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The Marchetti and Snepp Cases 1000

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B.   Some Examples 986

5.   The Marchetti and Snepp Cases 1000

Fuentes Medievales.

El estudio de los caminos en los reinos cristianos medievales sufre la falta de obras de la época que sistematizaran los principales ejes camineros. Por el contrario, la zona musulmana cuenta con obras de geógrafos que desarrollan con cierto detalle la caminería medieval del Al-Andalus, como por ejemplo en el siglo X Al Istajari e Ibn Hawqal con sus

“Libros de los caminos y de los reinos”, obra que será ampliada en el siglo XII en la “Geografía” de Edrisi.

El Liber Sancti Iacobi es, quizás, la única obra medieval cristiana que aporta ciertos datos útiles para el conocimiento global de un itinerario. En su libro quinto describe el Camino de Francia a Santiago de Compostela el cual, en algunas zonas reaprovechó antiguos trazados romanos85.

Esta carencia de obras generales moti- vó que distintos investigadores plantearan el estudio de los caminos medievales a través del análisis de distintas fuentes, entre las que destacan las diplomáticas86 y literarias. El resultado fue la elaboración de meritorios trabajos donde se recogen y se estudian todos estos caminos en Galicia. De entre ellos cabe destacar “Los caminos medievales de Galicia” de Elisa Ferreira Priegue que ofrece un completo panorama de la caminería medieval así como útiles informaciones sobre el nombre de los caminos y su trazado.

Con un planteamiento similar, pero más centrado en los condicionantes geográficos y en el trazado de los caminos, es el estudio de Carlos Nárdiz Ortiz (1992) incluido en su obra titulada “El territorio y los caminos en Galicia”.

Ambas investigaciones conforman un paisaje caminero medieval amplio y riguroso, muy útil para el estudio de las vías romanas ya que, en algunas ocasio- nes, los caminos medievales suelen reaprovechar antiguos trazados romanos si bien, en general, responden a planteamientos distintos87. En este sentido

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“Este hecho es fácilmente visible en la provincia de Burgos, donde calzada romana y camino de Santiago han ido, durante largos recorridos, parejos, a escasos kilómetros de distancia”. Abásolo Álvarez, J.A. (1975), op, cit. P. 58.

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Según Ferreira Priegue (1988, 19-22) los documentos que más información aportan son los privilegios reales anteriores al siglo XIII. Le siguen en orden de importancia las escrituras de compraventa y foro, los pleitos, las donaciones, los testamentos y los libros de apeos.

mientos distintos87. En este sentido Nárdiz Ortiz (1992, 165) observa que “en realidad fue el crecimiento de Santiago de Compostela, como principal núcleo urbano de Galicia, lo que produjo una distorsión de toda la red viaria romana anterior, organizada en torno a Lugo”.

Los Repertorios de Caminos y otras fuentes escritas contemporáneas.

La publicación a lo largo del siglo XVI de estas guías para el viajero responde a una intención similar a la tenida en cuenta a la hora de elaborar otros repertorios de caminos como el Itinerario de Antonio, el Anónimo de Rávena o Los Libros de los reinos y de los caminos de época árabe.

A mediados de este siglo se publica “la Descripción” o “Cosmografía de España” de Fernando Colón que, en síntesis, se basa en una relación de caminos con los pueblos que atraviesan y la distancia en leguas entre ellos.

Con un planteamiento similar se pu- blica en 1546 “El repertorio de todos los caminos de España” de Juan Villuga con la pretensión de describir todos los itinerarios existentes en esa época en la península. Son descritos en total unos 18.000 km con la indicación de pueblos y mesones y las distancias parciales entre ellos en leguas. No obstante, el valor de esta fuente para el estudio de las comunicaciones en el Noroeste es muy escaso debido a la parquedad de datos que ofrece sobre esta zona. De

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Sobre la reutilización de vías romanas en épocas posteriores y el diferente planteamiento caminero de las distintas etapas históricas Caamaño Gesto, J. M. (1979): 359-365. En este trabajo se defiende que en la península Ibérica los trazados romanos siguieron en uso hasta el siglo XI. De igual parecer es Nárdiz Ortiz (1992, 163): “Esta red (romana)... se mantiene en el medievo, aunque con modificaciones a veces importantes respecto al trazado romano, al establecerse otros itinerarios alternativos”.

hecho, tan sólo menciona tres caminos: el de Santiago, Santiago – A Coruña y otro costero entre esta última ciudad y Finisterre.

El nuevo repertorio que publica en 1576 Alonso de Meneses participa de los mismos presupuestos que el anterior, del cual copia, teniendo, del mismo modo, un escaso interés dado que cita los mismos caminos en esta zona.

La nueva dinastía monárquica intro- ducida en 1713 supone un cambio radical en materia caminera al iniciarse la ruptura con la política inmovilista que habían empleado los Austrias en relación con las grandes rutas de comu- nicación. Carlos III fue, sin duda, el monarca más preocupado con este tema ya que su deseo de lograr una palpable mejora del comercio, industria y agricul- tura pasaba ineludiblemente por la construcción de ejes viarios que enlaza- sen la capital con las provincias si- guiendo un modelo radial.

Fruto de esta nueva concepción viaria es la publicación en 1755 del “Tratado legal y político de caminos públicos y posadas” de Tomás M. Fernández Mesa en donde se resumen las ideas políticas, económicas y técnicas imperantes en esta época. Es interesante esta obra en la medida que el autor analiza en el capítu- lo XIII la técnica constructiva romana empleada en las calzadas para luego proponer en el capítulo siguiente “la gran fábrica de los caminos romanos convendría imitarse en todas partes”88.

En 1758 se imprime en Madrid la primera edición de la obra de José Matías Escribano titulada “Itinerario español o Guía de caminos para ir desde Madrid a todas las ciudades y villas más principales de España: y para ir de unas ciudades a otras: y algunas cortes de Europa”. El interés de esta radica en

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Uriol Salcedo, J.I. (1990): op, cit, p. 248, tomo I. En esta obra aparece resumidas también las principales ideas aportadas por Fernández Mesa. Vid. Pp. 240-250.

primer lugar en el, por lo menos aparen- te, rigor científico con que fue elabora- da: “he procurado averiguar, lo más que he podido, las leguas y los nombre de los lugares y ventas, preguntando a los que más frecuentan los caminos”89. En segundo lugar, es relevante la distinción que establece entre los caminos de ruedas y los caminos de herradura.

En este sentido advierte que el cami- no de “Madrid para Santiago de Galicia” es sólo de ruedas hasta Villafranca del Bierzo. A éste también se refiere el mayor Dalrymple cuando al llegar a Astorga escribe: “...la carretera principal desde Madrid acaba aquí” y más adelan- te relata que se está prolongando el camino acondicionando para ello el puerto de Pedrafita do Cebreiro90.

El Real Decreto de 1761 promovido por Carlos III tendrá una gran trascen- dencia para el Noroeste al ordenar la realización del Camino Real de Acceso a Galicia. Este proyecto tiene dos conse- cuencias realmente interesantes para el estudio de las vías romanas de la pro- vincia de Lugo.

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Ib. Op, cit, p. 277.

90

Dalrymple, W. (1777): “Viajes a España y Portugal”, en viajes de extranjeros por España y Portugal, tomo III. Pp. 674-690. Una síntesis de estos viajes puede también consultarse en Arias, J. (1998): Viajeros por Galicia, pp. 61-62.

La primera radica en la construcción misma del camino que supone, en palabras del ingeniero encargado de las obras: “En estas travajosíssimas marchas he descubierto la antigua vía militar, la qual he echo obserbar a vuestra señoría, quando vino a este Reyno, entre Piedra- fita y Castelo; y ofreciendo este camino antiguo gran comodidad...”. Las labores de prospección previas a la realización del Camino Real llevó, pues, a Carlos Lemaur al descubrimiento y posterior cartografiado de la que él denomina “antigua vía militar”, que no es otra que la vía entre Lugo y Astorga citada en el Itinerario de Antonino como la XIX y XX. Fruto de lo que él denomina “trava- josíssimas marchas” fue, asimismo, el hallazgo de cinco miliarios en la Torre del Bierzo “cavando el camino nuevo sobre la dirección de la antigua vía militar que conducía desde Astorga a Bergidum”91.

La relevancia que estos datos tienen para nuestra investigación nos ha lleva- do a transcribir en el Anexo I el episto- lario correspondiente de este ingeniero, así como incluir en el apartado corres- pondiente a la descripción de esta vía, los mapas por él confeccionados, en los

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Archivo General de Simancas, XXXVIII-93. Sobre el Camino Real de Acceso a Galicia Gómez Vila, J. (2001): pp. 347-356.

cuales se diferencia la hipotética vía romana del Camino Real.

La segunda consecuencia directamente motivada por la inminente realización de este camino fue la discusión mantenida entre José Cornide Saavedra en calidad de vocal de la Junta Nacional de Caminos y las autoridades competentes, con relación al trazado que debería de adoptarse entre Lugo y A Coruña. Cornide, para justificar su preferencia por el trazado romano, se ve en la necesidad de recorrerlo previa- mente elaborando un informe titulado “Advertencias a tener presentes para la direccion del camino que va de betanzos a lugo”92. En él se describe minuciosamente la vía romana, señalando los lugares por donde pasa y si todavía son visibles los restos de ella. En caso afirmativo se procede asimismo a una descripción de sus características y, en caso contrario, se propone las obras de fábrica necesarias para la realización del camino.

Este trabajo supone, en realidad, la primera prospección que se realiza sobre la vía romana XX en el tramo Lugo - Guitiriz con la particularidad de ser riguroso y exhaustivo. Tal es el grado de precisión empleado por Cornide que en nuestra prospección localizamos las distintas obras de fábrica y tramos de vía por él señalados sin ningún contratiempo, si bien suponemos que con un grado de deterioro mucho mayor.

Retomando el tema de los Repertorios de Caminos, aparece en 1809 (reeditado en 1812) una nueva refundición de la guía de Escribano elaborada por Santiago López y titulada “Nueva guía de caminos para ir desde Madrid por las de rueda y herradura, a todas las ciudades y villas más principales de España y Portugal, y también para ir de unas ciudades a otras”. En relación con la de Escribano ésta supone un aumento de cerca de 4.000 kilómetros prestándole especial atención a la periferia.

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Vid. Anexo II. Fig. 8. Estado de la red en 1760 según Matías

Una fuente útil para el análisis del Camino real de Acceso a Galicia es el “Viaje de Galicia desde la villa de

Benavente, o breve descripción de sus dos carreteras: de la construida desde Astorga a La Coruña, y de la que debe construirse desde la villa de Benavente a la ciudad de Orense, Santiago y Vigo, con algunas observaciones a cerca de las obras, utilidad y circunstancias de cada una”, publicada por Suárez Freire en 1813. En realidad esta obra es una copia, tanto en su temática como en su metodología, de la elaborada por Vázquez del Viso en 1799 y titulada de la misma forma.

El interés de ambas se basa en la des- cripción del camino y de las postas estableciendo las distancias entre ellas en leguas, lo cual es de gran utilidad para conocer el trazado exacto del Camino Real y poder diferenciarlo del trazado de la vía romana que, como veremos, en algunas zonas son coincidentes y, en otras, discurren paralelamente.

Madoz, en su “Diccionario geográfico- estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar” nos aporta diversas y relevantes informaciones sobre las comunicaciones y el nombre antiguo de algunos pueblos a mediados del siglo XIX. Además, y como su propio título indica, realiza en algunas ocasiones breves comentarios históricos sobre determinados aspectos que, sin ser

definitorios en si mismos, merecen ser tenidos en cuenta.

Cartografía.

Mapas antiguos.

La utilidad de este tipo de fuentes radica en representar el territorio sin los cambios sufridos, tanto por la construcción de los grandes ejes viarios, como por todas aquellas obras públicas que, de una u otra manera, alteraron el paisaje de forma considerable.

Tomás López, para la realización de su “Mapa Geográphico del Reyno de Galicia” en 1784, se apoya en mapas anteriores y en encuestas que él mismo realiza entre las autoridades y párrocos, los cuales no siempre aciertan en sus observaciones. Los documentos que le sirven de apoyo son fundamentalmente dos: la “Descripción del Reyno de Galicia” de Fray Fer Ojea realizado en 1598 y los mapas de cada una de las antiguas provincias de Galicia que había levantado Cornide Saavedra.

El resultado es una cartografía que adolece de trabajos de campo y medidas topográficas pero que será la única disponible a escala provincial hasta mediados del siglo XIX.

En 1820 Domingo Fontán inicia la elaboración de su “Carta Geométrica de Galicia” con un planteamiento distinto a las precedentes al realizar mediciones sobre el terreno con instrumentos adecuados. La exactitud resultante tan sólo es comparable a los planos de los Caminos Reales que los ingenieros militares levantaron a finales del siglo XVIII, de los cuales mencionamos

Fig. 9. Guía de Caminos según Santiago López. Red radial y transversal. Tomado de Santos Madrazo, 1984

anteriormente el realizado por Carlos Lemaur para la construcción del Camino Real Madrid – A Coruña y titulado “Mapa del pays y del camino entre Lugo y Villafranca”93.

De menor interés pero clarificadores de las comunicaciones decimonónicas, son el “Croquis de la carretera y terreno entre Betanzos y Lugo” realizado en 1812 por J. M. Ortega y el “Mapa de Galicia para representar los caminos militares, depósitos de víveres y pueblos de etapa”, confeccionado por Rivero en 181494.

Mapas Actuales.

Son sobre todo interesantes los mapas a gran escala 1:50.000 o 1:25.000 por ofrecer una visión mas detallada del espacio. El primero de ellos, elaborado por el Instituto Geográfico y Catastral, a pesar de presentar cierto margen de error aporta gran variedad de topónimos muy útiles para la reconstrucción del trazado de las vías. Dentro de esta escala, merece la pena manejar los desarrollados por el Servicio Geográfico del Ejército por presentar información de la década de los cincuenta no deformada por actuaciones posteriores así como por representar una amplia profusión de caminos y senderos.

El mapa a escala 1:25.000 cuenta con la ventaja de la menor equidistancia de las curvas de nivel, lo que permite identificar con más claridad los acciden- tes geográficos y los restos arqueológi- cos. No obstante, para estos últimos hemos manejado la cartografía de la COTOP a escala 1:5.000, la cual presenta un alto grado de detalle pero adolece del desconocimiento de algunos restos

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Realizado en 1769 y depositado en el Servicio Geográfico del Ejército Cartoteca histórica. Estos mapas serán reproducidos en el apartado correspon- diente a la descripción de la vía entre Lugo y Astorga.

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El primero se halla depositado en el Servicio Geográfico del Ejército, Cartoteca histórica mientras que el segundo en el Museo de Pontevedra. Ambos se pueden consultar en Nárdiz Ortiz (1992): pp. 232 y 234, respectivamente.

arqueológicos. El problema de estas hojas a escala 1:25.000 es que se encuentran en fase de publicación, no estando a la venta en el momento de la realización de este trabajo todas las hojas correspondientes a la provincia de Lugo.

La toponimia.

El análisis toponímico es un elemento muy a tener en cuenta a la hora de desarrollar una investigación caminera de cualquier índole por la variada y rica información que proporcionan los distintos topónimos. No obstante, su empleo conlleva asimismo una serie de riesgos que debemos tener en cuenta.

El primero, advertido ya por Ferreira Priegue (1988,26), deriva de la abundan- cia de topónimos viarios que existen en la mayoría de las cuadrículas del mapa 1:50.000, “hay topónimos viarios y caminos por todas partes, y muchas veces aparecen sembrados de tal forma sobre el terreno, que es imposible sacar ninguna conclusión de entrada”.

Chevallier (1975, 143, not.12) por su parte, indica un segundo problema que lleva aparejado este tipo de análisis: “su interpretación es peligrosa, debido a haber sido practicada por eruditos insuficientemente preparados desde el punto de vista filológico”. Esta asevera- ción es perfectamente verificable en los diferentes estudios viarios tradicionales llevados a cabo en la provincia de Lugo. Sobre todo en relación con las mansiones, diferentes eruditos locales realizan interpretaciones filológicas concluyentes de muy dudoso rigor con el único objetivo de situar una mansión en el lugar que les interesa y sin prestar atención a ningún dato de otro tipo.

Nosotros, por el contrario, creemos que la explicación fonética de la toponimia debe ser realizada por especialistas en la materia y sólo a ellos cabe remitirse. Un buen estudio de este tipo, y de utilidad para la provincia de Lugo, es el llevado a

cabo por Moralejo Lasso (1977). Tam- bién, en relación con este tema, debere- mos tener en cuenta las múltiples obser- vaciones e hipótesis presentadas por Ares Vázquez en diferentes artículos.

En cuanto al primer problema plantea- do, la solución pasa por no utilizar nunca el estudio toponímico de manera conclu- yente ni aislada. Deberá ser apoyado, pues, por datos extraídos de otras fuentes, arqueológicas o documentales, que ayuden a precisar y verificar las conclu- siones.

El estudio toponímico lo hemos des- arrollado genéricamente a partir de los datos proporcionados por las diferentes hojas del mapa 1:50.000. No obstante, para el análisis de la micro toponimia hemos utilizado mapas catastrales e informaciones orales, esta última muy útil sobre todo a la hora de conocer el nombre de las fincas colindantes con los caminos o el nombre popular de accidentes geográficos, sendas y restos arqueológi- cos.

De una manera general, los restos arqueológicos en la provincia de Lugo suelen ser popularmente nombrados con el apelativo “dos mouros”. Esta denomi- nación la reciben tanto las mámoas como los castros, puentes o caminos. Estos últimos también suelen ser designados genéricamente como camino real, independientemente de la época a la que pertenezcan.

De los diferentes topónimos viarios, remitimos para su análisis al resumen comentado anteriormente y realizado por Ferreira Priegue (1988, 25-35)95. Los más habituales en nuestra área de trabajo son:

- Retorta – revolta: no tiene porque ser necesariamente una alusión al paso de una vía romana, ya que se refiere a las curvas pronunciadas de un camino.

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Otros resúmenes comentados pueden también consultarse en Chevallier, R. (1997): pp. 168-171 y en Caamaño Gesto, J. M.(1984): pp. 40-43, entre otros.

- Calzada: sinónimo según Ferreira Priegue de vía strata.

- Milleirós: que puede derivar también de “millo”. Relacionado con este término se encuentra Padrón, Pedrafita y Pedrafi- tela, que si bien pueden referirse a posibles miliarios no hay que descartar su acepción de simples marcos divisorios de parroquias, designando en general una piedra hincada que, la mayoría de las veces, es un simple chanto como hemos comprobado.

- Lousadela – Lousada: se puede referir al pavés de un camino o a un lugar donde exista en abundancia la pizarra (lousa, en gallego).

- Vereda: suele aparecer en la docu- mentación medieval acompañada del adjetivo antiqua. Para la autora citada anteriormente (1988, 28), este término proviene del Bajo Imperio y “tiene una connotación casi segura de camino público principal, por donde circulaban los caballos de postas del Cursus publicus llamados veredi”.

- Parada – Paradela: para Ferreira Priegue proviene del impuesto llamado parata, siendo su uso muy frecuente en

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