante un proyecto que se adapte a las necesidades de un consumidor cada vez más exi- gente sin perder jamás la voluntad de aportar nuevos enfoques y pro- poner nuevos conceptos.
Ligado a la necesidad de reinventarse está el hecho de que no hay que tener nunca miedo al fracaso. A la hora de embarcarnos en un pro-
yecto, tenemos que contar con la posibilidad de que nuestra idea inicial no sea viable, y que, una vez dado el pistoletazo de salida, van a sur- gir inevitablemente problemas a los que hacer frente. A este respecto, todo emprendedor ha de sacudirse el miedo al riesgo, hay que concien- ciarse de que el fracaso total no existe y entender que cada tropiezo es sólo una fase más en el desarrollo de nuestro negocio.
Creo que el ejemplo de Calidad Pascual puede ser válido. Mi padre empezó en el mundo de la leche haciéndose cargo de una cooperativa en quiebra en 1969, con infinidad de problemas. No se contentó con hacer sobrevivir el negocio, sino que decidió innovar y lanzar la pri- mera leche de «larga vida», uperisada y envasada en tetrabrik, y para llevar su proyecto a cabo tuvo que enfrentarse a infinidad de obstácu- los. Tuvo que viajar en aquellos tiempos por media Europa para des- cubrir, explorar alternativas, nuevas tecnologías, nuevos envases... Una vez identificado el modelo de negocio que buscaba, el desarrollo de los primeros briks fue muy complejo, ya que tenían problemas de cierre, les entraba la luz y los que estaban defectuosos provocaban que la leche se cortara. Además, en aquella época los precios de la leche no se podían fijar libremente y ésta fue otra barrera que a punto estuvo de hacerle tirar la toalla. Todos estos problemas le forzaron a plantearse el cierre de la fábrica, pero decidió no rendirse. Por aquel entonces todo el mundo pensaba que su idea era una locura y 30 años después el consumo de leche de larga vida en España es mayoritario.
Para enfrentarse a un proyecto nuevo es también fundamental ser humilde. Mi padre siempre decía algo que recuerdo con mucho cariño: «Hay que parecer tonto y ser humilde». Lo que yo entiendo que signi- fica es que hay que enfrentarse a los nuevos retos de la vida con la humildad necesaria para estar dispuesto a aprenderlo todo de cero, sin ideas preconcebidas, sin ego.
Emprender es un camino arduo a la par que enriquecedor. Enfren- tarse a él con la creencia de estar en posesión del conocimiento nece- sario, siendo inflexible a la hora de aplicar nuevos enfoques o cerrán- donos al escuchar nuevas propuestas, no hace sino ralentizar nuestro aprendizaje y por ende el desarrollo de nuestro proyecto.
Y no hay que olvidarse nunca de la pasión. El emprendimiento requiere mucho esfuerzo, pero también mucha pasión. Es necesario estar dedicado al cien por cien a la puesta en marcha del proyecto que consideras tuyo. Hay que ser luchador, ambicioso, tenaz, exigente,
valiente y vital. Mantenerse ilusionado en todo momento y, sobre todo, disfrutar siempre de lo que uno hace.
Además, hay que saber provechar las oportunidades que se presen- tan y las capacidades de cada uno. El emprendimiento empieza siem- pre con una oportunidad. Uno no es consciente de que está empren- diendo hasta que se topa frente a frente con la oportunidad de hacer algo que le gusta, que encaja con su personalidad y que está relacio- nado, de una forma u otra, con lo que sabe hacer.
Mi padre era vendedor y se sirvió de su conocimiento y su pasión por vender para crear algo de la nada. Él logró ver la oportunidad que tenía ante sí basándose en dos conceptos: «Soy vendedor y sé comercializar productos» y «conozco a los consumidores y tengo que ofrecerles lo que quieren». Y así, de una oportunidad creó un negocio.
Hay que saber asimismo que todo proyecto, sea de la índole que sea, puede llevarse a cabo con la perseverancia suficiente. Debemos mantener la creencia firme de que todo es posible y no dejar bajo nin- gún concepto que el desaliento nos gane la batalla. Para alcanzar el éxito tenemos que plantarle cara a todos los obstáculos sabiendo que con paciencia, inteligencia y tesón podremos superar cualquier contra- tiempo. Si queremos lograr nuestro objetivo debemos dejar de lado las dudas, las incertidumbres y los miedos, y centrarnos únicamente en sobrevivir y hacer nuestro proyecto posible a toda costa.
La educación es otro de los pilares básicos para el emprendimiento. Debemos enseñar a nuestros jóvenes que existe la posibilidad de emprender para que tengan presente la opción de montar un día su pro- pio negocio como forma de desarrollarse profesionalmente.
En los últimos tiempos, debido en parte a la crisis que estamos viviendo desde el año 2008, se ha fomentado en mayor medida una educación enfocada al emprendimiento, a la posibilidad de ser empre- sario como modelo de persona que crea y dirige su propio negocio. Y es que estas nuevas empresas ayudan a la creación de puestos de trabajo, al desarrollo de un mercado plural y al saneamiento, en defi- nitiva, de la economía.
Tampoco debemos perder de vista la importancia de contar con el apoyo de nuestro entorno. Aunque es posible que a la hora de empren- der nos sintamos solos o desprotegidos, debemos tener en cuenta que hay muchas personas dispuestas a ayudarnos. Familia y amigos nos aportan muchas veces el aliento que necesitamos para seguir ade-
lante. Su confianza y su apoyo incondicionales son un motor impres- cindible en la puesta en marcha de toda iniciativa.
Además, contamos con el apoyo financiero de aquellas entidades dispuestas a apostar por la creación de nuevas empresas, que nos ofrecerán condiciones ventajosas para facilitar el nacimiento de nues- tro negocio, así como con las aportaciones de inversores, públicos y privados, capaces de ver las oportunidades que ofrecen las startups. Y no hay que olvidar la contribución de nuestros trabajadores. Todas las personas que colaboran en nuestro proyecto nos aportan un valor añadido que hay que tener en cuenta. Al fin y al cabo, una compañía se constituye no sólo por su impulsor, sino también por y para sus tra- bajadores.
Es necesario unir a todos los miembros que integran tu proyecto empresarial, haciéndoles sentir parte de un proyecto común. Es imprescindible generar ese sentimiento de unidad entre las perso- nas implicadas para sacar adelante una iniciativa desde cero y esto se consigue creando una idea de futuro para quienes trabajan contigo y haciéndoles partícipes de esa idea. Esta máxima puede aplicarse a todas las empresas, desde las más pequeñas a las más grandes, ya que el factor humano es realmente el activo más importante de las compañías.
Y por último, pero no por ello menos importante, hay que mantener el equilibrio. Una vez que tu proyecto toma forma y se convierte de una idea en un negocio real, adquieres una doble responsabilidad: por un lado tienes que centrarte en seguir creciendo y creando valor, pero además tienes que dar estabilidad a tu compañía, y esto es al fin y al cabo lo más difícil. Es necesario mantener una empresa sostenible con una idea a largo plazo, pero además hay que seguir imaginando y con- cibiendo nuevos planes, conservando, como el primer día, la cultura del emprendimiento no sólo por parte de la directiva sino de todos los empleados.
Inventar siempre nuevos proyectos, desarrollar nuevas estrategias, mantenerse en la vanguardia y crear una cultura de riesgo inteligente dentro de la compañía, sabiendo que puedes equivocarte las veces que sea necesario pero nunca poniendo en riesgo tu empresa. Aquí es donde reside el último gran reto del emprendedor: en manejar la aparente contradicción de estabilidad e innovación, manteniendo el equilibrio día a día.
Tomás Pascual Gómez-Cuétara
Primogénito del fundador y presidente del Grupo Leche Pascual, Tomás Pascual San, nació en Santander, es Ingeniero Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid y Máster of Business Administración por el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Antes de incorporarse a la empresa familiar, en 1991, Tomás Pascual Gómez-Cuétara comenzó su trayectoria profesional con prácticas en el departamento de ventas de White Rock, compañía alimentaria neoyorquina, y en el Bank of America. De vuelta a España, adquirió un completo conocimiento del Grupo Leche Pascual pasando, entre 1991 y 1999, por las diferentes áreas de la empresa, como los departamentos de com- pras, fabricación, investigación y desarrollo, calidad y comercial. En 1999, asumió la dirección estratégica de la compañía y el control de la gestión operativa de todas las Direcciones Generales. Desde el 30 de marzo de 2006 preside la compañía y sus más de veinte años en la empresa le dan un conocimiento profundo de la misma.
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