Chart 4: First, Second and Third Generation CSBMs
7.3 Managing an Adversarial Relationship
Las Sierras Septentrionales están formadas por materiales metamórfi cos (pizarras, esquistos, paragneises, cuarci- tas) en su mitad occidental y por rocas graníticas (afl oramientos de Monseibane y de A Toxiza) en la oriental (Arce Duarte et al., 1973; Monteserín López et al., 1978). Estos materiales presentan tienen una baja permeabilidad y favorecen el en- charcamiento.
Pero la presencia de turberas en estas sierras es, en gran parte, el resultado de la evolución del relieve durante el Cuaternario. La Serra do Xistral y los Montes do Buio (Monte Maior) representan un conjunto de niveles aplanados a diferentes altitudes originados hace aproximadamente 65 millones de años, durante el Terciario, a partir de una dislocación generalizada de todo el noreste Ibérico. Esta topografía, que todavía se mantiene, determinó el particular fenómeno glaciar y periglaciar de esta área, en el que grandes extensiones fueron cubiertas con depósitos de cuarcitas y areniscas feldespáti- cas, proclives a la formación de materiales fi nos. Estos materiales, a su vez, impidieron la infi ltración del agua procedente de las abundantes nieblas y precipitaciones existentes en esta sierra y provocaron la formación de turberas a diferentes altitudes (cumbres, laderas, fondos de valles) tras las glaciaciones (Pontevedra-Pombal, 2002).
En estas sierras, además, también hay abundantes afl oramientos de formas graníticas, tanto de “formas eminentes” (bolos, tors y domos) como de “formas incididas”, los denominados “alveolos de alteración” (Pontevedra-Pombal, 2002). Estos afl oramientos fueron exhumados durante el Cuaternario al retirarse los materiales móviles (arcillas, arenas o gravas), separando capas y frentes de alteración que podían estar a decenas de metros de profundidad. Precisamente en los alveolos de alteración, que varían desde unos pocos metros cuadrados de superfi cie a varias hectáreas, a lo largo del Cuaternario y
gracias a su forma en cubeta de difícil drenaje, se formaron también turberas (Pontevedra-Pombal, 2002).
La cronología de eventos que constituyen la historia de las turberas en las Sierras Septentrionales en Galicia tras las glaciaciones se enmarca en tres fases principales (Pontevedra-Pombal, 2002):
1ª Fase: Formación de turberas minerotrófi cas durante el Preboreal y el Boreal (hace 11.000-8.500años). 2ª Fase: Desarrollo de turberas ombrotrófi cas y minerotrófi cas en el Atlántico medio (hace 7.800-7.100 años). 3ª Fase: Expansión de las turberas ombrotrófi cas y estabilización de las minerotrófi cas, entre el Atlántico fi nal y
el Suboreal inicial (hace 6.000-2.000 años).
Suelos
Los suelos de las Sierras Septentrionales se caracterizan por el predominio de los procesos erosivos y la presencia de perfi les esqueléticos (Martínez-Cortizas, 1994). No obstante, los suelos característicos de las turberas son Histosoles, es decir, “suelos que tienen material orgánico (consistente en grandes cantidades de restos orgánicos que se acumulan en la superfi cie bajo condiciones húmedas o secas y en el cual el material mineral no infl uye signifi cativamente en sus propie- dades), con un espesor de 10cm o más si se encuentra sobre hielo, roca continua o material fragmentado cuyos intersticios están rellenos con material orgánico; o de forma acumulada en los 100cm superfi ciales un espesor de 60cm o más si el 75% o más del material está compuesto por fi bras de musgos o 40cm o más en otros materiales, estando su límite superior
contenido en los primeros 40cm superfi ciales” (IUSS-ISRIC-FAO, 2006)
Las turberas ombrotrófi cas de cobertor se han desarrollado directamente sobre el sustrato rocoso, en suelos es- casamente evolucionados sobre depósitos periglaciares pedregosos y, ocasionalmente también, sobre suelos podzólicos frecuentes en estas sierras (Pontevedra-Pombal, 2002). En ocasiones, cuando los depósitos basales son pedregosos y presentan un exceso de agua, en las zonas donde la capa freática alcanza la superfi cie y existe cierta pendiente, se producen movimientos de reptación (creep) que forman profundas grietas y deslizamientos, dejando descubiertos “al aire” frentes de
turba que pueden alcanzan los 3 metros de espesor.
Clima
La particular situación y geomorfología de las Serras Septentrionales les proporcionan unas características climáti- cas bien diferenciadas tanto de los territorios costeros de la Mariña Lucense, más templados y oceánicos, como de los in- teriores de la Terra Chá, más continentales. Mientras las zonas costeras próximas presentan dominios ombrotérmicos del tipo subhúmedo-cálido (precipitación anual media entre 1000-1200mm, temperaturas medias >14ºC) y seco-cálido (pre- cipitación <800-1000mm, temperaturas medias >14ºC) en las cumbres, donde aparecen las turberas de cobertor, el dominio ombrotérmico es del tipo muy húmedo-fresco; las precipitaciones se sitúan entre los 1400-1800mm y los valores medios de temperatura oscilan entre los 7-10ºC con una amplitud térmica anual media entre 14,5 y 15,5ºC (Castillo Rodríguez, 2001). La evapotranspiración potencial estimada por Carballeira et al. (1983) para la zona se sitúa en torno a los 650-
700mm. Pontevedra-Pombal (2002) estimó los valores climáticos del entorno de una serie de turberas de las Serras Septen- trionales; observando que tanto la temperatura media anual como las variaciones entre turberas, no excedían de 2,8ºC, con un rango que abarcaba desde los 9,5ºC de Borralleiras de Cal Grande a los 6,7ºC del Tremoal do Cadramón. La precipitación media anual estimada sí presenta visibles diferencias entre turberas, próxima a 400mm. El valor máximo es el del Tremoal do Cadramón (1895mm) y el inferior en Borralleiras de Cal Grande (1500mm).
Pese a su proximidad al mar, con frecuencia se producen nevadas invernales, quedando la nieve acumulada en los sectores más elevados de las sierras. Las nevadas pueden producirse varias veces a lo largo de un invierno e incluso en la primavera. En las cotas altas estas nieves llegan a persistir durante varios días consecutivos, expuestas a temperaturas por debajo de los 0º C durante el período comprendido entre octubre y mayo.
Retuerto y Carballeira (1990; 1991), incluyen las cotas superiores de estas sierras en el área fi toclimática del sector “muy lluvioso” (en función del índice de Baudiere QE) y “frío” (en función de la media de la temperatura mínima del mes más frío, MINC). Las altitudes medias se corresponderían con los sectores “lluvioso” y “templado”. Castroviejo (1988), desde el punto de vista ombrotérmico, incluye estas zonas en el ombrotipo “ultrahiperhúmedo”, ya que muestran unos rangos de precipitación anual estimada superiores a los 2400mm.
Las abundantes nieblas, especialmente durante el verano y por encima de los 600m de altitud, son una de las ca- racterísticas más notables. Estas nieblas son debidas no solo por la irradiación, sino también por las nubes de estancamiento producidas por el aire superfi cial de los fl ujos oceánicos en situaciones de componente norte, nordeste o incluso con esta- bilidad anticiclónica (Castillo Rodríguez, 2001). Estas “lluvias ocultas” colaboran intensamente a incrementar los aportes hídricos, precisamente en la época del año en la que se concentra el mayor défi cit hídrico, por lo que aunque no son las responsables directas del desarrollo de los humedales turbófi los e higroturbófi los de montaña, sí son determinantes en su estabilidad y mantenimiento, especialmente en el caso excepcional de las turberas de cobertor.