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n septiembre de 2005, el Departamento de la Seguridad de la Patria (DHS, en inglés) de Esta- dos Unidos ha descartado deliberadamente utilizar la grabación de una confesión de Luis Posada Carri- les, obtenida en Caracas en 1977, por el periodista norteamericano Blake Fleetwood, en presencia de Orlando Bosch.

Tal es la revelación hecha en Washington, ante el Subcomité de Organismos Internacionales, Derechos Humanos y Supervisión del Congreso norteamerica- no, en una audiencia convocada por el congresista Bill Delahunt acerca del terrorista internacional y agente de la CIA.

Fleetwood, quien conserva desde aquella época una copia grabada del testimonio, entonces publicado en la revista New Times, había aceptado ya testimoniar como se lo solicitaba la abogada Jo Ellen Ardinger, en-

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Posada y Bosch también confirmaron cómo todo había sido planificado en la reunión de Bonao, Repú- blica Dominicana, donde se creó la CORU que iba lue- go a realizar atentados en todo el continente.

Fleetwood explicó que, al regresar a su hotel, el Anauco Hilton, se comunicó de inmediato con el fiscal adjunto Eugene Propper, quien investigaba entonces el asesinato de Orlando Letelier en Washington.

Propper lo llamó de nuevo minutos después: "La CIA ha informado a la policía secreta de todo. Están atrás de ti. Estás en gran peligro". El reportero supo más tarde que el presidente venezolano Carlos Andres Pérez había dado personalmente a la Disip la orden de su captura.

Recordó Fleetwood:

En septiembre de 2005, he ofrecido la infor- mación, mis notas y cintas grabadas, al DHS. Yo fui contactado por Jo Ellen Ardinger, una fiscal con el DHS. Pareció excitada por mi in- formación y se comunicó conmigo por teléfo- no y por correo electrónico.

“En 1977, he entrevistado dos de los terroristas más peligrosos del siglo XX”, con estas palabras inició Fleetwood, contando cómo tuvo acceso, grabadora en mano, a Posada y Bosch, en la cárcel venezolana donde se los detenía por la destrucción del avión de Cubana, ocurrida el año anterior.

Los dos terroristas, sorprendidos por su repentina aparición y frustrados por su situación, se pusieron a jactarse abiertamente de sus crímenes.

Según Fleetwood, Posada le contó textualmente:

“Yo estaba contratado por la CIA a 300 dólares sema- nales más los gastos. La CIA me ayudó a montar mi agencia de detective donde planeábamos acciones”.

Relata el periodista que los dos presos:

… hablaron acerca del asesinato de dos diplo- máticos cubanos en Argentina, del atentado contra la embajada de México en Buenos Aires, del atentado contra las oficinas de Air Panamá en Bogotá, las oficinas de Cubana en Panamá y, finalmente, del atentado de Cubana que dejó muertos a 73 civiles.

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“Lo encontramos absolutamente creíble”, dijo un agente del FBI citado por Bardach:

Pensamos que sería una causa fácil: íbamos a acusar y arrestar a Posada. Pero entonces tuvi- mos una reunión algún día y el jefe dijo: “Oye, un minuto, hay gente aquí que dice que es un combatiente de la libertad”. Nos dio un choque. Cerraron por completo la investigación sobre Posada. Cuando hemos pedido el permiso de realizar investigaciones telefónicas de Orlando Bosch, nos lo negaron.

Más tarde, Bardach también sorprendió a la au-

diencia al revelar cómo Posada Carriles nunca necesitó realmente a un intérprete para comunicarse, al recor- dar que el pretexto de la mala interpretación justificó su liberación. Subrayó que Posada sí aprendió inglés cuando joven.

Dijo Bardach:

Actuó de traductor durante el Irán-Contra para los militares estadounidenses. Yo lo entrevisté principalmente en inglés, como lo hizo Blake Fleetwood para New Times en 1976, y nunca Posada nos indicó que no entendía lo que sea.

Ardinger le dijo que esta información era exacta- mente lo que se necesitaba para impedir que Posada permanezca en territorio norteamericano, al demos- trar claramente que era un terrorista: “Me preguntó si yo quisiera testimoniar. Le dije que sí”.

Meses más tarde, se entera del juicio migratorio de El Paso ante la jueza Kathleen Cardone.

“Espere que el DHS se comunique conmigo para mis notas y cintas… Nunca lo hizo”.

Por su parte, la conocida periodista Ann Louise

Bardach, autora de la entrevista realizada al terroris- ta por el The New York Times, en 1998, reveló cómo agentes del FBI que investigaron en Guatemala in- formaciones acerca de los atentados de La Habana le afirmaron confidencialmente que su trabajo fue bruscamente interrumpido después de que entre- vistaron a Antonio Álvarez, un negociante cubano- americano de Greenville, Carolina del Sur, dueño de WRB Enterprises, una firma de Tampa con filiales en Centroamérica.

Álvarez había observado a dos de sus colaborado- res, socios de Luis Posada, manipulando explosivos y había alertado a las autoridades.

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truidos desde aquel momento, documentan también el carácter terrorista de Posada.

Con el indulto de Bosch, el 17 de julio de 1990, por George Bush padre, quien echó de lado su propio depar- tamento de Justicia, y la situación actual de Posada, los Estados Unidos “terminan hoy en una posición franca- mente inexplicable al tener no uno sino dos hombres que nuestras agencias de inteligencia identifican como responsables del derribo de un avión civil, viviendo li- bremente en la Florida”, comentó Kornbluh.

“En el medio de una guerra contra el terrorismo, esto tiene repercusiones significativas para los Estados Unidos”, afirmó.

Roseanne Nenninger, hermana de un joven guya- nés que pereció en el sabotaje al avión de Cubana en 1976, rindió un emocionante testimonio, entrecorta- do de lágrimas, sobre la tragedia que sufrió su familia entera por culpa del terrorista y agente de la CIA.

De hecho, su abogado, Matthew Archam- bleault, quien se encargó de su inculpación, le hablaba en inglés.

La reportera recordó cómo el FBI de Miami, en agosto de 2003, puso fin a toda investigación sobre Posada, mientras se encontraba preso por terrorismo en Panamá.

La periodista señaló que aquella situación se pro- dujo mientras los congresistas Ileana Ros Lehtinen y Lincoln Díaz Balart solicitaban la liberación del terro- rista, dirigiendo cartas a la presidenta panameña Mi- reya Moscoso en dos oportunidades.

Entre los testigos que comparecieron se encontraba el académico Peter Kornbluh, analista principal del Ar- chivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, que presentó al panel la larga colección de los documentos desclasificados sobre la vinculación de Posada con actos criminales.

El investigador invitó al congresista Delahunt a consultar los más de 700 documentos secretos del FBI y de la CIA que se presentaron a la justicia en el caso migratorio de Orlando Bosch y que, si no fueron des-

XLII

“Honrado” por la mafia

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