CHAPTER 6 RENAMING CLASSIFICATION
6.2 Mapping Terms
Per Hüttner
ARTISTA
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Suecia
Cuando en Suecia se llevó a cabo el referéndum sobre la adhesión a la Unión Europea en 1994, yo voté No. Al día de hoy me siento raro ante esta decisión. He aprovecha- do las ventajas y posibilidades de la nueva Europa en mayor medida que otras perso- nas. Durante largo tiempo viví en Berlín y Londres y actualmente resido en París. He tenido numerosas exposiciones individuales en museos y galerías de arte en una doce- na de países europeos y he participado en exhibiciones colectivas en la gran mayoría de los Estados miembros.
Al paso del tiempo la razón de mi voto se ha hecho más comprensible. No se trata de un razonamiento fácil, directo y racional, lo que hay detrás de mi decisión, –lo que suele ocurrir con las decisiones de tipo sentimental–. La única manera que tengo de explicar por qué actué así, es relacionarlo con mi profundo temor a lograr eso que resonaba en mi alma.
Siempre había deseado dejar mi tierra y con la llegada de la Unión Europea tendría la posibilidad de llevar a cabo este plan. Claro que el hacer el equipaje y prepararse a marchar es una realidad muy distinta de la de hacer planes cuando uno no está con- tento con su vida. Además me encontré en una situación de continuos y deliberados fracasos. Con el éxito la responsabilidad es mayor y también encierra la posibilidad de un fracaso más doloroso. Fracasando continuamente sería capaz de mantener el con- trol de mi propia realidad vital. Pero cuando nos sometemos a este modelo, sucede que estamos bajo el control de nuestros miedos y se hace imposible distinguir lo que es verdadero de lo que es falso, bueno o malo en nuestras vidas. Al final, este temor se disipa dejando nuestras vidas arruinadas. En mi caso, rehusé crecer y convertirme en adulto y, por tanto, en hombre y en el verdadero artista que necesitaba ser. Este conflicto interior de padecer el sueño cumplido (aunque suene contradictorio) fue el tema central de la exposición “Democracia y Deseo” que llevé a cabo en la sala Vacío 9 de Madrid, en noviembre y diciembre de 2006.
La mayoría de nosotros tenemos la firme voluntad de hacer el bien. Nos preocupamos los unos de los otros y tratamos de ayudar y de cooperar con las buenas causas. Cul- tivar este sentimiento es lo que hace a las sociedades seguir adelante, es el ímpetu humano en que se basa la democracia y que permite vivir al industrializado mundo occidental, históricamente hablando y desde un punto de vista materialista, de una manera más rica y también más segura que nunca antes.
Pero en conexión con esto, también somos personas con anhelos que necesitan obte- ner reconocimiento, amor, satisfacción sexual y aprecio. Tenemos impulsos relaciona- dos con la violencia al igual que con la ternura. Estamos sometidos al estrés y a la pre- sión y necesitamos pagar nuestras cuentas y ser leales a los amigos y a la familia y muchas veces todo esto choca con nuestra voluntad de hacer el bien. De una manera simple, es este conflicto interior el causante de la cuestión moral en todas las histo- rias donde el héroe tiene que elegir entre robar o seguir pasando hambre.
Democracia y deseo
Los conceptos de democracia y deseo no son incompatibles, sino que nos permiten ver un total despliegue de conflictos que rugen en nuestro interior y que alimentan el fuego de los problemas existentes en el mundo exterior. Algunas de las fotografías en “Democracia y Deseo” están tomadas en países cuyos gobernantes hacen mucho daño a su población, pero donde yo he encontrado gente maravillosa que me ha enseñado cosas increíbles sobre su vida y su cultura.
Otros pintan los rasgos de una gran megalomanía de déspotas o lugares donde se han quemado libros, donde gente inocente ha sido asesinada, y también donde se han celebrado matrimonios y han brotado grandes amores.
Ahora me hago la pregunta que surge de un conflicto interior que está más o menos presente en todas nuestras vidas y que tiene que ver con los acontecimientos políti- cos en general. Pero, ¿cómo continuar ahora? ¿En qué manera difieren mis imágenes de este contexto y cómo se interrelacionan ambos conceptos? ¿Cómo puede un artis- ta evitar que su arte se convierta en un sermón trasnochado? ¿Cómo podemos crear arte que sobrepase al tiempo, a las fronteras culturales y hable profundamente sobre la vida y sus espectadores? ¿Cómo puede un artista hacer gran arte?
Durante largo tiempo he creído que era suficiente con formular una pregunta antes que un mensaje y que esto es lo que constituye la diferencia entre ciencia y política, por un lado, y arte por otro. Todo esto parece un buen comienzo, pero crear auténtico arte es realmente mucho más complicado. El artista chino del s. XVII Shih-t’ao, habla del yugen que ha sido traducido como “profundidad tenue” o “reserva profunda”. Esta cualidad ofrece implicación, sugerencia o evocación, más que representación, pintura o sermón. Andrey Tarkovsky explica esto utilizando la analogía del japonés Haiku: “cultiva sus imágenes de tal manera que no significan nada más allá de ellas mismas y al mismo tiem- po expresan tanto que no es posible captar su sentido final… la gran función de la ima- gen artística es la de ser un detector de lo infinito y provocar una experiencia simultánea de los sentimientos más complejos, contradictorios y a veces recíprocamente exclusivos. El cineasta vietnamita Trinh T. Minh-Ha se refirió a Tarkovsky diciendo que lo que éste intenta hacer “es mantener y encarnar, lo nuevo es lo que no tiene forma, o dicho
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La Democracia,
como el artista,
necesita reinventarse
a sí misma
constantemente a fin
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de otro modo, el único principio de la vida en cada momento de vida. Así, la forma no intenta expresar forma alguna, sino la carencia de formas”.
Haciendo las fotografías y preparando la exposición “Democracia y Deseo”, por pri- mera vez en mi carrera artística he adoptado explícitamente lo poético, lo carente de formas y lo yugen. Las imágenes se adaptan a la lógica de los sentimientos y pierden la connotación de racionalidad de documental que tenían antes. Esta nueva aproxi- mación que tan dolorosamente he combatido durante 20 años de intenso trabajo artístico y preparación de exposiciones, permite que mis fotografías se acerquen ahora más que antes a la vida. Han llegado a un grado en que me resulta imposible hablar de ellas como meras representaciones. Para mí todas ellas tienen vida propia y una total necesidad de existir. Ellas son la interrelación entre el pasado y el presente de mi realidad. Cada imagen es una manera de negociar mi relación personal con los dolores del pasado y al mismo tiempo son ensalmos de mi futuro.
Una de las muestras de la exposición es "Pillows and Bowls (Paris)", 2006. En esta imagen puede verse la intersección de una calle por la noche. En el ángulo superior derecho se ve la parte inferior de mi cuerpo. Llevo calcetines y pantalón blanco. A la izquierda se ven dos cojines blancos en medio de la calle y en el ángulo inferior dere- cho se ven cuatro boles blancos cruzados por unos palillos chinos. La calle sobre los boles y los cojines está mojada. El agua indica el continuo renacimiento que necesita el artista para mantener un desarrollo constante y buscar sus verdades personales. La fotografía conecta el pasado y mis problemas interrelacionados para aceptar mi propia sexualidad y mi incapacidad para aceptar la responsabilidad. Pero, de la misma mane- ra, la imagen constituye un deseo profundo de entregarse a otra persona lo suficiente para fundar una familia. Pero mis imágenes no representan este deseo para un futuro diferente ni tampoco mis problemas del pasado. La imagen no tiene nada que ver con la realidad. Se trata de un conjuro para otro futuro. Es la encarnación de mi vida.
El artista y su obra
El tema mencionado con anterioridad es recurrente a través de toda la exposición. Esta idea se manifiesta en las imágenes a través del agua, presente de distintas mane- ras en casi todas las imágenes. Yo mismo aparezco a veces mojado. En una ocasión estoy incluso sentado en un río y en otra estoy pescando un objeto indescriptible que sale de la negrura y el abismo que podría representar el subconsciente o puede que un río, o el mar. En otras fotografías los objetos están rodeados de agua o cubiertos por una tela blanca o por agua. Éstas corresponden a unos muy complicados temas relacionados con el papel del artista y su obra, pero, sobre todo, a la búsqueda de una verdad personal.
La vida cambia constantemente y el concepto de verdad es muy discutible y comple- jo. El artista necesita siempre reinventarse para seguir adelante y readaptarse al nuevo
ambiente que producen los cambios que tienen lugar en su vida interna y, en parale- lo a esto, permanecer fiel a su propia verdad. A través de una serie de fotografías rela- cionadas con el sufrimiento que se mostraron en tres diferentes exposiciones indivi- duales en 2006, he podido tratar con un trauma muy personal en la vida. Ello me ha permitido desarrollar y reafirmar virtualmente todo en mi existencia y aceptar que yo soy un hombre, mi propia sexualidad, y convertirme en un adulto, así como en un artista importante y con autoestima. La belleza se renueva junto a mí y años luz la separan de una estética superficial.
Yo he disfrutado el lujo de volver a empezar, tanto como artista como persona. Me hallo frente a una libertad artística sin parangón (¿hasta dónde se siente libre el artis- ta por la esclavización de la necesidad, qué es lo que tiene que hacer y hasta qué punto somos todos esclavos cuando somos “libres” para hacer algo?) que brota de un deber de ir hasta el fondo en las cuestiones incómodas relacionadas con la violencia, la sexualidad y su relación con el lenguaje y la memoria. El arte se ha convertido en una manera de revelar la verdad y forma parte de mi vida. Pero mi vida no es tan impor- tante como el hecho de ser la base que me permite descubrir por mí mismo a la audiencia que contempla mi trabajo.
En “Democracia y Deseo”, la democracia queda conectada con las cualidades internas y el desarrollo personal. La Democracia, como el artista, necesita reinventarse a sí misma constantemente a fin de readaptarse a los cambios sociales a los que pertene- ce. Necesita aceptar deseos que son de naturaleza más profunda que el consumismo. Es éste un trabajo gargantuesco para que el mundo lo acepte y llevará siglos encon- trar la solución. Pero es una digna meta por la que luchar. El propósito para embar- carse en este viaje es que los hombres y las mujeres de la política comprendan que las decisiones (incluso decisiones políticas como la de adherirse a la Unión Europea) que los seres humanos toman no son lógicas a veces, y que se gobierna con las emociones y los miedos (y no simplemente utilicen el efecto de ganar votos pulsando un botón). Al escribir todo esto, sé que estamos a años luz de una sociedad donde los aspectos emocionales de nuestras vidas sean tenidos en cuenta por los políticos. Pero hasta entonces tenemos, por un lado el arte, y por otro, políticos de verdad, con partidos de verdad y presupuestos de verdad inconexos, ¿no sería necesario que ambos permane- ciesen separados? ■
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Per HÜTTNER (1967)
Es un artista sueco que trabaja y vive en París. Su obra ha sido representada ampliamente en Europa, Norteamé- rica, Australia y Asia. Entre sus últimas exposiciones individuales figuran las del Konstmuseum de Gotemburgo, o Chisenhale Gallery de Londres. Ha participado en exposiciones colectivas como la Biennial of Young Artists en Bucarest, o en el Centro de Arte de Salamanca. En el año 2004 el crítico de arte escocés Duncan McLaren publicó una monografía sobre su obra.
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