3. ASSOCIATION GENETICS OF QUANTITATVE TRAITS
3.2 Materials and Methods
3.3.3 Marker-Trait Association Analyses
Estados U nidos y Europa, a todas las ciudades importantes y a varios individuos destacados. Despertó cierta hilaridad en la prensa popular, pero parece que la única respuesta fue la del
conde Volney, autor de Les Ruines des Em pires, partidario de la teoría solar de orígenes religiosos y presidente de la Académie des Sciences de París, que decidió que no merecía m ayor consi deración.
A l año siguiente, 18 19 , Symmes se mudó a N ew port, Ken- tucky, donde se cree que escribió la novela Sym zonia: A voyage o f D iscovery (Symzonia: un viaje de descubrimiento), publicada en 1820 con el nombre de «Capitán Adam Seaborn». Poco des pués convenció al senador del Estado, Richard M. Johnson, de que presentara una petición en el C ongreso el 7 de m arzo de 1822, solicitando apoyo a ambas cámaras para la expedición que proponía con el fin de descubrir los territorios en el interior de la Tierra. En diciembre de 1823 se hizo una segunda petición a ambas cámaras; y una tercera, a la Asam blea General del Estado de O hio, en enero de 18 2 4 ,14 año en que Symmes se instaló en la granja que su tío había dejado en H am ilton, O hio. M ientras tanto, publicó al menos ocho trabajos.
Sym m es había em pezado a dar charlas sobre su teoría en 1820, en la vecina Cincinnati. Alentado quizá por el permiso que le garantizó el G obierno ruso para iniciar su expedición desde Siberia -si es que lograba financiarla y organizaría, claro está-, realizó una gira de conferencias por estados del nordeste en sep tiembre de 1825. Le acompañaba Jerem iah Reynolds, un joven abogado al que había convertido a la teoría y que fue de los pocos que la defendieron por escrito.16 Pero la tensión de esa gira le perjudicó la salud, por lo que Symmes se retiró a vivir en su N ueva Jersey natal hasta 1829, cuando hizo el difícil viaje de vuelta a Cincinnati. A llí murió el 29 de m ayo y fue enterrado en el viejo cementerio de Ham ilton, bajo un monumento erigido por su hijo Americus que representaba el globo hueco que tanto se había esforzado por explicarle a la humanidad.
Walter Kafton-M inkel conjetura que Symmes sacó sus ideas de sus lecturas sobre la teoría de Halley en The Christian Philo- sopher (El filósofo cristiano) de Cotton Mather, pero su devo ción denota una influencia algo más que literaria. Symmes no era ningún erudito, sino un hombre práctico, soldado, comer ciante y granjero. A lgo le había convencido absolutamente de que la Tierra era una estructura hueca, perforada por amplios
agujeros circulares en cada Polo: 4.000 millas en el N orte y 6.000 en el Sur (véase el diagram a).“' Los navegantes nunca habían de tectado los agujeros debido a sus enormes proporciones: nave gar desde nuestra superficie externa, rodeando el borde interno, rumbo al océano cóncavo de dentro era cosa de unos 2.500 ki lóm etros, durante los cuales los cambios de dirección eran muy graduales. Desde luego, los marineros habían experimentado ex trañas condiciones meteorológicas y magnéticas cuando se aven turaban en esa zona intermedia, pero ninguno había llegado aún más adelante.17 Si alguien fuera a hacerlo deliberadamente, no sólo descubriría el mundo cóncavo en el lado de debajo del nuestro, sino también otro globo suspendido dentro, hueco a su vez y abierto a tres globos más, como las esferas anidadas de las tallas chinas de marfil. Entrem edio hay espacio, lleno de un gas ligero como el hidrógeno, que proporciona a las esferas su flo tabilidad.'8 Todo ese mundo interior está ilum inado por un día perpetuo, gracias a la refracción de luz del sol que se filtra a tra vés de los agujeros.'9
Symm es alegaba varias pruebas para su teoría. Estaban los incuestionables testimonios de navegantes de que la región del Polo N orte era algo distinto al hielo sólido. Cosmogónicamente hablando estaba la observación de que a la naturaleza le gusta construir con cilindros huecos y anillos concéntricos. O tra prueba era el fenómeno de los terremotos, que serían im posi bles, pensaba Symmes, si el globo fuera por entero sólido; asi m ism o, el extraño com portam iento de mareas y corrientes podría explicarse m ejor con unos pasadizos que perforasen la estructura. (Kircher también había descrito unos canales subte rráneos para dar cuenta de ello.) Symmes estableció una analo gía m uy confusa con Saturno y Jú piter que de algún modo interpretaba sus anillos y cinturones, respectivamente, como se ñales de que eran conjuntos de esferas huecas. Los círculos cla ros y oscuros alrededor de los polos de M arte, así como el cuerno sur y sin filo de Venus creciente, completaban sus ana logías astronómicas: decía que todos los planetas estaban hechos siguiendo el mismo patrón que la Tierra.20 C o n una temprana
Ilu stra c ió n 5: E l glo b o h u eco de S y m m e s .
crítica, Thomas J. M atthews replicó que las afirmaciones astro nómicas de Symmes ni siquiera resisten la observación; las leyes de N ew ton bastan para descartar la supuesta refracción de luz dentro de las esferas, mientras que la tierra hueca de Symmes presentaría una dism inución de peso que invalidaría todas las leyes newtonianas de la gravedad. A pesar de todo, está de acuerdo en que el gobierno debería aceptar la propuesta de Sym m es, pues, aunque su región sea un país de las hadas, quizá así se descubriera el corredor N orte-O este.21 A l parecer fue el entusiasmo por las ideas de Symmes el responsable en gran me dida de la expedición norteamericana de 1838-1840, liderada por Charles Wilkes, que determinó por primera vez que la Antár tida poseía dimensiones continentales.22
Es fácil reírse de Sym m es y sus agujeros. Pero los investiga dores de lo ocultista reconocerán en él a una personalidad fam i liar: el hombre de historial militar (o la hija de uno de ellos),
sano y competente en térm inos prácticos, que alimenta una creencia secreta, basada tal vez en un instante de inexplicable re velación, que es la antítesis de su carácter externo. Algunos psi cólogos dirían que cuanto más disciplinada la máscara, más reprim ida y fantasiosa puede ser la vida interior de una persona así. Podríam os añadir que esta teoría en particular resulta de lo más pertinente desde un punto de vista sim bólico, pues es como si concretizara los contenidos subliminales de la mente y cla mara por su exploración.
Psicom etristas y profetas
El mar abierto del Á rtico y la posibilidad de que envolviera un continente o una isla anómalamente cálidos obsesionó a los exploradores del siglo X IX . L a aparición de madera flotando a la deriva hacia el Sur entre Groenlandia y Spitsbergen y el soplo de vientos del N orte no gélidos eran dos pruebas indudables de que el clima no se vuelve necesariamente más frío cuanto más nos acerquemos al Polo. M ientras exploradores de distintas nacio nalidades se pasaban la última parte del siglo X IX atravesando Groenlandia y el norte de Canadá, la familia bostoniana de W i lliam Denton llevaba a cabo sus propias investigaciones.
La señora Denton era una psicometrista capaz de sostener una piedra o un hueso en la mano y adivinar de dónde venía y qué le había ocurrido a su propietario. He aquí la descripción de una sesión que ofreció en Quebec:
U na noche de diciembre de 1862, cuando estaba probando un cris tal de cuarzo amatista de la bahía de St. Catherine, en el Saguenay -u n afluente del St. Law rence-, la señora Denton pareció obtener muy fá cilmente visiones exhaustivas del país al norte de allí, y finalmente pa reció pasar a regiones polares, pese a que no se había previsto nada del estilo al inicio de la experiencia.
«La región de la bahía de H udson es mucho más cálida de lo que su ponía. Veo lagos y ríos sobre una superficie tan vasta que parecen pin turas. N o tenía ni idea de que estas regiones tan septentrionales tuvieran un clim a tan templado com o el que ahora pienso que poseen. [...] Real
mente parece más cálido que aquí. Es m uy extraño, es como si fuera otro mundo. Com o si estuviera mucho más allá de los límites de este continente. Se me ocurre que debe de ser el m ism ísim o Polo. H ay agua entre el territorio y yo. N o parece tan fría com o habría esperado en contrarla, y tampoco veo nieve ni hielo. D a la sensación de que el calor procede del interior, y sin embargo no puedo creer que sea posible. Pa rece haber manantiales de agua hirviendo.»11
El hijo de Dentón, Sherman, compartía el don de su madre. A los trece años, en 1869, fue inducido a «visitar» el extremo N orte, con ayuda de un mapa, y allí encontró islas con plantas, helechos y animales. «Si [los exploradores] pudieran seguir ade lante a través del grueso hielo, que es como de un kilómetro y medio de ancho, llegarían al mar abierto; pero se quedarán atas cados antes de alcanzarlo», dijo.24 También dio una descripción de las regiones antárticas, que encontró tan cálidas como las sep tentrionales: en ellas había unos hombres morenos que vivían en unas casas de ramas «bastante decentes» entre una vegetación de hojas monstruosas, e iluminados por la aurora austral.25 Para completar las investigaciones de tan talentosa familia, la hermana de la señora Dentón, la señora Cridge, pudo visitar la misma re gión. También se encontró con un mar cálido y un territorio bajo la Estrella Polar, «y una luz que se elevaba continuamente, al parecer desde el agua. Debe de ser una corriente de electrici dad. D a luz de form a continuada, de m odo que allí es más claro». L a señora C ridge menciona el viejo mito de la montaña magnética, y añade: «H ay allí una gran cantidad de metal que pienso que debe de ser hierro».26
Los hallazgos de los Dentón podrían habérselos apropiado como pruebas los partidarios de la tierra hueca, que dirían que el mar cálido y los nuevos territorios habitados estaban en rea lidad en el interior del globo. Además, si había algo de paradi síaco en ese reino, no era demasiado de extrañar.
E l Paraíso interior vuelve a aparecer en una obra de H . M. H o w ell, The Kosmic Problem S olved (La resolución del p ro blema cósm ico, 1895). En otoño de 18 75, H ow ell estaba re pasando geografía bíblica y estudiando el globo de la Tierra cuando se le ocurrió que podría establecerse un paralelism o
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entre las corrientes oceánicas y los cuatro ríos que aparecen en Génesis 2, 10 -14 fluyendo desde el Edén. La teoría de Symmes
le proporcionó la clave que necesitaba: el «Edén» debe de ser el lado cóncavo del globo, y las aguas de sus océanos manan a tra vés del agujero del P olo Sur «como un gran río, que, a conti nuación, baña las orillas de varios continentes con sus ramas purificadoras».27
Am ericus, hijo del capitán Symmes y biógrafo y fiel discí pulo de su padre, comentó en un epílogo a su libro fechado el 23 de septiembre de 1880 que, según parecían demostrar explora ciones recientes, la teoría de Symmes era cierta más allá de toda duda. Por lo visto, un capitán inglés llamado Wiggins y un viejo ballenero estadounidense, el capitán Tuttle, afirmaban haber v i sitado «Sym m zonia». U n tal señor Seebohm , que los había acom pañado, había leído un trabajo, en la Society of A rts de Londres, que describía un rico país de oro, animales y flora tro pical. Estaba habitado por una raza de tez oscura, pelo negro y «nariz romana»; medían más de dos metros y hablaban hebreo. ¿A caso eran -decía el señor Seebohm - las tribus perdidas de Is rael que remontaron el Éufrates hacia el N orte, y moraron en una tierra donde ningún hombre lo había hecho antes?28 Se su pone que el capitán Tuttle corroboró cada detalle del relato de Wiggins y Seebohm.
N o he encontrado otras pruebas de esta deliciosa historia: puede que un par de viejos lobos de mar intentaran «colar una trola», quién sabe si con la esperanza de obtener apoyo finan ciero para otra expedición. La dimensión m itológica de la na rración es de lo más interesante, pues sitúa a la tribus perdidas de Israel en un Paraíso -H o w e ll también lo llama Edén, el Ter cer C ielo y la Nueva Jeru salén - inaccesible al resto de nosotros. Es la antítesis de las teorías de las tribus perdidas, tan divulga das en aquella época, que pretendían identificarlas con america nos, británicos y otros moradores de la superficie.
Am ericus Symmes, que, como su padre, no era ningún mís tico soñador, enseguida supo ver las posibilidades económicas del nuevo mundo. C om o si se tratara de un hombre de negocios que evaluara el mercado potencial de una nación por desarro llar, señala que, hasta ahora, los symm zonianos han estado ven diendo su producción ridiculamente barata a los chinos, con los que deben de tener algún canal de comunicación secreto; sólo
así se explica que China sea capaz de mantener a tanta gente. Am ericus, de nombre m uy acertado, aguarda el día en que Sym m zonia sea adecuadamente descubierta y explotada. ¡Qué inmensa migración habría entonces! Tampoco ignora los bene ficios médicos, en unos tiempos de tuberculosis en que los ha bitantes de unas ciudades llenas de humos anhelaban climas secos y cálidos. Todos los inválidos, dice Am ericus, deberían ir al mundo interior por el bien de su salud.
Pero ¿y si ya estuviéramos allí? Éste era el punto de vista de C yru s o «Koresh» Teed (1839-1908), fundador de la koreshani- dad. Teed, uno de los muchos productos del vivero de excentri cidades espirituales que era el norte del estado de N ueva York, recibió su iluminación, en 1869, de un ánima, una figura angeli cal que se le apareció en su laboratorio alquímico de Utica.*9 En 1870 «anunció el descubrimiento de la form a cosmogónica, que entonces declaró que era celular, con una superficie cóncava de la Tierra, cuya curvatura era de entre veinte centímetros y un kilóm etro y medio».30 En otras palabras, vivim os en la superfi cie interna de una esfera.
K oresh manifestó que la Tierra era un armazón laminado, de varios kilóm etros de grosor, form ado por capas de siete metales nobles, de oro la más externa. El Sol y las estrellas se mueven dentro de la esfera, al igual que «los reflejos a los que llamamos planetas y Luna».3' En el centro, como se desprende de sus dia gramas, hay un contra-Sol negro que proporciona el oscureci miento de la noche (véase el diagrama). Todos los movimientos planetarios y terrestres, incluida la precesión de los equinoccios, quedaban aparentemente explicados con el nuevo esquema, lo que no es de sorprender, considerando que ya los podían expli car de form a bastante adecuada los precopernicanos, antes de que su universo se volviera del revés.
K oresh relacionó el ciclo precesional de 24.000 años con la encarnación del «H ijo de D ios, que es Padre, Madre e H ijo». Vino prim ero en Adán, y luego, 24.000 años más tarde, en Jesu cristo. K oresh explica:
El Señor no era sólo la reencarnación de Elias (Señor Dios), M oisés, Abraham , N o é, H enoc y A d án en línea directa, sino de todos los que
Ilu stra c ió n 7: E l cielo, a m od o de esfera , d en tro de la tie r r a c ó n c a v a (K o re sh ).
m urieron aguardando su llegada como el Mesías e H ijo de Dios por las líneas indirectas de la reencarnación. Reunía en su interior los espíritus del pasado. Era además el polo de entrada desde los mundos celestiales, y aquello que hacía ondular juntos los ciclos com o una voluta. Él era el M undo envuelto y sellado.32
E l papel mesiánico del propio Koresh viene indicado en la siguiente profecía:
N o s estamos acercando a una gran conflagración biológica. Miles de personas se desmaterializarán, a través de una vibración biológica elec tromagnética. Esto lo originará la dirección de una mente, la única que tiene un conocimiento de la ley de esta transmutación bioalquímica. El cambio se llevará a cabo mediante la formación de una batería biológica, cuyas leyes sólo conoce un único hombre. D icho hom bre es el profeta
Elias, predestinado de D ios, Pastor de los Gentiles y reencarnación cen tral de las Edades. A partir de esta conflagración surgirán los hijos de D ios, la prole binaria del Señor Jesús, el C risto e H ijo de D io s.33
A l toparse con la reacción habitual ante cosm ologías de co secha propia y mesianismo provincial, Teed acabó por decidirse a dem ostrar que tenía razón en los mismos términos que los científicos. En 1897, en la playa de N aples, Florida, él y sus se guidores montaron un experim ento con un equipo diseñado para producir una «manguera de aire» absolutamente recta, libre de las distorsiones de perspectiva que llevan a pensar que la T ie rra se curva de forma convexa. A sí pues, la manguera, que co menzaba 12 8 ” por encima del nivel del mar, se acercaba cada vez más a la superficie, hasta que iba a dar al agua en una pequeña ensenada, más de seis kilóm etros playa abajo. E l mundo, en efecto, era una esfera cóncava.
Kafton-M inkel ofrece vividos apuntes de la carrera de Teed,34 al igual que hacen otros dos libros que se dejan leer com pulsi vamente, Fads and Fallacies in the Ñame o f Science (Modas y fa lacias en nombre de la ciencia),3* de Martin Gardner, y Eccentric Lives an d Peculiar Notions (Vidas excéntricas e ideas peculia res),36 de John Michell. En ellos se informa de sus experimentos y de la supervivencia de su comunidad en Florida hasta el día de hoy. Teed se revela como una personalidad encantadora, a la ca beza de una eficiente y trabajadora comunidad célibe que, fiel a su teología andrógina, m ostraba un respeto admirable por las mujeres. Michell subraya el éxito de sus experimentos, que di fícilmente podían falsearse de forma deliberada: «Puede que la respuesta radique en la naturaleza maleable y servicial del uni verso, que refleja cada imagen proyectada en él y hace que todos los experimentos tiendan a complacer al experimentador».37 Yo estaría de acuerdo, y añadiría que en realidad no importa que el mundo sea cóncavo, convexo, plano o hueco: lo importante es cómo se comportan las personas sobre o dentro de él. En la A n tigüedad y la Edad Media hubo un montón de personas decen tes que vivieron una vida provechosa, e incluso filosófica, con la firme convicción de que la Tierra era plana com o una tabla de planchar.
La revelación de la tierra hueca de C yrus Teed en 1869 coin cidió con otra en la costa opuesta de Am érica. A l profesor Wi- lliam F. Lyon, de Sacramento, California, lo visitó a mediados de septiembre de 1868 el misterioso Dr. M. L. Sherman, que le contó que él, Lyon, era el hombre al que había estado bus cando.3® Empezando por el 1 de enero de 1870, Sherman y su mujer revelaron los «sellos» y «claves» de un enigmático libro que contemplaron en un trance mediumístico, y que Lyon ela