• No results found

4. Law and Policy Tool Kit: Twelve Tools for Implementing

4.3 Market-Based Tools

Findlay, Ohio 26 de abril, 1914

Esta bendita, antigua y sencilla historia arde en mi espíritu. Leamos Juan 1:6–13.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de

sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

De alguna manera siento esta mañana que, como somos un cuerpo representativo de hombres y mujeres cuyo negocio en esta vida es proclamar y ser ejemplo del evangelio de Jesucristo, la presentación del Hijo de Dios como el Salvador del mundo es lo más grande que tenemos delante de nosotros.

Dios nos está mirando y esperando que hagamos esa demostración satisfactoria de la vida semejante a Cristo ante otros hombres, para que el mundo pueda desear a Jesús como Hijo de Dios, y que los hombres puedan anhelar el día en que Cristo venga y establezca el reino de Jesucristo en la tierra. Cualquier otra cosa no me parece digna de aquellos que tienen el

privilegio especial de vivir en estos tiempos en que el Espíritu se está derramando sobre toda carne.

Interpretación de un mensaje en lenguas

Los tiempos de nuestra niñez en las cosas de Dios han pasado, y los tiempos de la madurez en el conocimiento de Dios ahora han amanecido sobre nosotros.

Dios está demandando de nosotros una demostración del poder de Dios, del amor de Dios y del carácter de Cristo que sean dignos del día, la hora, el mensaje y la época en que

vivimos. Ahora es un periodo especial en que Espíritu de Dios está siendo derramado sobre la humanidad como preparación para el momento en que Jesús regresará y llamará a los santos de Dios a Su propia gloria. Que podamos recibir de Él durante este periodo de privilegio

excepcional la enseñanza, el desarrollo y la capacidad que reciben aquellos que han de regresar con Él en el establecimiento de Su reino. Que podamos tomar parte y estar con nuestro Señor Jesucristo en el gobierno de este viejo mundo en amor, justicia, pureza, santidad, verdad y veracidad en la era del reino.

En esta mañana, nuestro Dios llama a sus corazones y al mío desde un entendimiento y conciencia del Evangelio de Jesucristo a una conciencia despertada por el Espíritu Santo, a ese entendimiento espiritual especialmente iluminado y divinamente glorificado de la Palabra de Dios y de la mente de Dios. Tiene como fin que seamos hombres peculiares y mujeres

reverencia por el Dios vivo, peculiar en el conocimiento de los secretos del poder y el gobierno divinos.

Y a Ti, Oh Dios nuestro Padre, levantamos nuestros corazones y te pedimos que nos ayudes, para que seamos dignos del alto llamamiento que Dios nuestro Padre nos ha otorgado, mediante la misericordia y el sacrificio de Jesucristo. Para que vivamos, oh Dios nuestro Padre, según Tus caminos y según Tu voluntad, en Dios.

¿Sucederá que las voces de todos los hombres, y especialmente las voces de aquellos que entienden la salvación consciente mediante la preciosa sangre de Jesucristo, resuenen en este mundo con el nuevo mensaje de Dios? ¿Se elevarán nuestras voces en el peculiar Espíritu y poder de Dios, manifestando a Cristo en el hombre en estos tiempos, dando el mensaje de Dios como el Salvador de la humanidad, como el Redentor y Santificador del hombre, como Aquel que se goza y mora en la santidad de Sus hijos?

Dios no puede mirar con ningún grado de tolerancia al pecado y al egoísmo, pero mira con ojos de piedad, sacrificio y santidad al hombre, descubriendo en las profundidades mismas de nuestra naturaleza aquello que no es semejante a Su preciosa y viva santidad. Y [Él] desea que nuestra naturaleza sea cambiada, que nuestros corazones sean elevados a Él en el gozo, la alabanza y la alegría de aquellos que conocen, entienden y comprenden la santidad de ser permitidos ser hijos de Dios, lavados en Su preciosa sangre, coronados con Su Espíritu, buscando Su gloria.

Por tanto, en esta mañana, nuestro bendito Señor pide a quienes están desanimados, quienes están cansados, quienes han vivido en la rutina ordinaria de la vida, que nuestros corazones se eleven a Él, y que entendamos que Él desea de manera peculiar grabar en nuestros corazones que el Hijo de Dios, Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor, murió en la cruz y Su cuerpo estuvo en el sepulcro; sin embargo, el poder de Dios fue suficiente para

resucitarlo a la vida e impulsarlo, fortalecerlo y elevarlo al lugar del triunfo. Sí, Él ascendió a los lugares celestiales y se sentó en triunfo a la diestra de Dios.

Por tanto, que nuestros corazones no desfallezcan, sino que nos rindamos con una nueva esperanza y una nueva determinación a Dios, para que también nosotros seamos elevados de la inseguridad del tiempo y el momento presentes a la vida triunfante, celestial y santa; porque nuestra morada no está en la tierra, sino que nuestra morada está en los cielos.

La peculiar obra del Espíritu Santo en este tiempo presente es según nuestra necesidad presente. Sí, de modo que nuestra conciencia pueda ser tan iluminada, y nuestro

entendimiento de Dios y de Sus caminos tan enriquecido, que nuestros corazones puedan cobrar una nueva esperanza y nuestras vidas puedan ascender a los lugares celestiales en Cristo Jesús, donde todas las cosas están debajo de nuestros pies y donde las potestades de la tierra y las cosas de la vida ya no nos arrastran, sino que en el poder del Espíritu Santo nos movemos y caminamos como hombres triunfantes y mujeres triunfantes, conquistadores de la enfermedad, el pecado, la muerte y las potestades de las tinieblas que nos arrastran día tras día.

El Señor quiere que oremos.

El Espíritu del Señor, mientras oramos, indicó a mi alma que el pecado peculiar del tiempo presente entre los hijos de Dios es un peculiar letargo espiritual al que se le ha permitido

gradualmente robar nuestras almas, arrebatándonos la conciencia iluminada y el entendimiento del bendito Espíritu Santo y de Su presencia; que en lugar de elevar nuestros corazones y acogerle a Él, hemos descendido a un estudio del entendimiento de Sus caminos, Sus obras y Sus métodos hasta que ha venido a nuestros espíritus una penumbra.

Dios quiere sacarnos una vez más de las cosas naturales, del ejercicio de nuestra mente y nuestro espíritu naturales, y llevarnos al Espíritu Santo, a la vida elevada, a la vida en los lugares celestiales en Cristo Jesús, donde el Espíritu de Dios, en capacitación y poder,

descansa sobre nuestras almas. Y regresando, llenos de Su presencia y Su gloria, podamos llevar a este mundo la conciencia iluminada del Señor Jesucristo:

Que el poder transformador del Espíritu pueda entenderse tan libremente que la humanidad pueda ver y saber que es el día de Su preparación.

Que toda nuestra vida y nuestro ser estén tan rendidos al Dios vivo que cada corazón sea un canal mediante el cual el Espíritu de Dios fluya para bendición del mundo perdido. Que el espíritu de crítica los unos a los otros y a todos los hombres cese dentro del corazón cristiano y de la conciencia iluminada.

Que todos entiendan que cada uno tiene la posesión del grado y la medida del Espíritu Santo que Dios, en Su amor, le ha otorgado al individuo en su presente estado de desarrollo.

Que en lugar de situarnos a nosotros mismos por encima de los demás y mirar con desprecio incluso al pecador, veamos como Jesús ve a los hombres y entendamos a los demás como el corazón de Cristo entiende.

Que con amor, misericordia y compasión, extendamos nuestros brazos y abracemos a los demás y los guiemos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Cuando la conciencia cristiana y el entendimiento cristiano son iluminados por la presencia del amoroso Dios en la medida que Él desea darnos, el mundo proclamará una exaltación del Señor Jesucristo tan pura, y santa, y verdadera, y bendita que todos los hombres verán y sabrán que hay un Dios vivo. Y el verdadero Cristo y Salvador vivo se manifestará mediante la iglesia, el cuerpo de Jesús en el mundo, a través del cual se da la manifestación del Cristo vivo a todos los hombres para la gloria de Dios.

Por eso, nuestro bendito Dios, elevamos nuestros corazones en esta mañana y te pedimos, nuestro bendito Dios, que quites de nuestros espíritus toda lamentable marca de egoísmo oculto que esté escondido en nosotros. Oh Dios, aplica la preciosa sangre de Jesucristo para que seamos tan purificados y tan iluminados por el Espíritu Santo y la gloria de Dios, que mostremos este verdadero reflejo del Señor Jesucristo en el Espíritu Santo, en el nombre de Cristo. Señor Dios, Te pedimos en esta mañana, mientras elevamos nuestras manos al cielo y sometemos nuestras almas a Ti, mientras confesamos nuestra pequeñez, nuestra mezquindad y nuestro egoísmo, que el bendito Cristo establezca dentro de nosotros al Espíritu Santo, que manifestará la verdad del Espíritu, en el nombre de Jesús.

Y Dios nuestro, oramos a Ti para que nos eleves a cada uno a la presencia de Dios, para que pongas en nosotros tal conciencia de Dios, de Su amor, de Su pureza, de Su santidad y de Su poder que, oh Dios, nuestro Cristo, nuestra alabanza a Ti y nuestra adoración a Dios sean en la belleza de la santidad. Oh Dios, que te adoremos a Ti en espíritu y en verdad, en el nombre de Jesús. Te pedimos, Dios nuestro, que toda cosa escondida, todo lo que no tiene la luz de la gloria de Dios, sea eliminado de nuestra naturaleza. Que, oh Dios, nuestro Cristo, una vez más podamos estar delante de Jesús, como hizo Natanael el israelita, en el cual no había engaño. Oh Dios, te pedimos que elimines de nuestras almas, limpies de nuestras naturalezas y laves de nuestros corazones todo lo que no es santo, todo lo engañoso, este demoníaco orgullo espiritual que es tan sutil. Oh Dios, quítalos. Que podamos permanecer, oh Dios, sin engaño delante de nuestro Dios, en el nombre de Jesús.

Bendito sea Tu nombre, oh Dios. Te adoramos y levantamos nuestras manos y nuestros corazones al cielo, y decimos: bendito sea Tu nombre. Santo, santo, santo es el Señor. ¡Bendito sea Su nombre! Dios nuestro, a Ti ofrecemos en esta mañana alabanza, adoración, gloria y honor a Tu nombre para siempre jamás. Bendito sea Tu nombre. Amén.

Dios nuestro, oramos en esta mañana para que la bendición y el poder de Dios descansen sobre nosotros, de modo que una rendición al Dios vivo y a todas las obras del Espíritu Santo en nosotros sea tan manifiesta, Dios nuestro, que podamos ser levantados para que se nos permita entrar en la exaltación del Señor Jesucristo, quien se ha convertido en el Gobernador de este universo, Rey de Reyes y Señor de señores, con ángeles y arcángeles, regocijándose delante de Dios debido al triunfo del Hijo de Dios, mediante el derramamiento de Su preciosa sangre por todos los hombres y la aceptación del toda la humanidad, en el nombre de Jesús. Amén.

El ministerio del Espiritu