5. CONCLUSIONS 75
5.2. Managerial implications 77
Elija un trabajo que esté desarrollando o que ya haya completado. Escriba una oración sobre lo que, a su juicio, constituye la idea central. Anote los asuntos que incluirá para apoyar cada tema. Identifique cuáles de estos temas le serán útiles para sustentar distintas partes del
argumento.
Usar títulos o encabezamientos en el bosquejo de un plan le permitirá ahorrar tiempo cuando organice y dé forma a un trabajo. Si prefiere hacer el esbozo en las primeras etapas del proceso, le será útil encabezar cada tema y agregar debajo las reflexiones (cuya longitud queda a su criterio) que le susciten los nuevos materiales. Utilice distintas hojas de papel para cada tema. Puede guardar estas notas iniciales durante el tiempo que considere necesario, sea como base para redactar un primer borrador del trabajo total, sea para confeccionarlo parte por parte. Ahora que ya hemos trabajado en la idea central y en la manera de organizar el material en un argumento coherente, es tiempo de retomar un tema de indudable interés: el lugar que a usted le cabe en sus propios escritos universitarios.
Notas
Recuerde que no todos los escritores planean y organizan sus trabajos en una misma etapa del proceso. Procure descubrir cuál es su forma de trabajo.
Si puede, haga un plan; pero tenga en cuenta que es posible que lo modifique a medida que escribe. Considere siempre el primer bosquejo como algo provisorio.
Trate de identificar la estructura específica que requiere su escrito. Para hacerlo, piense en la función que cumple una parte cualquiera del trabajo.
Ante todo, determine la idea central y procure que su trabajo se desarrolle en torno de ella.
Haga la experiencia de utilizar mapas mentales para elaborar los asuntos y temas del trabajo asignado.
Información sobre el procesador de texto
Como el procesador de texto le permite modificar la secuencia desde las primeras etapas de planificación, utilice esta herramienta para visualizar globalmente las distintas posibilidades de enlace de cada parte del trabajo.
7
Formular sus conocimientos en un estilo académico
¿Le interesan mis ideas al tutor?
¿Debo redactar trabajos universitarios sin incluir mis opiniones?
Vine a la universidad a explorar mis propias ideas; pero ¿les importa lo que pienso?
¿Puedo usar el pronombre "yo" cuando escribo para la universidad?
Retomamos aquí el tema de la familia, introducido en el capítulo 2, con el propósito de examinar nuevamente la relación entre su identidad como escritor y su trabajo para la universidad. En el capítulo 1 y también en otras partes del libro sugerimos métodos eficaces para obtener fluidez y seguridad durante el proceso de redacción y para pensar en sí mismo como escritor. Ya nos referimos a la importancia de usar un vocabulario propio a fin de salvar la brecha entre su visión del mundo y la que sustentan las diversas disciplinas y campos de estudio. Hemos procurado familiarizarlo con los tipos de escritura requeridos en la enseñanza superior, buscando métodos que le permitan desplazarse de lo descriptivo a lo analítico, así como también desarrollar un argumento. Ahora vamos a dedicarnos a la cuestión, bastante más compleja, de introducirse uno mismo en la tarea encomendada, de hacer oír su propia "voz".
¿El lector siente la autoría de lo que escribe o sólo pretende comportarse como un estudiante universitario que escribe? ¿Qué significa "introducirse uno mismo"? Los estudiantes suelen preocuparse por la distancia que existe entre aquello que les interesa y desean expresar y los requisitos de la redacción universitaria que en muchas asignaturas impiden, en apariencia, que el estudiante se comprometa personalmente. Vamos a considerar el punto teniendo en cuenta las siguientes preguntas:
• ¿Qué relación existe entre usted y lo que escribe? ¿Siente su propia subjetividad cuando redacta, aunque deba ceñirse a las convenciones impuestas por el tema en estudio?
• ¿Puede aportar ideas propias, opiniones y sentido de identidad a sus trabajos académicos? ¿En qué medida ello se refleja en el uso del pronombre de primera persona?
El dilema de un estudiante
Un estudiante hizo la siguiente reflexión cuando comentaba el empleo de elementos personales en los trabajos escritos:
Trato de atenerme en lo posible a las referencias bibliográficas. Necesito contar con los datos pertinentes... Procuro no intervenir en mis ensayos... simplemente me ciño a cuanto puede ser demostrado y verificado... porque no soy una autoridad en el tema. Dicho de otro modo, lo que redacto siempre debe estar respaldado por fuentes fiables... No obstante, cuando uno escribe tiende a olvidar el lado académico y a agregar anécdotas o lo que fuere y siente que está pensando "bien" y escribiendo con fluidez: ahí está el problema. A veces uno cree que tendrá éxito, pero sabe que está mal y que al final debería descartarlo.
El dilema del estudiante que descarta las propias ideas porque siente que "no es una autoridad", en contraposición al goce que le produce escribir "con fluidez" cuando puede "olvidar el lado académico", ilustra un problema común a muchos. La dificultad reside en no saber armonizar lo que uno considera un buen trabajo y las supuestas exigencias universitarias. El
estudiante piensa que no es "lo bastante bueno" y que su trabajo está "mal". Así pues, se niega la posibilidad de intervenir en su redacción con los conocimientos que ya posee.
A nuestro criterio, hay formas de estar "presente" incluso a través de textos en apariencia "impersonales". Uno de los temas relevantes que veremos en este capítulo es la importancia del compromiso personal con lo que se está estudiando, pues ello estimula a la par que desarrolla el sentimiento de propiedad de cuanto se ha producido. Escribir un trabajo brinda la ocasión de llevar al papel parte de las propias convicciones y conocimientos; de manera que cada vez que el lector termine un trabajo, lo entregue y se lo califiquen -vale decir, le devuelvan información sobre su valor- podrá considerarlo de su exclusiva autoría. Por eso hemos resaltado la importancia de usar las propias palabras en lo concerniente a la lectura y a las tareas asignadas en los cursos. El sentido de propiedad es imprescindible para disfrutar de los trabajos y del aprendizaje de la materia. El proceso mismo de comprometerse con las ideas mediante la escritura permite que estas pasen a formar parte de la identidad de quien las escribe, lo que a su vez incide en la confección de tareas más sólidas y acabadas. El compromiso con el aprendizaje de una materia se ve ilustrado por los siguientes comentarios estudiantiles:
Quisiera entender cómo funciona nuestro sistema político.
Necesito saber contabilidad porque pienso abrir un pequeño negocio. A veces lloro cuando veo una película y me gustaría averiguar por qué. Debo enseñar a mis alumnos a leer y necesito conocer el tema todo lo que pueda.
Análogamente, un tutor e investigador universitario expuso el motivo por el cual se dedica a la investigación y habló de su experiencia como escritor:
Las razones por las que emprendo una investigación menguan, indudablemente, mis facultades para escribir, pues elijo los
temas porque me parecen importantes y a la vez porque no estoy seguro de mis propias opiniones. En definitiva, investigo para poner en claro cuáles son mis conclusiones sobre dichos temas.
(ExChanges, 1996)
"Redactar por imitación"
A medida que sus conocimientos sobre un tema determinado se acrecienten gracias a la lectura bibliográfica, necesitará procesar el material recogido, formulando e hilvanando conceptos por escrito e incorporándolos a su propio pensamiento, tal como lo señalamos en el capítulo 5. Es preciso conciliar las demandas de la redacción universitaria y trabajar con esos requisitos, pero no adoptarlos al pie de la letra pues ello da por resultado una "imitación" que no convencerá al tutor ni lo satisfará a usted, sobre todo en el largo plazo. En el capítulo 3 citamos la opinión del tutor de lengua y literatura inglesa sobre los estudiantes que "imitan como loros el discurso académico" antes de haberlo comprendido y asimilado plenamente. Si bien no es tan equivocado tratar de entender un tema imitando al autor o reparando en la redacción de algún escritor, limitarse a un estilo o vocabulario específicos significa, en general, imitar las características más superficiales de la disciplina sin entender realmente su sentido, algo que debemos descartar porque no da resultado. Los estudiantes que lo aplican terminan redactando textos pobres y confusos, como los niños cuando emplean un lenguaje de adultos que les es ajeno. Por consiguiente, los estudiantes no se sienten seguros y no disfrutan de la redacción. Lo mismo ocurriría si uno tocara una partitura y no supiera nada de ritmo: las notas serán correctas, pero no se enlazarán en una melodía reconocible. En definitiva, lo que se debe desarrollar, aunque sea modestamente, es un estilo que se adecue al tema. Por eso los ejercicios que proponemos aquí suelen pedirle que comience a redactar o a referirse a la bibliografía utilizando su propio vocabulario. Poco a poco su estilo se irá consustanciando con su nueva condición de estudiante universitario y se sentirá el verdadero escritor de sus ensayos académicos. En suma, será capaz de emprender sus trabajos, aunque es posible que al principio no
le sea fácil: es preciso recordar que tampoco resulta fácil para un académico abordar un tema nuevo.
En la siguiente tarea, centrada en la relación entre el trabajo por confeccionar y usted, es conveniente que responda a las preguntas como mejor le parezca, a modo de exploración. Ello le servirá para registrar los propios pensamientos y aclarar ideas a medida que trabaje. Al final del capítulo, le recomendamos volver al ejercicio.