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Pregnancy as Life or Death?: All’s Well That Ends Well

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Abordar este máximo campo de ampliación temática de la noción de patrimonio implica por una parte tomar en cuenta la superobjetivación que implica ir mas allá de objetos, edificios y ciudades y alcanzar la dimensión del territorio, como lugar que registra el paso de la historia con marcas culturales devenidas paisajes y ahora con un interés también en la cuestión de la gestión patrimonial integral, es decir, no solo dar cuenta de la existencia de un continuum territorial-ambiental susceptible de valorarse como patrimonial sino además, manejarlo, tutelarlo, operarlo proyectualmente dentro del marco genérico de fomas de gestión..

Por otra parte quizá paradójicamente, esta ampliación también implica alcanzar lo inmaterial, lo que es sustancial de la identidad de pueblos y personas aunque casi no tiene existencia y valor formal, material, físico. O sea por ejemplo todo lo inherente a las discursividades emitidas sobre lo ambiental- territorial, relatos, creencias, rituales, oralidades ligadas a identificar pertenencia a lugares, designación toponímica de los sitios, etc.

Si bien quizá responda a cuestiones diversas es posible afrontar este tema general en dos partes, una ligada a la expansión material-territorial ambiental que está acaeciendo respecto del manejo del patrimonio, por ejemplo en torno de la llamada arqueología industrial. La otra mas orientada al ensamble de la cuestión ambiental junto al pensamiento y práctica paisajística y la voluntad de gestionar territorios como entidades de patrimonio. Esta segunda parte concuerda bastante naturalmente con temáticas propias de América como problemas de territorio, cultura y patrimonio.

Lo inmaterial emerge culturalmente de una manera cercana al mero vestigio, al testimonio casi fortuito, bien lejano del rigor estricto del documento. Sabemos como era el teatro dónde trabajaba William Shakespeare porque se conserva un esbozo que el viajero flamenco Jan de Witt anotó en su diario, del interior de un teatro de la era de Shakespeare, presuntamente luego de visitar The Globe donde el gran bardo ponía y actuaba sus dramas .

Los apuntes de este holandés sobre los teatros isabelinos – frágiles construcciones circulares de madera, con palcos con cubiertas de paja que orlan una arena que une público de pie y actores en precarias tarimas – fué uno de los pocos registros de aquella época, sobre los cuáles se apoyó la investigación que culminó con la reconstrucción del Globe Theater (1997) el teatro que en su origen, en parte era propiedad de Shakespeare y donde se estrenaron la mayoría de sus piezas.

Aquí se quiere evidenciar la multiplicidad de fuentes referenciales aptas para establecer los datos de una reconstrucción histórica, procedimientos como los preconizados por Luca Beltrami en su indagación de trazas y dibujos bramantinos para deducir criterios para la reconstrucción del Castello Sforza en Milán.

Del modo con que funcionaban realmente algunos objetos que solemos sumar a los repertorios patrimoniales, como el Familisterio de Guisa dan cuenta otras clases de documentos mas inmateriales y contingentes, no un plano sino un grabado de la Fiesta del Trabajo de 1867.

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Como una de las muy pocas concreciones del concepto de falansterio - acuñado teóricamente por Charles Fourier –Jean Baptiste Godin, un industrial textil, edificó en Guisa, Bélgica, a la vera del rio Oise y muy cerca de su fábrica, un familisterio cuyos planos empezaron a prepararse en 1858 y que fuera terminado hacia 1880, cuando se constituyó la Societé du Familistere de Guise. Association Cooperative du Capital y Travail.

Este grabado del archivo del familisterio (actualmente un Museo y Centro Cultural) representa el festival del día del Trabajo, en que cada año los obreros y sus familias efectuaban una especie de parade de habilidades, siendo recompensados por el empresario Godin, en lo que solía denominar manifestaciones moralizantes de júbilo, tendientes a intensificar la conciencia de pertenecer a la comunidad familisteriana (vivían allí 1170 personas, algo menos que las 1800 recomendadas por Fourier como tamaño ideal, cifra que iba a ser recogida en los programas de Unités d’habitation desarrollados por Le Corbusier). Esa fiesta asi documentada es recreada cada 1 de Mayo en una nueva versión de la misma, como se fue haciendo en diversos años recientes . Del registro u observación fenomenológica se deduce también una forma de leer, interpretar y valorar extensos territorios como lo que fuera común en las sagas de viajeros-descubridores, espcialmente norteamericanos de fines del siglo XIX –como John Muir que encontró y luego hizo que se convirtieran en unos territorios especiales, los primeros parques naturales como Yellowstone– u otros de inicios del XX como el experto en recursos naturales Benton McKaye que recorrió, describió y formalizó el recorrido que llamó Appalachian Trail y que mas que un circuito pintoresco es una vasta región que alimenta literalmente el frente de las ciudades del Este norteamericano y que podría ser un reservorio sustancial de actividades renovables. McKaye fue uno de los activistas de RPAA (Regional Planing American Association) que fuera la institución en que mas tarde descollaría Lewis Mumford.

La RPAA también se ocupó de señalar el valor estatrégico de otras regiones como la llamada Anthracite Region que en realidad era advertida ya en la década del 30 como un territorio que la minería carbonífera había desgastado intensamente y que había que pensar modos alternativos de gestión tanto productiva como cultural. Aquí estamos hablando pués de cómo confluyen las tradiciones del paisajismo naturalista con las precupaciones ambientales acerca de los territorios y ciudades que el industralismo tornó inhabitables e inhóspitos.

De allí a alcanzar la dimensión operativa de la arqueología industrial como modo de restaurar la calidad básica de un territorio degradado, integrando una mirada amplia de patrimonio a gestionar, hay un paso que es el que se concreta en el proyecto IBA. El grupo Arge & Pridik diseña el Nordstern Park, uno de los muchos componentes del IBA Emscher Park, Gelsenkirchen, Alemania, 1997 .

El IBA Emscher Park consiste en un vasto proyecto territorial emprendido en 1988 y casi concluido una docena de años más tarde, que implica actuar sobre unos 800 km2. en un área habitada por 2,5 millones de habitantes y que se compuso de 89 intervenciones o proyectos en jurisdicción de 17 ciudades (Duisburg, Oberhausen, Bottrop, Gladbeck, Mülheim, Essen, Gelsenkirchen, Herten, Bochum, Recklinhausen, Herne, Castrop-Rauxel, Waltrop, Dortmund, Lünen, Bergkamen y Kamen).

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Los proyectos varían desde puertos y estaciones de transporte hasta recuperación de áreas naturales devastadas, parques y paseos, esculturas devenidas del reuso de antiguas piezas de arqueología industrial, nuevos barrios y ciudades (Prosper III), equipamientos sociales de diverso orden y escala y nuevos conjuntos de industria liviana o limpia. El Nordstern Park antes referido es uno de tales proyectos, comenzado en 1993 y concluído en 1997, sobre un área total de 100 hectáreas, a orillas del canal Rhein-Herne y el rio Emscher.

Se instaló un vivero de empresas nuevas y los artistas Dani Karavan y Richard Serra han realizado instalaciones y esculturas, aprovechando en parte elementos propios de las minas allí existentes. También hay una isla-teatro y edificios de oficinas y talleres, como subproyectos realizados por diferentes estudios.

Esta es la mayor operación de restauración territorial llevada a cabo en tiempos recientes, conjugando criterios de recalificación ambiental del soporte casi destruído (lo que se obtuvo mediante una cuatriplicación de los impuestos de vertidos industriales) junto a numerosas aportaciones a la configuración de un patrimonio cultural que testimonie la historia industrial del pais y las posibilidades de un desarrollo futuro de tipo sustentable.

El grupo Latz realizará el Parque Duisburg North, otro de los fragmentos del Emscher Park . El plan de recuperación incluye numerosas actuaciones puntuales como ésta situada cerca de la ciudad de Duisburg, con una superfice tratada de 230 hectáreas.

Los terrenos originariamente pertenecieron a la fundición Thyssen y poseen numerosos artefactos desafectados de aquella originaria actividad, como calderas de fundición, silos de almacenaje, hornos e instalaciones ferroviarias fuera de uso.

El proyecto, ganador de un concurso internacional, prácticamente se propone resignificar las viejas estructuras industriales en algunos casos reutilizándolas como paseos o recintos con fines de utilización cultural o museística, en otros considerándolas en sí mismas, referencias históricas de una etapa del desarrollo industrial y testimonios de la arqueología industrial supérstite de épocas pasadas.

Se conjuga así una nueva clase de espacio público o parque temático, que funde las propuestas recreativas con el reconocimiento de una fase histórica de un modo de producción y las formas de trabajo imperantes y el paisaje industrial consecuente.

Las dimensiones de actuaciones en el campo de la arqueología industrial tiene ahora múltiples expresiones algunas mas de relevamiento y propuesta mas que en el nivel de resolución rehabilitadora alcanzado en el proyecto alemán.

Es el caso, por ejemplo, de la Salitrera Santa Laura en Iquique, Chile, un emprendimiento fundado hacia 1872 y que la firma norteamericana Foelsch&Martin mantuvo activo en la producción de oro blanco (nitrato de sodio) hasta 1915.

Esta producción implicaba generar 35000 quintales de salitre mensuales explotando un campo de 180 hectáreas a través del sofisticado aparataje productivo conocido como la máquina de Schanks. Los grandes emprendimientos de esta actividad radicados en el llamado Cantón Nebraska – Santa Laura y Humberstone – fueron declarados monumentos históricos en 1970 y ahora se trata infructuosamente de organizar un museo de sitio.

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El caso de la Ferrería de San Blas en León es mas curioso aún puesto que se trató del intento nonato de lanzar la revolución industrial en la España del siglo XIX. Fue una iniciativa que se inició en 1841 a instancias de una Sociedad Palentina regenteada por Matías Iglesias en 1841 que debía dedicarse a la extracción de hulla. Poco después otro industrial, Santiago Cordero intuye que el emprendimiento era apto para montar la primera siderurgia hispana e instala dos altos hornos traídos de Inglaterra en 1862. El proyecto activo sólo dura cinco años ya que las normas impositivas estatales lo sacan virtualmente de mercado. El pueblo de Cebero, forjado a su alrededor hace rato que convive con estas ruinas tratando de convertirlas en museo de sitio y atractivo turístico- cultural; de hecho la ilustración muestra una de las naves que funciona como plaza cubierta del poblado.

La llamada Industrial Heritage Platform (IHP) que nuclea los intereses de los países bálticos y escandinavos ha logrado resultados mas efectivos con la gestión de su patrimonio arqueológico industrial como lo testimonian los casos del puerto maderero de Fetsund, sobre el rio Somma- ahora una estación de pisicultura , el museo de los trabajadores de la fábrica de papel de Furnefoss, el laboratorio aurífero de Eidsvoll (que funcionó desde 1759 hasta 1907) o la estación hidromotriz de Tysedall ahora museo de sitio , todos estos sitos en Noruega.

También en el contexto de la IHP se han desarrollado reconversiones de edificios de interés histórico como un Depósito de Sal en Tallin, ahora devenido Museo de Arquitectura o el Faro de Mersrags en Latvia , que fue restaurado enteramente aunque ahora funciona como un espacio pedagógico y científico. Un tercer caso es el amplio museo de sitio Akershus, en Noruega , que surgió de acondicionar una red ferroviaria de trocha angosta que estaba desafectada y que permite integrar diferentes asentamientos no sólo en usos de tipo turístico-recreativo sino también ligados a la regeneración productivo-educativa. Este proyecto tiene algunas reminiscencias con la célebre iniciativa Potteries Thinkbelt que promoviera Cedric Price en los años 60 en las Midlands galesas. El caso de la sede corporativa y productiva de la empresa telefónica Nokia en Finlandia es interesante porque escogió asentarse en una vieja fábrica de pisos de madera que estaba radicada en la ciudad de Nokia y que funcionó como tal hasta 1865.

Un campo específico de la ampliación del concepto de patrimonio extendido a manifestaciones expresivas de arqueología industrial sería el caso de las construcciones rurales agroproductivas típicas de ciertas regiones como las cascinas o castros rurales dedicados a la producción agraria de un colectivo de familias en la región lombarda de Italia –que aquí ejemplificamos con muestras en ruinas o con cierto abandono en obras como las cascinas Fiorano o Binasco– que han sido motivo del interés tipológico de investigadores de la tendenza milanesa como Rossi o Grassi, éste incluso realizando una actuación proyectual en una de ellas, el complejo edilicio de Valmarinacxxxviii o como análogas construcciones productivas rurales como en las masías catalanas de Los Collados y Suria que también fueron materia de estudios tipológicos, relevamientos y actuaciones adaptativascxxxix.

Askim&Hartuvig es el grupo que trabajó en la generación del llamado Centro Cultural Stiklestad en Noruega, inaugurado en 1992 . Este es una especie de Ecomuseo de San Olaf, uno de los santos mas populares de Noruega y Escandinavia. Stiklestad es el lugar de la batalla homónima y el sitio tradicional

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de peregrinaje conmemorativo de San Olaf. Este proyecto se propone difundir tal batalla y la figura del santo guerrero en el contexto de una revalorización de la cultura vikinga.

La propuesta conjuga una serie de elementos desde construcciones existentes hasta varios espacios abiertos de congregación de las multitudes que frecuentan el sitio así como varios circuitos de recorridos y una suerte de gran contenedor realizado a la manera de las construcciones tradicionales y pensado como soporte museístico de múltiples piezas de valor arqueológico. Esta idea funde el desarrollo de museos de sitio o lieux de memoire según los franceses –en los cuáles, parte sustantiva de su atractivo reside en visitar el mismo lugar de ocurrencia de determinados hechos históricos– junto a los llamados ecomuseos –cuya entidad tiene que ver tanto con la puesta en valor de un paisaje natural y cultural de cualidad singular, cuanto con la exhibición de testimonios vinculados con la vida de los sectores populares-.

Dentro del concepto lieux de memoire, que en Francia dió lugar al desarrollo de políticas públicas de identificación y manejo protectivo de un conjunto de sitios históricos, destacan los registros territoriales que quedan como vestigios de grandes confrontaciones bélicas europeas de lo que dan cuenta sitios tales como el campo de batallas del Somme que muestra el desarrollo de movimientos de tierra que dieron paso a las trincheras de la lucha sucia de la primera guerra mundial, el túmulo artificial erigido con restos de armamentos fundidos en una montaña coronada por un hito recordatorio de la batalla dieciochesca de Waterloo, en Bélgica , que significó el fin del imperio napoleónico o las fortificaciones de Ypres o el desarrollo de casamatas de hormigón de la línea Maginot y también, en una clave ampliatoria de la noción de patrimonio, las ruinas que subsisten del Ghetto de Varsovia .

En otra vertiente contributiva aunque controversial a esta ampliación de la noción de patrimonio llevado al campo ambiental el artista plástico y activista cultural ya desaparecido César Manrique diseño el Jardín de Cactus, en la Isla de Lanzarote, Canarias, en 1990 como parte de una estrategia de creación de puntos de atractivo que permitieran relanzar la captación de turismo de alto standing para ese sitio.

Si bien los naturalistas cuestionan la legitimidad científica de los ecosistemas trasplantados o el desarrollo de cultivos exhóticos, la iniciativa del Jardin de Cactus lanzaroteño pensada desde la década del 70 e inaugurada casi dos décadas más tarde en la oquedad natural de Las cuevas del molino, en Guatiza recoge por una parte, el aprovechamiento de condiciones de potencialidad natural de la isla y por otra, la idea de configurar un elemento pasible de identificarse como una pieza de patrimonio ambiental, dada su dominante condición de naturaleza activa es decir, no museificada .

La condición de malpaís –tierras cubiertas de lava volcánica-, la existencia de las llamadas plantas crasas, la cultura vitivínicola de la geria (agricultura en hoyos volcánicos humedecidos con rocío) y toda la tradición de cultivos de arena o las tuneras de cochinilla, son algunas de esas precondiciones naturales que abonaban la viabilidad de este transplante.

Lo significativo del ejemplo más que su discusión desde el punto de vista científico o de su entidad como atractor turístico, es desde el punto de vista de las ideas sustentadas en este estudio, la posibilidad de aprovechar la calidad patrimonial natural existente e incluso de incorporar esa calidad a condiciones de nuevos proyectos de desarrollo.

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La obra paisajística del norteamericano Lawrence Halprin, ejemplificada en el Jardín de la Memoria de Forth Worth (1976) o en el Placecourt&Fountain de Portland (1982) destaca como el de un interesado en analizar la fusión de territorios naturales y culturales y la voluntad de configurar espacios evocadores del locus y del heritage, de la identidad y de la pertenencia o herencia que se posee respecto del lugar natal. Esa perspectiva le llevó incluso a trabajar en la planificación de eventos de fuerte importancia endo-cultural fuera que además supusieran atractivos turísticos, como el caso del célebre Mardi Gras, el carnaval de Nueva Orléans.

El mexicano Grupo de Diseño Urbano fue responsable del diseño del Parque histórico de Culhuacán, Iztapalapa, México (1992) . Esta es una intervención encargada a la vez por un municipio y el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México ya que se trata de crear un espacio público sobre un sitio de importancia arqueológica e histórica con restos diversos de ruinas aztecas y de un convento colonial.

El aprovechamiento de materiales –piedras de los antiguos conjuntos, muros bajos, solados y vegetación– permitió controlar el proyecto nuevo en una suerte de redemostración esamblada y conectada para su uso, de los fragmentos preexistentes, apuntalando una idea patrimonial que retuviera ecos o alusiones del pasado. Tomando como base las trazas residuales existentes y la idea de utilizar los modos compositivos de Tenochtitlán, el conjunto se diseño en base a formas cuadrangulares como un anfiteatro en forma de pirámide invertida que acoge a 250 personas o un estanque que evoca los embarcaderos de las chinampas aztecas.

Este grupo también desarrolló el proyecto del Parque Ecológico de Xochimilco (1990) que apunta a fortalecer un atractivo turístico pero asimismo a ofrecer testimonios relictuales de las antiguas chinampas flotantes del lago.

Una de las actividades promovidas por Lina Bo Bardi fue la muestra desarrollada en el SECS de San Pablo (1982) bajo el nombre Design Brazil. Historia, teoría y realidad. La trayectoria de Bo Bardi resume una interesante fusión de formación académica italiana con el reconocimiento (casi un descubrimiento, para una europea) de las peculiaridades de una cultura regional, híbrida, multiétnica y popular como es particularmente el caso brasileño.

En ese contexto la acción de Bo Bardi pareció resumirse en desarrollar un concepto específico e inédito de gestión del patrimonio, desde sus múltiples intervenciones en Bahía –ciudad patrimonio de la humanidad– hasta el caso de la rehabilitación de una antigua fábrica en el barrio proletario de Nova Pompeia, en San Pablo, para convertirla en centro comunitario .

En este caso la actividad fue mucho mas allá que el trabajo específico de refuncionalización del complejo edilicio, usándose el mismo como receptáculo de una larga serie de exposiciones –curadas por Bo Bardi– ligadas al estudio y exhibición de materiales expresivos de aquellas tradiciones culturales específicas, desde muestras dedicadas a las artesanías o los juguetes

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